Te extraño y extraño nuestras conversaciones. Extraño cuando nos contábamos cómo fue nuestro día, qué sucesos han ocurrido en nuestras vidas, cómo planeábamos nuestras salidas, cómo recordábamos anécdotas, cómo intentábamos solucionar problemas o compartíamos secretos sumamente confidenciales; sobre todo, extraño nuestros cotilleos, siempre teníamos algo que decirnos, sin importar cuan aburrido o divertido fuera.
Extraño lo tonto que nos volvíamos porque, pese a que íbamos creciendo, siempre actuábamos como niños. Así lo hemos sido desde que nos conocimos.
Extraño ser irresponsable e imprudente contigo. Extraño reírnos de nuestras ocurrencias. Extraño llorar sobre nuestros hombros por estupideces. Extraño los problemas en los que nos metíamos. Extraño que hiciéramos un desastre a toda parte que íbamos, ¿cuán locos fuimos?
Extraño sentirme en paz a tu lado. Extraño que me escuches, que me comprendas, que me hagas sentir original, que veas a través de mí, por mi naturaleza.
Te extraño y te necesito, mejor amiga.






