Tengo la costumbre de que, al ver una persona que ya están en su vejez, de cuestionarme muchas cosas, desde pensar si esa persona al tener tal edad de verdad ha disfrutado de su vida, de cuentas alegrías, tristezas, corazones rotos o recuerdos guardan esas arrugas, esas canas, de cuanta historia puede entregarle al mundo, cuantas enseñanzas, y luego solo me imagino a mi, así, después de haber vivido una vida larga, de que, si todas esas preguntas que me hago con alguien ajeno a mi, tendrán conmigo una respuesta tan emocionante como para ser contada miles de veces.