Tengo taquicardia, espasmos y temblores en todo el cuerpo. La cabeza me está matando y hace cinco minutos me di cuenta por quinta vez en la última hora de que no habia comido nada en mucho tiempo. Además del consumo ininterrumpido, inédito y prolongado de este último episodio que, en días como esté, es difícil de reconocer como un episodio hipomaniaco, digo, lo es. Literalmente siento en mi cuerpo como se va reduciendo de a poco el desbalance químico, siento la diferencia entre ese desequilibrio natural que me ha acompañado toda mi vida comparada con la del desequilibrio bioquímico provocado por el consumo, por la combinación imprudente, por el exceso. Estoy mal, tengo una desrealizacion espantosa y una batalla por mil preocupaciones urgentes y de mucha importancia y otras mil preocupaciones futiles. Tengo la cabeza llena de pensamientos innecesarios, mucho sueño, diferentes clases de resaca, mucha tarea y el corazón roto. Pero tuve un cumpleaños muy esclarecedor, sobre muchas cosas, sobre mí, quien soy y todas las cosas que estoy haciendo mal. Sobre la importancia que le doy a personas a las que evidentemente no les importo. Pero tambien sobre las cosas que si estoy haciendo bien, por el enorme impacto que pueden tener en la vida de tanta gente tan importante y maravillosa que tengo alrededor mío, gente a la que si le importo, gente que amo y sobre todo, gente que me ama. Tengo a las amigas más maravillosas que podría tener y una comunidad preciosa dónde no hay nadie que sienta algo distinto a la comodidad, pertenencia, reconocimiento, seguridad, lealtad y valoración de un espacio seguro. Tengo muy pocos hombres en mi vida pero me queda claro que no tengo ni puedo tener más de los que necesito. Tengo claridad, sé que yo no estoy bien, pero las cosas si lo están y eso es algo muy grande.