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Belén

@angelespacial

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¿Por qué las personas gritan tanto?

La historia cuenta que un pensador indio planteó la pregunta a sus discípulos:

– ¿Por qué la gente grita cuando se enoja? – Gritamos porque hemos perdido la calma -Dijo uno. – Pero ¿por qué gritan cuando la otra persona está a su lado? – Preguntó nuevamente el pensador. – Bueno, gritamos porque queremos que la otra persona nos escuche – replicó otro discípulo.

Y el maestro vuelve a preguntar: – ¿Por qué no pueden hablar en voz baja? Varias otras respuestas surgieron, pero ninguno convenció al pensador.

Luego aclaró: “Usted sabe, ¿Por qué se grita a una persona cuando se estás enojado?

El hecho es que cuando dos personas están molestas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esta distancia, precisan gritar para poder escucharse el uno al otro. Cuanto más enojados estan, más fuerte tendrán que gritar para oírse, una a la otra, a través de la gran distancia.

Por el contrario, ¿Qué sucede cuando dos personas están enamoradas? Ellos no gritan.

Ellos hablan en voz baja. ¿Y porque? Debido a que sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es pequeña. A veces están tan cerca sus corazones, que no hablan, susurran. Y cuando el amor es más intenso, no necesitan siquiera susurrar, sólo se ven el uno al otro y basta. Sus corazones se entienden.

Eso es lo que sucede cuando dos personas que se aman están cerca “.

Por último, el pensador concluye diciendo: – Cuando discutan, no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más porque llegará un día en que la distancia será tanta que no encontrarán más el camino de vuelta.

Cuando discutes con alguien, recuerda que el corazón no debe participar. Si la persona con la que discutes no está de acuerdo con nuestras ideas, no hay razón para gustarle menos o distanciarse, aunque sea brevemente.

Cuando nuestro objetivo es encontrar soluciones a los desacuerdos, habla con una voz que nos permita cada vez estrechar nuestras distancias y diferencias, como si fueras a decirle a la otra persona, “No estoy de acuerdo con sus ideas u opiniones, pero eso no me hace menos que usted! “.

- Mahatma Gandhi.

Un día vas a tener a esa persona un domingo y despertarán a las 10 de la mañana y harán de comer y volverán a dormir, a querer, a amar. Un día estarás feliz, sabrás lo bonito que es la vida y entenderás que de eso se trata, de sentir, de querer, de estar.

“Le haces el amor, te la coges, te la das, ¿y qué sigue? Sigue cada uno cambiarse de ropa, tomar una ducha porque aún hueles a piel ajena. Si es motel, cada uno por su lado. Si es tu casa, toca tender las sábanas. Si la quieres, le preparas el desayuno. Si aún no la quieres, síguetela cogiendo, eventualmente le tomarás cariño. Si aún no sabes cómo le gusta el café, cómo le gustan los besos, sus zonas sensibles, si no sabes esos problemas que la acogen, sus miedos más profundos o sus sueños, en definitiva, aún no te la coges lo suficiente. Si se va de madrugada o en la mañana, no te confundas, no lo hace por protocolo o porque esté ocupada, simplemente no tiene ganas de quedarse. Si compartes cama con una mujer y no vuelve, algo estás haciendo mal y no tiene nada que ver con el tamaño de tu miembro o cómo coges, sino quizás no la comprendes, no la escuchas, no la haces reír o no se siente segura contigo. Es que así es, hasta las que se autodenominan putas tienen al menos una cama a la que siempre regresan, una casa donde pueden despertar con su desayuno favorito, un café, una sonrisa y la seguridad de que ahí, siempre será bienvenida. A las mujeres siempre hay que tratarlas con cariño, aunque digan que no le gustan esas cosas, aunque se las den de muy cabronas. La cosa va así, te la coges como si la odiaras, pero despiertas como si la amarás, pregúntale cómo le gusta el café y pídele que se quede, que hay mucho tráfico, que afuera está lloviendo o yo qué sé. Invéntate una excusa cualquiera, ofrece una de tus camisas como pijama, recuéstate a su lado, dale su café, mírala a los ojos y hazle preguntas hasta que te canses. Te puedo asegurar, que una vez que empiece, no vas a hacer que se calle, porque siempre se la habían cogido y ya ningún hombre se preocupó por la mañana. Eventualmente tendrá que irse como todo lo bueno que llega a nuestra vida, y se irá con los ojos brillando, con una sonrisa que no se la aguantará nadie. Regresarás a tus hábitos, a tus quehaceres, a tu vida que ahora se siente diferente, pero no pasará mucho tiempo, tu teléfono vibrará y será ella en forma de mensaje, un mensaje que las cabronas no mandan: “Te extraño ”, así a secas, y no sabes cuánto le costó escribirlo. Entonces tiendes tu cama, preparas la cafetera y sonríes porque es inevitable no quererla, aunque sea un poquito.”

— Carlos Cortés - poeta mexicano