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Benjamín Griss (via elchicodelayer)
Necesito a alguien, con quién pueda ser yo misma, que me haga sentir única.
Necesito a alguien, que me haga perder la noción del tiempo, con quién las horas se conviertan en segundos y los días en ganas, en ganas, de estar más a su lado.
Necesito a alguien, con quién me olvide de todo, alguien capaz de hacer cualquier locura por mí, Alguien que me odie tanto, tanto por quererme.
Necesito a alguien, que sea la única persona capaz de sacarme de mis casillas, pero la única también, capaz de tranquilizarme.
Necesito a alguien, que pudiendo estar sin mí, Prefiera estar conmigo.
Necesito a alguien, perdón… quería decir, Te necesito a ti.
Ese momento, en que te das cuenta que ambas cambiaron, que no son las mismas chicas de antes…
¿Sabes? Me hubiera gustado decirte “Te amo demasiado amiga, por favor no te alejes de mí”, y quizás, solo quizás, tú no te hubieras ido, pero no lo hice, no quería parecer más insegura de lo que ya soy.
Ahora es que me doy cuenta de cómo es que realmente me cambiaste, todas esas cosas que hacías conmigo, como ir a algún lado, salir a pasear, estar horas hablando por teléfono, ahora lo haces con otra chica. ¿Y sabes que es lo peor de todo? Esa chica, siempre me cayó mal, dentro de mí sabia que algo malo iba a pasar desde que empezaron a hablar, ¿Y qué crees? Si pasó.
¿Cómo pudimos dejar que esa amistad se fuera desvaneciendo? ¿Cómo es que de un día para otro, aquello que parecía no romperse jamás, se rompió? No, no lo entiendo, solo se que de un día para otro, todo simplemente cambió, dejamos de hablar, pasamos de ser todo a no ser nada en segundos; a ser desconocidas con recuerdos en común…
P. Neruda. 1953. (via danzanpalabras)
Noelia (via conlosojosenllamas)
Fausto E. Ruber (via ideasviajando)
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breaking bad s2e13
(via amando-los-chocolates)
Una mujer está sentada en la terraza de un bar cercano a la estación. No hay nadie más que ella y un camarero en ese bar. Es la estación de un pueblo pequeño, insignificante. Las vías del tren están próximas a las mesas desocupadas. Ella bebe un refresco y espera. Es evidente que espera a alguien que llegará en un tren. Su maquillaje cuidado, su deliberada elegancia, su actitud alerta, su perfume, hacen suponer que espera a un hombre. Al único hombre que amó. Tal vez por eso, o por la inabordable tristeza de sus ojos, el camarero no se atreve a decirle que la estación fue abandonada hace mucho tiempo y que por esas vías ya no pasará ningún tren. Ella lo sabe. Pero ella espera porque la estación está aún ahí, y también están las vías. Ella espera porque la tarde está soleada y la brisa la toca suavemente. Ella espera, no sabe hacer otra cosa. Si se viste, si se peina, si aún acepta repetir los pobres estos de la vida, si se toma el trabajo diario de no morir, si trata de pensar que valen la pena el sol y la tarde y la brisa, es porque cree en la espera. Ella espera, no hay otra razón. El camarero vuelve a llenar la copa de la hermosa mujer. Ella no lo ha mirado, pese a que no hay otro ser a su alrededor. No obstante, agradece el nuevo refresco con la vista dirigida hacia la antigua estación. La tarde decae. Lenta. Triste. El paisaje toma el color de las películas mudas. Se han encendido los faroles de la terraza, aunque ninguna otra alma viviente se siente atraída hacia el lugar. La mujer, dignísima, se pone de pie, deja unos billetes sobre la mesa y se marcha rumbo al pueblo. La fina silueta se aleja morosamente sobre la hierba del solitario camino. El camarero la ve marcharse y tiene una súbita sensación de asfixia en el pecho. Si mantiene abierto ese bar al lado de una estación abandonada, al cual no acude la gente del pueblo, si se viste, si se peina, si soporta diariamente los pobres gestos de la vida, es sólo porque espera a una mujer. Espera a una mujer demasiado importante, demasiado hermosa, con una tristeza inabordable en los ojos. La mujer mira las vías muertas sentada en el bar de la vieja estación. Mantiene una actitud indiferente con el entorno porque está enamorada. Ama demasiado a ese camarero y tiene miedo de que él no la quiera. Por eso todas las tardes se sienta en la terraza del bar. Bebe un refresco y finge. Finge que espera a alguien que no vendrá. #Jose Sbarra