Te pienso y sonrío.
Y eso, para mí, es explicación suficiente.
Tal vez existir no sea para tanto,
pero, mientras tanto,
me gustaría besar las constelaciones de tu cuello
y hacer poemas infinitos sobre tu cabello.
Ver tus ojos pasar mientras me duermo.
Me di cuenta de que no necesitamos pelear,
de que nuestro sistema solar también ser rige por las leyes de Kepler.
Y de que sólo tenemos que hablar
para tocarnos.
Que sin ti mi vida es un hueco
(negro)
y que, en los vacíos (sin ti),
mi voz ya no hace eco.
Que me llega luz cuando te veo pasar,
que tus ojos son la sensación del lugar,
que quiero acampar en tus pecas,
aunque mis posibilidades
estén todas huecas.
Que no hace falta contar las estrellas porque en tus labios están todas,
que eres la razón de las tormentas solares
y que por ti
me convierto en rapsoda.
En ti me gasto todos los versos de esta galaxia
y de otras más;
y termino este poema
esperando
que no te parezca de más.

