Se mostró desnuda ante él.
Le contó sus sueños, sus metas, le contó de sus caídas de pequeña y esa manía de dar todo de ella aún cuando no fuera recíproco, le confió su frágil corazón y el prometió cuidarlo.
Le dedicó sus noches, sus días, lo apoyó en sus días oscuros. Compartió con él sus triunfos, le dedicó sonrisa tras sonrisa y mirada tras mirada. Lo apoyó en sus desiciones, en sus sueños, le hizo creer que él era capaz, capaz de conseguir todo lo que quisiera.
Le entregó su confianza, la confianza de que podría algún día destruirle el corazón, lo hizo pensando que él la cuidaría, como había prometido tantas veces.
Le dedicó canciones, le contó en madrugada sus demonios, sus tristezas.
Se mostró desnuda ante él y nunca sin ropa, se desnudó por completo de la manera más peligrosa, ese desnudo emocional que desarma por completo.
Le dio todo el poder para destruirla, tal vez sin darse cuenta, tal vez sabiendo en el fondo lo que hacía.
Se mostró desnuda ante él y se prometió tener cuidado, pero era tarde, él había ganado, ella ya lo amaba.
Se mostró desnuda, él se quedó muchas noches, días contados en su vida, él prometió estar ahí, ser sincero, quererla, apoyarla .
Un día todas aquellas ilusiones que él le había dejado se le rompieron, al momento de verlo con otra. Y se rompió algo de ella, esa confianza que le había otorgado cuando él le pidió tiempo, por tener tantos problemas, por no organizar su vida. Entonces supo que nada de eso había sido cierto, solo había pedido tiempo porque ya se había enamorado de alguien más.
Le dolió, le dolió en lo más profundo de su alma aquella mentira.
Después de aquello, se prometió no volver a hacerlo jamás, no se entregaría por completo, no daría su corazón en bandeja de plata, porque desilusiones así solo vienen acompañadas de dolor, un dolor frío que cala sin el calor de unos brazos que decidieron marcharse.
Ella se sintió tan vulnerable, y no tenía nada que ver con el hecho de nunca la vió sin ropa, ella le había mostrado su vida, su pasado y el interior de ese corazoncito roto. Él solo pasó entre las grietas fingiendo arreglarlo, cuando en realidad lo único que hizo fue dejar una bomba a contrareloj que tarde o temprano explotaría y terminaría por destrozarla por completo.
Se mostró desnuda con aquél chico, y juró no volver a hacerlo jamás. Él había estado ahí por aburrición, por entretenerse un ratito, él solo volvía a ella cada vez que alguien más no le salía bien. Y ella lo comprendió hasta ese momento, y no se culpó, que se fuera no había sido su culpa. No puedes detener a irse a quien no quiere quedarse.
Ella sonrió triste frente al espejo, y algo corrió por sus mejillas, eran las lágrimas que solo un amor al que rompen puede sacar.
A pesar de todo, su conciencia estaba limpia, ella nunca actuó de mala fe, ni quiso jamás lastimarlo y se dio cuenta, que al final, todo lo bueno que das se regresa, y quien actúa mal recibe lo que ha dado.
Así que le deseó felicidad, toda esa felicidad que había buscado y que con ella no encontró, y ella tomó sus maletas y se fue, a buscar su propio camino, a recorrer su propio destino. A enamorarse de ella antes que de nadie más.
-La sinfonía del alma