Avatar

"amor es amor "

@alexamtzsblog

My biggest love, K.

Llegaste a mi vida de una manera inusual y cómica. En el principio de nuestra relación, pensaba en que todo era algo sin seriedad; sin embargo, conforme pasó el tiempo, toda mi perspectiva cambió, pues me enamoré perdidamente de ti.

Todo fue una locura, tantos sentimientos dentro de mí hacían que perdiera la cordura, razón por la cual me sentía en un cuento de amor lleno de fantasía.

Fui feliz, como nunca en la vida lo he estado con alguien. Aunque no era una relación perfecta, todo era jodidamente hermoso. Me sentía amada, protegida, y con la total confianza de mostrar mi verdadero yo sin ser juzgada.

Te amé con fuerza y pasión, como nunca volveré a amar a alguien más.

Un año después todo acabó... y fue por mi culpa.

Mis inseguridades hicieron que saliera una mala versión de mí, llena de celos y enojo. Te lastimé, rompí tu corazón, y eso es algo que nunca pude perdonarme.

Desde que terminé contigo nada volvió a ser igual para mí. Intenté buscarte en otras personas, pero todo fue un intento fallido, porque no pude encontrar a alguien como tú, y mucho menos sentir ese amor que tuve por ti.

Ahora sólo me queda agradecerte por todo, porque lo nuestro dejó una linda huella en mí, que por más que pase el tiempo nunca se borrará. Deseo que seas feliz, y que encuentres un amor que te dé todo lo mejor, porque lo mereces.

Aunque ya te haya superado, querido, siempre serás mi más grande amor.

XIII

Prometo dejar siempre un espacio en mi corazón para ti, y recordarte como el dulce ser que eres.

Prometo tener tiempo para pensarte cada día, y dedicarte un par de palabras antes de dormir, y al despertar.

Prometo amar puramente, como me enseñaste.

Prometo llevar tu historia conmigo y contarla a todos, para que el mundo sepa que una persona tan maravillosa ha existido.

Prometo amarme más de lo que ame a cualquiera.

Prometo cuidarme tan bien como juraste hacerlo.

Y prometo vivir como si jamás te hubieses marchado.

Echarte de menos y ser incapaz de odiarte

Me gustaría ser capaz de olvidar el dolor del pasado, y poder decir, que en verdad no te conozco. Que no sé cuales son ni tu nombre ni tu apellido. Me gustaría ser capaz de decirte que no recuerdo esa vela iluminada tras una especie de vidriera en tu brazo, y olvidar cómo respirabas al dormir, y cómo hablabas en sueños, olvidándote que te podía oír. Cogí tu cuerda, para traerte aquí conmigo; para que no te hundieras. Pero al final, de tanto sujetar esa cuerda, cuando empezó a escocer y la solté, me sangraban las manos. Me avisaste que me harías daño, y perdona que te diga, lo hiciste porque te lo creíste, no porque estuvieras destinado a hacerlo. Quiero decir que deseo olvidarme de tu risa, de tus chistes inapropiados, de tus ganas de crear polémica, de cómo cantabas con tu hermanito pequeño la canción que yo te enseñé desafinando y destrozándomela por completo. Quiero olvidarme de la fecha de tu cumpleaños, y de tus lágrimas impotentes. Quiero olvidar ese ¡Pipe! ¡Pipe! que gritaba tu hermano para que le ayudaras a coger un dulce de la cocina, que luego nos traía a ti y a mi al mundo real. Quiero que mi mejor amigo vuelva conmigo. Quiero que vuelva a darme charlas filosóficas sobre la vida, y que me grite porque soy densa y me cuesta pillar algunas cosas. ¡Quiero volver a ver contigo al derecho y al revés toda la filmografía de Tim Burton y que te quejes de los destrozos que hace el español castellano! Porque echo de menos tu voz cada mañana diciéndome que he de ir a la escuela, y cada tarde riéndote porque estudio algo tan inútil cómo crees que es el latín. Echo de menos estar los sábados los dos en la cama, mirando por nuestras ventanas pensando en nuestro por venir, y quedarnos hablando todas las madrugadas de mis vacaciones de verano que parecían estar hechas solo para ti y para mi. Quiero olvidar el dolor que me causaste, pero no el porque fue ni la persona que fuiste. No quiero olvidar tus errores pero sí tus consecuencias. Quiero volver a escuchar tu voz y que todo sea cómo antes. Quiero que ya las llamadas sean cómo antes, no te preocupes no tienen que ser con la misma frecuencia, pero por favor no me vuelvas a llamar borracho nunca más, porque cariño, esa fue una manera muy cruel de romperme el corazón

“En esta rechingada hora de insomnio y de vergüenza estás presente, te necesito, te amo hasta quién sabe dónde, más, mucho más allá del amor y de la vida, te amo hasta la muerte; de tal modo que en vez de decir “te quiero” necesito decir: te muero, me muero en ti, me muero.”

— Jaime Sabines. Cartas a Chepita. 1948. (via el-jujeniodeletras)

Tomé un momento para quitarme las dudas
Tan solo unos segundos para soltar las lágrimas
Tanto desespero era
Que me quite la ropa
Me viste completamente desnuda
Simplemente fue lo más amargo
El solo ver cómo me entregué a ti y tan fácil me ignoraste para poderte ir
Te conté entre tartamudeos
Parte de mi sufrimiento
Tan solo fue estupido
Me desnude frente a ti de la peor forma
Simplemente mostrándote mis miedos
Volviéndome tan débil a alguien que no le importaba sostenerme

Amnesia

De pie en el balcón de mi habitación, observo la luna en todo su esplendor. De pronto, un grupo de chicos pasa al frente de mi casa, observo a cada uno hasta que lo veo, el chico que rompió mi corazón. Sus ojos se posan en mí, lo miro y no le muestro expresión alguna, sólo me quedo ahí observándolo, él detiene su caminata, y gira su cuerpo para quedar al frente de mí y observarme mejor, nuestras miradas conectan como imanes. No se sí estoy loca o vi mal, pero pude ver la comisura de su labio izquierdo alzarse. ¿Acaso me ha sonreído? ¡Qué atrevido! Alcé mi dedo del medio como señal de enojo y él rió.

Sus amigos a lo lejos le gritaron debido a que él no se encontraba caminando junto a ellos. Haciéndose el que no escucha nada, me sigue mirando mientras mantiene aquella sonrisa. Quise arrancarle la sonrisa y los ojos, con que cara se atreve a verme después de romperme el corazón. No sé que ha pasado en su mente, pero ha trepado la cerca de mi casa. ¿Qué se está creyendo?

–¡Oye! ¿Qué es lo que estás haciendo? ¡Largo de mi casa! –grité con enojo hacia el castaño.

–He venido a ver a mi princesa. ¿Acaso no puedo? –él me miró desde abajo con un poco de tristeza e hizo un puchero.

–¿Cuál princesa? ¿Quieres que baje de aquí y te golpeé?–lo miré como se le mira a alguien que odias.

–Por favor, hazlo. Sí con eso puedo volver a ver esos ojitos azules de cerca, hazlo. ¡Acércate a mí, baja de ahí y ven! –gritó él en respuesta, mientras sonreía con tristeza.

–¿Por qué me sonríes de esa manera? No seas tan descarado en venir aquí y decirme eso. ¡Largo de aquí! –voceé hacia el castaño que poco a poco se dirigía hacia mí.

En eso, mi corazón empieza a agitarse, él viene caminando hasta llegar al árbol que quedaba justo al lado de mi balcón. De pronto, descubro sus intenciones, él quiere trepar el árbol para llegar a mí.

–Ni se te ocurra, niño. Te advierto, largo de aquí o voy a golpearte. –advertí mientras fruncia el ceño.

–Déjame verte una vez más, por favor... –balbuceó aquel chico. –mi corazón se encogió. ¿Qué le pasa? Él me ha lastimado, ¿Por qué actúa así?

Poco a poco trepa al árbol hasta llegar justo al frente de mí, alcé mi ceja izquierda en señal de advertencia. Él saltó de la rama del árbol hasta mi balcón, acercó su rostro al mío como si fuera un imán. Lo miré con asombro, pero no me moví de mi lugar. Él miró cuidadosamente mi rostro, mis manos empezaron a temblar ante tal cercanía y mis ojos ahora lo observan. Después de su inspección, me sonrió nostálgico, una vez más, hasta que sus labios se movieron para hablarme.

–No sabes lo difícil que es verte cada día de mi vida sabiendo que me odias. –él me observa atentamente– ¿Sabías que me amabas mucho? ¿Sabías que te amaba y te sigo amando? –confesó él mientras su voz se desvanecía.

–¿De qué hablas? –balbuceé a causa de sus palabras, mientras mi corazón luchaba por no salir de mi pecho.

–Odio que me hayas olvidado y que hayas olvidado todo el amor que sentíamos. Puedo notar tus nervios al tenerme tan cerca de ti. Sé que en el fondo de tu corazón y tu mente aún vive el amor que alguna vez sentiste por mí. –dijo él mientras seguía observandome fijamente a los ojos, sus manos no paraban de moverse, estaba nervioso, al igual que yo. Sus ojos estaban a punto de soltar una tormenta. Me quedé quieta en el mismo lugar, no había movido ninguna parte de mi cuerpo desde que trepó el árbol.

–Por favor, vete... –supliqué, de verdad ya empezaba a sentirme ahogada con su presencia. Mis labios querían besarlo, pero mi mente estaba tan confundida que deseé que se alejara de mí.

–Me voy, pero me voy porque no quiero incomodarte con mi presencia. Te amo. –dijo él con un hilo de voz, mientras acercaba impulsivamente sus labios a los míos, donde sólo un centímetro nos separaba. Lo deseaba; deseaba que me besara desde aquel momento en que sus ojos se posaron en mí cuando lo vi al frente de mi casa. No entiendo por qué, pero lo deseo. Pensé que me besaría, pero finalmente decidió alejar su rostro del mío. Me sentí decepcionada.

–Pero... –dije con voz inaudible, quejándome por su repentina lejanía.

–No voy a besarte, aunque realmente quisiera hacerlo. No quiero presionarte. Qué osado soy al venir aquí sabiendo que hace algunos meses me prohibieron acercarme a ti.–otra vez esa mirada triste aparece en sus ojos verdes– pero no pude resistirme hoy. Me has mirado por primera vez en mucho tiempo y enloquecí. –confesó dulcemente, estremeciendo sus labios, hizo otro puchero, uno muy tierno.

–¿De qué hablas? ¿Quién te lo ha prohíbido? –pregunté algo confundida, mientras mi mano se acercaba a la suya efusivamente.

–Olvídalo, por favor. Sé feliz, mi amor. La vida te ha dado otra oportunidad sin mí alterando la vida que mereces. –dijo por última vez mientras se alejaba de mí. Subió al árbol y saltó hacia el pasto. Me miró una vez más, y puedo jurar que algo dentro de mí se rompió al reconocer la distancia que se creaba entre nuestros cuerpos. Lo vi alejarse de mi casa... de mí. Ahí iba caminando sin mirar atrás, sin mirar una vez más hacia mí.

Tenía un gran nudo en mi garganta, un nudo que no me dejaba respirar. Algunas lágrimas empezaron a descender de mis ojos, me sentía triste y confundida. Él rompió mi corazón o eso fue lo que dijo mi padre, me dijo que no podía confiar en él y que nunca le hablara, pero... ahora no se que pensar, estoy muy confundida.

Lentamente fui a mi cama y me acosté a medio lado, mi cabeza reposaba en una almohada celeste mientras mis lágrimas la mojaban. Me siento vacía, hay un vacío que no me deja respirar tranquilamente. Quisiera saber quién es él realmente. ¿Por qué siento que no debo odiarlo? ¿Por qué mis labios deseaban besarlo? ¿Por qué me dolía el alma al ver como él se alejaba de mí?

Esa noche dormí con el corazón cansado y la mente confundida tratando de luchar contra las sombras que yacían mucho tiempo atrás en mi mente.

...

Tiempo atrás:

«Me llamaste por mi nombre, cuando volteé, me miraste con amor y mi corazón se estremeció por ello, no comprendo la forma en la que me miraste. Realmente no te conozco, me han dicho que que debo odiarte y no se cuál es la razón, realmente no me acuerdo de ti... Desde que tuve aquel accidente, mi mente no puede recordar a nadie, ni siquiera a mi misma».

Amnesia

De pie en el balcón de mi habitación, observo la luna en todo su esplendor. De pronto, un grupo de chicos pasa al frente de mi casa, observo a cada uno hasta que lo veo, el chico que rompió mi corazón. Sus ojos se posan en mí, lo miro y no le muestro expresión alguna, sólo me quedo ahí observándolo, él detiene su caminata, y gira su cuerpo para quedar al frente de mí y observarme mejor, nuestras miradas conectan como imanes. No se sí estoy loca o vi mal, pero pude ver la comisura de su labio izquierdo alzarse. ¿Acaso me ha sonreído? ¡Qué atrevido! Alcé mi dedo del medio como señal de enojo y él rió.

Sus amigos a lo lejos le gritaron debido a que él no se encontraba caminando junto a ellos. Haciéndose el que no escucha nada, me sigue mirando mientras mantiene aquella sonrisa. Quise arrancarle la sonrisa y los ojos, con que cara se atreve a verme después de romperme el corazón. No sé que ha pasado en su mente, pero ha trepado la cerca de mi casa. ¿Qué se está creyendo?

–¡Oye! ¿Qué es lo que estás haciendo? ¡Largo de mi casa! –grité con enojo hacia el castaño.

–He venido a ver a mi princesa. ¿Acaso no puedo? –él me miró desde abajo con un poco de tristeza e hizo un puchero.

–¿Cuál princesa? ¿Quieres que baje de aquí y te golpeé?–lo miré como se le mira a alguien que odias.

–Por favor, hazlo. Sí con eso puedo volver a ver esos ojitos azules de cerca, hazlo. ¡Acércate a mí, baja de ahí y ven! –gritó él en respuesta, mientras sonreía con tristeza.

–¿Por qué me sonríes de esa manera? No seas tan descarado en venir aquí y decirme eso. ¡Largo de aquí! –voceé hacia el castaño que poco a poco se dirigía hacia mí.

En eso, mi corazón empieza a agitarse, él viene caminando hasta llegar al árbol que quedaba justo al lado de mi balcón. De pronto, descubro sus intenciones, él quiere trepar el árbol para llegar a mí.

–Ni se te ocurra, niño. Te advierto, largo de aquí o voy a golpearte. –advertí mientras fruncia el ceño.

–Déjame verte una vez más, por favor... –balbuceó aquel chico. –mi corazón se encogió. ¿Qué le pasa? Él me ha lastimado, ¿Por qué actúa así?

Poco a poco trepa al árbol hasta llegar justo al frente de mí, alcé mi ceja izquierda en señal de advertencia. Él saltó de la rama del árbol hasta mi balcón, acercó su rostro al mío como si fuera un imán. Lo miré con asombro, pero no me moví de mi lugar. Él miró cuidadosamente mi rostro, mis manos empezaron a temblar ante tal cercanía y mis ojos ahora lo observan. Después de su inspección, me sonrió nostálgico, una vez más, hasta que sus labios se movieron para hablarme.

–No sabes lo difícil que es verte cada día de mi vida sabiendo que me odias. –él me observa atentamente– ¿Sabías que me amabas mucho? ¿Sabías que te amaba y te sigo amando? –confesó él mientras su voz se desvanecía.

–¿De qué hablas? –balbuceé a causa de sus palabras, mientras mi corazón luchaba por no salir de mi pecho.

–Odio que me hayas olvidado y que hayas olvidado todo el amor que sentíamos. Puedo notar tus nervios al tenerme tan cerca de ti. Sé que en el fondo de tu corazón y tu mente aún vive el amor que alguna vez sentiste por mí. –dijo él mientras seguía observandome fijamente a los ojos, sus manos no paraban de moverse, estaba nervioso, al igual que yo. Sus ojos estaban a punto de soltar una tormenta. Me quedé quieta en el mismo lugar, no había movido ninguna parte de mi cuerpo desde que trepó el árbol.

–Por favor, vete... –supliqué, de verdad ya empezaba a sentirme ahogada con su presencia. Mis labios querían besarlo, pero mi mente estaba tan confundida que deseé que se alejara de mí.

–Me voy, pero me voy porque no quiero incomodarte con mi presencia. Te amo. –dijo él con un hilo de voz, mientras acercaba impulsivamente sus labios a los míos, donde sólo un centímetro nos separaba. Lo deseaba; deseaba que me besara desde aquel momento en que sus ojos se posaron en mí cuando lo vi al frente de mi casa. No entiendo por qué, pero lo deseo. Pensé que me besaría, pero finalmente decidió alejar su rostro del mío. Me sentí decepcionada.

–Pero... –dije con voz inaudible, quejándome por su repentina lejanía.

–No voy a besarte, aunque realmente quisiera hacerlo. No quiero presionarte. Qué osado soy al venir aquí sabiendo que hace algunos meses me prohibieron acercarme a ti.–otra vez esa mirada triste aparece en sus ojos verdes– pero no pude resistirme hoy. Me has mirado por primera vez en mucho tiempo y enloquecí. –confesó dulcemente, estremeciendo sus labios, hizo otro puchero, uno muy tierno.

–¿De qué hablas? ¿Quién te lo ha prohíbido? –pregunté algo confundida, mientras mi mano se acercaba a la suya efusivamente.

–Olvídalo, por favor. Sé feliz, mi amor. La vida te ha dado otra oportunidad sin mí alterando la vida que mereces. –dijo por última vez mientras se alejaba de mí. Subió al árbol y saltó hacia el pasto. Me miró una vez más, y puedo jurar que algo dentro de mí se rompió al reconocer la distancia que se creaba entre nuestros cuerpos. Lo vi alejarse de mi casa... de mí. Ahí iba caminando sin mirar atrás, sin mirar una vez más hacia mí.

Tenía un gran nudo en mi garganta, un nudo que no me dejaba respirar. Algunas lágrimas empezaron a descender de mis ojos, me sentía triste y confundida. Él rompió mi corazón o eso fue lo que dijo mi padre, me dijo que no podía confiar en él y que nunca le hablara, pero... ahora no se que pensar, estoy muy confundida.

Lentamente fui a mi cama y me acosté a medio lado, mi cabeza reposaba en una almohada celeste mientras mis lágrimas la mojaban. Me siento vacía, hay un vacío que no me deja respirar tranquilamente. Quisiera saber quién es él realmente. ¿Por qué siento que no debo odiarlo? ¿Por qué mis labios deseaban besarlo? ¿Por qué me dolía el alma al ver como él se alejaba de mí?

Esa noche dormí con el corazón cansado y la mente confundida tratando de luchar contra las sombras que yacían mucho tiempo atrás en mi mente.

...

Tiempo atrás:

«Me llamaste por mi nombre, cuando volteé, me miraste con amor y mi corazón se estremeció por ello, no comprendo la forma en la que me miraste. Realmente no te conozco, me han dicho que que debo odiarte y no se cuál es la razón, realmente no me acuerdo de ti... Desde que tuve aquel accidente, mi mente no puede recordar a nadie, ni siquiera a mi misma».

Amnesia

De pie en el balcón de mi habitación, observo la luna en todo su esplendor. De pronto, un grupo de chicos pasa al frente de mi casa, observo a cada uno hasta que lo veo, el chico que rompió mi corazón. Sus ojos se posan en mí, lo miro y no le muestro expresión alguna, sólo me quedo ahí observándolo, él detiene su caminata, y gira su cuerpo para quedar al frente de mí y observarme mejor, nuestras miradas conectan como imanes. No se sí estoy loca o vi mal, pero pude ver la comisura de su labio izquierdo alzarse. ¿Acaso me ha sonreído? ¡Qué atrevido! Alcé mi dedo del medio como señal de enojo y él rió.

Sus amigos a lo lejos le gritaron debido a que él no se encontraba caminando junto a ellos. Haciéndose el que no escucha nada, me sigue mirando mientras mantiene aquella sonrisa. Quise arrancarle la sonrisa y los ojos, con que cara se atreve a verme después de romperme el corazón. No sé que ha pasado en su mente, pero ha trepado la cerca de mi casa. ¿Qué se está creyendo?

–¡Oye! ¿Qué es lo que estás haciendo? ¡Largo de mi casa! –grité con enojo hacia el castaño.

–He venido a ver a mi princesa. ¿Acaso no puedo? –él me miró desde abajo con un poco de tristeza e hizo un puchero.

–¿Cuál princesa? ¿Quieres que baje de aquí y te golpeé?–lo miré como se le mira a alguien que odias.

–Por favor, hazlo. Sí con eso puedo volver a ver esos ojitos azules de cerca, hazlo. ¡Acércate a mí, baja de ahí y ven! –gritó él en respuesta, mientras sonreía con tristeza.

–¿Por qué me sonríes de esa manera? No seas tan descarado en venir aquí y decirme eso. ¡Largo de aquí! –voceé hacia el castaño que poco a poco se dirigía hacia mí.

En eso, mi corazón empieza a agitarse, él viene caminando hasta llegar al árbol que quedaba justo al lado de mi balcón. De pronto, descubro sus intenciones, él quiere trepar el árbol para llegar a mí.

–Ni se te ocurra, niño. Te advierto, largo de aquí o voy a golpearte. –advertí mientras fruncia el ceño.

–Déjame verte una vez más, por favor... –balbuceó aquel chico. –mi corazón se encogió. ¿Qué le pasa? Él me ha lastimado, ¿Por qué actúa así?

Poco a poco trepa al árbol hasta llegar justo al frente de mí, alcé mi ceja izquierda en señal de advertencia. Él saltó de la rama del árbol hasta mi balcón, acercó su rostro al mío como si fuera un imán. Lo miré con asombro, pero no me moví de mi lugar. Él miró cuidadosamente mi rostro, mis manos empezaron a temblar ante tal cercanía y mis ojos ahora lo observan. Después de su inspección, me sonrió nostálgico, una vez más, hasta que sus labios se movieron para hablarme.

–No sabes lo difícil que es verte cada día de mi vida sabiendo que me odias. –él me observa atentamente– ¿Sabías que me amabas mucho? ¿Sabías que te amaba y te sigo amando? –confesó él mientras su voz se desvanecía.

–¿De qué hablas? –balbuceé a causa de sus palabras, mientras mi corazón luchaba por no salir de mi pecho.

–Odio que me hayas olvidado y que hayas olvidado todo el amor que sentíamos. Puedo notar tus nervios al tenerme tan cerca de ti. Sé que en el fondo de tu corazón y tu mente aún vive el amor que alguna vez sentiste por mí. –dijo él mientras seguía observandome fijamente a los ojos, sus manos no paraban de moverse, estaba nervioso, al igual que yo. Sus ojos estaban a punto de soltar una tormenta. Me quedé quieta en el mismo lugar, no había movido ninguna parte de mi cuerpo desde que trepó el árbol.

–Por favor, vete... –supliqué, de verdad ya empezaba a sentirme ahogada con su presencia. Mis labios querían besarlo, pero mi mente estaba tan confundida que deseé que se alejara de mí.

–Me voy, pero me voy porque no quiero incomodarte con mi presencia. Te amo. –dijo él con un hilo de voz, mientras acercaba impulsivamente sus labios a los míos, donde sólo un centímetro nos separaba. Lo deseaba; deseaba que me besara desde aquel momento en que sus ojos se posaron en mí cuando lo vi al frente de mi casa. No entiendo por qué, pero lo deseo. Pensé que me besaría, pero finalmente decidió alejar su rostro del mío. Me sentí decepcionada.

–Pero... –dije con voz inaudible, quejándome por su repentina lejanía.

–No voy a besarte, aunque realmente quisiera hacerlo. No quiero presionarte. Qué osado soy al venir aquí sabiendo que hace algunos meses me prohibieron acercarme a ti.–otra vez esa mirada triste aparece en sus ojos verdes– pero no pude resistirme hoy. Me has mirado por primera vez en mucho tiempo y enloquecí. –confesó dulcemente, estremeciendo sus labios, hizo otro puchero, uno muy tierno.

–¿De qué hablas? ¿Quién te lo ha prohíbido? –pregunté algo confundida, mientras mi mano se acercaba a la suya efusivamente.

–Olvídalo, por favor. Sé feliz, mi amor. La vida te ha dado otra oportunidad sin mí alterando la vida que mereces. –dijo por última vez mientras se alejaba de mí. Subió al árbol y saltó hacia el pasto. Me miró una vez más, y puedo jurar que algo dentro de mí se rompió al reconocer la distancia que se creaba entre nuestros cuerpos. Lo vi alejarse de mi casa... de mí. Ahí iba caminando sin mirar atrás, sin mirar una vez más hacia mí.

Tenía un gran nudo en mi garganta, un nudo que no me dejaba respirar. Algunas lágrimas empezaron a descender de mis ojos, me sentía triste y confundida. Él rompió mi corazón o eso fue lo que dijo mi padre, me dijo que no podía confiar en él y que nunca le hablara, pero... ahora no se que pensar, estoy muy confundida.

Lentamente fui a mi cama y me acosté a medio lado, mi cabeza reposaba en una almohada celeste mientras mis lágrimas la mojaban. Me siento vacía, hay un vacío que no me deja respirar tranquilamente. Quisiera saber quién es él realmente. ¿Por qué siento que no debo odiarlo? ¿Por qué mis labios deseaban besarlo? ¿Por qué me dolía el alma al ver como él se alejaba de mí?

Esa noche dormí con el corazón cansado y la mente confundida tratando de luchar contra las sombras que yacían mucho tiempo atrás en mi mente.

...

Tiempo atrás:

«Me llamaste por mi nombre, cuando volteé, me miraste con amor y mi corazón se estremeció por ello, no comprendo la forma en la que me miraste. Realmente no te conozco, me han dicho que que debo odiarte y no se cuál es la razón, realmente no me acuerdo de ti... Desde que tuve aquel accidente, mi mente no puede recordar a nadie, ni siquiera a mi misma».

Tengo miedo conversar contigo, es más, siento que no puedo porque no sé si lo que me dirás me dolerá o me hará sentir mal. Siendo sincera, cuando te veo no tengo ganas de hablar, solo quiero disfrutar de tu presencia, aprovechar cada minuto a tu lado porque sé que no podré tener conmigo como quisiera.

Amor

Todos creemos que el amor es solo sentir mariposas en el estómago y una fuerte atracción al otro, pero no es así.

Amor es aquel sentimiento de tristeza al extrañar a la otra persona, aquel sentimiento de alegría al ver su sonrisa, aquel sentimiento de empatía al verle triste, feliz, etc.

Amor es aquello que no logramos describir con palabras, amor es aquello que nuestros gestos expresan sin darnos cuenta nosotros mismos, amor es ese sentimiento que tenemos y no logramos entender o describir.

Amor es aquello, que muchos creen sentir, sin saber realmente lo que es.

Ya no debo amarte, no debo seguir amando a alguien como tú, aunque sienta que muera por dentro y la vida se me hace escape ya no debo. Eres una droga enfermiza que deteriora mis sentidos y me deja sorda, muda, ciega y paratilica en todos los aspectos físicos y emocionales. Así que ya no me puedo permitir amarte. Será una desintoxicación masiva para mí cuerpo y me estaré muriendo al hacerla pero en verdad ya no puedo permitir seguir amandote.

- adathk666

Un mundo detrás de otro

Me gustaría poder dedicarte un texto. Uno de esos que suelo escribir sintiéndome como alguien que sabe escribir, pero en que realidad es solo el intento de un joven que busca donde plasmar un sentimiento y que alguien más pueda entenderlo. Pero esa no es la cuestión, el problema aquí es que no se bien a quién le escribo.

Sonará algo extraño, lo sé. Pero sencillamente es así, le escribo a la nada. A alguien en un mundo que no existe y que solo es una realidad en la que me gustaría vivir… . Sea como sea, necesito decirte algo (sí, a ti, a esa futura persona que no sé cuando llegará, ni cómo, ni dónde…), te he estado esperando desde hace mucho. 

A ti dentro de X años

Una estrella desaparece

Esa noche brillaba con intensidad, pero Bianca no creía que hubiese sido por las estrellas, sino por Benjamín. Ese noche, ella lo observó salir de su casa con las manos guardadas en los bolsillos de su chaqueta, lo vió dirigirse al parque sentándose en uno de los bancos; mientras que, ella estando en la ventana de su habitación, escuchó un suspiro triste provenir de él. En ese momento, supo que debía ir con él; así que, lo hizo, salió de su casa, miró a sus dos lados asegurándose de no tener un accidente. Cuando cruzó, ella sintió un nudo en su garganta y un montón de rastros de estrellas bailando dentro de su corazón. Bianca se acercó a él cautelosamente, dudando sí debía estar ahí o sí debía irse, cuando iba a tocar el hombro izquierdo de aquel peli negro, él volteó porque vió una sombra reflejarse delante de él, éste la miró un poco asustado, pero luego se relajó, dejando de apretar sus nudillos y concentrando su mirada hacia al frente.

—¿Qué haces aquí, Bianca? –preguntó él con expresión neutra, sin mirarla.

–Yo…–balbuceó Bianca mirando hacia el pasto verde que pisaba.

–¿Tú qué? –preguntó Benjamin mientras observaba el movimiento de las hojas de los árboles.

–Lo lamento mucho, no quise incomodarte… Sólo quise acercarme, quizá te vendría bien un poco de compañía. –respondió ella, aún de pie, mientras sentía su labio temblar del frío y de la vergüenza.

–No necesito a nadie, Bianca. Vete de aquí, hace mucho frío. –él se levantó para quedar al frente de ella y la observaba fijamente, tratando de intimidarla.

–Yo quiero protegerte, ¿No lo entiendes? –habló ella firme, tomando su mano.

–Estoy muy grande para ser cuidado, Bianca. Ya no somos niños. Por favor, vete y no vuelvas a tocarme. –dijo él, cansado de ser perseguido por Bianca y retirando bruscamente la mano de ella de su mano.

El corazón de ella se agitó demasiado, tenía miedo de perderlo, pero no quería que la humillara más, por lo que, decidió regresar a casa, y mientras iba de regreso, pensaba en lo mucho que le dolía estar enamorada de él. De repente, y sin darse cuenta, se encontraba en la mitad de la calle, miró a su lado derecho viendo un auto venir a toda velocidad en dirección a ella. Su corazón empezó a acelerarse y trató de moverse, pero no alcanzó a esquivar el auto; en un cerrar y abrir de ojos, Bianca se encontraba tirada en la calle, sangrando por la cabeza y con los ojos completamente cerrados.

Por otro lado, Benjamin salió del parque corriendo hacia la calle al escuchar el ruido rechinante de unas llantas tratando de frenar, se detuvo justo al ver a Bianca tirada sin vida en la calle con su sangre esparcida.

Desde entonces, en la mente de Benjamín no dejaba de reproducirse la misma escena de Bianca yéndose de su lado y al segundo encontrarse tirada en la calle, muerta. Él se lamentaba cada día por haberla alejado de su lado cuando ella sólo quería estar cerca de él, y aunque no la amaba, le dolía saber que había perdido probablemente a la única persona que lo amaría en este mundo.