Él no me quiere. Quiere mis buenos ratos, mis sonrisas, mis días soleados, mis rizos largos y mis ganas de viajar. Quiere el orden de mi vida y el desorden de mi cama, los abrazos que terminan en orgasmo y los besos que despiertan las ansias a mitad de la noche. Quiere mis manos en las suyas, sus piernas sobre mí, mi cuerpo y su cuerpo hechos nudo y mis pies apuntando al camino que anda. Pero no quiere que caminemos juntos. No quiere lágrimas, ni cielos nublados. No le gusta mi cabello corto, ni la pesadez que a veces me obliga a quedarme en casa. No busca salvar tormentas, ni abrazarme cuando soy huracán. Sólo quiere que le escriba sobre amor, pero no se aventura a amarme… Él quería ser marino, pero estaba cómodo con su miedo a las mareas. Así que no quiso intentarlo. Resguardó su corazón entre sus propios brazos y el mío lo dejó volando. Y aunque lo que yo sentía por él me llenaba y me hacía florecer, él no me quiso.
— Aydanez Ramona, Malaci.
Nunca sé bien mantener la distancia,
lo termino dando todo y al final...
me encuentro demasiado lejos para reencontrarme.
Chezze Moon
No quiero que seas el amor de mis días, quiero que seas el amor de toda mi vida.
Anónima.
Tu amor es único e irreemplazable, jamás te podría cambiar por alguien más, tu amor me brinda felicidad y lo más importante, confianza y seguridad, tu amor es todo lo que quiero para mi vida, hoy y siempre.
Anónima.
Estoy cansado de arreglar personas rotas, así que decidí arreglarme a mi.
—Dru
No eres como te ves. Eres la música que escuchas, las series que ves, el arte que creas, las flores en tu cabello, tu manta favorita. No eres el grano en tu nariz o la llantita de tu estómago. Tú no eres tus muslos o tus dientes. Eres el color de tu cabello, tu banda favorita, los calcetines que usas y tu suéter favorito. Tú eres lo que amas.
Llega un punto donde prefieres dejar de hablar.
Dejas de contestar mensajes.
Rechazas las llamadas.
Apagas tu teléfono.
Y lloras con un nudo en tu corazón.
Estás en tu cama.
Bajo un techo.
Con la luz de las estrellas colándose por la ventana.
Pero dentro de ti sientes un vacío.
Me alegro de que el sol haya salido...
Te muerdo debajo de la oreja, te ensalivo el pezón izquierdo, y sé que estoy cerca de tu corazón, ciertamente. — Jaime Sabines, Diario semanario y poemas en prosa (1961)


