Te quiero.
Te juro que lo hago, que se me iluminan los ojos al verte, que esta estúpida distancia me está matando, cariño, tanto como las hojas en otoño. Podría decirte que lo bonito del amor no es el desinterés, ni las canciones ni los cursis poemas para dedicar, lo bonito del amor eres tú, siempre serás tú y todo lo bello que me haces sentir, como si pudiera volar, armarme de todos mis miedos y amarlos, porque eso me enseñaste sin querer hacerlo. A ser tan fuerte que cuando me diera la vuelta no echara un vistazo para atrás, que pisara firme y sin arrepentimientos, tan valiente me hiciste que ahora ni mensajes nos mandamos, aunque quisiera creer que al final del camino las estaciones nos llevan al mismo sitio donde amamos la vida: en tu cama.
Por si te llegas a preguntar en las mañanas cuando hace frío y las ganas estorban, te quiero de una manera desmesurada que no me cabe en las manos y a veces tengo que ir pidiendo prestadas ilusiones para dejarlas por donde paso; eres como el eclipse de sol más grande que la humanidad haya visto, me cegaste de cariño y ahora no puedo quitármelo por más que revoloteen las mariposas a un lado.
Te quiero como sacrificio y como hecatombe, te volviste mi religión y ahora no quiero profesar ningún otro dogma que me quiera coser las heridas por si un día nos vemos en la calle no queriendo encontrarnos. Te dejo por aquí mis palabras, para cuando mi voz te falte y nada te arrulle, para cuando la lluvia te moje y nadie te calme, para cuando las canciones fallen y nadie te cante, para cuando las golondrinas emigren y nadie te abrace, para cuando extrañes mi abrazo y nadie te cure, para cuando llores una lágrima y nadie la recoja.
Te quiero siempre, amor.