Delirios y persecuciones
Aunque se tengan pies ágiles y una buena condición física, si es perseguido hay un sentimiento de impotencia, una sensación de estar perdido, el temor de mirar hacia atrás es el temor de saber a tu enemigo encima de ti, de saberte perdido con certeza, con doce kilos de mas y una vida sedentaria a la hora de la persecución estas sensaciones se multiplican, y ahí estaba yo, corriendo por los pasillo de una enorme casa con mis perseguidores pisando me los talones, creí que no podría subir el muro y llegar a la azotea, pero sin saber como, lo hice, aunque eso mas que beneficiarme me condujo a un callejón sin salida, de la azotea ya no había manera de correr a ningún lado, salvo saltar hacia el precipicio que se extendía de espaldas a la casa, esa era una acción temeraria que yo no iba a realizar, contrario a lo que pueda pensarse mis perseguidores no escalaron el muro tras de mi, sino que simplemente esperaban que yo regresara sobre mis pasos para atraparme, algo que no pensaba hacer, pero enseguida comenzaron a atacar de diferente manera, comenzaron a lanzarme ladrillos y pesadas piedras, proyectiles que al tratar de esquivar lograban que me arrimara a la orilla de la azotea con el riesgo de perder el equilibrio y caer al precipicio.
Estaba bastante cansado, tan cansado que cada vez se me hacia mas difícil esquivar los proyectiles, alcanzaba a desviar algunos antes que cayeran sobre mi, pero otros lograban golpearme en los brazos, en los hombros, solo bastaba un golpe en la cabeza y todo acabaría para mi.
Una puerta en el corredor se abrió de repente y una mujer grito
—¿Qué escándalo es este, Por favor? ¿Por qué tanto ruido…?
Sorprendidos, mis perseguidores dejaron de lanzarme cosas, momento que aproveche para descolgarme de la azotea y entrar por la puerta que la mujer había abierto, atravesé los salones principales de la casa rumbo a la salida de forma presurosa, pero tratando de no llamar la atención, me parecía obvio que si las personas que me encontraba se daban cuenta que huía de algo sin dudarlo se unirían a la persecución, seguramente mis acosadores ya habían reanudado la caza, llegue a la puerta de salida cuando escuche el rumor de sus voces, salí a las calles con mas prisa que nunca en mi vida.
En las calles había fiesta, música y algarabía, la calle por la que iba daba a un costado del Templo de la Soledad, el templo estaba cerrado pero entre los puestos y la gente seria fácil perderme, mis perseguidores se habían dispersado tratando de rodearme, cosa que indudablemente sucedería si alguno de ellos lograba adelantarme, entonces vi una puerta abierta disimulada un poco por las lonas de uno de los puestos, deseando que no notaran por donde me escabullía me deslice por ella, creo que lo logre, porque a través de los cristales de un ventanal pude ver como mis perseguidores trataban de encontrarme entre la multitud.
La puerta por la que había entrado era el acceso a una galería de arte, un extenso pasillo que llevaba hasta la otra calle, me hubiera lanzado a recorrer esa distancia en ese instante si no se me hubiera acercado una persona de forma apresurada, lo cual me desconcertó un poco, aparentemente era un empleado de la galería que se acercaba a mostrarme las pinturas que tapizaban los muros, también me detuve porque pensé que quizás hubiera alguien buscándome o esperándome en esa otra calle, sería mejor esperar un rato aunque tuviera que soportar la explicación de las pinturas, con el afán, claro, de que me enamorara de alguna de ellas y la comprara.
Había pequeños cuadros, obras casi en miniatura, que representaban todo un suceso, con el mas mínimo detalle de un paraje exótico, algo parecido a esos tapices medievales pero llenos de una multitud de seres fantásticos, una densa filigrana de diminutas figuras que retaban a la imaginación, pero también había cuadros de enormes dimensiones con una figuras simples, con colores luminosos, otros que entre sus formas principales escondían figuras subliminales en los bordes de las manchas de pintura, faunos dispuestos a saltar sobre gráciles doncellas en cualquier instante, sombras acechantes ocultas tras un crisol de colores pastel, bailarinas formas desplazándose a través del lienzo con sutil armonía, mi vista saltaba de cuadro en cuadro como lo hace en un álbum de cromos, mientras el vendedor trataba de ahogarme en un mar de términos artísticos que iban mas allá de mi capacidad intelectual; clasicismo, cubismo, expresionismo, hiperrealismo, dimorfismo, abstraccionismo y un sin fin de ismos aplicados a las imágenes con el único afán de tratar de venderlos a un precio más alto, en todo caso yo no pensaba comprar nada, ni me interesaba la historia del arte, incluso la primera vez que me pregunto si alguien me perseguía no le hice caso, sino hasta cuando volvió a preguntarme y yo, instintivamente, voltee hacia la calle y descubrí como una figuras amenazantes se dirigían hacia la galería, intente caminar hacia la otra salida pero ya otras figuras irrumpían violentamente en el local, por un momento pensé que aquel parlanchín me había tendido en una trampa, pero entonces me indico que lo siguiera por una escalera que antes no había visto o no había tomado en cuenta, con lo que de nuevo me encontré en una azotea, solo que esta tenia acceso a otras azoteas, saltamos los dos de azotea en azotea hasta llegar a la del templo y bajar por el caracol del campanario, ahora el templo ya estaba abierto y un mar de gente se encontraba en su interior y otro mas se apilaba en el atrio, nosotros saltamos las rejas que protegían los jardines y nos dirigimos hacia donde había menos gente, un ruido extraño sonó entonces pero no le di mucha importancia sino hasta cuando vi a todas las personas correr en busca de refugio.
Entonces lo escuche de nuevo, una especie de bramido sobrenatural, un sonido que solo podría ser producido por un monstruo, precisamente tras de nosotros surgió la criatura que emitía aquel mugido sobrecogedor, y entonces la angustia de sentirse perseguido se volvió a apoderar de mí, corrí hacia el otro extremo de la calle en forma desesperada, sin embargo la gente que había corrido a refugiarse no parecía temerosa, sino mas bien divertida, al mezclarme entre ellos me sentí seguro y entonces voltee a ver el animal en cuestión, aunque de una rara fisonomía parecía tener mas bien un aspecto cómico, era un tanto cuanto parecido a un cerdo solo que en comparación este era gigantesco, ya que parecía mas enorme que un toro, aunque su cabeza y su hocico eran similares a los de un cerdo, de su frente brotaban una tercia de cuernos retorcidos y sus patas tenían espolones. de pelo similar al de los caballos percherones, tenía además una especie de caparazón, una concha dividida que se adaptaba a su físico, a pesar de su tamaño y de su aspecto tan fiero parecía que era fácilmente conducido por los jinetes disfrazados de guerreros, (o quizás eran guerreros de verdad), que montaban algo parecido a los caballos, pero que solo tenían dos patas y que además estaban cubiertos de plumas y tenían una cabeza pequeña sobre un cuello largo y que definitivamente no tenían nada que ver con caballos si no que mas bien parecían gallinas gigantes, la multitud lanzo un rugido de emoción cuando un muchachuelo haciendo gala de habilidad increíble logro montar al lomo de la bestia y comenzó a jinetearlo con aparente facilidad mientras los jinetes hacían valla para que nadie mas se acercara, mi vista se mareaba tratando de fijar la imagen de aquel chico cabalgando sobre aquella criatura, pero en ese momento me encontré con la mirada de uno de mis perseguidores que estaba al otro lado del improvisado ruedo, era obvio que por el momento no podían perseguirme, pero en cualquier momento seguirían tras de mi, a punta de codazo y empujón me fui abriendo paso entre la gente para aprovechar la ventaja que tenia…
Una mano se poso en mi hombro y al voltear me encontré con el empleado de la galería que me señalaba el camino hacia un callejón, este llevaba a la orilla del pueblo que estaba limitado por un rió, mi casual aliado me dijo que cruzara la corriente, que mas allá no podrían perseguirme, por una calle lateral surgieron las figuras amenazantes de quienes me perseguían y sin pensarlo mas me zambullí en el agua, pero alcance a oír que el galerista decía:
—Cuando vuelvas recuerda que también tengo cuadros impresionistas a muy buen precio.
Luego el absoluto silencio, o casi, solo el chapoteo del agua y el tambor de mi corazón a todo galope….