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Sign up to find more cool stuff to followMario Jursich sobre el Hay Festival Cartagena

Mario Jursich entrevistando a Monsiváis en Cartagena
Winston Manrique en “Papeles perdidos” le pidió a tres escritores colombianos, tres anfitriones, que comentaran sus recuerdos o impresiones del Hay. Fueron Daniel Samper, Óscar Collazos y Mario Jursich. Los recuerdos que ofreció este último son estupendos, un buen resumen de la locura caribeña que asalta al Hay en Cartagena.
Dice Jursich:
La memoria es caprichosa. No he faltado a ninguna versión del Hay en Cartagena y sin embargo apenas puedo recordar frases o reflexiones que haya oído en las charlas. En cambio, atesoro con nitidez cientos de anécdotas. Recuerdo, por ejemplo, que Carlos Monsiváis –a quien entrevisté en el 2009, en la imagen– quería ponerse para su presentación una franela absolutamente roñosa comprada en Bolivia. Le habían dicho que una de las infantas iba a estar presente y él gozaba con que ella sintiera lástima de “nosotros, los pobres intelectuales latinoamericanos”. Recuerdo haberme tomado un whisky con Christopher Hitchens mientras pregonaba que la moda de servir single malts era “una mariconería”. (Para él no había nada como los blended). Recuerdo ver con asombro la rapidez con que Vikram Seth aprendía castellano, deleitándose al deletrear palabras como A-pa-po-ris. Recuerdo que a Laura Restrepo la abordó una muchacha en la calle y dos minutos después estaba viviendo una escena digna de El exorcista.
A mí el Hay que más me gusta no es el del cartel principal. Casi por instinto busco las charlas al margen, los personajes que no atraen tanto la atención del público. Como no es un festival de espíritu polémico, en las grandes veladas suelen oírse bastantes lugares comunes. Por contraste, en las charlas de menor brillo mediático abundan las epifanías. Me pasó, entre muchos otros, con el absolutamente sabio David Crystal, con la maliciosa novelista Mayra Santos, con la delicada poeta Tishani Doshi y con el histriónico e inteligentísimo Simon Schama. Voto porque algo parecido me ocurra este año con Wojciech Jagielski.