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Marshmellow

El viento me silbaba en los oídos, un sol gélido iluminaba una densa tarde del mes de mayo. El duro pasto de la zona, capaz de soportar un clima tan hostil como los enemigos, se veía regado por pequeñas lengas y amplios calafates. Sentados bajo la malla, los ocho —cuatro sirvientes & municioneros— esperábamos impacientes el comando de fuego para actuar.

El aceite gritaba que los huevos estaban en su punto.

Las colillas en el suelo indicaban la cantidad de días que llevábamos esperando alguna noticia u orden que nos mostrara el camino a seguir. Tensos y nerviosos, era imposible decir que la espera aburría. No, no era ni de lejos aburrimiento o sopor; era una presión inmensa, ahogo, ansias y terror apostados como un elefante inerte sobre el pecho. Los fantasmas de los infantes sobrevolaban el sector persiguiendo los helicópteros que eran mosquitos con diminutas cruces rojas desde el suelo. Justamente uno de ellos pasaba cuando el radio escupió ‘¡Va comando!’.

Agua en un hormiguero. Corrí al costado de la pieza y esperé instrucciones tiritando de nervioso —Explosiva. Instantánea X.— los eme se movieron como película del 20’ —¡Quinta carga!— las manos moviéndose, gritándose con los ojos y empujándose con los gestos. El silencio me invadía y parecía aumentar el volumen de mis pensamientos, que como ruido ensordecedor se repetían en la caja torácica. Quise vomitar.

¡Círculo treinaycuatro ceró-ceró! Tres cuatro, ceró-ceró.

Dirección, viso jalones, rota el limbo y marco la linea ¿Cuánto? 34, paralelismo en doblecero —¡Los vástagos conchetumare!— si yo estoy nervioso, todos están nerviosos, sin embargo me responden  —¡Falta el alza huevón!— y Mi Cabo grita —¡Alza! Dos-siete-ceró. Dos, siete, ceró.— Tiro bajo, tiro razante, tiro lindo, tan bajo que parece suicidio y ya veo que la bomba cae como guatapique delante de nosotros haciéndonos papilla a la batería completa. Al frente, la colina, suavecita como ninguna, pero mortal si choca el tiro. Pasaremos por boleta ¿Qué importa? —¡Los vástagos!— en un segundo alineo las burbujas.

Ahí paso.

Es difícil pensar de cerca cuando se está apuntando a ocho kilómetros.

Cayó una. La camisa de fragmentación se convirtió en pequeños proyectiles luego de que la granada explosara, a velocidades supersónicas rompieron el aire y uno que otro tejido: Sánchez de la segunda pieza se agarraba un brazo al que le faltaba mano. Pero la granada no era de Sánchez.

Los fusiles cantaban y nosotros no veíamos nada en aquella tarde que ya nos amenazó de hacerse noche y empezaba a cumplir la promesa. Las nubes rojinegras solo marcaban más el color de la sangre y en cuclillas, casi pensé en rezar para no morir. Luego pensé  mejor y me descuelgo el fusil de la espalda.

Cesaron los tiros.

¿Han sentido esos segundos que parecen años?

En un homenaje para los caídos, si es que habían, nos invadió un silencio sepulcral. Fue roto por el radio —Fuego por ala. Ocho segundos. Fuego

Disparó la primera, la segunda, la tercera. Llevaba en mi mente los tres segundos de la cuarta cuando volvió la carga enemiga. Se desbordaban por la colina como una olla de leche caliente y creí escuchar las orugas de un tanque. Cada nota del fusil era acompañado por un quejido de muerte y el olor a pólvora se confundía con el de carne quemada. Disparó la cuarta cuando la cara se me pintó de vísceras: a mi lado, Merino se agarraba las tripas que no volverían a entrar. Siempre como película añeja y justo a mis espaldas el ‘eme’ Tapia yacía tiradito como alfombra.

No dije nada. El infante apunta al sirviente uno, luego al dos. Tuve suerte, más que Tapia.

Vi a mi teniente en el coche de servicio…

Sin darme cuenta, habían pasado dieciséis segundos. Era nuestro turno y mi sirviente nacía muerto. A mi costado izquierdo, Mi Cabo me susurra —Pieza… fuego.—

Cierro los ojos y disparo.

Ponen a prueba artillería romana de hace 1.800 años

http://www.leanoticias.com/2012/11/26/ponen-a-prueba-artilleria-romana-de-hace-1-800-anos/

Ponen a prueba artillería romana de hace 1.800 años

Arqueólogos pusieron hoy a prueba la artillería con la que se enfrentaron hace 1.800 años los soldados romanos a sus adversarios germanos en la conocida como batalla de Harzhorn, en el noroeste de Alemania.


Los científicos, situados en la colina boscosa de Harzhorn, cerca de la localidad de Kalefeld, en el estado federado de Baja Sajonia, dispararon sus réplicas de artillería romana contra objetivos situados a unos 100 metros de distancia y a duras penas lograron dar en el blanco.
Las seis catapultas fueron colocadas en el mismo lugar en el que los romanos abrieron fuego en el siglo III contra sus adversarios germanos.
“Nunca antes se había visto algo así”, declaró el experto en Roma Günther Moosbauer, de la Universidad de Osnabrück.
El objetivo de estas pruebas es mejorar las catapultas, reconstruidas en base a fuentes históricas, pero también “ayudar a entender mejor lo que ocurrió en el año 235″, fecha de la batalla, subrayó.
Durante las excavaciones arqueológicas en 2008, los científicos desenterraron más de 1.800 objetos entre los restos de la batalla, entre ellos decenas de puntas de hierro que eran lanzadas desde las catapultas romanas.
El descubrimiento del campo de batalla se produjo después de que dos arqueólogos aficionados presentaron en verano de ese mismo año a expertos para su estudio varios objetos que habían hallado por casualidad años antes en una zona boscosa del Harzorn.
La artillera ha sido reconstruida por estudiantes de diversas universidades.

[Fuente]

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