“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”
—Eduardo GaleanoEres tu quien decide si.. Actuar o no, si seguir adelante o dar un paso hacia atras, si te acercas a tus metas o te quedas en donde estas, si creces como persona y te tratas de superar o simplemente te quedas como estas, si luchas por tus sueños o vez a otros luchar, si simplemente das lo que tienes o siempre das mas de lo que puedes dar, si vez el lado negativo a las cosas o tomas la iniciativa y la tratas de cambiar, si te importa lo que digan los demas o sencillamente te vale y eres tu sin dudar.. Vive tu propia vida no trates de ser como los demas..
Tan cotidiana como la culpa
Suelo sentirme culpable con frecuencia. Ya sea por despertar tarde, mi mala memoria, tomarme esa piscola demás, las cosas que pierdo, por no salir, por estar solo. Es un etcétera interminable.
Si quisiera saber con exactitud de dónde proviene esta culpa, visitaría al psicólogo o en el peor de los casos me pondría de acuerdo con un psiquitra para que me ayuda a doparme y olvidar. Pero es otra cosa la que me interesa ¿hacia dónde va esta culpa? ¿Qué se supone que debo aprender de ella?
Creo que la culpa se ocupa primordialmente de hablarnos a nosotros mismos. Como si la figura de Pepe Grillo fuera en realidad este fuego recalcitrante, que te deprime de vez en cuando, te hace llorar o en el mejor de los casos te obliga a mirar a tu alrededor y decir: “Puta que la cagué”.
