vicioso

Si ya te cortaste una vez es casi imposible no volver a hacerlo. te decís que no lo vas a volver a hacer pero lo haces devuelta y cada vez duele menos, entonces te cortas cada vez mas... y lo peor de todo es que no te alivia tanto el dolor porque cada vez que vez las cicatrices te acordas el motivo por el cual te cortaste y revivis el dolor de ese momento... es como un circulo vicioso que parece no acabar
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Quiero pasar un día contigo perfecto, despertarnos juntos mirandonos a los ojos, luego de allí desayunemos juntos los aperitivos que más nos gusten, jugar con la comida de una manera romántica y tonta, hacer tareas domésticas juntos, salir a pasear por todo el centro, comprar algo material para ti que te guste, estar allí y mirarte a los ojos, besarnos, abrazarnos, jugar cómo pequeños niños, volver, cenar... y dormirnos abrazados.

CIRCULO VICIOSO*

A veces es difícil salir de ese círculo vicioso que no te lleva a ningún lado, salvo a hacerte daño a ti misma. Y cuando consigues salir de él, tratas de evitar por todos los medios todas aquellas cosas que pueden hacer que recaigas. Pero a veces se cruzan en tu camino pequeñas pruebas que tienes que aprender a superar sin volver a caer en aquello que te hacía daño.
Círculos viciosos

Cuando del corazón se trata, carezco de determinación. La debilidad y la desesperación me dominan cuando surge la amenaza de perder a esa persona, y es tan fácil sentirme culpable por las cosas que no he hecho mal. No importa qué tanto esa persona merezca ser perdida.

Se vuelve un círculo vicioso. A mí no me gusta el juego del tira y encoge.

Eu estava com o celular na mão, esperando por uma mensagem, ou uma ligação, sei lá. Esperava que você desse sinal de vida. Minhas unhas estavam totalmente roídas. Meu celular estava num ritmo vicioso: desbloquear a tela, checar as mensagens, bloquear a tela. E nada de você. No sofá, havia se formado um buraco onde eu sentara. Câimbras contínuas. É difícil se acalmar quando se tem a síndrome das pernas inquietas. O café havia esfriado, amargado e ficado sem gosto, assim como eu: também estava começando a ficar desgostoso. Estava começando a me cansar de aguardar. Ou melhor, estava me cansando de me cansar, de esperar no próximo. Levantei do sofá, fui até um espelho e fiquei me olhando. “Incrível como consegues amar tão intensamente a cada um em sua volta e nem sequer é capaz de amar a si próprio”, repeti em alto e bom som enquanto fitava o reflexo de um homem que não sabia onde depositar o amor que sentia. O celular tocou, enfim. Feito um bobão, corri o mais rápido que pude e quase atendi. Quase. A ficha caiu: me sujeitar a estar disponível quando quisessem, mover montanhas, aceitar viver para ser segundo plano das pessoas… é insano. Não é certo. Não é saudável. Todos temos direito de ser amados, mas principalmente, temos o dever de nos amar. Recusei a ligação. Na verdade, recusei me sujeitar ao desamor próprio.
—  escritos de um garoto.