HETEROFOBIA Eres heterosexual, así que no tienes derecho a vivir con la persona a la que amas. Ni a compartir tu día a día con ella. Ni a casarte. Ni a adoptar hijos. Ni a formar una familia propia. Es más, como eres heterosexual tu modelo de vida supone una amenaza para las demás familias. No se puede consentir que heterosexualices a tus hijos. A tus amigos. A quienes te rodean. Tu proselitismo heterosexual es inadmisible. Por supuesto, tampoco es admisible que te beses en público. Ni te cojas de la mano. Ni que pienses en el sexo como placer. O como deseo. El sexo solo es procreación: eso es lo natural (lo única y exclusivamente natural). Como eres heterosexual, en muchos países tu forma de amar será prohibida. Insultada. Castigada. Ocultada. Y será represaliada en países como Rusia. O condenada a cadena perpetua, como en Uganda. O a pena de muerte, como en Somalia o Mauritania. Y, vivas donde vivas, serás objeto de bullying, y de mobbing, y de burlas crueles por tu pluma: porque se te nota demasiado que eres hetero en tus gestos, en tu modo de hablar y hasta en tu forma de mover la manos. Ahora, prueba a sustituir heterosexual por homosexual. Por gay. Por lesbiana. Por bisexual. O por transexual. Y si encuentras alguna diferencia en el absurdo que encierran estas líneas, corre a una biblioteca: quizá leyendo puedas curarte de la ignorancia y, con ella, del odio. Por eso, cifras como esos 77 países donde -sí, a fecha de hoy- ser homosexual se considera un crimen, solo pueden ser motivo de vergüenza y de indignación. Y, por eso mismo, también de lucha.
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