torreones

Los Torreones de Gomez de la Serna

Para proseguir con la inmersión en el mundo de los enseres, y la íntima relación de cada uno con ellos cuento con la suerte de tener dispuesto a colaborar a mi compañero de clase Miguel Orozco Martín, que nos trae una corta explicación sobre Gómez de la Serna y su peculiar atracción por los objetos singulares, únicos e irrepetibles que cuentan una vida.

Todos conocen a Ramón Gómez de la Serna por su obra literaria, compleja y vanguardista. Sin embargo, pocos conocen su faceta como collagista, coleccionista y creador de atmósferas únicas. El escritor, desde su juventud, fue convirtiéndose en un guardián de historias encerradas en objetos. Estos objetos, fotografías, estampas, figuras, relojes o espejos se iban adosando a las paredes de sus múltiples despachos durante toda su carrera literaria, incluso antes, incluso después. De la Serna transformaba así sus espacios de trabajo, estancia, descanso o estudio en composiciones inverosímiles, alejadas del entendimiento establecido sobre los espacios, los hacía propios y en ellos componía su propio universo de relaciones entre las cosas. Estos despachos, que él llamaba torreones, eran su realidad al margen, una atalaya para la creación y el pensamiento. 

En todos esos despachos Ramón escribía por la noche hasta que el amanecer le sorprendía trabajando en sus cuartillas. Entonces dormía hasta las tres de la tarde (hora a partir de la cual estaba disponible en su teléfono y dirección, según rezaba en sus tarjetas y papel de escribir). Desde sus despachos, su ingenio y su imaginación destilaron una obra prodigiosa, llena de vanguardismo y de originalidad. El ambiente de esos torreones era abigarrado y loco, lo que quedó reflejado en su obra, igual que el sabor de las ciudades en que se encontraban. Ramón, con objetos y con tan inefable decoración, se convirtió en un auténtico creador de su entorno y ese ambiente fascinante lo iba trasladando, una y otra vez, a sus sucesivos torreones.

En cualquier caso, el ambiente de sus torreones inevitablemente recuerda el de algunas casas o gabinetes de otros grandes artistas o escritores: el gabinete André Breton, la casa de La Isla Negra de Pablo Neruda, La casa della vita en Roma, de Mario Praz, el biombo de Lord Byron, el ático de Joan Brossa en la calle Balmes de Barcelona, la casa del arquitecto John Soane, en Londres y tantos otros…

En sus despachos un variopinto listado de elementos y enseres, cada uno con su propia vida, todos ellos formando un conjunto que deja latente una visión del mundo que habla del desplazamiento semántico y los hilos interconectores.

De lo último que quiero hablar es de los objetos de Ramón. En todos los torreones, desde el primero, en la calle de la Puebla, había multitud de objetos. Objetos derivados de la tradición: reproducciones de estatuas clásicas, bargueños, velones, candiles, cornucopias, azulejos levantinos, espadas, alfanjes, pistolas, cristos, vírgenes, santos, unas gárgolas compradas en París, un candelabro de Iglesia, exvotos…; Objetos actuales, en general estrambóticos y absurdos: unas mariposas de Indochina, un pájaro que canta, una codorniz de reclamo que sonaba cuando se apretaba una pera, un botijo de cristal mallorquín, objetos de magia, cajas de música, juguetes, títeres, ídolos africanos, un carillón japonés, un tapiz egipcio, una muñeca rusa, un reloj segoviano, unas manos de llamadores, una veleta; también tenía útiles de su oficio: plumas, tinteros, pipas de fumar, libros, papeles, pisapapeles, un globo terráqueo para viajar, gracias a él, con la imaginación… En el techo, bolas de cristal, murciélagos, golondrinas de madera, un sol de purpurina, pelotas de goma. En las paredes, espejos, cuadros, llaves, y un sin fin de cosas más. También dos objetos de mayor calibre: una muñeca de cera, de tamaño natural, que estaba sentada en un sofá, y un farol de la calle, donado por la compañía del Gas…. A ello se fueron añadiendo paulatinamente, gracias a su afición por acudir asiduamente al Rastro madrileño, más y más objetos, pozal de cosas, como si quisiera contener la ciudad en su interior. Describir sus torreones supondría hacer una interminable lista, una montaña de objetos. “Tendría que hacer un libro para describir por qué me rodeé de esas cosas de carácter que fui encontrando en los rincones pintorescos del mundo”, escribió. Fueron sus objetos los que inspiraron tantas y tantas gregerías.

Volvemos pues a un tema recurrente, la identidad y la inmunidad. La inmunidad que te proporciona el habitar tu propio mundo, el cual ha sido compuesto por tus elecciones y tus dudas, por tus intereses y conocimientos. En esos torreones donde el alba sorprendía a Gómez de la Serna, donde las noches se iban aposentando una tras otra en las postales, los recortes de periódicos y libros, las velas y los candelabros. Lugares que sólo se antojan posibles para un individuo, para el que se conoce a sí mismo para conocer el mundo. O quizás ¿quién intenta conocerse a sí mismo para conocer otro mundo?

Los espacios pueden recomponerse para que alberguen en ellos una sin fin de visiones, tomando así una dimensión metafísica más que física.

Extractos de texto publicado en http://egotecadelantipatico.blogspot.com.es/2010/03/ramon-en-su-torreon.html , el viernes 19 de Marzo de 2010

Modelando para mi primer diseño,brazalete inspirado en istanbul#jewelry #jewels #jewel #Makeup#fashion #love #girls #designer #joyas #stones #stone #trendy #accessories #love #joyasmexicanas #beautiful #ootd #style #fashionista #accessory #jewelrydesigner #stylish #cute #jewelrygram #glam #fashionjewelry (en Torreon Coahuila)