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Al calendario le faltaban días y al reloj más horas, cuando se trataba de nosotros juntos. Pero cuando tu no estabas; el calendario y el reloj se ponían en blanco y parecía que el tiempo no avanzaba jamás.
—  Tiempo Muerto, Joseph Kapone

Ven, sígueme… —enunció sonriente, tomando de la mano a la primera persona que se interponía en su camino y dando un leve tirón a la misma para avanzar, esperando a que ésta aceptara ser guiada por ella para así poder llevarla al lugar que tanto ansiaba mostrar—.

Tristemente encontré de lo más bonito de este mundo en un momento vital que prácticamente me exigía la soledad. Encontré miradas de complicidad entre cientos de ojos, que no ven dos pasos más allá de los escalones que suben hasta mi piso. Me encontré a mí misma, o almenos a esa parte de mí que se había quedado perdida y apagada en días de pensamientos nublados. Y qué bien me sentía, y qué bien me siento, al saber que detrás de esa puerta se encuentra una sonrisa que todo lo cura, que todo lo borra, que todo lo enciende. Querer apartar de mí el romanticismo es como querer separar las estrellas del cielo, arrancar las flores de la tierra. Querer apartarte de mí es totalmente lo mismo. ¿Enamorada? Creo que a veces los sentimientos van más allá de descripciones innecesarias. Supe que te quería, y sé que te quiero, cuando cada día al despertar me pregunto si te veré y si te sentarás a mi lado a contarme cómo te ha ido. Tú eres tan tuyo, y yo soy tan mía, que entre estos egoísmos supimos abrazarnos. Día tras día, océanos de monotonía, se rompen con palabras que parece que nunca vas a volver a escuchar. “Me gustas mucho” me decías, qué fácil resulta todo cuando no existen las verguenzas, y puedes decir lo que piensas, lo que quieres y lo que sientes. Y explotar y morir, sin importar qué dirán, que pensarán, porque no existe un ellos, sólo un tú, sólo un yo. Y tristemente emprendí el camino que lleva a tus pupilas, y yo sólo quise una primavera, y tú me creaste un vergel. ¿Cómo quieres que vuelva, si cada pétalo de mis manos tiene grabado el tacto de tu piel? 

Hijo mío, tomas demasiado en serio al viejo Goethe. A los viejos, que ya se han muerto, no se les puede tomar en serio, eso sería no hacerles justicia. A nosotros los inmortales no nos gusta que se nos tome en serio, nos gusta la broma. La seriedad, joven, es cosa del tiempo; se produce, esto por lo menos quiero revelártelo, se produce por una hipertensión del tiempo. También yo estimé demasiado en mis días el valor del tiempo, por eso quería llegar a los cien años. En la eternidad, sin embargo, no hay tiempo, como ves: la eternidad es un instante, lo suficiente largo para una broma.
—  "El lobo estepario" - Hermann Hesse.
Le routine.

Los días grises me dejaban más melancolía que frío. Las mañanas eran largas y las horas no tenían interés alguno. Escribía intentos de poemas en las clases más aburridas y comía caramelos como pastillas. La rutina era a ratos bonita, a ratos tediosa. Sin duda, lo que más brillaba de ese invierno eran los Viernes. Ya no existía el tiempo ni la prisa, los trayectos eran camino del paraíso, un jardín exótico oculto entre las aburridas calles. El silencio no existía bajo la oscuridad, el aire era inmóvil, el frío era el único invitado a aquella fiesta. ¿Qué se celebraba? La liberación emocional de muchos días de encierro. Ni el peor de los terremotos hubiese sido capaz de romper la paz que, como un puente imaginario, se construía entre nosotros. Una dirección que disimuladamente ya había interiorizado era todo en lo que pensaba, un beso de despedida, un adiós a la distancia, un Lunes que no se hacía esperar, y como quién no quiere darse cuenta, un nuevo mes que llenar de viernes atemporales y inexistentes, porque en el fondo, no existían. Ni él, ni yo, ni el día, ni la hora, ni la luz; tanta era la paz, que parecía una muerte temporal, sombras en movimiento, la primavera no llegaría porque ya se encontraba entre sus dedos. 

Proyecté más ilusiones en su mirada de las que hice sobre un papel, ardían una y otra vez, para volver a escribirlas, sin pensar en el ayer. El ayer, qué fueron esos meses, esos días ya eran presagios diurnos de lo que iba a suceder. Una figura recortada en el viento, el punto de fuga de todos mis pensamientos, creería en ti una y otra vez, apostemos lo que quieras, me arriesgo a perder, a perdernos, a encontrarnos mañana a las ocho otra vez. No quedaba esperanza para los días perdidos, vacíos, todos se habían marchado, pero de un horizonte delgado como tus suspiros, emergió una luz tan cálida como el verano. Qué detestable es el invierno, si no se consume entre tus manos. 

https://www.youtube.com/watch?v=UsvX3CAAAmU

youtube

En algún lugar, en una galaxia muy poblada hay un planeta como cualquier otro. Las criaturas de éste mundo tienen cuatro miembros. Los dos miembros inferiores les permiten moverse adelante y atrás, y los dos superiores les permiten matar.

Hombre

Principal recurso: Muerte

Viven por eso. Incluso mueren por eso. Comienzan su entrenamiento a una edad muy temprana. En general son testarudos pero bien dotados. Y casi inmediatamente ponen en práctica lo que han aprendido. 

Cuando el hombre muere se encienden luces, y entonces, aturdido, mira a su alrededor, medita y se arrepiente.No es suficiente con acumular muertes, uno debe saber como honrarlas. El hombre es, de hecho, no solo respetuoso sino también respetable. Se quita el sombrero, saluda, marcha. Él da la muerte, él presta la vida.

Por extraño que parezca, alguna gente permanece siempre viva. Algunos tienen la capacidad de volver a empezar ¿y qué más puede hacer éste futuro cadáver? El olvido y el ocio 

¿Y qué hace el hombre cuando no está matando a otro hombre? ¡Mata todo lo que se le parece! El hombre piensa, y así vive bien. Mata todo lo que muerde, patea, lo que estorba, lo que bufa, en otras palabras, todo lo agresivo. Es aclamado en la victoria, llorado en la derrota.

Entre guerra y guerra, entre caza y caza, hay tiempo muerto.  Cada uno llena ese tiempo lo mejor que puede, rápidamente, como un humilde artesando “¡Oh, dios mio, mi esposa, mi marido, mi primo, mi invitado!” Usan cualquier excusa para tener una oportunidad, cada hombre por si mismo, y titulares para todo el mundo. El crimen puede no pagar, pero proporciona dinero. A veces también nos mete en líos. Uno debe cuidar los detalles, mientras se centra en la gran obra y olvida el arte. El tercer hombre, el cuarto brazo del decapitado viviente, la séptima víctima, el 13º crimen del sádico, el 42º barbudo. Incluso si el hombre continua cometiendo crímenes, la justicia prevalece. Los asesinos juzgan a los asesinos y la muerte se eleva para ofrecer las cabezas de los ejecutores a otros ejecutores. El mundo es de hecho un círculo vicioso.

"-Padre me acuso a mí mismo de haber sido un hombre

-Te perdono, hijo mío”