sentarme

He experimentado la curación a través de la poesía de otros escritores, pero no hay manera de que pueda sentarme a escribir con la esperanza de que un poema tenga posibilidades de curación. Si lo hago, voy a escribir un mal poema.
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 Marilyn Hacker


Extrañaba tanto a mis padres, que me siento ajena a su cariño, me da melancolía sentarme a comer con ellos, es como si los hubiera perdido, jamás me hubiera imaginado lo mucho que los extrañaría al irme de aquí.

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En mi Universidad, siempre observé a este chico. Se sienta con un chico que siempre va en mi movilidad, en un banco frente al que yo acostumbro sentarme con mi mejor amiga, Amanda. A veces el chico con el que se sienta, me saluda, digo, vamos en la misma movilidad y hablamos a veces. Solía encontrarlo lindo, pero que no hacía mi tipo. Estudia ingeniería civil, pero su rostro grita filosofía. A veces mientras lo observo, siento como si él también me observara, pero hoy me puse a pensar y lo más probable es que esté observando a una de sus amigas que están en mi salón ellas son lindas. Hoy fui a sacar unas fotocopias, y mientras regresaba al salón alguien estaba desmayado en la rampa y había un montón de gente a su alrededor, me sentí rara cuando le reconocí allí desmayado, pero tampoco pude hacer nada, había mucha gente cerca de él en ese momento, además, no le conozco, nunca hemos cruzado una sola palabra. Una chica de mi salón con la que no suelo hablar me dijo que él había tenido un ataque de epilepsia, me sentí mal por él, no por el hecho de tener epilepsia, pero por el hecho de haberse desmayado de repente ¿Y si pisaba mal y su cabeza directamente al cemento? podría rompérsela. Se recuperó rápidamente, luego yo me fui a clase. Cuando me fui a comer con Amanda, minutos después él apareció con unas amigas suyas que estudian en mi salón, Amanda me dio aquella mirada, intenté seguirle la conversación, pero creo que me sonrojé. Me parece lindo, sí, y lo que pasó hoy me dejó pensando, pero es que ¿Qué puedes sentir por alguien con quién ni siquiera has intercambiando un “hola”?
dime, ¿serías capaz de recordarme?

Si tuviera que sentarme y pensar en ti, probablemente caería en el “y sí…?”. Nos pasamos toda una vida pensando y no haciendo, y cuando al fin todo estaba en nuestras manos fue totalmente absurdo. 

Me pongo frente a todos y de mi vida, admitiendo nuestra derrota. Darle la bienvenida a tu olvido. ¿Has oído que cuando las personas lo tienen todo la felicidad se les escapa de las manos y se hacen daño por placer? Tal vez…

No, si tuviera que sentarme y pensar en ti, te recordaría y te buscaría en mi piel, me las besaría y me destrozarían. Que mierda todo, quererse tanto como para dejarse marchar.

Qué te parece si te digo, que nunca le di la bienvenida a tu olvido, porque olvidamos todo aquello que no merecemos y yo a ti, te merecía. Y tu a mi, me merecías.

Así que, aunque lleves ya bastante tiempo perdiéndote en otros labios, sus labios, no te atrevas a decirme que cada noche, justo antes de dormir, no piensas aunque sea durante tan solo un segundo en mi. Lo sé, porque yo también lo hago. Lo sé, porque hoy dejaré de hacerlo.

Porque ya no te merezco, ni tampoco tu me mereces. Porque ahora son sus labios los que me encontraron mientras montaba una y otra vez en el tren que nunca pararon tus manos.

Pero siempre llega el día en que te das cuenta que sí, te quise y tu me quisiste. Ya entonces es demasiado tarde y lo único que te puedes preguntar es; y dime ¿serías capaz de recordarme?, nunca supimos aprovechar el tiempo cuando estaba de nuestro lado. 

Y eso amado, fue nuestra derrota.

Mis nervios desafinan con la misma frecuencia que mis primas. Si por casualidad, cuando me acuesto, dejo de atarme a los barrotes de la cama, a los quince minutos me despierto, indefectiblemente, sobre el techo de mi ropero. En ese cuarto de hora, sin embargo, he tenido tiempo de estrangular a mis hermanos, de arrojarme a algún precipicio y de quedar colgado de las ramas de un espinillo.

Mi digestión inventa una cantidad de crustáceos, que se entretienen en perforarme el intestino. Desde la infancia, necesito que me desabrochen los tiradores, antes de sentarme en alguna parte, y es rarísimo que pueda sonarme la nariz sin encontrar en el pañuelo un cadáver de cucaracha.

Todavía, cuando llovizna, me duele la pierna que me amputaron hace tres años. Mi riñón derecho es un maní. Mi riñón izquierdo se encuentra en el museo de la Facultad de Medicina. Soy poliglota y tartamudo. He perdido, a la lotería, hasta las uñas de los pies, y en el instante de firmar mi acta matrimonial, me di cuenta que me había casado con una cacatúa.

Las márgenes de los libros no son capaces de encauzar mi aburrimiento y mi dolor. Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. Me repugna el bostezo de las camas deshechas, no siento ninguna propensión por empollarle los senos a las mujeres y me enferma que los boticarios se equivoquen con tan poca frecuencia en los preparados de estricnina.

En estas condiciones, creo sinceramente que lo mejor es tragarse una cápsula de dinamita y encender, con toda tranquilidad, un cigarrillo.
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Espantapájaros 6

Oliverio Girondo.