Al estar de vuelta en Detroit el extraño viaje a Chicago me parecía lejano, como si hubiese pasado hace semanas en vez de tan solo un día y es que todo lo que había sucedido allá parecía irreal. Suspiré de manera casi imperceptible par el resto de las personas a mi alrededor, pues estaba en la universidad mientras una película de recuerdos se reproducía en mi cabeza una y otra vez. Aún era muy temprano para mi primera clase, por lo que decidí ir al patio trasero a sentarme en alguna de las bancas de madera sin realmente esperar que alguien se acercara, por ello me mantuve sumergido en mis pensamientos hasta que alguien pareció sentarse frente a mí, por lo que negué y le dirigí la mirada—Lo siento ¿puedo ayudarte en algo?

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Yo les digo a todos que si se sienten mal tienen que desahogarse hablando con otros y contantandoles sus problemas, pero cuando yo me siento mal lo único que hago es sentarme a pensar en todo lo malo que he hecho.
No te quiero perder
que la distancia se devore nuestra miel
y perdamos la fe.
No te quiero tener
y cuando menos piense perderte otra vez,
me duele hasta piel.
Dentro de mí,
semillas tengo de ti
y sin ti
pueden querer morir.
Quiero sentarme a llorar,
sacar de adentro mil cosas
que te quiero decir,
me siento tan debil sin ti.
Quiero guardarme a la moral,
darte unos besos que quizá
tenga que robar
de tu boca, mía
(mía, mía).
No te quiero perder,
que el amor se acabe y vuelvas a querer
otro sabor a miel.
No te quiero tener,
porque tanto te amor, comienzo a conocer
la intensidad de mi ser.
Dentro de mí,
semillas tengo de ti
y sin ti
pueden querer morir.
Quiero sentarme a llorar,
sacar de adentro mil cosas
que te quiero decir,
me siento tan debil sin ti.
Quiero guardarme a la moral,
darte unos besos que quizá
tenga que robar
de tu boca, mía
—  Carla Morrison, hasta la piel.
Sálvese quien pueda.

Acababa de llegar a Bruselas aquella misma mañana, en un tren que había salido de la estación de Charing Cross en Londres. Había pasado toda la noche en el tren entre durmiendo y observando el cielo nocturno, salvo el rato que estuvieron inmersos en el Eurotúnel, y al despertar se encontraba ya fuera de las Islas Británicas. Su primera parada había sido aquella pequeña ciudad capital de Bélgica, en la que había pasado el día visitando el museo de Robert Capa, los estudios de Hergé y algún que otro monumento barroco de los que adornaban el pequeño casco antiguo. En aquel momento, se encontraba en un tren destino París, que llegaría a la enorme capital francesa tan solo unas cuantas horas más tarde.

Después de buscar por todo el tren, finalmente encontró un pequeño compartimento que parecía libre salvo por la presencia de una chica de más o menos su misma edad. Abrió la puerta con disimulo y, en un inglés claro por si la chica no hablaba su idioma, preguntó con educación. — ¿Podría sentarme aquí? — Y después, en un francés bastante torpe, añadió. — Est-ce que je peux m’assire ici? 

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"Huir" |Two-Shot Wigetta| Segunda Parte

SEGUNDA PARTE.

(La dirección de la primera parte al final):3

_________________

Ya no me importaba como llegué aquí. Luzu era la única persona a la que podía recurrir, así que golpeé suavemente su puerta. Tampoco quería alarmarlo.

Me recibió su rostro y el de Lana, con expresión de sorprendidos, invitándome a pasar. Asentí, avanzando hacía el salón, mientras escuchaba sus voces murmurar y preguntar.

Me dolía la garganta de tan solo intentar responder. Luzu, con rostro de seriedad, me obligó a sentarme, colocándose frente a mi junto a Lana, observándome. Me sentía incómodo.

— ¿Qué pasó, Willy?

Las cálidas manos de Samuel, su manera de tomar mi rostro, acercarme a él. Besarme… ¡TODO ESO PASÓ! No sé como responder a todas las sensaciones dentro mi, estoy confundido. Y no puedo dejar de pensar en la manera tan especial en la que él se acerca a mi.

Ya no puedo ignorarlo.

— Guillermo… N-no ll-llores…

¿Qué? ¿Estoy llorando?

Levanté mi vista, comprobando como esta se nublaba debido a las lágrimas que asomaban mis ojos. No las podía detener. Hice mi mejor esfuerzo para ver a Lana, que con su rostro preocupaba me seguía llamando, tanto al español como al inglés, como acostumbra. Luzu igual estaba tomando mi brazo, intentando calmarme, o al menos pidiéndolo.

¡Es que no podía con la debilidad!

No lo soportaba.

-.-
Mis ojos se abrieron, preguntándose a su vez donde es que estaban. La pared de la habitación era oscura, a diferencia de la mía. Mis manos se esforzaron para levantar mi cuerpo, tomando asiento sobre la cama. Sentía ardor en los ojos, recordándome que había estado llorando. Sabía las razones también, aunque estaba más feliz en la ignorancia en este momento. ¿Dónde estaba? ¿Porqué?

Era la casa de Luzu.

— ¿Estás mejor?

Dos cabezas se asomaban por la puerta, Luzu con una bandeja, y Lana detrás de él, con una sonrisa amistosa. Asentí, débil, pasando mis manos con suavidad y flojera sobre mis ojos, intentando desaparecer al ardor.

La bandeja frente a mi contenía tres tazas de té, pan, cosas para él, azúcar y un par de galletas. Cogí una de las tazas, extendiendo mis manos por su anchura, sintiendo el calor de la misma. Tomé su sorbo, mientras que Luzu y Lana también se dedicaban a la comida, sacando galletas.

Al rato, quedaban solo las migajas de lo que antes fue pan y galletas, así que otra vez la mirada de Luzu y Lana se centraban en mi, haciéndome sentir incómodo. Sinceramente, les agradecía el hecho de haberme ayudado, y de hecho, dejarme quedar aquí, pero aun no podía siquiera imaginarme hablar sobre lo que pasó ayer con Samuel. De nuevo era un nudo en la garganta, que dolía, impidiéndome hablar.

Escuché a mi celular vibrar, acompañado del típico sonido de un mensaje. Me volteé lentamente a la mesita de noche donde estaba, distinguiendo rápidamente en la barra superior el nombre que tenía asignado a Samuel. Sentí que mi corazón se detuvo por un instante.

«¿Qué es lo que quiere?»

— ¿Es por él?

Joder, Luzu lo notó.

Bajé mi mirada, incapaz de contestarle.

— Lo sabía, era por él.—vociferó, aunque no entendí el por que sonó tan… ¿Cansado?

La mano de Lana alcanzó mi hombro, como en señal de apoyo, a lo que respondí con la mejor sonrisa que podía ofrecer. Desbloqueé el celular para ver, aun con ese miedo dentro de mi, el mensaje de Vegetta, aunque no era solo uno, en realidad…

« ¿Estás bien, Willy?»
« Joder, perdón, Willy.»
« Guille, ya es tarde, dónde quiera que estés, dime.»
« Por favor, Guillermo, si te pasa algo, no sé que haré»
« Tranquilo, chiqui, enserio, si quieres podemos olvidar lo que pasó, solo regresa ¿Está bien?»
« ¿Dónde estás, Guille? Me tienes preocupado…»
« Anda, por favor, regresa. Yo no te presionaré.»
« La noche puede ser fría, Guille, ven a casa ¿Si?»

Me conmoví. No pude evitarlo, las lágrimas cayeron en aun más cantidad por mis mejillas, llenándolas con su humedad. Aun cuando solo eran mensajes, se veía su desesperación por encontrarme. Él estaba preocupado por mi. Y su último mensaje…

« Guille, dime dónde estás. Iré a buscarte, por favor, solo habláme. Te necesito, por favor…»

Joder. ¿Cómo podía no gustarte alguien así? Por supuesto que te gusta. A mi también me gusta, pero sigo teniendo miedo… Se que voy a perderle, se que él se irá o se aburrirá, y no quiero eso. No lo quiero lejos de mi. Sentí los brazos de Lana rodearme, ella era un buen apoyo en todo momento, entendía a la perfección por que Luzu la eligió, tenía una sensación cálida, igual que las dulces manos de Vegetta. Me largué a llorar en su hombro, mientras sostenía el móvil con mis manos temblorosas. Luzu tomó el móvil, pero ni siquiera me molesté en quitárselo, aun cuando se colocó a revisar los mensajes.

— Le diré que estás aquí.

Quería decirlo que no, que no hiciera semejante gilipollez, pero Luzu no me haría caso aunque se lo rogara, así que lo dejé. Lana me separó un poco, mientras sonreía.

— Anda, no llores.—su voz me pidió, entre esa mezcla y esfuerzo de hablar bien el español, pero con su notorio acento americano.

Me limpié las lágrimas, mientras Luzu dejaba a un lado el móvil otra vez.

— Sabíamos del Wigetta hace mucho, ¿No, Lanita?—aunque su comentario me ayudaba poco, el hecho de que lo decía como broma me hacía sonreír.

Lana asintió con una sonrisa más amplia que la de Luzu, ambos mirándome. Ellos me daban un poco de más miedo que Samuel.

— Entonces, amigo Willfred, ¿qué es lo que te preocupa?

A veces envidiaba la facilidad para hablar y aconsejar que tanto Luzu como Lana tenían, muy a diferencia de mi, que simplemente me cerraba a cualquier peligro. Tal vez por eso recurrí a ellos, pero… ¿Cómo podía decirles? Aun cuando ellos ya tuvieran alguna idea, la garganta me quemaba para pronunciar cualquier cosa.

— Guillermo…—la voz de Lana, aun con su esfuerzo por que se le entendiera el español— Sabes que de todas maneras estamos aquí y no te dejaremos, así que, puedes hablar.

No me ayudaba mucho, pero me hacía confiar más en hablar.

— E-es qu-que…—comencé, forzando a mi garganta a hablar— Vege… Sa-samuel… M-me be-besó… ayer.

Hasta el rostro de Luzu se sorprendió, mostrando sus ojos mucho más grande de los que suelo verlos. Lo esperaba más o menos de Lana.

— ¡¿TE BESÓ?!—eran ambos los que gritaron.

Supongo que pensaron que Vegetta había sido más sutil, en vez de besarme. Sonreí leve al verles, por que me parecían graciosos sus rostros.

— Pensé que Vegettoide te lo confesaría, no que te besaría.—mis sospechas, Luzu pensó que sería más sutil. Samuel es un nido de sorpresas.

Sonreí.

— Sin embargo… A ti parece no molestarte Willy, ¿Qué pasa?

La voz de Lana llegó a sonar reconfortante. Es verdad, el besó no me molestó.

Lo que en realidad me preocupa…

— ¡Luzu! ¡Luzu tío, abre la puerta!—esa voz… Vegetta.

«¿Cómo llegó tan rápido?»

Miré rápidamente a Luzu, que solo me sonrió. Lana continuó abrazándome.

— Cálmate, tú habla con Lana, yo distraeré a Vegettoide.

Me giré hacía Lana, mientras escuché la puerta principal abrirse y la voz de Vegetta y Luzu mezclarse entre un montón de palabras que no entendí.

— Solo habla. No te servirá si regresas y continúas así, al menos déjame saber que te pasa ¿Si?

Está bien, solo por que se que tanto ella como Luzu siempre me apoyarán.

— E-es que… te-tengo mi-miedo…—confesé, soltando un largo suspiro, aun confundido— De pe-perderlo… Po-por que se que él se aburrirá. O se va a ir y me va a dejar. No lo quiero lejos, tengo miedo ¿entiendes?

Ella sonrió, asintiendo.

— Es normal tener miedo, Guille.—la voz de Lana, otra vez, siempre tan cálida, igual que la de él.— Yo también tenía miedo al principio. Pensé que si tenía mucho confianza, después Luzu se iba a ir y dejarme, es como tener miedo a que se aburran de ti ¿No?

Asentí, sintiéndome mejor. El solo hecho de que ella me comprendiera me desahogaba.

— No debes preocuparte ¿Sabes?—su voz mezclada con el inglés me resultaba aun más extraña, mientras sonreía— Pero es mejor enfrentarlo. Al menos querrás estar con él lo que puedas en vez de nada. Si huyes, te causarás dolor a ti y a él, cuando en verdad si le quieres. Se que te quiere le suficiente para no dejarte ir, así que ya no tengas miedo, estaremos todos contigo ¿Te parece?

— Gracias, Lana…

Mientras ella sonreía, la puerta de atrás se abrió, dejándome ver a Vegetta junto a Luzu. Sentí nuevamente mis mejillas arder.

— Entonces Willy tenía el mismo miedo que Lanita ¿eh?—la voz casi burlesca de Luzu…

¿ESTABAN ESCUCHANDO?

Pues si, él que Samuel se acerca así con ese rostro me lo demostraba, y ni siquiera respetó el hecho de que estábamos en casa de Luzu y Lana, si no que simplemente me besó. Aunque yo también correspondí.

— Wigetta is real.

Luzu… ¡Jódete ya con tus comentarios!

— Chiqui, no me vuelvas a hacer eso.—su voz en mi oído me hizo olvidar el insulto que deseaba soltar contra Luzu— No te dejaré. No tengas miedo ¿ya? no me aburriré de ti, pero no me vuelvas a hacer esto. ¡Estaba preocupado! No sabía donde habías pasado la noche.

Le rodeé con mis brazos el cuello.

— Está bien, no lo haré.—respondí suavecito contra su oído, besándolo a su vez.

— Ya Luzu, me llevo a mi Willy, nos vemos en dos días más.—escuché la voz de Vegetta, aunque no tome consciencia, por su sus brazos me levantaron con una facilidad… No sabía que era tan fuerte.

— ¿Dos días?—pregunté, sin comprender.

Luzu solo rió, así como esa risa de "Ya lo entenderás, Willy" que me causaba miedo. Me dirigí al rostro de Lana, esperando que ella me respondiera, pero fue igual. Solo que ella parecía ¿Cómo decirlo? Era de esas expresiones que ya había visto. Era como… aquellas chicas cuando pensaban en algo Wigetta, quizá.

Lo acabo de comprender.

— ¡Samuel, pervertido, bájame ya!—ordené, mientras le revolvía el cabello buscando que me soltara.

No.

Sabía que de esta no iba a salir solo por que si.

— Tranqui, Chiqui, solo será un día y el dolor ya no existirá ¿Está bien?

Eso no me convencía, ¡PARA NADA!

-.-
— Te dije que estarías mejor.—la voz de Samuel fue lo primero que escuché al despertar.

Agarré la almohada, y aun cuando él tenía una bandeja sobre las manos, se la lancé.

— ¡ME DUELE EL CULO, ASÍ QUE CÁLLATE PRINGAO’!

« Al menos, el miedo se fue. Ya no quiero huir de él, quiero estar a su lado.» Supongo que era un dolor que tendría que soportar más a menudo, conociendo lo que conozco a Samuel.

__________________________________

¡Hola!

Aquí el termino del two-shot, para ver la primera parte, aquí;

PRIMERA PARTE ( http://sum-the-heaven.tumblr.com/post/98193694999/huir-two-shot-wigetta )

Ojala que les guste! Me salió bastante raro, pero creo que me conformo. ¡Hasta la siguiente! Y gracias por leer:3

Extraño la mirada penetrante desde el otro lado del salón, sus manos sudorosas, su grandes brazos y enormes dientes, extraño sentarme a su lado y escuchar su respiración, poner mi mano sobre su pecho para sentir sus latidos, extraño todas esas palabras que desbordaban su boca, toda la adoración que me profesaba la extraño, todo ese amor que era mio, lo extraño.

Un día que va. 

anonymous said:

anécdota señoritaaaaaa?

hace tiempo no contaba unaaaaa sdfghjkm
hmm, el viernes fui con una amiga a hacerme el piercing de la nariz, de nuevoXD y fuimos po, compré la argollita y subimos al segundo piso a hacerme el aro, entramos y por atrás aparece un tipo que dice “qué necesitan?” y yo lo vi y quedé flechá): ah sdfghj que feo suena, pero era muy guapito, tenía rastas en todo el pelo, pero era medio rubio/: y tenía muuuchos piercings, obviamente. Tuvo que haber tenido unos 19 o 20 años? la cosa es que le dije que me iba a hacer un aro y me hizo pasar y sentarme. Cuando me estaba haciendo el aro se demoró un poquito, y estaba súper cerca, obviamente, y yo estaba como “Catalina, no lo mires a los ojos, mira para otro lado” y estuvo así mucho ratooooooD: y después me empezó a sacar conversa y yo estaba como “por favor, nono, quiero irmee sdfghj” porque me pongo nerviosa, soy súper polla.
Cuando terminé le pagué, le di las gracias y me fui, igual se demoró caleta…era muy guapo u_u sdfghjklm 

Otoño.

          Y habías llegado finalmente; acariciando mi espalda con tus hojas marchitas cayendo sobre mi frente. Y entonces solo quise sentarme en la falda de un árbol, dejar la espada a mi lado y cerrar los ojos. 

Quería olvidar el frío y las heridas en mi cara, en mi torso y en los brazos, y el aroma dulce de un perfume que vagamente recordaba.

                                                                       Quería darme por vencido.

Quería arrojar el amuleto lejos y dormir. Dormir hasta que volviera la primavera y despertase sonriendo de nuevo, como si volviera a la época de mi niñez en dónde podía correr por el palacio sin temor a tropezarme. Quería volver a la época donde los errores estaban permitidos.

          Quería volver a donde todo era mas simple.

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          De pronto inhalé profundo, y así como tomé el aire, también lo solté. 

Mi aliento no era lo único que vaciaba mis pulmones. Algo de vida se me iba entre cada suspiro. Algo de esperanza, algo de fe.

Había peleado tantas noches, tantos días. Me había perdido en el bosque sin volver a casa desde esa vez. Pero la guerra aún seguía. Aún estábamos muriendo. Cada uno de nosotros, los que luchábamos por proteger algo de lo que mas queríamos.

          Tal vez hubiera querido dejar que las lágrimas drenasen mis ojos, pero no había nada en ellos. Mis sentimientos se habían perdido en alguna parte.

¿En qué me estaba convirtiendo?
¿Volvería a ser el mismo otra vez?

Pero el viento sopló contra mi cara. Susurraba el peligro a kilómetros. Si me quedaba sentado, seguro moriría. 

Moriría sintiéndome derrotado sin haber peleado.

Y a veces lo único que me daba aliento para poder ponerme de pie nuevamente, eran sus palabras, y las de ella, y las de él. La inocencia en la chica pelirroja, la impertinencia del dragón mestizo, y las del hechicero que me había hecho fuerte.

          Tal vez, Otoño, si fueras mas cálido conmigo, te entregaría lo único que tengo entre las manos..

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