sajones

1. Es deseo de todos que las iglesias de Cristo que se construyen actualmente en
Sajonia, y que están consagradas a Dios, no gocen de menor honor, sino que, por
el contrario, sean más respetadas que lo que fueran antaño los templos de los
ídolos.
2. Si alguien se refugia en una iglesia, que nadie ose capturarlo por la violencia;
que allí él encuentre una salvaguarda hasta que sea presentado a la asamblea general. Que, por honor a Dios y a todos los santos de la Iglesia, se le conceda gracia
a su vida y a todos sus miembros. Pero satisfará la multa, hasta donde pueda, que le
sea impuesta por juicio; y será conducido en presencia del señor rey, que lo enviará
donde guste a su clemencia.
3. Si alguien penetra con violencia en una iglesia y allí roba algo por la fuerza o por
latrocinio, o prende fuego a la iglesia, que sea castigado con la muerte.
4. Si alguno viola el santo ayuno de cuaresma por desprecio hacia la religión
cristiana y come carne, que sea castigado con la muerte. No obstante, los sacerdotes
examinarán hasta qué punto se vio obligado por un motivo de necesidad.
5. Si alguien mata a un obispo o a un diácono, que sea, a su vez, reo de muerte.
6. Si, alucinado por el diablo, cualquier hombre o mujer se entrega a la magia y
come carne humana y, a causa de ello, hace asar dicha carne o la da a comer, que
sea castigado con la muerte.
7. Si alguien hace consumir en las llamas, siguiendo el rito de los paganos, el
cuerpo de un hombre difunto, y reduce los huesos a ceniza, que sea castigado con la
muerte. 8. Si, en lo sucesivo, cualquiera que pertenezca a la nación sajona, continúa sin
bautizarse, se esconde y rehúsa el bautismo, deseando proseguir siendo pagano, que
sea castigado con la muerte.
9. Si alguien ofrece un sacrificio humano al diablo y a los demonios, siguiendo la
costumbre pagana, que sea castigado con la muerte.
10. Si alguien conspira con los paganos en contra de los cristianos y persevera en
ser su enemigo, que sea castigado con la muerte. Que igual suerte corra todo aquel
que sea cómplice en maniobras criminales contra el rey y el pueblo cristiano.
[…]
[Capitulatio de partibus Saxoniae, recogido en los apéndices de la obra de J. Delperrié de Bayac, Carlomagno,
ed. Aymá, Barcelona, 1977, pág. 281.]
— 

Decreto especial para los pueblos sajones 

Carlomagno, h. 785 

En el período que muchos historiadores coinciden en llamar, Alta Edad Media; asciende al trono del reino franco, Carlomagno, quien  al igual que muchos que lo precedieron, deseaba ampliar su reino; sin embargo, fue el primero en hacer de la guerra, una ocupación del Estado. Uno de los rasgos destacados del reinado de Carlomagno, es la continuación de la alianza con el papado, al igual que en el reinado de su padre. Esto responde a  la convicción de Carlomagno del poder de la regla combinada de Rey y Papa. Al percatarse de los beneficios de la asistencia de la Iglesia en su reino, se encargó de su reforma, restaurando el sistema de gobierno eclesiástico dentro de la Iglesia. En el decreto presentado, se observa como intensificó y radicalizó el cristianismo, imponiendo la pena de muerte a todo aquel que osara de irrespetar el mandato de la Iglesia. Cabe destacar la fecha del decreto, el cual se produce antes de la coronación de Carlomagno (800 d.C.), ya que es esta misma política de defensa de la religión y las figuras eclesiásticas, lo que llevó a Carlomagno a brindar asilo al Papa León III, después de que éste tuviera que huir de Roma por una rebelión. El Papa en aparente muestra de gratitud, lo corona Emperador de los romanos, pero dicha acción pretendía minimizar simbólicamente el poder de Carlomagno, al insinuar la superioridad de la figura del Papa, sobre la del Emperador. Esta ceremonia fue innecesaria para Carlomagno, en el sentido de que ya él ya poseía suficiente autoridad, derivada de sus conquistas, pero la corona no fue rechazada y él fue conocido como el más poderoso Emperador Cristiano en su momento.