Cuanto les aborrezco
gusanos infectos,
caminando idiotas en masas,
con la idea imbécil de ser alguien.
Otorgaron a su alcance
la cultura,
la ciencia,
las artes,
y se encauzaron a la mediocridad.
Otorgaronles conciencia,
y con la soga fría
y sucia de su egocéntrismo
la colgaron detrás de sus televisores.
Les dieron identidad,
o la posibilidad de ella,
y ahí están
apestándose
en una masa turbia
sin ideas,
sólo siendo maquinas.
Cuando les entregaron libertad,
arte, sinceridad,
les entregaron un alma
un canto
una palabra,
un símbolo,
hicieron de él un cadáver
cortáronle sus alas,
acometieron su descontento
arrebataronle sus dedos,
su palabra,
y así
mataronle,
44 veces antes de creerle muerto,
creyendo matar el símbolo
creyendo matar la libertad,
creyendo matar la palabra,
creyendo que con golpear la carne
han de acabarle la vida.
Y sin ser suficiente aquello
8 años tras eso,
son los mismos estúpidos gusanos
sin identidad
creyendo tenerla
creyendo ser,
creyendo pensar
y sin pensarlo, “son” sólo porque creen tener.
—  Rorshak.
VIRGEN DE LAS MERCEDES: Un milagro

Un milagro digno de figurar en un libro de oro

El citado P. Luis Vera refiere también un milagro de la Virgen ocurrido en la doctrina de Ichopincos, corregimiento de Guamalíes: “Cayóle cáncer mortal al P. Fr. Pedro del Campo estando en esta doctrina y no hallándose remedio en la tierra, acudieron al último cortándole una pierna donde estaba el mal. Cortada por la rodilla, era tan fuerte la corrupción que fue necesario cortarle por más arriba segunda y tercera vez; a ésta quedó tan rendido que diciéndole que no se había atajado el daño, y así tratase de las últimas disposiciones para salir de esta vida, se desmayó y volviendo en sí fue dando voces: tráiganme la Imagen Sacratísima de la Virgen, tráiganme a mi Madre, que sólo ella puede darme salud. Trajéronle la imagen de la iglesia, y al punto que entró en su aposento, a la vista de todos, se le cayeron por sí mismos en el suelo los pedazos de carne podrida en que estaba apoderado el cáncer, quedando la demás colorada y libre de corrupción. Sanó de la llaga en brevísimo espacio, y aunque con pierna de palo, quedó tan ágil que por los más peligrosos caminos del Perú iba a mula, con más facilidad que los muy sanos”.4

Pero el gran impulsor de esta devoción en el Perú fue sin duda Fray Antonio de Vidaurre, quien por largos años dirigió la Tercera Orden de la Merced y escribió en 1716 la célebre Novena deprecatoria a la Santísima Virgen de la Merced, redentora de cautivos y especialísima abogada del Perú, que tan amplia difusión tuvo desde entonces.

Las Fuerzas Armadas guardan a su Patrona

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