En Sábado

En sábado a veces es difícil carburar, sobre todo tan temprano, pero el deber de informar es más grande y presentar lo que ocurre en nuestras ciudades es nuestra tarea.

Un abrazo a todos mis amigos periodistas de medios impresos, radio, tv y de internet, que desde muy temprano y en horarios habituales trabajan para cumplir con este deber.

Al aire desde las 7 AM en Canal 34 y 145 de SKY.

Rapidez contra veracidad en el quehacer diario

Como preámbulo, me uno a la pena que embarga al gremio periodístico por la muerte de Marlene Valdez García, de 35 años, reportera de una publicación, en el municipio de Cadereyta, Nuevo León. Y desde luego, resignación a su familia.

La noticia, en este boom tecnológico, corrió como pólvora. Medios locales dieron cobertura inmediata a los hechos, prensa online, televisión y radio presentaron información escueta al principio.

A nivel nacional destacó la publicación online de un semanario que, a diferencia del resto, contenía una intervención de una persona allegada a la víctima. Sin embargo, publicó de forma errónea la foto de quien se supone era la periodista. La foto que se bajó de Facebook para ilustrar la nota estaba equivocada, publicó en su lugar la imagen de Marlén Valdez, una activista local.

Tras varias horas de circular, la información llegó a manos de la activista, no sin antes llegar a sus familiares y personas cercanas. Por lo que Marlén solicitó una fe de erratas al semanario para rectificar la información e informó que procedería legalmente por los daños ocasionados.

La mayoría de quienes estamos en el medio hemos pasado por situciones similares, quizá de menor magnitud. Es decir, en nuestro quehacer diario la veracidad, objetividad y rapidez pueden llegar a convertirse en un arma de doble filo frente a las redes sociales y, en general, al uso de las tecnologías.

Entonces, nos enfrentamos a interrogantes de ¿cómo actuar frente a situaciones similares?, ¿es conveniente basar nuestra información en lo que hay en las redes?, ¿hemos caído en una actitud cómoda frente al recurso y búsqueda de información?

ANTECEDENTES: Los hechos sucedieron, el pasado 20 de agosto en Juárez, municipio del área metropolitana de Monterrey, cuando la periodista buscó defender a una joven de un intento de asalto. Este caso se suma a los más de 105 casos de muertes de periodistas en México desde 2000 a la fecha, a manos del crimen organizado o la delincuencia común. El país ocupa el octavo lugar en el mundo de aquellos países en donde los periodistas son asesinados en forma recurrente y ante la ineptitud del gobierno, según un reporte del Comité para Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés).

El futuro de los medios impresos

Quizá la primera pregunta que deberíamos hacernos es ¿existe un futuro para los medios impresos? Muchas personas responden afirmativamente sin pensarlo: “nada mejor que sentir el papel en tus manos” o “me encanta tener mi colección de revistas en mi armario”; mientras que otros aseveran que su fin es inminente y está cerca. Yo no sabría por cuál de las alternativas inclinarme. Por un lado, me encanta tener libros en mis manos y el olor que despiden es probablemente mi favorito. Pero por otro, veo a las generaciones más jóvenes utilizar cada vez más tablets y smartphones. Probablemente para ellos no existe la magia de abrir un libro o una revista, tampoco les importa el olor y hasta la agradable sensación, un tanto masoquista, de cortarse con el papel. Para ellos, un dedo deslizándose por una pantalla es todo lo que necesitan.

No puedo predecir si los medios impresos desaparecerán en el futuro. Lo cierto es que la industria de revistas está en serios problemas. Los datos son inminentes: el índice de lectoría disminuye y hay una severa crisis en la distribución. Esto, aunado al creciente interés de los anunciantes por medios como Internet y la televisión de paga, debería estar forzando a las editoriales a cambiar sus esquemas de trabajo y comercialización. Sin embargo, la mayoría de ellas no lo está haciendo. Y la mayoría también está “tronando como ejotes”.

Los editores de la vieja escuela se enfrentan a nuevos lectores con nuevos hábitos de consumo. Lectores que son mucho más exigentes y que buscan tener toda la información a su alcance. Asimismo, Internet ha cambiado el esquema de creación de contenido; hoy en día, toda persona es un creador de contenido ¿o acaso no lo son, usuarios de Tumblr? Basta con un post en Facebook o un tuit para convertirse en un reportero improvisado. ¿Y dónde quedan los periodistas? Tal vez no sólo esté en peligro el canal, sino los mismos emisores.

Sin embargo, creo que debido a que la naturaleza del ser humano es esencialmente curiosa, siempre estaremos interesados por tener más y más datos, así como a estar bien informados de lo que ocurre en el mundo. Y pienso que nuestro papel como periodistas o editores no desaparecerá, pero sí debe cambiar. Aquí les comparto algunos puntos en los que yo creo que es necesario hacer esta transformación y comenzarla desde ahora:

  1. Cambiar el formato texto + imagen. Tanto las revistas como los sitios Web se han basado en estos dos formatos; pero para sobrevivir en la era digital es clave la generación de contenido audiovisual, así como explorar medios novedosos.
  2. Convertir la figura de editor en curador de contenidos. La persona a la cabeza de un medio ya no debe ser un editor, sino una especie de curador que ordena y prioriza el contenido para generar mejores resultados.
  3. Modificar la forma de trabajar. Las revistas impresas están acostumbradas a un ritmo de trabajo lento y detallado. En la época digital la rapidez es clave; para estar en la mente del lector debes estar en el momento indicado. Terminaron los días del editor o periodista que creaba dos o tres notas al mes, ahora debe redactar cuatro o cinco al día.
  4. Invertir. Muchos se van con la idea de que Internet es un medio barato. No lo es. Para tener buenos resultados se requiere inyectar capital en talento, fuerza de ventas especializada, equipo, colaboradores, plataformas, expertos, marketing y creadores de contenido.
  5. Incluir a los lectores. Lo mejor (aunque para muchos es lo peor) de Internet es que es un medio democrático donde todos tienen voz. Hoy, para tener éxito en la Web el lector debe estar primero; debes no sólo considerar sus opiniones, ideas y comentarios, sino convertirlos a su vez en una fuente de contenidos. El crowdsourcing es efectivo y de bajo costo. Únicamente hay que saber utilizarlo.

Mi conclusión: Lo único constante es el cambio. Si no nos agarramos a él fuerte terminará con nosotros. 

La verdad es que un comunicador busca informar pero estos datos no los obtienen del cielo. El profesional siempre debe dudar de la fuente, debe buscar muchas versiones y así mismo debe cuidar lo que sabe o lo que le han contado.

Nosotros los comunicadores vivimos a expensas de las historias, muchas veces somos las personas en quienes menos confían porque no saben cuándo vamos a ser sutiles o cuándo vamos a exponerlos frente a todos. Para un comunicador vale más el bien colectivo que el proteger a una sola persona, es así como casos gubernamentales han quedado al dicho de todo el mundo y diversos casos más.

Así también tenemos el otro lado de la moneda. El comunicador debe proteger lo que sabe, es decir que después de haber extraído lo que considera real, en base a la cantidad necesaria de fuentes, va a tener un saber que muchos otros querrán quitar. Hay quienes hacen daño por información, hay quienes sobornan, amenazan, etc., es aquí en donde el comunicador debe crear nuevos sentidos de alerta.

Así que sí, en cierta parte debe delirar para imaginar situaciones cual detective y estar un paso delante del usuario común que está en el medio para cumplir su labor. El comunicador es voz de una masa y un real comunicador no escoge bandos sino que lucha por el bien colectivo. 

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