pensameintos

Son pocos los que toman la vida con calma; la mayoría lo hace con desasosiego.

Pocos cumplen su trabajo diario con serenidad; la mayoría lo hace con nerviosidad, prisa y agitación.

Nuestras actividades son tan numerosas que nos asfixian.

Es una vida sin equilibrio emocional, despojada de perspectiva intelectual.

La emoción nos embriaga.

Los seres humanos de hoy nos entregamos con exceso a la actividad y al movimiento, y demasiado poco a la pasividad y la quietud.

Si hemos de hallar un modo de salir de las dificultades que nos acosan, deberemos encontrar un camino medio entre estas dos actitudes.

En la actualidad, es vasta y honda la necesidad de silencio después del bullicio, de paz después del estado febril y de reflexión después de la actividad.

Entre todas las fórmulas medicinales y curalotodos que se le ofrecen a la humanidad, hay escasas muestras de que se comprenda que aquello es necesario.

Quienquiera sea capaz de vencer las tendencias a ocuparse del mundo exterior y de lo material, propias de nuestra época, tiene que ser una persona excepcional.

En realidad, un giro general hacia la vida espiritual no es una esperanza para el futuro inmediato, sino para el futuro lejano.

Esto puede sonar como pesimista.

Sin embargo, sólo desalentará a quienes sientan la opresión de la realidad, sin percibir la verdadera naturaleza de ésta.

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