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Recuerdo que cuando estaba en la escuela, para estas fechas siempre adornaban el salón con los símbolos patrios de Guatemala.

Yo no soy mucho de celebraciones, de ningún tipo, pero ya había hecho el boceto para estos personajes, y no quería dejar de subirlos.

Para que se enteren, la idea era un poco adaptar, el ave, la flor y el árbol símbolo nacionales. Y básicamente eso es lo que ven :D

Amigos malaclase los vengo a molestar un ratito si porfa pueden ayudar a una amiga con cáncer de higado ke lo está pasando super mal.

Ella vive sola en santiago por ke su familia es del sur y su mamá viene aveces a cuidarla para su tratamiento pero es de familia humilde y no le alcanza aveces para sus cosas diarias  como el pasaje y hasta para comprar pancito, ella esta haciendo una rifa y como yo no tengo lukas para ayudarla la ayudo difundiendo esta rifa para ke pueda seguir adelante.

Ojalá se puedan poner una mano en el corazón y aunke sea comprar un numerito a lukita no más.

Su cuenta rut es 17486884-0

Y su correo es constanza.conuecar@gmail.com

Cabros porfa, todo aporte aunke sea de 100 pesos es bienvenido para esta amiga por ke de verdad que la esta pasando mal.

Gracias cabros por el espacio para difundir esto y para poder ayudar a esta amiga que necesita apoyo ya ke lamentablemente en este pais culiao si no teni las lukas para pagar les da lo mismo dejarte morir. Gracias de corazón.

anonymous asked:

3-4-21

3.- Eh… ayer, slkjdhf.

4.- Sí, es bonito. Y más cuando te sonríen de vuelta;;

21.- No me ha gustado nada del día. Ha sido horrible. Todo.

Gracias por mandar los numeritos:c

el factor "clymène"

Corría el mes de septiembre y yo estaba en una ciudad muy lejos de la mía buscando desesperadamente una casa. Fue tras una serie de hazañas y rechazos inmobiliarios que Clymène se plantó en mi vida por primera vez. La precedió un folleto que conseguí en una asociación de estudiantes tristes. Así es como ella fue, en un principio, un número de teléfono en un anuncio de este folleto, que especificaba que no llamaras antes de las cuatro de la tarde.

Mi primera experiencia empírica de Clymène fue una serie de numeritos que piqué con desesperación en un celular que parecía extraído de una caja de cereal. Como si picando esa serie de números hubiera desbloqueado un glitch universal, Clymène se materializó por primera vez en mi vida en la forma de una voz canturreante con interferencias de risa. En esos tiempos de mi vida, yo ya era un experto en llamar a propietarios y ser rechazado por ellos, era como sí en mi lengua estuviera tatuado un “hola, usted renta una casa, dígame qué tengo que hacer para que me la rente” y en mis oídos un “no, ya fue rentado”. Yo estaba muy lista para tratarla como trataría a cualquier propietario del mundo (“hola, ¿qué tengo que hacer para rentar su casa?”) y estaba muy dispuesta a colgar 14 segundos después. No obstante, esta dama, en aquel momento virtual, me bombardeó con una serie de preguntas de seguridad que rayaban lo metiche. Que si de donde era, que si como me llamaba, que si tenía fiador, que si mi fiador era desempleado, que si estudiaba, que qué producto usaba mi mamá para lavar los platos, etc. Yo contesté “México, me llamo T., sí, no, eh? no, freelance, sí, no, parís 1, sí, Ajax®”. A lo cual la voz del teléfono reaccionó positivamente: “oh sí yo sé hablar español! comprendido!”. Si bien al final de esta conversación sentía como si ya hubiera hecho un nuevo amigo en la ciudad muy lejana a la mía, la llamada terminó de un modo catastrófico, un “te llamo luego porque ahorita tengo DEMASIADOS interesados”.

Mi segundo encuentro con Clymène fue gracias a la capacidad de insistencia y asiduidad que yo ya tenía adquirida en ese momento de mi vida en el campo de buscar casa. Inmediatamente después mi primer encuentro con Clymène, después de que colgamos, procedí tanto física como espiritualmente al siguiente anuncio del folleto . Redacté en mi calculadora que podía hacer llamadas la serie de números que indicaba este siguiente anuncio y después de dos tuut tuuts, para mi sorpresa, a través del teléfono se figuró de nuevo Clymène. Es ahí cuando supe que esta mujer tenía dos estudios que rentaba e intuí que algo estaba mal. No obstante, para Clymène nada estaba mal y de hecho, como al parecer se le había olvidado, me hizo repetirle mi nombre, mi nacionalidad y el producto que utilizaba mi mamá para lavar los trastes. A lo cual yo respondí esta vez consternada “eh? T, México, eh?, sí, México, Ajax®”. Ella me volvió a contar que sabía hablar español proponiéndome el trato indecoroso “he comprendido! usted debe hablarme español y yo le hablo a usted en francés!”. Fue más bien en esta segunda llamada que noté que esta mujer estaba llena de risitas y que su cerebro era cochambre. Volvimos a colgar, pero esta segunda vez que colgamos, el “te llamo luego” de Clymène me pareció más como una promesa y supe que había sellado un pacto con una especie de demonio.

A pesar de estos complejos primeros dos encuentros telefónicos, me era muy difícil darle una forma a Clymène en mi cabeza. Sabía que era vieja, pues su voz vibraba. Por otro lado, la pensaba multimillonaria pues era dueña y señora de dos estudios en Parislacapitaldeluniverso. Podía ser entonces una persona de la tercera edad con ropa cara, con un signo de interrogación en lo que debería de ser un rostro y el pelo corto, porque las abuelas siempre tienen el pelo corto. No obstante, su cerebro cochambroso y la fritez como parte absoluta de su personalidad me dejaban consternada. Pasó por mi imaginación en algún punto que tal vez era una de esas francesas chairas que se había pasado en México una buena temporada de su vida experimentando revoluciones milenarias consumiendo marihuana de la sierra. No carecía tanto de sentido mi hipótesis pues finalmente sabía quesque hablar español y le parecía muy emocionante, o al menos eso pensé yo, que viniera de México. 

Al siguiente día de mis primeros dos encuentros con Clymène, seguí buscando casa en internet junto con mi socio S. Fuimos por un pomo, conseguimos una mesa, dos sillas, las pusimos en la calle y encima una computadora y nos dedicamos de lleno a buscar una casa en la internet. Pasaron las horas y los vinos. Ya estaba viendo destellitos por aquí y por allá y explicándole acaloradamente a mi socio muchas cosas irrelevantes, cuando sonó la calculadora que podía transferirme con otros humanos. Es así que se produjo mi tercera coalición empírica con la voz de Clymène. Respondí y me encontré con su voz un poco cetácea en el auricular. “Hola, madame, ¿qué hay de nuevo?” “ooooh!! yo también hablo español” “ja-ja-ja”. La escuché atentamente y siendo amable, cualidad que había adquirido por la desesperación por encontrar un bien inmobiliario adecuado para humanos. Me explicó como ya había rentado uno de sus bienes a una persona de Madagascar pero como todavía le quedaba el otro, que se desocupada el primero del mes siguiente. Me confesó como me lo quería rentar a mi porque me consideraba alguien muy digno, “usted es muy simpática”, me decía, sin conocerme. En ese momento, sí bien yo ya tenía una especie de trato con el demonio Clyméne, le vendí completamente mi alma. Entonces ella me explicó que podía ir a ver al día siguiente el departamento, que estaba en posesión de “un pequeño policía”, como ella lo llamaba. Sin pensarlo, le pedí a ladridos el teléfono de aquel hombre. Me lo pasó y es así como en una tarde borracha Clymène terminó de imprimirse en mi vida.

Me saltaré la parte en la que “el pequeño policía” me dio una visita guiada por mi actual hogar y pasaré a la primera vez que vi a Clymène en 3D:

Era domingo y mi socio S y yo decidimos ir a derretirnos al borde del río que atraviesa esta ciudad que está muy lejos de la mía. Compramos un vino rosa que tenía una cigarra en la etiqueta y dejamos caer nuestros traseros en el asfalto frente al río. Observamos durante un largo rato el cielo reflejado en el agua y observamos también a los güeros que hacían lo mismo que nosotros aquella tarde. Nuestro paseo coincidió con una especie de feria de vinos y quesos que se desarrollaba en aquel momento junto al río entonces también vimos durante un buen rato como un hombre negro, empleado de seguridad, consagraba su tiempo en evitar que la gente pasara por cierto lado que había sido privatizado por la feria aquel día. Si bien vimos un buen rato a este hombre fundirse en histeria, nuestro domingo también nos brindó cosas buenas. En efecto, un tipo pasó y nos regaló un vino blanco que estaba a la mitad. De nuevo mi conciencia se tambaleaba y ya le estaba explicando a mi socio S cosas completamente irrelevantes, cuando la calculadora sonó. Entonces se materializó la voz de Clymène diciéndome que podía pasar a su casa a firmar el contrato de renta por ahí de las once de la noche aquel día. Eran las ocho y media y mi personalidad se estaba tambaleando por culpa del vino, no obstante, en un segundo volví a ser persona y yo y mi socio S corrimos a nuestra base para eliminar todo rastro de fermentación existente en nuestros cuerpos. Es así como nos comimos una lasaña de microondas como las que ya no se hacen. Cuando acabamos, mi socio S y yo fumamos como solemos hacer al final de la comida. Exhalando humo, redacté en la calculadora el número de Clymène y cuando respondió, le dije que en un rato iría para allá y le pregunté si mi socio S podía acompañarnos en la transacción. Clyméne me respondió que no y por un segundo solo pude pensar que era una trampa para secuestrarme. Por otro lado, estaba tan harta de no tener un domicilio que me dije “a la verga” y le expliqué a mi socio S que tendría que esperarme abajo de la casa de Clymène en lo que terminaba de firmar el tratado inmobiliario.

Mi socio S y yo nos trepamos en el metro, cruzamos la ciudad que está muy lejos de las nuestras y llegamos al área Clymène. Mi socio S se fue a tomar un café y yo fui a confrontar el destino. Mientras que completaba los códigos de las puertas del edificio de Clymène, miles de preguntas me abordaban. “¿Es un secuestro? ¿Una estafa? ¿Me veo muy adolescente para la ocasión? Verga,¿cómo era mi firma?”, pero más que nada: “¿Cómo es la cara de Clymène?”. Siguiendo las indicaciones de mi futura casera, subí en el elevador hasta el último piso del edificio sin dejar de hacerme imágenes al respecto de como era la persona que estaba por conocer. El último piso estaba completamente oscuro así que tuve que usar una linterna para encontrar en él la puerta roja con estampitas de perritos que Clymène me había indicado. Finalmente la encontré y con muchas dudas buleándome, toqué la puerta. Una señora diminuta me abrió y mi cerebro se fundió en si mismo. Tenía más arrugas que una cordillera, una blusa de colores psicodélicos y sí, el pelo corto, pero lo más impactante de todo es que era como del tamaño de un banquito. Le apreté la mano y me hundí en sus tinieblas. El cuarto de Clymène era diminuto y estaba lleno de papeles, documentos que probablemente ya eran antigüedades. Apenas y había espacio para el aire. Procedimos. A lo largo de nuestra transacción, Clymène no dejó de hablarme al respecto de cosas que no tenían nada que ver. Que si el amor de su vida, que si el pequeño policía Sebastian no me parece guapo. Algo curioso de lo que me enteré es que cuando Clymène era joven, era comediante. Incluso me enseño unas fotos de ella de joven. Me dio risa pensar en aquel mueble milenario siendo una mujer del mundo del espectáculo, probablemente la mujer más diminuta del mundo del espectáculo. También me explicó que en el anuncio pedía que le llamaran a a las cuatro porque era noctámbula, es decir, que no podía dormir en toda la noche. Al parecer, se despertaba todos los días a las tres de la tarde para ver una novela en la tele y que solo después de eso estaba habilitada para ser humano. Todo bien. Cuando acabé la transacción, salí un poco fascinada porque durante ese lapso, Clymène fue como un mundo aparte que me tragó y me llevó al fondo de su disco duro. Me encontré de nuevo con mi socio S, que me recibió espantado pues opinaba (mi socio S suele opinar) que ya me habían abducido los extraterrestres. Aparentemente, tardó un rato en creerme que era yo y no un holograma pero finalmente le conté toda esta experiencia y fue feliz de que el primer día del próximo mes, ya tendríamos una casa.

Tales fueron mis primeros choques con Clymène. Hoy en día rento su territorio. Aunque hubieron dos semanas que consideré a Clymène mi amiga, gradualmente la considero más como una situación irrefutable. Verán, gran parte de la personalidad de Clymène es hablar por teléfono y es así como se enmaraña en sus conocidos. Lo que quiero decir es que llevo más de seis semanas recibiendo al menos dos llamadas de Clymène cada cinco días. Clymène es un ser complejo que necesita un trato paciente y no se borra, al parecer, así nada más de tu vida. Tiene una casa de 7 hectáreas en el campo y hoy en día reside ahí. Su vida personal sigue siendo un misterio, si tiene amigos o no. A veces me pesa la terrible carga de ser una de sus víctimas telefónicas. Fuera de eso, a veces fantaseo que se muere y me hereda sus propiedades y todo el dinero de renta que le pagué.

Pulseras nuevitas y recien sacadas del horno , ajustables , con terciopelo elástico y detallitos preciosos para alegrar a cualquiera en varios tonos :) no olvideis que por cada compra y detalle os llevais un numerito para el sorteo del lote que sortearé el 25 de diciembre :) 🍁💋💙🎁🎁🎁🎁🎁🎁🎁🎁🎁🎄🎨✏️🎅☕️🍂🍃🎉💃🎊💜🎈🐱🐨🐶🙊🍁💙💙💙💙💙💙

10 señales de que todavía no estás preparada para ser madre.

1. Te cuesta mantener con vida a tu Tamagotchi.

2. Ni siquiera sabes cómo sostener un bebé.

3. No estás segura de qué tal va a llevarse con tu gato.

4. Le tienes demasiado apego a tus aparatos electrónicos.

5. Una cena así te parece aceptable.

6. Estos numeritos te parecen una gran idea.

7. Utilizarías el viejo truco cuando quieran que les dejes jugar contigo.

8. No quieres que nadie te quite el protagonismo.

9. Piensas que la única razón para tener hijos es tener un mini-yo que te acompaña a todas partes.

10. O peor… ¡un accesorio de moda!


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