mizhwild

Se abalanza sobre mí y me empuja contra la pared del ascensor. Antes de que me dé cuenta, me sujeta las dos muñecas con una mano, me las levanta por encima de la cabeza y me inmoviliza contra la pared con las caderas. Madre mía. Con la otra mano me agarra del pelo, tira hacia abajo para levantarme la cara y pega sus labios a los míos. Casi me hace daño. Gimo, lo que le permite aprovechar la ocasión para meterme la lengua y recorrerme la boca con experta pericia. Nunca me han besado así. Mi lengua acaricia tímidamente la suya y se une a ella en una lenta y erótica danza de roces y sensaciones, de sacudidas y empujes. Levanta la mano y me agarra la mandíbula para que no mueva la cara. Estoy indefensa, con las manos unidas por encima de la cabeza, la cara sujeta y sus caderas inmovilizándose. Siento su erección contra mi vientre. Dios mío… Me desea. Christian Grey, el dios griego, me desea, y yo lo deseo a él, aquí… ahora, en el ascensor.
—  50 sombras de Grey

Odio tus pequeños ojos, tu cabello alborotado,tu interés hacia mi, tus detalles, tu poesía barata, tus cuentos de excelencia, tus alocados pensamientos, tus grandes proezas, tus llamadas a las 12 y a las 3 de la mañana, tu gusto por la lectura, tu sonrisa sardónica,  tus mensajes inesperados, tu sueño constante, tu facha usual, tus conocimientos médicos, físicos y matemáticos, odio coincidir en todo momento, tus besos, tus abrazos, odio cuando mientes y también a tu novia.