mira-las-estrellas

La chica de las cuerdas flojas.
Y de la vida, también.
Lo que ella quería era a un chico
que le escuchase de la misma forma
en que escucha su canción favorita.
Es triste, deprimente y corta-venas,
pero es un puente precioso para cualquier suicida.
Quería que la mirase como quien mira las estrellas
cuando ha perdido la fe en todo,
hasta en sí misma.
Que creyera en ella como lo hace la magia
con las estrellas fugaces.

Siempre fue un cero a la izquierda,
pero quería que alguien la pusiese
como
la número
uno
en su vida,
en sus insomnios,
en sus mejores planes,
en sus peores pesadillas
y en sus más oscuras fantasías.
También buscaba que la sacaran de sus casillas
y que la pusiesen en las suyas.

Odiaba la soledad,
pero amaba estar sola.
Se contradecía siempre,
amaba lo que odiaba
y odiaba lo que amaba.
Complicada, pero preciosa.

Soñaba con ir a Francia,
con una cena en una habitación con vista a la Torre Eiffel,
con un paseo en Venecia,
con nadar en California Beach,
con una noche desenfrenada en Las Vegas,
con un atardecer en el rascacielos más alto de Manhattan
y Los Ángeles soñaba con que pisase suelo americano

algún día.

Cómo dejar de escribir sobre ella,
si tiene unas ojeras preciosas.
Las más preciosas de la ciudad
y hay muchas chicas por acá,
pero ninguna como ella.
Tendrías que verla
para dejar de pensar en la perfección
y concentrarte en el punto infinito
que es quererla.

Rompe las rutinas
y el vidrio de las ventanas
y baila sobre los cristales rotos.
Y le sangran los pies
y ella ríe fuerte
tanto que rompe tímpanos.

Por la que estuve ciego
y cuando abrí los ojos
la primera luz que miré
fue
su sonrisa.

—  Benjamín Griss
Endy : -juega con una pelota pequeña -

Que aburricion -3- voy por algo de chocolate -se pone el tapa bocas y va ala cosina y agrra el chocolate y va a fuera y mira las estrellas sentada en una cilla -

(Rol ;-; ando aburrida)

Mira a todas las estrellas, a veces hay pocas, a veces hay muchas...depende de qué tan nublado este, cuando hay muchas nos emociona y no se decide por ver una sola, sino todas, porque todas hacen el paisaje que nos gusta sin embargo cuando hay pocas, siempre te concentras en la más brillante, pero no dejas de verlas todas al mismo tiempo; pero no importa cuántas estrellas hay en el cielo, un paisaje nunca va estar completo sin ella, la luna.

Pero enamorarme de ella no fue una decisión que tome por mi misma, simplemente sucedió.
Un día me di cuenta que su sonrisa, era de sonrisa más perfecta y me di cuenta que sus ojos tenían el más bello color. Me di cuenta que cuando ella era feliz yo era feliz también. Y me di cuenta que haría de todo para verla feliz… Incluso amarla, sin que ella me ame.
Siempre me pregunto que pasará por su mente cuando se va a dormir. Me pregunto cual será su lugar favorito para ir o sobre qué sueñan. Me pregunto como le gustará su café en la mañana, y que piensa cuando mira las estrellas. Pero sobre todo, me pregunto por qué se llevó todo este espacio de mi corazón si ni siquiera había espacio para mi misma.
Ella se convirtió en esas personas que podrían borrar a cualquier otra. Tan necesaria para mi. Mi pequeño paraíso en este jodido mundo.
Suena tan estúpido. Lo sé. Pero no pretendo que el mundo lo entienda. Porque, honestamente no me entiendo a mi misma. Estoy tratando de averiguar que es lo que siento exactamente por ella. Diría que es cariño, aunque sé que es algo que va más allá. Como un mayor nivel de felicidad.

Cuando miro a los chicos de mi alrededor, no veo nada. Cuando la miro a ella, veo el mundo.
De todas las personas que se pudieron haber robado mi corazón, ¿por qué tenía que ser ella?

Ella es lo que no encontrado en las personas. Nadie es perfecto. Pero en mis ojos, ella lo es.

Estoy enamorada de sus ojos, la manera en la cual se ilumina cuando ríe. Me encanta que le importe, aunque no sea el tipo de atención que quiera. Me gusta la manera en la que hace que estalle en un ataque de risa, después de todo lo que dice, porque es realmente divertida para mí.

Ella llegó de repente y cambió mi vida.

La chica X

jueves, 21 de mayo de 2015


La chica de las cuerdas flojas.
Y de la vida, también.
Lo que ella quería era a un chico
que le escuchase de la misma forma
en que escucha su canción favorita.
Es triste, deprimente y corta-venas,
pero es un puente precioso para cualquier suicida.
Quería que la mirase como quien mira las estrellas
cuando ha pedido la fe en todo,
hasta en sí misma.
Que creyera en ella como lo hace la magia
con las estrellas fugaces.

Siempre fue un cero a la izquierda,
pero quería que alguien la pusiese
como
la número
uno
en su vida,
en sus insomnios,
en sus mejores planes,
en sus peores pesadillas
y en sus más oscuras fantasías.
También buscaba que la sacaran de sus casillas
y que la pusiesen en las suyas.

Odiaba la soledad,
pero amaba estar sola.
Se contradecía siempre,
amaba lo que odiaba
y odiaba lo que amaba.
Complicada, pero preciosa.

Soñaba con ir a Francia,
con una cena en una habitación con vista a la Torre Eiffel,
con un paseo en Venecia,
con nadar en California Beach,
con una noche desenfrenada en Las Vegas,
con un atardecer en el rascacielos más alto de Manhattan
y Los Ángeles soñaba con que pisase suelo americano

algún día.

Cómo dejar de escribir sobre ella,
si tiene unas ojeras preciosas.
Las más preciosas de la ciudad
y hay muchas chicas por acá,
pero ninguna como ella.
Tendrías que verla
para dejar de pensar en la perfección
y concentrarte en el punto infinito
que es quererla.

Rompe las rutinas
y el vidrio de las ventanas
y baila sobre ellos.
Y le sangran los pies
y ella ríe fuerte
tanto que rompe tímpanos.

Por la que estuve ciego
y cuando abrí los ojos
la primera luz que miré
fue
su sonrisa.

La chica de las cuerdas flojas.
Y de la vida, también.
Lo que ella quería era a un chico
que le escuchase de la misma forma
en que escucha su canción favorita.
Es triste, deprimente y corta-venas,
pero es un puente precioso para cualquier suicida.
Quería que la mirase como quien mira las estrellas
cuando ha perdido la fe en todo,
hasta en sí misma.
Que creyera en ella como lo hace la magia
con las estrellas fugaces.
—  Benjamín Griss.
Rasguños de rodilla

Ponte a sábado por la tarde tumbado conmigo en la cama, en algún lugar de nuestra sitiada locura.
Ponte a hablar. Indefinidamente. Habla, y haz que sueñe con tus vocales y arda con tus sílabas. Pon la nave para salir de mi infierno y echa combustible con cada frase susurrada a las putas caras de mis miedos.
Haz eso. Y piensa. Y mira.
Mira mi cara de amor infinito.
Para. Calla. Y piensa. Y mira.
Mira como me invade el desasosiego. Cinco segundos de agonía con ojos enfocados al punto muerto del rincón de la puerta. Cero. Tu silencio. Mira como la nave se estrella. Como los sueños se quiebran. Como despierto de mi dulce carrera.
Choque frontal de lleno con la realidad de tu ausencia. Que si, que estás a dos centímetros de mi boca ,ahora seria, que no te has ido, y ya estás buscando con una mano algún mar interior de los míos; pero es solo pensar tu apagón en mi vida, y se me apagan la risa, el tiempo, la cordura, la valentía.

Tú dejas un apagón. Medio segundo.
Yo dejaré un agujero negro. Una vida.
El impacto de una bomba atómica con radio de aquí al resto de tus días.
No será un silencio momentáneo hasta que se me oiga gemir buscando en algún rincón de tu pecho un hueco donde quedarme a vivir mientras tú te abres paso por ahí abajo.
Será el silencio que queda tras una despedida en la estación de tren sin un número al que pedir mas momentos locos en la vida. Como esos enamorados que salen idealizados en los libros.
Silencios de esos que se escuchan mientras el corazón late muerto mientras uno llora escondido de si mismo. Sin pestañearle al miedo. Pestañeandole a la vida.
Ese mutismo gélido cuando se muere una estrella en el cielo.
Y es que te miro y solo veo en el azul de tu risa brillar mi locura y no como estrella, sino como galaxia completa en la que quieres viajar el resto de tu vida.
Pero no se puede viajar en el vacío, por mucho amor que se tenga.

Unos cuantos días dedicados a los libros, y ya te sabe amarga la espera.
Prolóngala al infinito. ¿Que sería ahora de tu sonrisa?
Solo vemos las estrellas apagarse si nuestro telescopio alcanza su sitio en el cielo. No quiero darte ese telescopio, cariño. No quiero que te absorba el agujero negro.

Ponte a sábado por la tarde. Tú y yo. Una cama y tu brisa.
Busca mi mano. Cógela. Cierra los ojos.
Y escucha como mi medio pulmón respira.
Sonríe y hazme la chiquilla más feliz del mundo al ver tus labios curvarse por mis vaivenes en tu vida.
Quiero hablar hasta hartarme. Quiero hacer planes contigo, esquemas a lápiz invisible dibujados en tu techo, crear constelaciones en tu cabeza, planetas con recuerdos y algún que otro polvo de meteorito, motel y primavera.
Quiero discutir el color del sofá, , el papel de la pared y elegir las sabanas blancas de nuestra cama, para que no se noten las marcas de nuestras guerras nocturnas, diurnas e infinitas, día a día. Cuerpo a cuerpo.
Quiero que los vecinos se mueran de envidia al escuchar nuestras risas elevadas a la quinta potencia de la felicidad que aparece en los diccionarios. Esa que no se compara con la nuestra.
Quiero hablar. Sin pausa. Sin término. Sin esto que viene despacio pero viniendo.

Y no quiero ser realista. No quiero dejar de querer eso.
Y no quiero que por ello, por la realidad golpeando mi cuerpo, tu galaxia, de lleno, oigas el silencio. Cojas la mano que no está en tu cama. Escuches solo tus pulmones ventilando y tu corazón latiendo.
No quiero terminar mi frase. Que ya no es frase, sino texto. Tomos y tomos que no he escrito pero quiero escribir contigo.

Dejarte oír mi granada explotar justo delante de la puerta de tu cielo, sería egoísta pero precioso hasta el momento. Momento en el que el telón se baje, sin reverencia, ni aplauso, ni créditos.
No quiero que ella sea el efecto colateral de amarte sin frenos.

Pero tú lo dices, cariño. Soy una hija de puta. Un corazón de aceite y agua. De agua y chocolate. Que ama pero teme. Que teme, pero se muere por las costas de tus mares.
Y pienso quererte. Y creer en algún dios que se olvide de mis pecados y me de más años para trotar contigo. Al que no se le ocurra pedirme, desde luego, que deje de rezarle a satán para perderme por tu cuerpo. Voy a seguir hablando. Como esos políticos de la tele que apuran sus minutos con el micrófono abierto.
Lo mio no es un debate contra crisis y corruptos.
Lo mio es una vida de locos, de sueños rotos y tiritas en las rodillas. De rasguños en las piernas, de sustitos de mi cuerpo porque se despista.
Lo mio eres tú conmigo. Así que es lo que toca, cielo.