mesoamericano

Mesoamerican priest - Sacerdote mesoamericano

Museo Nacional de Antropología de Mexico, Mexico

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Photo by: www.chicosanchez.com

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EL ESCRIBANO DE MAYAPAN YUCATÁN
(Tercera de tres partes)
A pesar de que el incensario carece del pendiente oyohualli (posiblemente roto), este ornamento se observa en el dios mono aullador del Posclásico maya que representa a Venus en el Códice de Dresde. El escribano de Mayapán combina rasgos de la iconografía del Posclásico y Clásico mayas con conceptos de la Mixteca-Puebla y del Centro de México. Tales combinaciones son evidentes en otros incensarios modelados, en las pinturas murales y en las esculturas de piedra encontradas en Mayapán. El sitio parece compartir el concepto del Clásico maya de que el animal más vinculado con el arte de la escritura y la pintura es el mono aullador. El complejo de imágenes simiescas asociado con el escribano de Mayapán establece un puente importante entre el escribano hombre-mono del Clásico maya y el concepto azteca según el cual los monos son representativos de las artes. Este vínculo común refleja los conceptos mesoamericanos sobre la historia natural y el comportamiento animal. Al igual que los seres humanos, los monos tienen pulgares oponibles y gran destreza manual, rasgos que hacen de esas criaturas los representantes naturales de artistas y escribanos en el reino animal.
IMAGEN: El Escribano de Mayapán.
Foto: Phil Hofstetter
Esta publicación es un fragmento del artículo “El Escribano de Mayapán, Yucatán”, de los autores Carlos Peraza Lope y Susan Milbrath, y se publicó íntegramente en la edición regular de Arqueología Mexicana, núm. 104, titulada La sexualidad en Mesoamérica. Mitología y simbolismo

MIRADAS DE BARRO Y PIEDRA. EXPLORA Y DESCUBRE MESOAMÉRICA mostrará al público la manera en que a través de estos materiales, los pueblos mesoamericanos representaron y entendieron su entorno. La exposición abrirá sus puertas el martes 12 de mayo a partir de las 11:00 horas.

Para las curadoras Jessica de la Garza y María de Lourdes Herrasti, esta exposición será un laboratorio lúdico de experiencias y aprendizajes significativos para todo público, y al mismo tiempo será un excelente recurso didáctico para la comunidad educativa que la visite.

La información, sustentada por los arqueólogos Nicolás Caretta y Ana Pelz, se presentará a través de cédulas muy sencillas que permitirán que los visitantes conozcan fácilmente aspectos relevantes de las culturas prehispánicas presentes en la exposición.

En MIRADAS DE BARRO Y PIEDRA. EXPLORA Y DESCUBRE MESOAMÉRICA, que permanecerá en exhibición hasta el 8 de septiembre en el Museo de Historia Mexicana, hay tres grandes bloques temáticos: Mesoamérica, El barro y la piedra en la vida cotidiana y Dioses de piedra y barro.

Con la museografía de Sergio Rodríguez, la exposición mostrará la influencia que tuvieron estos dos materiales en la vida de los olmecas, teotihuacanos, zapotecos, mayas, toltecas, mixtecos, culturas de Occidente y mexicas.

MESOAMÉRICA

La llegada de los primeros pobladores al continente Americano, hace aproximadamente 30 mil años, marcó el inicio del mundo prehispánico. Las culturas mesoamericanas se desarrollaron a la región comprendida actualmente desde la mitad meridional de México, los territorios de Guatemala, El Salvador y Belice, así como el occidente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Para esta exposición cobran singular importancia las culturas prehispánicas desarrolladas en el actual territorio mexicano, las cuales atravesaron por tres épocas conocidas como Preclásico, Clásico y Posclásico, de acuerdo a los arqueólogos.

El Preclásico inicia hacia el año dos mil quinientos antes de Cristo y marca el surgimiento de las civilizaciones, siendo los olmecas los primeros que construyeron grandes ciudades, como San Lorenzo y la Venta, en Tabasco, sitios que fueron abandonados, sin explicación,  hacia el año 400 a.C.

El periodo Clásico en Mesoamérica inició en el año 200 d.C. Fueron años de esplendor: prósperas ciudades, grandes esculturas, increíbles piezas de barro, intenso comercio. De esta época datan las ciudades de Palenque, en Chiapas; Monte Albán, en Oaxaca, y Teotihuacán, en el Estado de México, que decayeron entre el 800 y 900 d.C., sin que se sepa cuál fue la razón.

En el periodo Posclásico -entre el año 1000 al 1500 d.C.- destacaron otras ciudades como Tula con los toltecas y Tenochtitlan con los mexicas.

EL BARRO Y LA PIEDRA EN LA VIDA COTIDIANA

La piedra y el barro fueron elementos muy importantes en el desarrollo de los pueblos prehispánicos. Si bien los nómadas que vivían en Aridoamérica ya usaban la piedra en la fabricación de cuchillos y puntas de flecha para la cacería e imprimían en las piedras símbolos que aún no han sido descifrados del todo, en Mesoamérica los pueblos agrícolas usaron estos materiales para hacer desde metates y hachas, hasta para construir pirámides y tallar esculturas.

Estos pueblos aprendieron que con el barro podían crear representaciones del mundo en que vivían o imaginaban moldeando figuras de comerciantes, cargadores, tejedoras, guerreros, animales y dioses, entre otros; pero también fabricaron objetos utilitarios como vasijas, platos y ollas.

Los artesanos prehispánicos lograron desarrollar y perfeccionar técnicas de alfarería como modelado, enrollado, pastillaje y el uso de moldes, logrando tal grado de refinamiento y especialización que sus piezas son ahora objetos de museo. Muchas de las vasijas presentes en la exposición se elaboraron para usarse en ceremonias o como tributo a los gobernantes fallecidos.

Cada cultura mesoamericana desarrolló sus propias técnicas. En Teotihuacán, gran productor y exportador de cerámica, los artesanos llegaron a utilizar una mezcla de hasta nueve tipos de barro; los mayas usaron colores que ninguna otra cultura ha podido imitar, ni siquiera los ceramistas contemporáneos, en tanto, los toltecas en Tula, así como los mayas en Chichén Itzá elaboraron una cerámica vidriada llamada plumbate o plomiza. Muchas de estas técnicas ancestrales se siguen utilizando.

También los pueblos precolombinos fueron diestros en el uso de diversos tipos de piedra: con basalto, toba volcánica y piedras areniscas en la construcción de sus casas y edificios; con piedras preciosas como jade y turquesa esculpieron figuras muy finas y objetos para las ceremonias a los dioses; y los filos cortantes de la obsidiana y el sílex los destinaron para puntas de flechas, cuchillos y puñales.

Todas las civilizaciones prehispánicas necesitaban de la piedra o del barro de acuerdo a su actividad y entorno: los gobernantes quienes ordenaban la construcción de templos y palacios, así como vasijas perfectamente decoradas o impresionantes joyas; los sacerdotes precisaban de sahumerios, incensarios y representaciones de los dioses para sus ceremonias; los guerreros preferirían poseer armas, mientras que los agricultores anhelaban  por tener un cuchillo de obsidiana para destazar un ciervo o un raspador para conseguir las fibras de un maguey, y seguramente buscarían tener algunas pequeñas figuras para poner en los entierros de su parentela.

DIOSES DE PIEDRA Y BARRO

Las culturas mesoamericanas compartían las creencias acerca de los dioses. En la actualidad muchas de estas divinidades se conocen gracias a las figuras elaboradas por los artesanos.

En estas culturas los dioses eran parte de la vida cotidiana y la gente hacía ceremonias frecuentes para agradarlos con la finalidad de que éstos mantuvieran el orden en el universo: que el sol saliera todos los días, que la luna y las estrellas permanecieran en sus sitio, o para que intervinieran en cuestiones de salud, guerra y cosechas, entre otros asuntos.

Los gobernantes y los sacerdotes les ofrecían a sus dioses lo mejor que tenían. Aunque el maíz era una buena ofrenda, lo más valioso era la sangre humana: “agua preciosa para las divinidades”. La sangre evitaba la destrucción del mundo y de los hombres, nutría a los dioses, alimentaba a la naturaleza.

Los pueblos mesoamericanos se regían por un calendario cívico y uno ritual. Éste último marcaba los momentos propicios para las ceremonias y la religiosidad.

Las esculturas de barro y piedra que se han conservado, muestran que había una enorme cantidad de dioses con diferentes jerarquías. Los dioses creadores tenían un lugar especial, pero posiblemente estaban un poco alejados de la vida diaria, en cambio los dioses vinculados a la fertilidad, al ciclo agrícola o a la guerra estaban mucho más presentes en la vida diaria.

La exposición MIRADAS DE BARRO Y PIEDRA. EXPLORA Y DESCUBRE MESOAMÉRICA se exhibe desde el 12 de mayo en el Museo de Historia Mexicana, para mayor información puede consultar la página  www.3museos.com o llamar al teléfono 20339898.


Crédito: Vasija fitomorfa (cacao)
Procedente del Centro de Veracruz
Periodo clásico 200-900 d.C.
Arcilla modelada, pintada y pulida
14.8 x 11 x 15.5 cm.
Colección CONACULTA-INAH-MEX

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Recuerdos de un ciclista bastad, primera parte | Fish

Salí en camión de la bonita y monstruosa Ciudad de México rumbo Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde mi buen amigo Chax, que toca en Niégalo Todo, pasó por mí a la Central de Autobuses a las tres de la madrugada.

Al despertar y con ese pinche calor tan distinguido de esa ciudad maya, desayunamos cereal y nos despedimos de su jefita. Fuimos al ensayo de una banda que se llama Cine Rex, donde toca Joseri, otro integrante de Niégalo Todo, otro güey a toda madre y quien nos hizo girar 180 grados en la carretera, y así sentir la muerte durante el tour de Cadenaxo, Sacrificio y estos chiapanecos.

Cine Rex está bien divertido, hasta hay un cabrón que toca una cajita con sonidos, no recuerdo cómo se llama esa madre, pero suena bien rarote.

Después del ensayo nos fuimos al mercado por una bebida prehispánica llamada pozol, que es muy parecida al texate; ambas están hechas a base de cacao y maíz de origen mesoamericano. Hasta la fecha el pozol sigue siendo de las bebidas más comunes en el sur de México.

También nos lanzamos por unas empanaditas de $7 pesos que no mames, están bien ricas.

Me armé unas almendras, fruta seca y bananos para el trip que me esperaba a la mañana siguiente. Dimos un rol por el centro y me tocó la suerte que estaba el mero cotorreo en el kiosco, con la famosa marimba que es bien conocida por don Zeferino Nandayapa, un gran compositor e intérprete en el poblado de Chiapa de Corzo, que es el siguiente poblado después de Tuxtla.

Ya era medio tardesillo y le echamos un raite a Joseri; Chax y yo nos fuimos a dormir, mi plan era salir bien tempranito para poder llegar a Chiapa de Corzo antes de mediodía.

El pedo fue que no escuché la alarma del despertador y abrí los ojos bien pinche tarde.

Me chingue un cereal y un banano, para entonces pedirle indicaciones a Chax y así comenzar a pedalear por la carretera.

Chax me despidió y “fierro”, como decimos en el norte compa, como no. Emprendí mi viaje, la experiencia de vida.

Era la primer noche que pasaba solo a la par de la carretera y con un calor muy cabrón, húmedo y enfadoso. Pensé en muchas cosas esa noche, pero lo único que quería hacer antes de dormir era hablar con mi novia Laura, a quien conocí en el D.F., en la escuela de cocina.

Aproveché que aún estaba en México y así pude cotorrear un buen rato con ella. Me sentía muy nervioso por el viaje, la verdad tenía miedo y emoción. Hace bastante tiempo que no me ponía a pensar en muchas cosas de mi vida. Sin embargo, sé que durante este viaje pasaran más.

Estaba únicamente con un día de haberme ido, durmiendo debajo de un árbol a un costado de la carretera, en medio de una orquesta de sonidos de la naturaleza y hablando con Laura. Nuestra conversación no duró mucho.

Me desperté a las cinco y media de la mañana, y en chinga, empacando todas las cosas, llenando los botes de agua y comenzando a agarrar mi camino, no pasaron ni 10 metros cuando ya estaba escalando esa pinche cuesta que todavía le quedaban como 70 kilómetros.

Como a los 5 kilómetros del mejor sufrimiento que puede existir, me topé con la carretera de cuota. No la pensé ni medio segundo, cuando vi que esa carretera tenía carril lateral.

Después de acalambrarme y pensar seriamente porqué había elegido hacer este viaje, 5 horas más tarde de esa perra subida, llegué a una bajada que en ese momento fue la respuesta a la pregunta que me hice antes, en “la subida del infierno”. Ver ese paisaje casi me hizo llorar de emoción.

Ya en San Cristóbal de las Casas, llegué directo a buscar un hostal. La neta me topé con un lugar bien perro, que si llegan a estar ahí, tienen que buscarlo, se llama Deja Vu y el dueño es un güey de rastas, que cuando me puse a cotorrear con él, no me dejaba de imaginar a la tortuga de la película de Nemo diciendo esas frases de “suaveee loco” y “buena vida cainaal”.

Me acomodé en el Hostal y me pegué un buen baño. La rodilla no me dejaba de chingar.

El güey de las ratas me dijo que tenían una van que salía rumbo al Lago de Atitlán, en Guatemala, por sólo $300. La neta no estaba tan seguro, pero como me tenía que quedar hasta que me alivianara del dolor, terminé cediendo, ya que así me ahorraría un dinero y una frontera ñera.

Un gringo también se dejó venir con nosotros, nos fuimos echando la chorcha todo el camino. El güero andaba de rol, llegó hasta la Antigua Guatemala y conoció a una morrilla que junto a su carnala tenían un hostal. Sin embargo el güero se terminó quedando bien piñatas por esa morrita. Finalmente, antes de bajar en Panajachel, nos separamos.

Bajando al lago me toparía con Vans, un cerote bien chido que había conocido meses antes de empezar el trip.

Vans fue al D.F. a cotorrearla y a ver a S.H.I.T. y Dropdead, quienes se presentaron en un festival, donde ahora sí tuve la experiencia religiosa de experimentar mi primer portazo natural que se da en un show masivo de punk.

Sin humillados no hay Messis

Por Nicaraguo


Corría por el campo de juego como Bambi sobre una pista de hielo.
Mateo Le Tissier


Me reconozco un ferviente estudioso de lo que los antiguos pueblos mesoamericanos llamaban tlatchli: sus reglas, sus propósitos, sus simbolismos, su religiosidad, etc. Nada de este maravilloso deporte de pelota antiguo me es ajeno. Sin embargo, no me sucede lo mismo con el fútbol, una desafortunada adaptación anglosajona del deporte maya. No sé mucho, es verdad, pero lo suficiente como para entender algunas verdades.

De hecho, ni siquiera son verdades, en plural: es una sola verdad. Al igual que el erizo, sólo sé una cosa muy importante: que hay jugadores, en términos futbolísticos, mejores que otros, y que para que los haya, siempre tiene que haber alguien que pierda. Este aspecto del deporte parece una réplica exacta y perversa del músculo que flexiona al capitalismo: la desigualdad. Porque para que haya un Messi tiene que haber otro ser humano en pantalones cortos al que humillar. Detrás de ese obrero del balón que cae mareado tras el paso del tifón rosarino hay una unidad familiar que sufre, que cae con él. El hincha, embotado por la parafernalia luminosa de este deporte-consumo, no suele detenerse a pensar a quién le están haciendo daño sus pullas sistemáticas (de igual manera, si se observa, Messi nunca vuelve la vista atrás para ver qué ha hecho). El sistema en el que vive el hincha le ha enseñado desde pequeño una sola cosa: que el que paga obtiene derechos. Y su derecho, como consumidor, es darle la estocada final al humillado.

Se engañan todos al creer que Messi es único, que Messi hay uno solo. El mundo está repleto de Messis. Porque cuando el patrón le pasa un rebencazo por la espalda al peón como si fuese la ranura de la tarjeta de crédito, él también es Messi; cuando el regordete clasemediero, arriba de su vocinglera camioneta, levanta la ventanilla del coche al ver pasar a un clown, también está siendo como Messi; cuando los Estados Unidos de Norteamérica se arrogan las prerrogativas de policía metropolitana mundial y humillan a pequeñas naciones con expediciones punitivas, también están siendo como Messi.

La realidad es que, la mayoría de las veces, Messi aburre. Recuerda al autómata de la película La Invención de Hugo Cabret: un pequeño robotito de metal con manijitas y tuercas dentadas al que se le da cuerda por detrás y repite siempre lo mismo, pero no posee verdadera autonomía. Hace lo que la sociedad le pide que haga: es el león del circo que a base de latigazos consigue pararse en el pequeño trapecio, para regocijo de sus espónsores que sacan tajada patrocinando el espectáculo. ¿No daría un mejor ejemplo a la juventud si Messi, en esta instancia y en este punto de su carrera, no hiciera goles?

Sin humillados no hay Messis. El miércoles le tocó a Boateng caer desparramado por la jactancia de este pantagruélico autómata del balón. Lo pagó caro: al minuto las multitudes vociferantes blandían sus llamados “memes” burlándose de este cobrizo germanizado.

En las barriadas periféricas de Argel es común que los pibes sepan quién es Lionel Messi, pero no Ben Bella. Así están las cosas en el mundo. Porque Messi es, tal vez, el rostro vivo de este enorme negocio: su rostro es el símbolo patrio de la globalización, es el cónsul vitalicio del capitalismo mundial.

A muchos quizás habrá llamado la atención el epígrafe misterioso que utilicé para empezar esta comunicación massmediática: Corría por el campo de juego como Bambi sobre una pista de hielo. El mismo surge de una historia futbolística que me refirió un compañero de la cooperativa, mucho más versado en el tlatchli anglosajón que quien les habla, y que quisiera compartir con ustedes.

Es la historia de Ali Día, un jugador de tlatchli anglosajón (no es que lo fuera, realmente, sino más bien que él se autopercibía como tal), oriundo de la cobriza Senegal. Tras fracasar en varios equipos de las divisiones amateurs del fútbol inglés, hizo que un amigo llamara al técnico del Southampton, un equipo de la “Premier”, y se hiciera pasar por la estrella de tlatchli liberiana Jorge Weah. Con el técnico ya al teléfono, el falso Weah se ofreció para contactarle con su primo (el propio Ali Día), que había quedado sin contrato tras jugar para el poderoso París Saint Germain (falso). Recuérdese que en aquellos maravillosos años todavía no había extendido sus tentáculos el funesto Gogle, de manera tal que la gente, como el técnico del Southampton, era mucho más proclive a confiar y creer en los demás que en la actualidad, en la que corremos al ordenador para corroborar cualquier fruslería sin importancia.

Como sea, esta inocente estafa funcionó y el técnico decidió otorgarle a Ali Día un contrato temporal de un mes. Con una gran ayuda de la Pachamama de allá (una copiosa lluvia inundó el campo de entrenamiento el día de la prueba y el técnico del Southampton nunca pudo ver si el primo de Jorge Weah jugaba más o menos parecido a Jorge Weah), Ali Día, de 30 años, logró arrancar el siguiente partido desde el banco de suplentes del Southampton. Hasta que a mitad del primer tiempo Mateo Le Tissier, un respetado jugador de tlatchli anglosajón, se lesiona. El técnico mira al banco, preocupado. Y allí está el primo cobrizo de Jorge Weah levantando los brazos, muriéndose de ganas por debutar en la Liga Premier. Parecía una buena idea, ¿por qué no? ¡El primo de Jorge Weah! ¡Y en mi equipo!

Sin embargo, no fue una buena idea. Corría por el campo de juego como Bambi sobre una pista de hielo. Eso respondió años más tarde Le Tissier cuando le preguntaron por el primer y último partido como profesional de Ali Día. Duró treinta minutos en el campo de juego. Nadie entendía qué estaba haciendo y es probable que Alí Día tampoco. El técnico del Southampton malgastó dos de sus tres cambios en Alí aquel funesto día: uno para meterlo al campo de tlatchli en el primer tiempo, y otro para sacarlo en el segundo. Al día siguiente, pretextando una lesión, Alí Día no fue al entrenamiento. Esa fue la última vez que se lo vio por el Southampton. No quiso arriesgarse a terminar con sus cobrizos huesos en prisión. Había logrado algo que muchísimos jugadores del tlatchli anglosajón sueñan durante toda su vida y nunca alcanzan: jugar un partido en la Liga Premier. ¿Para qué arriesgarlo todo?

Me excedo de los parámetros recomendables de edición y traigo a colación esta heroica gesta para ilustrar algo que Messi no tuvo, tiene, ni tendrá nunca; algo que el dinero no puede comprar y que no cabe en la guantera de un coche de lujo; algo que aquí, en Nuestramérica, corre a raudales por los barrios, y allí, en la arcaizante Europa, queda reservada a los inmigrantes, a la clase soñadora del África que viaja a Europa a hacer la América y lucha en vano por conseguirlo.

Una sola y simple cosa:

Picardía.

Honduras tiene el arrecife mesoamericano más sano de la región

Tegucigalpa, Honduras.

Roatán tiene los arrecifes más sanos de toda la región que abarca México, Guatemala, Belice y Honduras.

La organización internacional Arrecifes Saludables presentó hoy en Casa de Gobierno el último reporte del estado de salud del gran arrecife mesoamericano.

Ian Drysdale, Coordinador para Honduras de Arrecifes Saludables dijo que Honduras tiene que celebrar tener la mejor salud arrecifal de los cuatro países.

“Honduras tiene la más alta biomasa de peces herbívoros de la región y que Roatán salió como la subregión con la mejor calidad del arrecife mesoamericano”, expresó.

Agregó que ha sido una sorpresa los arrecifes encontrados en la Bahía de Tela, los cuales “son impresionantes por la cobertura de coral vivo que no tiene comparación” y alabó el trabajo de los gobiernos locales por conseguir que el área en mención haya sido declarada zona marina protegida.

El Director del Instituto Hondureño de Turismo IHT, Emilio Silvestri, dijo que se sienten altamente motivados con los resultados del estudio y subrayó que uno de los principales atractivos de Honduras son sus arrecifes.

“Mas de un millón de personas nos visitan al año para disfrutar de lo que tenemos en las Islas del Cisne, Islas de la Bahía y también Tela que ha dado una gran sorpresa”, expresó.

La Primera Dama, Ana Garcia de Hernández, dijo que “hay un esfuerzo nacional también de la protección de éstas áreas a las que se les ha destinado recursos mediante la ecotasa, que permite puedan conservarse y protegerse”.

El informe presentado hoy en Honduras y en cada uno de los países mesoamericanos, basa su estudio en 248 sitios con arrecifes de coral a lo largo de 1000 kilómetros de las costas caribeñas de México, Belice, Guatemala y Honduras.

La primera dama Ana de Hernández con los representantes de la iniciativa de Arrecifes Saludables hoy en Casa Presidencial.

Lea: Razones por las que el mundo está viendo a Honduras



Honduras tiene el arrecife mesoamericano más sano de la región
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La miel, uno de los ingredientes milenarios utilizados por pueblos mesoamericanos ha sido tradicionalmente nuestro endulzante natural para varios de nuestros alimentos. Las frutas también contienen azúcares que nutren a nuestro cuerpo.

Te recomendamos tomar estos endulzantes naturales para obtener la energía que necesitas día a día.  

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Quetzalcóatl la serpiente emplumada

Entre los edificios de mayor envergadura está el templo dedicado a Quetzalcóatl, una de las deidades mas veneradas por los pueblos mesoamericanos. Este recinto destaca visualmente por las representaciones de cabezas de serpientes emplumadas que sobresalen en la fachada.