No quiero
volver a saber de ti ni que t√ļ sepas de m√≠, si
de algo quiero tener el gusto antes de morir
es de no volver a ver tu horrible y bastarda
cara de malnacido rondar por mi jardín.
—  Frida Kahlo.
El hombre tonto.

El antro gozaba de una peculiar calma esa noche. Baj√© las escaleras con el sonido de los hielos removi√©ndose en la cubitera, ba√Īada por el humo de los puros y el olor a alcohol. Karina bailaba medio desnuda en el escenario, mostrando sus voluptuosos encantos a un p√ļblico entregado y ebrio que le lanzaba los comentarios m√°s obscenos que yo hab√≠a escuchado en mis veintitr√©s a√Īos de vida. En las mesas del fondo, varios caballeros con sobrero y corbata se disputaban sus tierras a una partida de p√≥quer absurda, pegando largos tragos al aguardiente cada vez que el rival alzaba los brazos clamando victoria.
El garito estaba calmado, desde luego, pero qué se esperaba de un jueves noche, que además, era Nochebuena.
Allí solo había malnacidos que lo habían perdido todo y jovencitas deseosas de billeteras enteras, personas que habían abandonado su vida para dedicarse a disfrutar de los encantos que les ofrecía la noche de Verona.
"Un perfecto infierno", pensé.

‚ÄĒ¬°Mamma m√≠a, Alina! ¬°La mia bellissima ragazza!

Giovanni estaba detr√°s de m√≠, con los brazos abiertos y una sonrisa colmada de j√ļbilo.

‚ÄĒGio, qu√© placer verte‚ÄĒ salud√©, estrech√°ndome en sus brazos.

El anciano me acogi√≥ en sus brazos y me bes√≥ la mano. Sus ojos parec√≠an reproducir los fuegos artificiales de las fiestas navide√Īas. Vest√≠a con el traje m√°s ostentoso y llamativo de toda la ciudad, de blanco y rosa chill√≥n, con un sombrero de lentejuelas a juego y un bast√≥n de √©bano culminado con un elefante con dos piedras rosadas como ojos.

‚ÄĒ¬°Qu√© bella sorpresa, mi ni√Īa!‚ÄĒ sonri√≥‚ÄĒ. ¬ŅQu√© haces aqu√≠ a estas horas? ¬°Y sobretodo hoy, ni√Īa! ¬°Es Nochebuena!

‚ÄĒLo s√©, lo s√©‚ÄĒ asent√≠‚ÄĒ. Pas√© un momento para ver a las chicas y felicitarles las fiestas‚ÄĒ ment√≠‚ÄĒ. Es tradici√≥n en mi pa√≠s.

‚ÄĒ¬°Oh, vosotros y vuestras costumbres, ragazza!‚ÄĒ dramatiz√≥ el anciano, haciendo aspavientos con los brazos‚ÄĒ. ¬°Est√°is locos! ¬°Locos!

Correspond√≠ a su sonrisa y a su dulce locura de la forma m√°s cordial que supe, deseosa de que el anciano regente dejase de hacerme preguntas. Me dispuse a abandonar su compa√Ī√≠a cuando sus cejas de alzaron en una mueca de sorpresa y su risa triunfal llen√≥ el garito.
Volví el rostro a tiempo para ver cómo un hombre esbelto y engalanado traspasaba el umbral de la puerta. Giovanni llegó hasta su posición y le estrechó con su característica euforia mientras el caballero correspondía afectuoso.
Un espeso bigote y una barba ya madura le atravesaban el rostro, adornando su tez morena. La chaqueta negra le caía sobre los hombros a medida, claramente destinada a su figura, haciéndolo un poco más alto de lo que quizás era. Había visto un sin fin de hombres bajar esas escaleras, pero desde luego, aquel no era el prototipo de hombre que frecuentaba el sitio.
Abandoné mi posición cuando el galán se fijó en mi presencia, no supe identificar si incómodo o sorprendido, clavando en mí sus ojos grises.

Quise correr, pero ya era demasiado tarde.

‚ÄĒ¬°Oh, Alina, ac√©rcate!‚ÄĒ dijo Giovanni, se√Īalizando con un gesto de su mano que no me marchara‚ÄĒ. Quiero presentarte al se√Īor Di Trizzio. Sin duda, una joven promesa de los negocios, ¬°y un arriesgado inversor!‚ÄĒ el anciano volvi√≥ a soltar una de sus carcajadas.

‚ÄĒEn realidad, a√ļn es mi padre quien lleva los negocios.

No pude disimular la cara de sorpresa al ver c√≥mo hablaba un perfecto espa√Īol.
Me acerqué a ellos a paso lento, con la respiración contenida y la cabeza baja.

‚ÄĒEs un placer‚ÄĒ se present√≥, reproduciendo el com√ļn beso en los nudillos que los altos hombres pod√≠an permitirse.

‚ÄĒLos mismo digo, se√Īor Di Trizzio‚ÄĒ acert√© a decir.

El hombre sonrió por toda respuesta.
Sentí que la sangre se me congelaba. Había algo en aquel hombre que me erizaba el vello de la nuca y me retorcía las tripas, una sensación de alerta constante, una inseguridad impropia en mí, un nerviosismo ansioso.
Espoleé la cabeza ante aquel torrente de pensamientos que me torturaba innecesariamente.
Menuda estupidez.

Recuperé la consciencia en el momento oportuno en el que me percaté de que Giovanni se había largado. Me había quedado como un pasmarote, sola en mitad de la sala. Incluso el tal Di Trizzio se había puesto a conversar con un grupo de hombres cercano.

Avancé hasta la desatendida barra del bar. Algunos impacientes esperaban su ron, su whisky o su vodka mientras Liria, la camarera, se comía la boca de uno de los ricachones calenturrientos.
Atendí a aquella panda de asquerosos cuando él se sentó en una de las sillas altas, la más cercana a mí y extendió un periódico.

‚ÄĒAlina es un nombre bonito‚ÄĒ dijo‚ÄĒ. Pero no es italiano.

Me negué a mirarle mientras limpiaba una de las copas de cristal.

‚ÄĒEn realidad s√≠ lo es‚ÄĒ ment√≠.

Sentí de nuevo el aguijón de sus ojos. La copa estuvo a punto de caer al cuelo cuando Karina se presentó, sudando y exhausta, pidiéndome un vaso de agua en italiano.
En seguida se fijó el Di Trizzio y comenzó a insinuarle.
Benditas intervenciones de stripper.

‚ÄĒVuoi venire da me?‚ÄĒ dec√≠a la italiana.

Como √ļnica respuesta, el hombre sac√≥ quinientos euros del bolsillo interior de la chaqueta y se los entreg√≥ a la stripper.
Ya decía yo.
Todos iguales.

‚ÄĒ¬°Oh!‚ÄĒ los ojos de Karina parec√≠an platos.

Miré de reojo y vi cómo la muchacha empezaba a mordisquearle el cuello mientras él se dejaba hacer.
Estuve a un segundo de no poder contener las arcadas.

Inesperadamente, el hombre rió y se zafó del mordisco de Karina, que le miraba interrogante. No cupe en mí de sorpresa al ver cómo él le guardaba el billete en la mano y se despedía de ella.

‚ÄĒCiao, bella‚ÄĒ le dijo, acarici√°ndole la mejilla.

Karina se fue por donde vino, con su ropa interior y sus recién inesperados quinientos euros, más contenta que una pascuas.
Di Trizzio me miró durante segundos.

‚ÄĒNo vas a gan√°rtela fuera de aqu√≠‚ÄĒ le dije‚ÄĒ. Es una puta. No muestres inter√©s por ella.

‚ÄĒNada m√°s lejos de mi intenci√≥n‚ÄĒ respondi√≥‚ÄĒ. Te dec√≠a que Alina no es un nombre italiano. Y que mientes mal.

Quise asesinarle con la mirada.

‚ÄĒTu acento tampoco tiene nada que ver con tu apellido‚ÄĒ respond√≠, elusiva.

‚ÄĒMi padre es italiano, s√≠, pero yo no nac√≠ aqu√≠.

Le dediqué otra mirada rápida mientras seguía pasando el trapo por la copa.

‚ÄĒCreo que ya est√° limpia‚ÄĒ sonri√≥.

La sonrisa le marcaba unas arruguitas en los ojos que contrastaban con la madurez de su barba. Me fijé entonces en qué era lo que no terminaba de encajar. Aquel tipo no era un hombre. Veinticinco de media, veintisiete como mucho. La barba y el traje le daban un aire de madurez que realmente no poseían sus rasgos.
Me vi a mí misma conteniendo otra sonrisa.

‚ÄĒ¬ŅEl caballero deseaba tomar algo?

‚ÄĒS√≠‚ÄĒ respondi√≥.

Aguardé unos instantes, pero el chaval seguía en silencio.

‚ÄĒ¬ŅY bien?

‚ÄĒOh, no‚ÄĒ respondi√≥‚ÄĒ. Lo que deseo no vais a d√°rmelo.

M√°s arruguitas.

‚ÄĒTodav√≠a.

Otro escalofrío me recorrió la espalda como una descarga. Aquel tipo cada vez me daba peor espina.
Dejé la copa en la mesa y me acerqué a él.

‚ÄĒ¬ŅDesea beber algo o no?

‚ÄĒUn tequila‚ÄĒ respondi√≥.

‚ÄĒ¬ŅUn tequila solo, sin nada?‚ÄĒ enarqu√© una ceja.

‚ÄĒS√≠‚ÄĒ asinti√≥, serio‚ÄĒ. No te preocupes, vengo de M√©xico.

Golpeé la barra con la botella de cristal.

‚ÄĒAs√≠ que sois mexicano.

‚ÄĒNo.

Volví a mirarle queriendo partirle el cuello.

‚ÄĒNo soy mexicano. Soy poeta. Pero s√≠, nac√≠ en M√©xico.

Poeta.
V√°lgame dios.

‚ÄĒPoeta‚ÄĒ sonre√≠, ir√≥nica‚ÄĒ. Claro.

‚ÄĒ¬ŅNunca hab√©is conocido a un poeta?‚ÄĒ pregunt√≥, llev√°ndose la copa a los labios‚ÄĒ. Esto est√° lleno de ellos.

Dediqué una mirada circular en busca de alguien atisbo de lucidez entre aquellas mentes corruptas y sucias. Karina tenía el culo en la cara de lo que parecía ser un empresario importante y Liria le acariciaba la cara al tipejo de la barra con los pechos.
Sólo vi hombres gritando obscenidades y arruinando a sus familias a las cartas.

‚ÄĒAqu√≠ no entras poetas‚ÄĒ dije, asqueada.

Aquel hombre me comía con la mirada.
Esperaba algo.
¬ŅQu√© esperaba?

‚ÄĒHombres perdidos. Hombres que s√≥lo buscan aliviar sus vidas, llenar el vac√≠o con una mujer inalcanzable‚ÄĒdijo‚ÄĒ. Los hombres que entran aqu√≠ no buscan sexo. Oh, no. S√≥lo quieren llegar a palpar la esencia plat√≥nica de la mujer. Esas curvas, esa figura ex√≥tica que el mundo tiene como tab√ļ. Eso, querida, es lo m√°s er√≥tico del mundo.

Pegó otro trago largo al tequila.

‚ÄĒTodo hombre busca una mujer inaccesible. Inalcanzable. Por eso son poetas.

Sus ojos seguían fijos en mí.
Aparté la vista de la copa y me atreví a mirarle.
Sus ojos grises no parec√≠an perdidos, y sin embargo aquel est√ļpido parec√≠a haber perdido la cabeza. Segu√≠ la direcci√≥n de su mirada hasta percatarme de que no me miraba a los ojos. Ten√≠a la vista posada en mi cuello.
Otro escalofrío.

‚ÄĒPor eso, soy poeta.

Hice un esfuerzo sobrehumano por no dejarme llevar por lo aterciopelado de su voz.
Qué diablos me estaba pasando.

‚ÄĒHoy no estoy de servicio‚ÄĒ dije‚ÄĒ. Ni por quinientos euros.

El muchacho rió.

‚ÄĒYo no quiero acostarme contigo.

La atracción de su boca provocaba en mí sensaciones contradictorias.
Me llamaba y me repelía. Me anestesiaba y me enloquecía.
¬ŅQu√© quer√≠a?
¬ŅQu√© diablos quer√≠a?

Di Trizzio se levantó, apurando el tequila.
Seguí sus movimientos con la mirada, gritándole por dentro que no se marchara, preguntándome a voces si volvería a verle.
No quería verle.
No quer√≠a…

‚ÄĒLo que yo quiero va mucho m√°s all√° de eso.

Esperé.

‚ÄĒLo que yo quiero, es que est√° vez sea la puta la que se enamore del hombre tonto.

¬Ņ¬°TAN DIF√ćCIL ERA DECIRME QUE ESTABAS ENAMORADO DE MI!? ¬Ņ¬°TAN DIF√ćCIL ERA!? ¬°ERES UN IN√öTIL, HIJO DE PUTA! ¬°SOLO PUDISTE DECIR QUE TE HAB√ćAS CANSADO DE MI! ¬°JODER! ¬°ERES UN PUTO MALNACIDO! ¬°OJAL√Ā VEAS ESTO! Pero claro, eres tan nulo que no tienes Tumblr.

SE DESLIGA DE JUNIOR BURLESCO

Nombre: Rod Hern√°ndez

Teléfono: 

Correo electrónico: rod_brok_13@hotmail.com

Denuncia: Cómo son mentirosos en RadioPatrulla, quieren inventar las cosas como no sucedieron. Me ponen en una nota que yo me burlo de los bomberos y que junto con este perro malnacido de Ricardo Lopez Avilés, nos burlamos de lo que sucedió, pero es mentira. Yo ni lo conozco, es más, comenzando las publicaciones en facebook le digo directamente: Ricardo López Avilés, eres un pend… Y más abajo puse que ya pidió refuerzos, estos gays, porque el mismo Ricardo etiquetó a un amigo de él. De hecho, yo estaba del lado del bombero llamado Cochi Loco. Bola de mentirosos.

Razones

Cuando terminamos hace mucho porque el hab√≠a enganchado con otra ni√Īa, me dijo ”Nadie te va a ser fiel, todos te van cagar” ¬†Yo sabia que no era as√≠ pero el muy maldito logro trabajarme la mente, justo como quer√≠a… Y aqu√≠ estoy, no puedo avanzar porque efectivamente, nadie me va a ser fiel.

Agradezco por cierto no tener que verle la maldita cara de malnacido nunca m√°s.

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