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La Sombra” de Javier Olivera, sí, el hijo de Hector Olivera, es la historia de una casa. Una gran casa. Una enorme y lujosa morada construida allá por los setenta en la época de esplendor de la productora Aries que Hector tenia junto a Fernando Ayala. Esta casa, de harto lujo, decorada con pésimo y ordinario mal gusto por su mujer, contenía majestuosos pisos de mármol, parquet, carísimos muebles y elementos que iban incluyendo a medida de que expandian su estadia por el mundo. Aquel inmueble no podía estar en otro lugar mas que… Si! Adivinaste! San Isidro!

Pasan los años, nos ponemos viejos, tecnos, la gente se muda y la casa se destruye. Lo q observaremos serán recopilaciones de imágenes grabadas en un precario digital de como aquel hogar se ve desprendido de sus lujos, partes y elementos constitutivos, llegando a su total destrucción. En paralelo veremos material filmado en súper 8 de aquellos viejos tiempos en familia donde constantemente vemos al, un tanto egocentrico autor de niño y a su padre.

Toda aquella trama en realidad abraza la verdadera historia, la de su familia, la de su crecimiento y adultez donde constantemente busca la presencia paternal. Evidentemente la presencia física del padre no era la adecuada y Javier se vio ajeno a una figura paterna presente y considerada.



Entre medio de todo esto, acompañado con un diseño sonoro extraño, que genera una ruptura innecesaria y casi ridícula, ya que no apoya de manera dramática o narrativa esa relacóin padre- hijo, ni tampoco busca una ruptura a lo Nouvelle Vague llendo en contra de las leyes del lenguaje naturalista. De todas formas, si se celebra la búsqueda y la elaboración de un diseño de sonido particular, algo que tanto falta en el cine argentino.

Alrededor de todo esto se tocan algunos temas de la historia argentina, con redundancia la dictadura, por lo que el autor se pregunta mas de una vez porque ellos no fueron asesinados o desaparecidos por el gobierno militar. A lo que uno respondería que debería fijarse lo mismo que muestra, su relación con la creme de la creme y el glamour del cine y, quizás, también preguntarse si es que todo lo q uno hace es tan importante, relevanta o revolucionario, o, inclusive, ir mas profundo y analizar seria y honestamente el por que.

Es un film honesto ya que es una especie de reclamo infantil a su padre por su ausencia. Lo que que me genera cierto nerviosismo es que a nadie le importa que sentimos si no es que estamos contando realmente una buena historia. Se asimila más a una terapia que a una obra cinematográfica. Y habría que preguntarse si la obra hubiera sido relevante y apoyada si no fues el hijo de quien es.

La gente se partió las manos aplaudiendola. Varios le dijeron lo fabulosa que era. No se si hubiera tenido el apoyo de la Universidad del Cine, de Antin y de los organizadores del BAFICI si fuera cualquir hijo de vecino, y eso me da bronca, porque pareciera que el cine de acá cada vez es mas para los snobs, hipsters,y chetos reventados que de repente quieren jugar al cine, y peor aún es que se lo celebran.

JULIAN NASSIF