anonymous said:

Tbh i really wanna talk to you cause you're really cool and stuff but senpai will never notice me ;-;

Write me a TBH (To be Honest), stating an honest fact or thought you feel about me. Or just something honest you wanna say to me. Start the sentence off with “Tbh”.

((Sfkldlg I’d love to talk to you, darling! Don’t be scared to talk to me! SDsklfkdklgk aaaaah I’m really not cool ohmygod I’m so dorky and uncool lik e ddklgklk;lgdh bUT I TOTALLY WANNA TALK TO YOU YUS))

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LGDH: Capítulo 2: "Pasado"

A mis quince años, ya se me permite salir de la Academia. A partir de ahora, viviría en la pequeña casa que los maestros (o en su defecto, caballeros) Jedi tenían asignados por la Orden. Eso significaba volver a mudarme, ya lo había hecho con mi antiguo maestro, y con Sara, también.

 

Sin embargo, cuando salimos de Coruscant, tenía una percepción diferente a la que tengo ahora. Me esperaba una recatada casa, minúscula, como mi habitación. Sin embargo, es todo lo contrario. Es enorme. Contrastaban sus dos colores, el blanco y el negro. Numerosas habitaciones, amplias y ordenadas, con poca decoración. Una sala llena de armas, desde sables hasta detonadores térmicos diminutos, pesadas armaduras y artefactos de entrenamiento. Y mi habitación… medía unas cuatro veces mi cuarto de la Academia. De tonos neutros y sin decoración, un pupitre y una pequeña estantería. Y un capa hecha con un material muy suave, fino, pero que abrigaba bastante.

 

-¿Estás hecho al frío, chico? -pregunta, desde la puerta.

 

-Mi planeta era un lugar templado… y Coruscant también -recapacito-. Así que supongo que no.

 

-Aquí te harás -se marcha, y la puerta se cierra.

 

El viaje ha sido largo, estamos en uno de los planetas más alejados de la capital, casi rozando el borde exterior. Llega la noche, y con ello, a pesar de que el día ha sido más que agradable, llega el frío. Me acomodo como puedo, haciéndome un ovillo para darme el calor suficiente como para poder dormir lo que reste de noche.

 

A la mañana siguiente despierto temprano, no sé qué hora es, aún es de noche. Me visto con mis ropas nuevas y agradezco el calor que éstas dan, y salgo fuera. Un viento helado me golpea la cara y las manos, pero no me echo atrás. A la luz de la difuminada luna, puedo ver una fina lluvia de nieve, tan pequeña como agujas, cayendo a mi alrededor. Desenvaino el sable, y comienzo a dar estocadas en derredor, equilibrando la fuerza que doy en cada golpe contra mi enemigo imaginario. El viento y la lluvia se hacen más fuerte, pero resisto. Apenas veo más allá de un par de metros, cuando una luz azul golpea contra mi sable, de un tono grisáceo.

 

En medio de la tormenta, aparece Sara, con un traje estándar de caballero Jedi, exceptuando que no tiene mangas. Su hoja choca contra la mía, obligándome a defenderme, pues cada vez las estocadas son más rápidas, peligrosas y certeras.

 

En cada golpe, me veo obligado a retroceder; busco algún punto débil, pero no encuentro ninguno, así que opto por saltar y recuperar espacio. Sin embargo, durante el salto, un látigo me coge del pie y me hace caer al suelo.

 

-Muerto -dice, con el sable rozándome el cuello.

 

Repetimos la batalla durante casi un par de horas, cuando la fina lluvia desaparece y brilla un débil sol, mostrándonos un terreno cubierto de fina nieve. No conseguí matarla en ningún momento, ni tan siquiera hacerla retroceder. Con ello, mi frustración iba en aumento, convirtiéndose en furia. Daba sablazos, descompensando la fuerza y en un simple movimiento, volví a morir.

 

-Controla mejor tu furia si no quieres morir en una batalla real, chico -suena más a consejo que a reprimenda, pero estoy tan enfadado que no reparo en ello-. ¿Cuántas misiones has hecho, hasta ahora?

 

-Tres -respondo, cortante. No me interesa esta conversación.

 

-¿Cuántas batallas?

 

-Una -digo, un rato después de pensar.

 

-Cuéntame

 

La miro y me mira; su gesto me recuerda momentáneamente al de Kieran, ese que parece tan distante e indiferente, pero que realmente desea saber qué ocurre dentro de mi cabeza. Pero ella… es más humana. Más como… Shail. Más como una hermana. Está frente a mí, con las manos cruzadas sobre la mesa. No me atrevo a volver a mirarla a los ojos, de un color como el salvaje paraje que nos rodea, y que seguramente me bloquearían el pensamiento si la miro a los ojos. Me pasaba con Kieran… y algo me dice que con Sara, también.

 

-Fuimos a Ilum, a proteger los cristales de los sables de los droides -la imagen se recreó en mi cabeza, dos jedis, uno de ellos un inexperto en la lucha, pero con presencia suficiente en la Fuerza, contra miles de droides-. Sólo nosotros, y no éramos lo suficientemente fuertes como para acabar con ellos. Kieran utilizaba el modo III, si no mal recuerdo, y yo apenas sabía utilizar el V. Con esfuerzo, acabamos con ellos, entonces… -callo para sofocar un sollozo, evitaba que la gente me viera llorar-… entonces llegó Él, con su túnica negra y su rostro protegido por una capucha… y me atacó, buscando mi muerte, pero Kieran se puso en medio, y aguantó un rato la lucha. Le rompió la capucha, y pude ver su rostro. Un segundo después, atravesó el cuerpo de Kieran con su propio sable, y luego con el del maestro. Y se fue.

 

Llega el silencio, sólo roto por los gemidos de mi garganta de evitar mi llanto. Pero de nada me sirve, porque rompo a llorar como nunca, me había pasado un mes desde que me evadí de mí mismo, obligándome a no llorar por su muerte… pero tenía que hacerlo. A través de mi borrosa mirada, puedo ver dos surcos de lágrimas en el rostro de Sara, aunque parezca que no sienta nada, también lloró con mi primera reunión con la muerte.

 

-Yo te enseñaré a luchar, chico -susurra, mirándome decidida-. También perdí a mi maestro a manos de ese hombre… y quiero saldar esa deuda.

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