nostálgica repugnancia

Visualizo jeringas llenas de purpurina pinchando mi pecho desde adentro, cada vez que recapitulo toda la energía que le dí a un pintor peronista  de Claypole que labura en mc. donald’s y como ahora tiene novia peronista ya no me habla, me gustó que alguna vez haya escrito un poema con mi apellido como título, hace poco lo stalkeé, sigue escribiendo igual que siempre, me aburre la gente que escucha Spinetta. Recuerdo la primera vez que vino a mi casa  y ese mismo día llegó  Plutionio  a mi vida, poco tiempo antes átomo, el gatito rescatado por unas amigas habia muerto en mi cama. Él vino temprano en la mañana, tomamos té, comimos pan y despues de unas horas nos besamos; luego llegó Justine electríca y exótica se recostó contra la pared y se cubrió con la sábana hasta la cara. Cuando estuvimos a punto, me atrevo a decir a milímetros,de tener sexo, llegó Ema, mi alumno de inglés de aquél entonces. Años y años de tensión sexual gestada en charlas acaloradas por msn, fotologs, encuentros en estaciones de tren, forcejeo ideológico por facebook estaban a punto de liberarse, pero no.

La purpurina invade todo mi tórax ahora cuando pienso en tooooooda la energía  que les dediqué a “amigxs” de un pasado extremadamente ridículo y emo, “amigxs” que ahora entran en un cajón humedo con la carátula *son lo más careta que me pasó en la vida* en el , apretujados con todos mis crushes de internet, mis ex amigas vampiras, y todos los giles a los que les ofrendé lo más dulce de mi ser sin ellos ser merecedores de ello.

Todo ese crédito gastado en el celular para recibir pasivamente enrosques parasitarios de seres trillones de veces más quemados que yo en nombre del servivio planetario.

Horas en Mar Del Tuyú en penitencia por haberme ido a la playa por un chico a jugar en la arena y darnos besos bajo el muelle

El asma y la horfandad.

El aliento a vino tinto de mi abuelo.

El hastío mental.

Todo este dolor crónico de lumbares despues cargar a cocollito los fantasmas de mis padres, de mi abuelo, de mi novio, de mi profesora de salud y adolescencia. Toda esa serpentiginosa desviación de la columna por un mambo kármico congénito, ayudado por la sobreexigencia de linyerear por Bolivia escapando de mi novio psicótico que le dijo a todos que estaba embarazada y luego me mordió y persiguió por la ruta en Salta una marugada.

Y tambien tanta fatiga por cargar mochilas reventadas de provisiones para niños drogados en los bosques de palermo que jalan lanza y bailan hardtekno:  dos bizcochuelos hechos por mi abuela, hamburguesas de lentejas, un kilo de banana, un kilo de manzana, dos kilos de naranja, carpa, bolsa de dormir, burbujero, té de jengibre.

Hacer listas puede ser terpeutico, nose si será este el caso, pero

necesito desahogar.

No comprendo este repentino afán por rememorar viejas conexiones, puentes humanos desmoronados a punto de colapsar apenas colgando sus ruinas, llenos de telarañas de palabras virtuales y graffitis de dibujitos . Puentes que me acercaron y alejaron de mí.

Hay que perderse pa encontrarse,

y tratar de no olvidarse

de todo lo que dí,

pero no me dí.