la-vuelta

AHOGADA

Todo está en calma, la playa siempre desierta en invierno deja para mi alma una serenidad que en la ciudad no se consigue: nadie me mira, nadie me habla, me escucha o me juzga.

Siento el pequeño paquete que me grita desde mi bolsillo, me quema sin necesidad de encenderlo. Obedezco su orden, esclava de mis adicciones. Perdida en el humo cierro los ojos y me siento menos pesada. Inhalo. Levanto la mirada al cielo, exhalo. Una cortina de humo me aleja y me separa del universo.

Cae la ceniza en la arena blanca. Empiezo a sentir cómo el calor está cada vez más cerca de mis dedos y a pesar del tacto constante con mi amante mi boca sigue fría. Saboreo mis labios intentando calentar mi propio aliento amargo.

Cavo un pequeño hoyo en la arena y sin ceremonias sepulto a mi amado.

Una leve presión en mi cabeza hace que quiera recostarme. De vuelta la sensación de ahogo. Me quema el bolsillo nuevamente, los alaridos ya me parecen tan familiares que se convierten parte de mi entorno y no una molestia constante.

Cierro los ojos, suspiro inhalando el propio humo que queda en el aire, para finalmente desconectarme del mundo y ser oscuridad.

Luisina Ferretto, Magdalena Ottaviani