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In reply to a Tulio/Miguel gifset from The Road to El Dorado

WHY [slur] ARE ALWAYS TRYNA MAKING SHIT GAY? LIKE WTF THESE ARE MOVIES FOR KIDS, THEY DON’T EVEN BOTHER ABOUT SEXUAL SHIT LET THEM CHOOSE WHEN ITS TIME.

Not gonna touch all the other ridiculous things said here but I just wanna point out…

You know a character gives another character a blow job in this movie right? This movie was way sexual before I ever touched it.

Dos intentos de reflexión.

-¿Disculpe ud. donde es la calle de la felicidad?

-Mire caballero, sigue ud por esta calle, da vuelta a la derecha, dos semáforos

adelante de lado izquierdo frente a la catedral.

-Se ven largas estas calles.. ¿Cómo cuanto tiempo se hace hasta allá?

-Eso depende de ud y sus ganas por llegar.

Me bajé de mi bicicleta, le di las gracias y me fui caminando, por que no

quería apresurar mi existir.

Aqui Adentro.

Aqui Adentro vivo yo.

Aqui Adentro vivo yo con todas mis cosas.

Esta es mi cama, aqui duermo, y desde ahí miro 

a la ventana. No sé si hayas visto las estrellas hoy.

No las encuentro. Y eso me preocupa. 

Sé que me estás mirando asustada.

Quizá estén por aqui y te miro.

Me preguntas donde. 

Pues en tus ojos. Y los beso.

Aqui Adentro.

El desafortunado Informático.


No entendía a los universitarios, no me entendía a mi, siendo uno,

no entendía los rostros ni los cuerpos, ni las ataduras a cuadernos

llenos de garabatos, de letras feas y palabras necias, sujetas siempre

a la institución máxima, la forjadora de hombres de renombre. 

 

Había ido a conferencias obligadas, y miraba el reloj, y odiaba estar,

Yo, ahí, casi tanto como cuando el profesor de álgebra escupía

monosílabos y números, yo pensaba en algo más perfecto, algo como

su cuerpo, y como era fácil tocarlo y perderse, como cuando uno

escucha a Brahms, o Mahler, a pesar de ser tan distintos, saben

como hacerme estremecer, casi tanto como tus besos, y sólo caminaba

en los pasillos, pensando en que haría al verte tras la pantalla,

nunca fui el tipo duro de la escuela, por que hacia falta más materia en

mis brazos y en mis piernas que las que necesitaría cualquier otro tipo. 

 

Aún así sabía usar los puños, y gracias a un don/defecto de la

naturaleza, tenía brazos más largos, capaces de arrancar risas histéricas,

y algunos buenos derechazos de lleno al estómago, afortunadamente

siempre fui tranquilo, y mi total indiferencia hacia que dejaran a un lado

cualquier intento de fastidiar. 

 

Y todo era por que yo no amaba la escuela, no amaba a la maldita, como

no se ama al gobierno, como no se ama a la otra, como no se ama que

las mujeres no usaran más vestidos y tacones, que todo el mundo se volviera homosexual de la noche a la mañana, y yo amaba más ignorar todo lo

que no me sirviera para vivir, odiaba las palabras retóricas, las sentencias

para programar que el compilador nunca aceptó, y las noches que no te

tuve, por que si no hubiera odiado, me  hubiera vuelto loco, atrapado en

un mundo inservible para mi.

 

Y había tantos ingratos que en vez de dedicarse a erigirse sobre si mismos,

preferían ahogarse en vicios, casi como yo, pero gracias a mi odio,

yo era feliz, por que todo lo que no odiaba era precioso, como mirar un

ocaso o un par de tetas firmes, al aire, tan bellas que sabrías que sólo la

naturaleza se equivocó al ponerle una oportunidad al hijo de puta que

se sentaba detrás en clase de algoritmos, a pesar de ser un completo

cínico, los profesores sabían que yo sólo asistía a clases por que quería

conseguir un papel que presentar a las narices de un imbécil de traje,

para unirme al sistema y la mierda, porque yo en realidad sólo buscaba

el dinero, para solventarme en el arte, para mis vicios, para mis placeres,

y para ofrecer algo más que mi mierda a alguna afortunada mujer,

(sabiendo de antemano que podría ser mi asesina, pero sería una asesina

perfecta, por cierto).

 

Y miraba a esas mujeres en la universidad, las feas me tenían sin cuidado,

y las atractivas igual, por el motivo de que no sé porque la mayoría eran

de esa clase de zorras que creen que su coño es algo especial, algo

verdaderamente valioso y algo que merece la pena, cuando el resto de

ellas está completamente podrido, bajo un barniz de uñas, un pelo falso

y estiletos de las más picudas puntas. Jodida mierda, amaba esos tacones

como se ama todo lo que no se odia, todo lo demás estaba mal, y no debía

existir en una mujer de verdad.

 

Y mi arte consistía en hacer todo lo que me gustaba, hasta hartarme,

sentarme a  componer acordes, sintetizaciones y distorsiones, todo lo que

en un mundo real sólo se percibe cuando uno está drogado en un callejón,

con dos duendes enanos tocandose los cojones, borrachos y felices, de no

haber ido nunca a la universidad.

Besando el precipicio. (Bendiciendo lo que no existe)

Miro mis pies, y mis manos, atado por completo, sufijo al piso, pero en la mente siento libertad, siento lo que no puedo  sentir cuando estoy afuera. A veces traigo a mi a las personas que amé, en el preciso instante en que las amé más, y me rodeo de un cariño puro.

 

Luego lo borro y de la nada construyo enormes altares, donde sacrifico todo lo que me ha dañado, lo que ha hecho de mi esta barata caricatura desaliñada que se arrastra entre las calles pobladas sólo por la pestilencia y todo el odio, que consume las fibras más fuertes de mi alma.

 

No deseo más vida que la que tiene el cirio, ni más virtud que la propia esencia natural,  no quiero amar, ni sentir el terrible anhelo, y es que no quiero empezar a extrañar el sentir más ajeno que pueda existir en mi.

 

Y a veces veo el final. 

 

Algunas otras sólo exagero el punto con el que concluyo mis escritos.

Araña Muerta

 

Admito que siento una fascinación impresionante por la forma de fingir

de una persona, la manera en que mira y te envuelve, en la que como

víctima de la araña, se deja caer en sus redes para morir devorado en

vida, sus gestos parecen de amor, pero en el interior sabes que sólo 

es un capricho, lo sabes, y támbien sabes que no tiene remedio alguno.

 

Ella se cubre con el manto de inocencia, y se aprovecha de tu ingenuidad,

pretende darte las riendas, para luego ahorcarte con el mismo látigo.

Desprecio, no sientes más que desprecio, pero cuando regresa vas como

cuando el perro espera a su amo. Y caes y maldices, eres un masoquista,

eres un esclavo, y la triste verdad es que sólo tú podrías liberarte.

 

Eso fue hace tiempo, hoy la araña está muerta, hoy la araña está marchita

como un recuerdo borrado de la mente, su centro ya no existe, sólo unas

blanquecinas extremidades deshechas y convertidas en el mínimo polvo.

Estabas convencido que en realidad la araña era una mariposa del paraíso.

 

Hoy sabes que las mariposas son feas, que las arañas son malas y que 

todo en el mundo existe para dañarte. Pero eso no te importa, por que 

sabes que nunca buscaste una mariposa, nunca buscaste una araña, ni

tampoco buscabas siquiera un mundo que te amara, con una persona te

bastaba.

 

Sabes incluso que prefieres el box que el ballet, que te gustan los libros

más que el futbol, que te gusta el calor más que el frío, que te gusta dar

abrazos con esos brazos largos que abrazan de lleno. Esos labios que

reservas celoso para ella, y esas palabras que omites en conversaciones

ajenas a todo lo que amas.

 

Los sueños son sueños y no intrínsecamente verdaderos, y los insectos no podrían hacerte tanto daño como el que aún te permitas recordar algo

que detestas. Pero basta de coraje, por que por eso estás muriendo, por no

poder simplemente amar y terminar con el suplicio.

 

Y antes de dormir, con el vaso de leche en la mano, el whiskey en la otra, 

y unas galletas en la mesa, encontrarás una araña débil y en la mente la

matarás violentamente, pero no, la recoges con un periódico y la arrojas

afuera de la casa, afuera de tu vida, por que matarla no te engrandece, la

araña entro de alguna manera, pero no dejarás que viva de ti, nunca más.

Esto me quedaba.

 

Hace tiempo mis pies llenaban estos tenis a la perfección, hoy se encuentran, burlandose de mi con sus puntas desgastadas, en el fondo del armario, riendose cuando volteo a verlos, como con desprecio, son tenis despechados, los cambié cuando comenzó a adelgazar la suela, tanto que combinaba con mi figura invisible.

 

Los cambié por un flamante par, de pelo de caballo y vinyl que olía como la gloria, en un empaque cruzado por una firma importante del calzado en general, brillaban con la esperanza de una vida más glamorosa para mis pies, con una silueta trabajada, por no sé cuantos ingenieros y artistas, las miradas en la calle no se hacían nunca esperar, los cuellos se rompían, y los ojos se desorbitaban.

 

Mucho trabajo para los médicos del pueblo donde era poco usual ver excentricidades. No sé quien fue su espía destructor, pero mi viejo par se enteró de mis aventuras, y juró venganza una noche oscura, en la cual dejé casi con religiosidad la caja donde reposaban, justo al lado de los viejos, que se frotaron las agujetas una vez cerrado el clóset.

 

Y al día siguiente desperté, todavía ensoñado con fantasías que me trajo la noche, me paré aún descalzo, y descorrí la puerta del clóset, para posar los ojos sobre la caja de mis amados tenis. Ni siquiera vi al par viejo, que me miraba con expectación. Abrí la caja y encontré un par de despojos, pedazos de todo tipo de plásticos y telas sintéticas de trajes espaciales y tecnologías extraterrestres.

 

Caí de rodillas, y miré la total destrucción desde el punto de vista más devastador, pensé en todas esas tardes perdidas, en todas esas personas que dejarían de ir con mi padre, que era médico, para atenderse de las dolencias que su hijo le causaba a la mitad del pueblo con esos tenis. Habían quedado irreconocibles dos obras de arte. Y miré a todos lados como buscando una respuesta que pudiera calmar mi corazón.

 

Nada pudo detenerlo, y levanté los pedazos, y realicé una procesión lenta y dolorosa de camino al pasillo, donde al final pude decirle adiós a mis nuevos tenis, que dejaron de serlo para siempre. De regreso los encontré sonriendome maliciosamente, y ese día tuve que usarlos, volviendo a sentirme un esclavo hasta que por fin en la noche, en un arranque de iluminación y de ira, los lancé a la chimenea, y no paré de tizar el fuego, hasta que desaparecieron del mundo material.

 

Desde entonces cada que compro un nuevo par, voy a la iglesia, y por un monto de dinero considerable, consigo una protección divina contra todos los pares nuevos que llegan a mi.

Labios.

"Y dime si puedes dibujar su rostro, si acaso alguien más que Dios puede trazar tanto fulgor en unos ojos, si esa boca no se siente como el fuego del sol que nace…"

 

Saborear esos labios es mi pasión sin medida,

rodear esa cintura es algo casi inevitable, como caer

en el extremo de lo placentero, un beso largo, y luego

el corto, por que desearías no poder dejar de hacerlo.

Por que esperas la pausa que dura el universo sólo para

sentirlos de nuevo, y ahí están, húmedos y temblorosos

ante tu impecable y furioso ataque amoroso, y con los 

ojos entrecerrados tu mente suele viajar, como evocando

los sabores escondidos de otros días.

 

Después de los incontables, lo más adecuado es recordar

tu nombre, donde estás, y cómo fue que perdiste el control,

que demonios tiene ese néctar divino, que sólo te embriaga

con su dulzura, saber que no es igual a otros, y recuerdas

cuando catabas los vinos añejos que reposaban en las finas

barricas de cerezo, y el extásis sólo termina cuando abres

los ojos, y despiertas, horas, días o vidas, sintiendo la suave

fragancia aún en el borde de tus narices, y el sabor fantasmal

de la primavera deslizandose y perdiendose entre el aroma

a muerte de tu cigarro.

Esa Mujer.

 

Si buscas a un hombre sin esperanzas, no esperes verlo sentado

en una banca, con hojas de periódico cubriendo su cuerpo del frío,

no lo busques en los ojos de la vieja que mendiga por un poco de

dinero, ni siquiera deberías buscarla en los ojos surcados de los 

abuelos que miran sin mirar, con sus bastones de marfil, de ébano

o de sauce llorón, no busques en la luz que brilla tenue en sus 

cansados y hundidos quevedos.

 

Si pretendes encontrar un hombre sin esperanzas, dirigete a un

cuarto encendido, con velas o con cirios, consigue un espejo de

cuerpo completo, y finalmente mira la cruel figura que el tiempo y

los hombres han terminado por destruir. 

 

Miradlo bien, no pierdas detalle, que la edad no te engañe, nadie es

suficientemente joven para no morir, ni tan viejo como para saber

que nada tiene un final incierto.

 

Ahora sonríe, sal afuera, y mira a tu mujer. Abrazala, y ámala, por

que ella ama a un hombre que cada día se convierte en cadáver, 

hazla feliz, esa es tu única esperanza para no vivir por siempre, en

la memoria de pequeños que tengan tus ojos, tu boca, y la boca de

las mujeres que amarán, por siempre, hasta que el hombre pierda de

nuevo la esperanza.

 

No fue de costilla su origen.

 

Había perdido toda esperanza de sentir sus labios, corría entre los pasillos de la biblioteca, intentando alcanzarla, pero ella conseguía burlarme como un gato, con la agilidad y delicadeza única de su raza.

 

Ella era tan bella como no podían describirla todos los diccionarios y todas las cuartillas poéticas que se encontraban en la biblioteca, y su piel era tan suave que el talco podría parecer algo rasposo y tosco. Sudaba ya, pero ella no mostraba ni un rastro de cansancio.

 

Comenzaba yo a respirar agitadamente, mientras ella se mantenía fresca y rápida en esquivarme. - Odio a los hombres, y a ti te amo, pero no quiero que estés cerca de mi.

 

Recordé a mi autor favorito, y en último intento de conseguir tenerla de mi lado, parafrasée: - “El hombre es un defecto, el primer ser perfecto siempre fue una mujer, y esa mujer era perfecta ella sóla, no necesitaba nada ni a nadie, pero apareció un ser deforme, un ser incompleto, que comenzó a robar algunos órganos de la mujer, hasta que esta se dió cuenta que había perdido su mitad, y entonces tuvo la necesidad del hombre. El hombre es como el hijo, y la mujer como la madre, siempre en una constante pelea, en la cual el hijo es un pequeño caprichoso, que sólo necesita estar con su madre.”

 

Ella se detuvo, y miró mis ojos, se acercó a mi, y la biblioteca fue testigo de una del legendario encuentro de todos los siglos del hombre y de la mujer.