desierto

Malditas ganas de querer besarte todos los días. Qué ganas de tomarte de la mano y recorrer el mundo entero. De volver a cometer todos esos errores. De volver a disfrutar todas las buenas decisiones. De matar tiempo contigo. De hablar horas por teléfono aunque no hablemos de temas trascendentales. De descubrir la vida a tu lado. Qué ganas de abrazarte por la espalda, darte un beso en la mañana y decirte que quiero volver a hacerte el amor como solíamos hacerlo, como si se tratara de la creación de una obra de arte. Nos tomábamos nuestro tiempo pues dibujaba cada centímetro de tu piel y besaba cada fibra de tu cuerpo pues quería empaparme de tu espíritu, buscábamos eso: que nuestros cuerpos y almas se fundieran en uno solo. Quería hundirme en ti. Fundirme a ti. Quería detener el mundo por un segundo, hacer eterno ese momento. Realmente quiero volver a vivir todo eso. Porque yo estoy convencido de que aunque el universo se haga más y más viejo nuestra extraña atracción, nuestro peculiar amor, seguirá vigente. Porque queremos quedarnos siempre en la orilla de esta playa contemplando el instante en que el sol y el mar se unen. Algún día volveremos a reinar el desierto. Algún día volveremos a disfrutar del momento.

Este es para mí el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior que he dibujado una vez más para que lo vean bien. Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, desapareciendo luego.

Examínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste! 

                                                    El principito - Antoine de Saint - Exupéry