desierto

Malditas ganas de querer besarte todos los días. Qué ganas de tomarte de la mano y recorrer el mundo entero. De volver a cometer todos esos errores. De volver a disfrutar todas las buenas decisiones. De matar tiempo contigo. De hablar horas por teléfono aunque no hablemos de temas trascendentales. De descubrir la vida a tu lado. Qué ganas de abrazarte por la espalda, darte un beso en la mañana y decirte que quiero volver a hacerte el amor como solíamos hacerlo, como si se tratara de la creación de una obra de arte. Nos tomábamos nuestro tiempo pues dibujaba cada centímetro de tu piel y besaba cada fibra de tu cuerpo pues quería empaparme de tu espíritu, buscábamos eso: que nuestros cuerpos y almas se fundieran en uno solo. Quería hundirme en ti. Fundirme a ti. Quería detener el mundo por un segundo, hacer eterno ese momento. Realmente quiero volver a vivir todo eso. Porque yo estoy convencido de que aunque el universo se haga más y más viejo nuestra extraña atracción, nuestro peculiar amor, seguirá vigente. Porque queremos quedarnos siempre en la orilla de esta playa contemplando el instante en que el sol y el mar se unen. Algún día volveremos a reinar el desierto. Algún día volveremos a disfrutar del momento.

Este es para mí el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior que he dibujado una vez más para que lo vean bien. Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, desapareciendo luego.

Examínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste! 

                                                    El principito - Antoine de Saint - Exupéry

La conexión entre África y América se mide en toneladas

África y América se separan a la misma velocidad a la que nos crecen las uñas: al rededor de cinco centímetros cada año. A pesar del aumento de la distancia que se establece entre estos dos continentes, existe un agente que enlaza de manera decisiva al desierto de Sahara con la selva del Amazonas: el polvo africano.

Cada año, el desierto que ocupa un tercio del continente pierde casi treinta millones de toneladas de polvo que contiene fósforo, y que se transportan directamente hacia la masa húmeda sudamericana, nutriendo así sus suelos. La cantidad de fósforo que se mueve a través del océano Atlántico es parte del transporte de polvo más grande de todo el planeta, y representa aproximadamente la misma cantidad que se pierde en el Amazonas como consecuencia de las lluvias e inundaciones, de acuerdo con una investigación realizada por científicos de diferentes instituciones estadounidenses.

La adquisición de fósforo es vital para los suelos del Amazonas, mismos que son escasos en éste y demás nutrientes que son lavados por el agua. Es decir que la selva sudamericana depende del polvo africano, en particular de la depresión Bodélé en Chad, la mayor fuente de fósforo debido a que es un gran depósito de microorganismos muertos.

Los investigadores resaltan la importancia del material, en tanto que es un componente esencial de nuestro sistema planetario. Además, ellos hacen un énfasis en que así como el polvo impacta en el clima, el cambio climático afectará en este movimiento del suelo africano.

Los mecanismos detrás de esta relación son desconocidos, pero los investigadores tienen varias ideas. La más aceptada es que la cantidad de precipitación está relacionada con los patrones de movimiento del aire que barren el material africano hacia la atmósfera, haciendo que viajen a través del océano.

Para llegar a todas estas conclusiones, los científicos analizaron el transporte de material estimado utilizando información colectada por la NASA. Posteriormente estimaron el contenido de fósforo en el polvo al estudiar muestras de la depresión Bodélé, y de estaciones en Barbados y en Miami.

La investigación continuará en tanto que se necesitan colectar más datos que permitan llegar a conclusiones más robustas, pues este trabajo contempla siete años de datos, con un porcentaje grande de variación del material transportado. Sin embargo, este es un paso importante hacia el entendimiento del comportamiento de las partículas que se mueven a través del océano. Finalmente, en nuestro planeta todo está conectado.
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Artículo original

Nota de Eurekalert

Crédito de la imagen: Conceptual Image Lab, NASA/Goddard Space Flight Center. Tomada de la nota de Eurekalert.