Ringrazio letteresulledita e khalosmoscato per avermi nominato.
La nomina consista nell’elencare 5 cose di me. Ci provo:

1) Un giorno voglio poter scrivere. Anche se probabilmente farò altro nella vita, voglio che la scrittura continui a far parte di me e che non sia solo un sogno momentaneo.
2) Adoro l’inverno e l’ho capito solo adesso. Per quanto ami le gonne e i vestiti a fiori, rivoglio il calore di una coperta e la cioccolata calda.
3) Voglio riuscire a cavarmela. Senza continuare ad aver paura, senza continuare ad aggrapparmi alle persone che continuano a lottare per me. Voglio poter dire: ‘questa è la mia battaglia e la combatto io.’
4) Lo amo da morire. E ho deciso di scriverlo qui perché nella realtà posso sembrare troppo impegnata per essere sdolcinata. Ma lo amo in un modo che non riuscirò mai a dire.
5) Sono vanitosa.

Boys in the Attic | One-shot Wigetta | Lime.

Advertencia: este one-shot es una traducción y adaptación de Boys in the Attic de boonies. Yo he cambiado unas escenas y lo he traducido, pero el fanfic le pertenece a ella. Si te gusta el HoMin y sabes inglés, ¡pásate por su one-shot! 

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La vida de Samuel consta, principalmente, de equilibrio.

Puede que pague a duras penas el alquiler de su minúsculo departamento, y que su dieta básicamente consista en fideos instantáneos y caramelos de limón que roba de la oficina del director, pero tiene un título de una buena universidad, y se encuentra enseñando en un colegio decente, y está medio enamorado de la profesora de música, y ésta casi siempre suelta risillas tontas cuando lo ve, y la semana anterior logró decirle una frase entera sin tartamudear o humillarse y la vida es tranquila y buena.

Y entonces aparece su tía.

Simplemente toca su puerta una mañana de feriado, arrastrando detrás de sí a un malhumorado chico de ojos achinados. Samuel se siente avergonzado de tener que recibir a la mujer vistiendo únicamente sus bóxers de unicornios, pero ella simplemente ignora este hecho y le dice:

- Él es tu primo y va a vivir contigo. Adiós.

Y deja a Samuel tirado en el colchón, bostezando con somnolencia mientras observa a algo que luce exactamente como si Bambi tuviera gatitos u oseznos, o cualquier cosa que un ciervo pudiera tener con un cachorrito.

- Ni sueñes que dormiré en el piso. - Dice el cachorro, arrojando sin delicadez alguna su mochila escolar frente al rostro de Samuel.

Y así es como, aparentemente, empieza a compartir su diminuto departamento con su primo.

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A la mañana siguiente, el cachorrito se adentra despreocupadamente en el salón de Samuel mientras este se dedica a llamar la lista. Se deja caer en el pupitre con expresión aburrida o cabreada, o cualquier cosa que vaya con el estereotipo. Un puñado de chicas suspiran con fascinación y se derriten en su asiento, dejando en su lugar un vapor de color rosa chillón.

- Guillermo Díaz. - Llama Samuel, mirando al chico por encima del papel. Guillermo repiquetea dos de sus dedos en su frente, a la par que sube ambos pies a la mesa del pupitre.

- Presente.

Samuel lo marca como ausente.

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- ¿Tío, en verdad estás pagando por la música? - Resopla Guillermo, espiando sobre el hombro del mayor.

Finalmente, Samuel clica en el enlace de “comprar álbum”, esperando que este no se salga de su presupuesto.

- ¿Y cómo crees tú que conseguiría la música?  - Pregunta con el ceño fruncido, mientras la descarga se inicia en su ordenador.

Guillermo acerca sus rostros. Samuel cree sentir la respiración de este sobre su nariz.

- ¿Robándola? - Samuel simplemente suspira y aleja al menor de él.

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Hoy, Samuel ha logrado decirle dos frases a la profesora de música sin humillarse  o salir corriendo, entonces regresa a casa eufóricamente feliz, balanceando una bolsa llena de fideos instantáneos y una botella de soda, silbando con alegría.

Y entonces abre la puerta de su departamento y encuentra todos los cajones de la cocina abiertos y saqueados, y hay una olla que rebosa agua hirviente y está jodiendo todas las hornallas. Las encimeras tienen quemaduras de tercer grado y hay un trozo entero de yeso que se está saliendo del techo. El ventilador ondula irregularmente con la cuerda a medio romper.

- Mi depósito de seguridad… - Formula Samuel con dificultad, perplejo ante la situación. Guillermo se encoge en su sitio y murmura débilmente un:

- Tenía hambre…

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Samuel cocina los fideos instantáneos bajo la llama de una vela y le demora una hora entera en tenerlos listos. Con enojo, vierte todo el contenido de la pequeña olla en un tazón y toma este en sus manos, a la par que le dirige miradas asesinas a Guillermo, quién simplemente se queda en silencio con expresión de culpabilidad mientras entierra los pies bajo las varias capas de mantas. Su estómago hace un ruido infernal, suplicante de aquellos fideos mal cocinados.

Samuel suspira y derrama gran parte del alimento en otro pequeño pote. Guillermo lo toma con rapidez y sin esperar, se los devora.

- Siento lo de tu depósito de seguridad. - Murmura con la boca llena de pasta. Samuel lo observa masticar con una mueca de desagrado.

- Simplemente me alegra de que a ti no te haya pasado nada. - Dice honestamente. Guillermo deja de masticar y observa al mayor durante segundos sospechosamente largos. Como si nadie hubiera dicho absolutamente nada, sonríe.

- Tenemos que comprar un microondas.

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En lugar de eso, compran un calentador barato. Samuel descubre a Guillermo secando sus calcetines en él.

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- ¡Profesor Samuel! - Llama una de sus estudiantes con voz estridente, acorralándolo en su camino a clases. - Por favor póngame en el mismo grupo que Guillermo, ¿sí?

La chica se va riendo maliciosamente, mientras que sus piernas dan saltos que parecen ser humanamente imposibles.

Samuel deja a Guillermo trabajar solo en sus consecuentes trabajos grupales.

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- ¿Te van a pagar mañana, verdad? - Pregunta Guillermo con la nariz enterrada en un cómic picante. Samuel se observa en el espejo repetidas veces mientras arregla su corbata perfectamente hecha, sonriendo enormemente.

- Sí, es por eso que le voy a pedir a la profesora Ariana que vaya a comer conmigo. - Responde con alegría. Guillermo cierra la revista de golpe y lo observa con los ojos totalmente negros.

- No puedes. - Samuel lo mira con confusión, frunciendo el ceño ligeramente.

- ¿Ah sí? ¿Por qué no?

- Tiene las tetas pequeñas.

Samuel repasa una y otra vez todas sus imágenes mentales.

- No soy así de superficial, chaval. - Murmura con incomodidad.

- Tú las tienes igual que ella. - Dice Guillermo, palpando el pecho del mayor con una de sus manos. - Probablemente las tengas más grandes, así que no puedes.

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La maestra Ariana sopla su humeante taza de café delicadamente. Samuel tamborilea los dedos sobre sus piernas, buscando alguna forma de entablar una conversación. “Tienes las tetas pequeñas” definitivamente no sería una, así que en su lugar, revisa su anticuado celular. Tiene una llamada y un mensaje de voz.

- ¿Sucede algo malo? - Pregunta la chica y Samuel le dedica una ligera sonrisa.

- No es nada, mi primo probablemente incendió el edificio. - Y presiona el botón de reproducir.

La voz de Guillermo suena débil y ronca. Samuel se levanta de un golpe y arrastra la silla detrás de sí.

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Regresa a casa tan rápido como las leyes del espacio-tiempo se lo permiten. Lo único que Guillermo dijo fue “No me siento bien”, sin ofrecer detalles que pudieran ser de ayuda, como que necesita jarabes para la tos, o a una ambulancia, o quizás a un exorcista, así que Samuel sube las escaleras a paso acelerado, jadeante. Al llegar a su destino, por poco y tira la puerta. Eso probablemente le hubiera costado mucho.

El departamento está oscuro y tranquilo, y por un momento, Samuel entra en un profundo estado de pánico, más entonces oye a Guillermo en algún sitio tras el sofá.

- ¿Samuel? - El nombrado mueve el mueble con una fuerza inhumana y se arrodilla a los pies del colchón del menor. A penas puede distinguir a su primo entre tanta oscuridad, así que busca a tientas su frente y posa su mano sobre esta. No está caliente.

- ¿Qué te sucede? - Pregunta, haciendo a un lado los envoltorios de golosinas que yacían tiradas alrededor del chico. Guillermo se acurruca entre las capas de tela que lo cubrían, presionando la mano de Samuel contra su frente.

- No lo sé, pero me encuentro como el culo.

El mayor acaricia el pelo de Guillermo hasta que este cae en un profundo sueño.

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Samuel se encuentra corrigiendo una horrible y apenas literaria redacción al momento en el que Guillermo asoma la cabeza por el salón de maestros. Varias de las secretarias suspiran encantadas.

- Profesor. - Llama el menor educadamente. - Necesito hablar con usted.

Sorprendido por la aparente amabilidad de su primo, Samuel se levanta y lo sigue hasta el corredor.

- Ten. - Gruñe el chico, presionando una carcasa de CD contra el pecho del mayor, para luego retirarse a paso rápido, murmurando entre dientes una serie de insultos que Samuel apostaba que iban dirigidos a él. Luego, observa el objeto con intriga. Es un CD grabado.

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- ¿Pagaste por estas canciones, verdad? - Pregunta Samuel por quincuagésima vez en el día. Apoyado sobre el carrito de compra, Guillermo rueda los ojos, fastidiado.

- No soy un abuelito asustado de la tecnología como tú, así que no. - Con el ceño fruncido, Samuel vacía una estantería llena de sopa de pollo instantánea en el carrito.

- No voy a escuchar canciones ilegalmente descargadas…

Guillermo gruñe con tal intensidad que los demás clientes se giran para observarlo, ganándose una mirada llena de furia.

- Pues no escuches las putas canciones. - Y sin esperar respuesta alguna, se marcha con el carrito.

Samuel encuentra la prueba de la compra de las canciones en su billetera la mañana siguiente.

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En su segunda cita con la maestra Ariana, Samuel define completamente la palabra encantador. No tiene idea de dónde sacó toda esa confianza y esa dulzura, pero la chica parece bastante impresionada y enamorada, así que lo siguiente sería casarse y tener cientos de bebés y…

Su teléfono suena y él, molesto por la interrupción, lo contesta.

- Ya no hay detergente. - Dice Guillermo y un fuerte sonido se oye de fondo.

Samuel cuelga y retoma su poco interesante charla con la mujer, quién escucha atentamente. Diez minutos después, el teléfono vuelve a sonar.

- Da igual, encontré más detergente. - El mayor vuelve a colgar y pone el aparato en silencio.

- Estaba pensando… - Dice la maestra Ariana, entrelazando su brazo con el de Samuel mientras pasean por las concurridas calles de la ciudad. -…que para nuestra próxima cita podríamos…

El joven chequea su teléfono. Hay miles de mensajes sin leer.

18:44:  oye, cuando vamos a tener un perro???

18:47: pues… vamos a tener un perro

18:51:  tienes el numero de la perrera????

- Ari, lo siento pero…

- Tu primo, lo sé. - Suspira la chica con frustración.

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Al parecer, ahora tienen un perro.

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- Puse carteles en todas partes. - Le dice Samuel a Guillermo una semana después de que esa cosa, como la llama el mayor, se instalara en su pocilga.

Guillermo simplemente pasa de él, balanceando un pedazo de jamón frente al hocico del perro, quién está manchando la alfombra de Samuel con su baba.

- ¿Me oíste?

- Ya, te oí. - Le tiende la comida al animal a la par que acaricia su cabeza mientras este come. En sus labios se forma una sonrisa cargada de ternura. - Es la primera vez que tengo un perro.

Samuel debería haber dicho “realmente no tienes uno”, pero en cambio acepta pasear a la cosa durante las mañanas y que el menor lo pasee por las tardes.

Pero, al parecer, Guillermo no está totalmente de acuerdo con eso.

- Vamos a pasearlo juntos.

Y es que Samuel ha planeado todo eso especialmente porque el invierno está a la vuelta de la esquina, así que fulmina a ambos cachorritos con la mirada.

- Ese no era el plan, Guille. - El mayor se voltea, dispuesto a prepararse algo para comer. Al abrir la nevera, una pequeña mosca se escapa volando. Está vacía.

Un enorme silencio reina en la habitación, así que preocupado, el mayor se gira hacia la puerta. El chaval y el perro lo esperan con paciencia, así que suspira con resignación y coge la correa de la mesa.

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El invierno llega de forma completamente inesperada, sin contar los miles de avisos y predicciones meteorológicas. De igual forma, Samuel no está preparado, así que se presenta en su tercera cita con la maestra Ariana completamente desabrigado. Él tiembla como si estuviera desnudo en el mismísimo polo norte, y sin embargo, la chica no parece darse cuenta.

Durante un instante, cuando pasan frente a una lúgubre librería y Ariana bebe su té helado, el chico desea estar en su pequeño y horrible departamento junto con su pequeño y horrible primo y su pequeño y horrible perro, comiendo fideos instantáneos y viendo series animadas, por lo que intenta despejar esos pensamientos entrelazando sus dedos con los de la chica. Los dedos de Ariana son pequeños y calentitos, los de Samuel son largos y están congelados. No encajan en lo absoluto.

Con su mano libre, revisa su celular. No tiene llamadas ni mensajes.

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Samuel vuelve al departamento pocas horas después, encontrándoselo completamente vacío. Suponiendo que Guillermo fue a pasear al perro, se tira en el sofá y prende el televisor. Una, dos y tres horas se pasan, así que desbordante de preocupación y con un extraño presentimiento, Samuel toma su abrigo y parte en busca del menor.

Pasa frente a la escuela, el supermercado e incluso la tienda de cómics que le gusta a Guillermo. El aire congelado le quema los pulmones y la garganta, así que cuando llega al parque no tiene el suficiente aliento como para gritar.

El cabrón está sentado en un columpio, solo y en pijama.

- Chaval… - Jadea, llegando hasta el chico. Este se mantiene en silencio, con la vista clavada en el piso. - ¿Y Arturo? - El menor suelta un sollozo ahogado a la par que mira la correa del perro con nostalgia.

- Se llamaba Peanut, el dueño fue a casa hoy…

El corazón del mayor da un vuelco.

- Lo tuve que devolver… - Su voz se quiebra y Samuel pudo ver como las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas.

En silencio, se sienta en el columpio de al lado. Quiere agarrar la correa, pero sus dedos se entrelazan con los de Guillermo. Encajan a la perfección.

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- …y en cuanto a deberes, recordad leer desde el capítulo 21 hasta el 23.

Una queja colectiva recorre la clase.

- ¡Venga, que yo no he inventado las reglas! - Y divertido, Samuel les saca la lengua a los de la primera fila.

El timbre suena y los chicos salen de manera desordenada, murmurando quejas y obscenidades. Riendo, el profesor alarga una de sus manos y bloquea el paso al último de sus estudiantes.

- Aquí tienes. - Le dice a Guillermo, metiendo un pequeño llavero en forma de cachorro en el bolsillo de su camisa.

Rojo como un mismísimo tomate, el menor huye. Samuel simplemente ríe y se dispone a recoger sus cosas.

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En su quinta cita, Ariana le pregunta:

- ¿Eres el tutor de Guillermo Díaz, verdad? - Samuel deja de comer de golpe.

- S-Sí… - En los labios acorazados de la chica se forma una notable mueca de disgusto.

- ¿Y es un buen chico?

- Tanto como un adolescente hormonal de 17 años con problemas de abandono puede ser. - Piensa para sí. Ariana lo mira, esperando alguna clase de respuesta. - Es…muy listo.

- Últimamente me anda mirando mucho.

- Ah…de seguro le gustas.

- No, a veces siento… - Explica, observando a ambos lados con inquietud, como si sintiera que alguien la está observando. -… que está rezando para que se me caiga un yunque encima, o que me atropelle un tren, o que…

- El no reza. - Murmura Samuel sin pensar, recibiendo una confundida mirada de la maestra. - Porque es… ¡budista! Y…ehm… ¡tu bufanda es muy bonita! - La cara de la mujer parece iluminarse.

- ¡Gracias! Mi hermana…

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- Ari piensa que no le agradas. - Guillermo lo mira por una milésima de segundo, para luego devolver su atención a otro cómic. Su cabeza roza el piso, mientras que su cuerpo yace en el sofá. Samuel se pregunta cómo es que alguien puede estar cómodo en esa posición tan exótica.

- Tiene las tetas pequeñas. - Samuel bufa, molesto.

- Chiqui, ella podría ser, dentro de unos años…

Guillermo pone los ojos en blanco.

- ¿Cómo me llamaste? - Samuel parpadea varias veces, confuso.

- ¿Chiqui?

Con la cara de color escarlata, el muchacho deja su cómoda posición y se dirige al baño a paso apresurado. No sale hasta una hora después.

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- Necesitas un corte de pelo. - Murmura Samuel, enrollando un pequeño y rebelde mechón de cabello en sus dedos. Guillermo está sumergido en una pila de deberes; una de sus manos escribe frenéticamente sobre las hojas de papel, mientras que con la otra aparta vagamente a la mano de Samuel. Molesto, y con el entrecejo fruncido, golpea una pila de papeles que yacen frente al mayor.

- Y tú debes corregir esto.

Sonriendo, Samuel enrolla un largo mechón de pelo y luego tira de él.

- ¿Y si le pongo diez a todo el mundo y me dedico a ver televisión?

- Ya eres demasiado popular. - Guillermo gruñe, más sin embargo no aparta la mano del otro chico.

- ¿Ah sí? - Pregunta Samuel con una pícara sonrisa decorando sus pálidos labios. Guillermo bufa y lo observa de arriba abajo con detenimiento.

- Solamente porque te pones esas estúpidas gafas falsas y las chicas no se callan nun… - Samuel lo interrumpe, aterrado.

- ¿Y tú cómo sabes que son falsas?

- Te he visto leer la etiqueta de una lata desde el otro lado del salón.

- Podría tener miopía…

Frustrado, Guillermo hace a un lado sus deberes.

- Querrás decir hipermetropía. - Nuevamente, el menor suelta uno de sus ya típicos bufidos. - ¿Ves? Ni siquiera sabes la diferencia.

- Ya, está bien, está bien. - Ríe Samuel, levantándose de su incómoda silla para coger las gruesas gafas falsas, sonriendo con malicia. - ¿Y qué dicen las chic…?

Guillermo palidece.

- No te las pongas. - Dice con las pupilas dilatadas.

Samuel desliza el marco sin cristal por el puente de su nariz.

- ¿Por qué no?

Nuevamente, Guillermo huye al baño. Samuel frunce el ceño, confundido.

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En la primera noche de vacaciones de invierno, Guillermo junta su colchón con el de Samuel.

- Hace un puto frío de la hostia. - Murmura, tiritando.

Samuel simplemente se aleja lo más posible de su primo. Él también muere de frío, sí, pero no tanto como para dormir pegado a otro tipo.

Al amanecer, se encuentra completamente enredado en Guillermo.

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A mitad de las vacaciones, Samuel se pasa una tarde entera jugando baloncesto con Luzu. Al volver a casa, se derrumba en la alfombra que yace frente al televisor, completamente exhausto. Guillermo llega unos minutos después, con un pretzel gigante colgando de su boca y las manos llenas de bolsas con frituras.

- ¿Te han dado una hostia? - Pregunta despreocupadamente.

- De hecho, me ha dado un tirón. - Gimotea desde el suelo. - No me voy a volver a mover en la vida.

Guillermo sonríe y arroja la pila de aperitivos al sofá, para luego subirse sobre la espalda de Samuel y empezar a deshacer los miles de nudos de los hombros del mayor.

- Eres un bruto. - Se queja, pero su mente está hecha papilla y las manos del menor se sienten como ángeles cuidando de él.

- Vale. - Guillermo se levanta y se arroja al sofá, tomando una de las bolsas de patatas fritas y vaciando la mitad de estas en su boca.

Samuel únicamente tiene fuerzas para girar la cabeza hacia el menor y poner su mejor cara de cordero degollado. Guillermo simplemente sonríe de lado,  coloca ambas piernas sobre la espalda del mayor como si fuera una mesita de café y se dedica a masajearlo con estas hasta que Samuel cae en brazos de Morfeo.

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En su sexta cita con la maestra Ariana, Samuel se queda dormido viendo una película de vaqueros.

- Al menos el chaval no se ha ido con su primo esta vez… - Cree escuchar antes de caer rendido al sueño.

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Para el cumpleaños de Samuel, sus padres le compran una cama. Una cama de verdad con cabecero de verdad, fundas y sábanas de verdad y hasta dos almohadas. Es demasiado grande para el diminuto lugar, arrinconada en una esquina sin ventanas y puramente anti estética, pero Samuel está tan contento de ya no tener que dormir en el piso que todo eso le es completamente indiferente.

Al caer la noche se arroja sobre el colchón, suspirando gustosamente al sentir la suavidad de la almohada tocar su mejilla. Justo cuando empezaba a caer dormido, siente un peso extra en el colchón. Él no es estúpido, entonces se gira para afrontar a Guillermo, pero este permanece con los ojos fuertemente cerrados y una mueca que se asemeja a una sonrisa.

- Te dije que no iba a dormir en el piso. - Musita.

- Hace seis meses, chaval…

- Y casi es mi cumpleaños también.

Y pues, si lo decía de esa forma, Samuel realmente no podía negarse, así que se voltea y vuelve a intentar conciliar el sueño. Y pronto, se acostumbra a despertar con Guillermo todos los días.

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La maestra Ariana termina con él en su cita número…da igual. Su excusa es clara y simple.

- No eres tú, es tu primo.

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- ¿Has comprado salsa de soja? - Dice Guillermo en forma de saludo. Samuel deja su empapado abrigo en el perchero mientras un aura negra lo rodea. Suspira, sentándose sin delicadeza en la silla de madera barata.

- Ariana rompió conmigo. - Dice, esperándose un “tenía las tetas pequeñas” o un “lo siento mucho” por parte de Guillermo, pero este simplemente reprime una sonrisa victoriosa y dice:

- Sí, pero, ¿compraste salsa de soja?

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Una mañana, Samuel despierta con los gruesos labios de Guillermo rozando su clavícula. Cuando consigue salir del intrincado lío de muslos, se mete al baño y se dedica a darse su cotidiana ducha de agua tibia, usando su típico champú y su típico jabón con olor a hierbabuena, a la par que silba su típica lista de canciones, pero cuando baja sus manos para acariciarse pensando en Guillermo, eso no es típico en lo absoluto.

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Los estudiantes se amontonan en el auditorio para sus exámenes trimestrales. Como aún es un novato, Samuel simplemente debe quedarse una hora a vigilar la interminable fila de pupitres y luego es libre de hacer lo que se le venga a la cabeza. Sin embargo, este prefiere mantenerse en el colegio. Si regresa a la ratonera deberá afrontar a las camisas arrugadas de Guillermo arrojadas por toda la casa, o los cómics de Guillermo ocultos entre los cojines del sofá, o las barras de proteínas a medio comer de Guillermo tiradas sobre la encimera.

Hay demasiados Guillermos en esa frase y en la cabeza de Samuel también, así que se dirige a los sanitarios para intentar despejarse.

Pero claro, Guillermo también tiene que estar ahí.

- Nos han pillado. - Chilla Rubén de 3B, siendo aplastado en uno de los pocos cubículos junto a Alejandro de 3F y a Guillermo de…su departamento, y de su familia, y de su cama.

- ¡E-Esto no es lo que parece! - Tartamudea su primo.

- ¿Así que no estás comiendo pollo frito con otros dos tíos en el sanitario, verdad? - Pregunta Samuel, soltando una sonora carcajada para luego observar su pequeño reloj de muñeca.

Las mejillas de Guillermo no tardan en tornarse coloradas. Samuel se va, riendo durante todo el camino, pensando que lo que sucedió en la ducha no se volverá a repetir jamás.

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Samuel debe levantarse una hora antes el primer día de primavera. No es que él o su cuerpo estén de acuerdo con ello, pero las reglas son las reglas, así que se incorpora de la desordenada cama, extrañándose un poco al no ver a Guillermo durmiendo en una de sus exóticas posiciones, para luego adentrarse al baño con pereza.

Gira el pomo de cobre y mira al lavabo, y de paso le echa un vistazo a Guillermo, quien se encuentra en la ducha, desnudo y sin cortinas, mientras que sus dedos se cierran fuertemente alrededor de su entrepierna. Sus ojos están cerrados y de su boca se escapan fugaces jadeos. Sus dedos se aprietan, y cuando abre los ojos lentamente y ve a Samuel ahí parado…simplemente se corre en su mano, completamente sonrojado.

- ¡Tú, gilipoll…aprende a llamar a la jodida puerta, joder! ¡Hijo de…!

Samuel huye del departamento, duro como el concreto.

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- ¿Te importa si me quedo contigo un par de…años? - Pregunta Samuel, correteando detrás de Luzu. El nombrado se detiene y observa a su amigo con una mirada interrogante.

- Mierda, tío, ¿tu primo ya incendió algo?

En cierto sentido, piensa, y su corazón se derrite lentamente hasta llegar a su entrepierna.

- Sólo será el fin de semana.

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20:11: nos hemos quedado sin comida

20:14: voy a vender la tele y a comprar fideos

20:17: o cigarros

20:17: o drogas

20:18: o putas

20:48: mira tio, los dos somos hombres y no es como si tu no hicieras esas cosas

20:50: vuelve a casa, no pasa nada

Sí, sí que pasa, quiere enviar Samuel, pero sus dedos están demasiado entretenidos colándose culpablemente bajo la tela de sus bóxers.

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La novia de Luzu lo hecha el lunes por la mañana. Samuel se arrastra débilmente hasta al colegio, y cuando llega, se arroja descuidadamente a su escritorio. Poco a poco sus estudiantes empiezan a llegar, mas este simplemente se queda sentado, culpando a su cuerpo por ser de lo peor.

- Yo voy a entrar a la escuela de belleza. - Comparte una de sus estudiantes al finalizar la hora. - Porque estuve viendo Sálvame ayer y esa gente necesita que yo los arregle.

- Pues yo haré política. - Dice otro chico coquetamente mientras hace un vano intento de tomar la mano de la muchacha. - Y haré que cancelen Sálvame.

Por primera vez en todo el día, Guillermo habla.

- Yo quiero ser profesor. - Murmura, observando a la nada.

- Bueno…yo soy profesor. - Dice Samuel, dedicándole una mirada expectante al menor.

- Voy a ser mejor que tú. - Guillermo cierra su grueso libro de golpe, provocando que la mitad de la clase se sobresalte.

- Ese es mi trabajo. - Bufa el mayor con irritación. Todos los alumnos los observan como si se tratase de un partido de tenis.

- Pues será el mío.

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Vuelven juntos a casa. Samuel tararea la canción inicial de Hora de Aventuras. Guillermo camina tras él con las manos enterradas en los bolsillos. El sol hace su descenso y el cielo entero se tiñe de carmesí y naranja. Se mantienen en un silencio muerto hasta que llegan a la casa, entonces Samuel gruñe un “me voy a la cama”, y de repente se encuentra a si mismo siendo lanzado al colchón. Guillermo se sienta sobre él con notorio enfado.

- Ya, ¿sí? - Espeta, arrancando los botones de la camisa del mayor.

- ¿Q-Qué? - Consigue formular el profesor, sintiendo su cuerpo arder en llamas.

 - Está bien que me hayas visto… - Baja una de sus manos hasta el cinturón de Samuel. -… si yo te veo, ¿vale? - Ágilmente, lo desabrocha. - Es justo.

Samuel cree que lo único que serán si hacen eso es ser incestuosos, así que se remueve y cambia las posiciones, quedando arriba de Guillermo. Por un segundo, piensa que el no retirarse es igual de estúpido, pero este pensamiento se esfuma a los pocos instantes.

- Deja de comportarte como un niño, Guille. - Dice mientras le dedica una amenazante mirada.

- Somos prácticamente de la misma edad.

- Yo soy tres años mayor.

- Y yo tres centímetros más alto. - Argumenta el menor, rodeando su trasero con una pierna.

Samuel no tiene idea de lo que ninguno ha dicho hace cinco minutos.

- Solo enséñamela. - Dice Guillermo en tono suplicante. - Y así todo volverá a la normalidad.

Samuel casi se quita los pantalones para demostrarlo, pero claro, eso no es algo que debería hacer con un hombre, o con un pariente, o con un estudiante, y mucho menos con la combinación de los tres, y Guillermo es la lista entera, así que resignado, se baja de la cama y toma su viejo colchón, dispuesto a dormir.

Se despierta con Guillermo colgando de la cama, con su nariz rozando la suya.

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- Quiero que conozcas a alguien. - Dice la maestra Ariana amablemente mientras la asamblea escolar se lleva a cabo. - Vio una foto de ti en mi móvil y quiso…casarse contigo. - Hace una mueca de molestia. - Estoy suavizando sus palabras. - Luzu rueda los ojos.

- En serio chaval, sólo tú puedes hacer que tus ex te busquen novias.

Samuel realmente no está prestando atención. El rostro de Guillermo denota furia incluso desde el otro lado del gimnasio. Varias chicas se cuelgan de él, acariciando su pelo y adulándolo de todas las maneras posibles. El profesor frunce el ceño, molesto.

- ¿Va a quedar con ella? - Insiste la mujer, mientras que con una mano jala la oreja de Luzu con fuerza.

- Claro.

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- Yo le robé a Ari su primer novio. - Comenta Sarah durante la cena. Su voz es chillona y estridente, como un pequeño lorito. Su corto cabello tintado de verde tampoco ayuda mucho. - Así que me sorprende que me haya dejado conocerte. - La chica ríe ante sus propias palabras, Samuel simplemente asiente con su mejor sonrisa falsa.

Su teléfono vibra.

19:13: no vengas pronto, traje a una tia

- Siento como si fuera una trampa. - La chica ríe como una auténtica cotorra y le propina un débil y coqueto golpe en el brazo.

Samuel aprieta su teléfono tan fuerte que la carcasa cruje.

- Es decir, ¿cómo le parece bien que salga con alguien tan maravillo…?

19:15: dónde guardas los condones??

Samuel sale corriendo del restaurante en un abrir y cerrar de ojos.

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El chico corre hacia casa con rapidez, sintiéndose cada vez más seguro de la decisión que ha tomado. A cada paso que da, su temperamento se acorta.

Mientras tanto, continúa preguntándose, ¿quién es la tipa?, ¿por qué?, ¿es ella en la que piensa Guillermo mientras se toca en la ducha?, ¿desde hace cuánto tiempo?,  ¿cómo puede pararlo?, ¿por qué quiere pararlo?

Sube las escaleras de dos en dos, y parece darle completamente igual que probablemente la chica sea una de sus estudiantes y que ellos viven juntos dejaría de ser un secreto. Abre la puerta con violencia, preparándose mentalmente para cualquier escena que esté a punto de presenciar.

Cuando llega a la sala, Guillermo tiene la vista fija en uno de sus videojuegos. El lugar está desierto.

- Hey. - Saluda el menor sin mirarlo. Samuel se desploma en el sofá, harto.

- Tienes que dejar de hacer eso. - Se pasa una mano por la cabeza y suspira con pesadez.

- Nah.

- Guillermo. - Llama su primo, exhausto. - ¿Por qué me detestas tanto?

Con tranquilidad, el menor le tiende un mando.

- Juguemos.  - Frustrado, Samuel coge el control y se arranca los zapatos.

- Si gano, te piras. - Guillermo parece tensarse por varios segundos, pero simplemente sonríe con confianza y lo mira directamente a los ojos.

- Si yo gano… - Hace una pequeña pausa. Su voz temblaba, mientras que sujetaba el pequeño mando con fuerza. -…follamos.

Samuel lo deja ganar.

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A la mañana siguiente, el mayor llama a su madre.

- ¿Qué tan emparentados estamos?

- ¿Tú y yo? - Pregunta la mujer con diversión.

- Guillermo Díaz y yo. Si tienes el porcentaje de ADN te lo agradecería mucho.

- ¿Qué? - Pregunta la mujer con preocupación. - Espera Samuel, ¿quién?

- El chaval que ha estado viviendo conmigo durante ocho meses.

- Oh, el pequeño Guillermito. - Exclama, y Samuel tiene la más impura imagen mental de cuan poco cierto es lo que acaba de decir. - Él es de la hermana de mi padre…quiero decir, hijastro de su… ¿segundo matrimonio?

- ¿Así que no estamos emparentados en lo absoluto? - El muchacho suspira mientras apoya la cabeza contra la pared. A lo lejos, la figura desnuda de Guillermo duerme profundamente.

- Bueno, sólo legalmente, hasta que se vuelva a casar.

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- Lo sabías.

Guillermo se quita los zapatos, arroja su corbata a un rincón perdido de la habitación y cierra la puerta detrás de sí.

- Tienes que ser un poquito más específico.

Samuel se acerca a él de golpe, rozando sus narices.

- Estoy más emparentado a un plátano que a ti, chaval.

- Definitivamente eres mitad plátano. - Ríe Guillermo, cubriendo sus labios con sus pálidas y ásperas manos. Samuel las aparta y lo besa con fuerza, haciendo que Guillermo tire su mochila escolar rodee su cuello con ambos brazos. - Sólo quería… - Murmura con timidez entre el beso. -…que rompieses la ley por mí, ya que me haces pagar por la música.

Samuel quiere llamar a los padres de Guillermo y al doctor que ayudó a sacarlo del vientre de su madre y agradecerles por haberlo traído a este mundo. En lugar de eso, lo aparta y trata inútilmente de recomponerse.

- Si hubiera resultado que fuéramos parientes…nunca habríamos vuelto a hacerlo.

Guillermo sonríe con picardía, y repleto de confianza, avanza hasta el mayor y tira del borde de su pantalón.

- Sí, lo hubiéramos hecho.

Sí, lo hubieran hecho.

 ###.

Samuel paga a duras penas el alquiler de su pequeño departamento, y su dieta básicamente consiste en fideos instantáneos y caramelos de limón que roba de la oficina del director, pero a veces Guillermo lo espera en la esquina del colegio, con el cabello despeinado y un dulce en la boca, mientras le murmura un “llegas tarde”. Como reprimenda, deja de hablarle durante minutos u horas, pero luego observa con ternura el llaverito que le dio en intervalos de catorce segundos, y mientras, Samuel espera sentado lejos, callado, feliz y enamorado. Y cuando el otro tira el libro de texto con un pequeño gruñido frustrado, empuja al mayor y se tira sobre él sin ninguna restricción, no puede evitar pensar que sí, ha encontrado su equilibrio.

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¡Al fin! Me tiré el día entero traduciéndolo y demás, mi coco esta apunto de entrar en corto, fijo (?) Hace mucho no hago un one-shot (técnicamente no lo hice, pero da iwah), así que ya era tiempo :D Si te gustó, dale colatonchito y si gustas un RB. Abatos pa’ ustedes z4

Rules: When you get this, give 5 facts about yourself then pass it on to 10 of your favourite followers.

Grazie Dario (@vivereperpoimorire) per la nomination.

1- Non riesco a staccarmi completamente dalle persone, sento il bisogno anche solo di sapere come stanno ogni tanto.

2- Parlo nel sonno e ho la fobia di dire cose compromettenti che mia sorella potrebbe sentire.

3- Mi piace la pizza con il tonno.

4- Non esco mai di casa struccata, a meno che non debba andare al mare, nonostante il mio concetto di “trucco” consista in eye liner e mascara.

5- Sembro molto socievole ma in realtà sono timida sotto sotto.

Nomino a mia volta
iononsononienteuniverse
ipensieridimestesso
romanticismoamodomio
troppocomplicato
atecipensoiora
wediedtogetheer
la-rilegatrice-di-sogni
dothefuckyou-want
alzateilvolumedellamusica

 “A las niñas les enseñan muchas cosas. Si un niño te pega, le gustas. Nunca intentes cortarte el flequillo. Y un día conocerás a un hombre maravilloso y tendrás tu final feliz. Cada película que vemos y cada historia que nos cuenta nos implora que esperemos el giro del tercer acto: la declaración inesperada de amor. A veces nos concentramos tanto en el final feliz que no aprendemos a interpretar las señales, a diferenciar entre los que nos quieren y los que no. Entre los que se van a quedar y se van a ir. Y quizá el final feliz no incluye un tipo maravilloso: quizá el final eres tú sola recogiendo los pedazos y volviendo a empezar. Liberándote para encontrar algo mejor en el futuro. Quizá el final feliz solo consista en seguir adelante. O quizá este es el final feliz: Saber que a pesar de todas las llamadas y corazones rotos, a pesar de todos los errores y las señales malinterpretadas, a pesar de todo el dolor y la vergüenza, tú nunca, nunca, perdiste las esperanzas.” 

He´s not that into you

Spesso non ci rendiamo conto che il fatto di essere genitori è un grande privilegio che ci è stato donato, una preziosa occasione per imparare ad amare in modo totale e disinteressato e un incentivo a crescere per migliorarsi interiormente, giorno dopo giorno. Avere dei figli non significa fare delle rinunce o limitarsi in alcune libertà, credo invece che consista nel rivoluzionare la propria vita, rendendola piena di amore e ricca di valori.
Sabrina Ducci

L’organo che vigila sui cronisti pretende di imporre termini ritenuti politicamente corretti. Al bando persino zingari e nomadi, meglio «romanì»

“Tu credi, immagino, che il nostro compito principale consista nell’inventare nuove parole. Neanche per idea! Noi le parole le distruggiamo, a dozzine, a centinaia. Giorno per giorno, stiamo riducendo il linguaggio all’osso. […] Che bisogno c’è di una parola che è solo l’opposto di un’altra? Ogni parola già contiene in se stessa il suo opposto. Prendiamo “buono”, per esempio. Se hai a disposizione una parola come “buono”, che bisogno c’è di avere anche “cattivo”? “Sbuono” andrà altrettanto bene, anzi meglio, perché, a differenza dell’altra, costituisce l’opposto esatto di “buono”. […] Non è una cosa meravigliosa?»
«Ovviamente» aggiunse come se gli fosse venuto in mente solo allora, «l’idea iniziale è stata del Grande Fratello.» […]
«Non capisci che lo scopo principale a cui tende la Neolingua è quello di restringere al massimo la sfera d’azione del pensiero? Alla fine renderemo lo psicoreato letteralmente impossibile, perché non ci saranno parole con cui poterlo esprimere. Ogni concetto di cui si possa aver bisogno sarà espresso da una sola parola, il cui significato sarà stato rigidamente definito, priva di tutti i suoi significati ausiliari, che saranno stati cancellati e dimenticati. [..] Tutta la letteratura del passato sarà stata distrutta: Chaucer, Shakespeare, Milton, Byron, esisteranno solo nella loro versione in Neolingua, vale a dire non semplicemente mutati in qualcosa di diverso, ma trasformati in qualcosa di opposto a ciò che erano prima. Anche la letteratura del Partito cambierà, anche gli slogan cambieranno. Si potrà mai avere uno slogan come “La libertà è schiavitù”, quando il concetto stesso di libertà sarà stato abolito? Sarà diverso anche tutto ciò che si accompagna all’attività del pensiero. In effetti il pensiero non esisterà più, almeno non come lo intendiamo ora. Ortodossia vuol dire non pensare, non aver bisogno di pensare. Ortodossia e inconsapevolezza sono la stessa cosa.»

Io credo che il narrare consista nel tenersi sul filo della temporalità: ossia nel sentire e far sentire come tutto cambia ogni momento, e come in ogni momento si debbano usare le parole in modo diverso, con accezioni diverse; e nel sentire e far sentire che tutte le nostre frasi e gesti e toni dipendono dal variare dei momenti, nella fluidità dello scorrimento, nell’impossibilità di fissare un senso perpetuo e definitivo. Mi sembra di capire che per questo il narrare è così antitetico ai discorsi disciplinari e scientifici: perché in quei discorsi il problema è esattamente l’opposto, ed è quello di produrre posizioni atemporali, ossia definizioni che vogliono dire la stessa cosa in termini univoci e che non variano col variare del discorso.

Gianni Celati

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Aveces nos concentramos tanto en el final feliz que no aprendemos a interpretar las señales, a diferenciar entre los que nos quieren y los que no. Entre los que se van a quedar y se van a ir. Y quizá el final feliz no incluye un tipo maravilloso: quizá el final eres tú sola recogiendo los pedazos y volviendo a empezar. Liberándote para encontrar algo mejor en el futuro. Quizá el final feliz solo consista en seguir adelante. O quizá este es el final feliz: Saber que a pesar de todas las llamadas y corazones rotos, a pesar de todos los errores y las señales malinterpretadas, a pesar de todo el dolor y la vergüenza, tú nunca, nunca, perdiste las esperanzas.
Mauro: bond europei per impresa comune su crescita

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Il metodo europeo non vuol dire soltanto Germania ma tutti quei paesi che hanno fatto della stabilità, e cioè della capacità di controllare i conti pubblici e di tenere sotto controllo il debito, un must per quello che è lo sviluppo dell’Europa.

In questi anni abbiamo ascoltato svariate teorie: tutti quanti ci hanno detto che occorreva mettere da parte le politiche di austerità e passare invece a quelle per la crescita. Fatto sta però che mentre i tedeschi sono molto concreti nel dirci in che cosa consiste l’austerità, nessuno è concreto nel dirci in cosa consista la crescita e con quali modalità la sviluppiamo.  Per essere efficaci su questo punto personalmente penso che la strada maestra sia quella dei bond europei, una strada indicata da molti, anche in Italia, come Quadrio Curzio e Romano Prodi.

Mi riferisco cioè ad uno strumento che consenta di costituire un debito europeo al di fuori del debito degli stati così da trainare la crescita e però rendendo indispensabile che ognuno faccia quelle riforme necessarie (per quanto mi riguarda fisco, giustizia e scuola in Italia) perché si provveda ai propri debiti; se non teniamo i due aspetti insieme il timore che si ingenera tra gli stati è quello che vi sia qualcuno che voglia approfittare delle risorse altrui non per un’impresa comune, la crescita nell’Euro zona appunto, bensì per ripianare le specifiche e proprie difficoltà di debito.

Fonte: dalla trasmissione TV AgoràRai 26-8-2014

Mas o homem é uma criatura volúvel e pouco atraente e, talvez, a exemplo do enxadrista , ame apenas o processo de atingir o objetivo, e não o próprio objetivo. E — quem sabe?— não se pode garantir, mas talvez todo o objetivo sobre a terra, aquele para o qual tende a humanidade, consista unicamente…
—  - Dostoiévski.
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