Al cocinar se aprende a escuchar

Más que seguir una receta o poner en un sartén varios ingredientes, cocinar requiere tacto, creatividad, sensibilidad y sobre todo amor para ofrecerle a los comensales un plato que disfruten, sin importar la dificultad de su preparación o sus circunstancias, esta fue la primera enseñanza que sobre el mundo de la cocina aprendió Carlos Vivas, el chef Imusa que en esta ocasión nos habló de lo que lo hizo sumergirse en la gastronomía. 

Día tras día se aprenden cosas nuevas


Aunque lleva poco tiempo en el oficio Carlos está muy bien calificado,  realizó el Programa Chef Técnico en la Escuela Gastronómica de Occidente (Cali), un diplomado de Barista Manager (preparador experto en el negocio del café), Bartender Profesional y  un Programa Profesional en Cocina Mexicana en el Centro Culinario Ambrosía en México D.F. 

Según Carlos, no hay un tiempo en específico para convertirse en chef, todo  está en la dedicación, organización y el esfuerzo que se le meta a esta profesión en la cual día tras día se aprenden cosas nuevas.

Se queda con lo nuestro

Decidió convertirse en chef por querer hacer algo diferente, por innovar en la cocina de nuestro país, por interactuar con la gente, por eso se puso a investigar sobre esta carrera y se dio cuenta de las cosas tan importantes que tiene para realizar.

Al preguntarle con cuál cocina se sentía identificado, sin dudar Carlos se inclinó por nuestra gastronomía colombiana, ya que con ella creció y de ella ha aprendido muchísimas cosas y de personas que llevan la cocina y la cultura colombiana en las venas, que le han enseñado con pasión y con esa emoción de transmitir todo ese conocimiento.

Un buen conocedor

A la hora de entrar en acción en la cocina, Carlos prefiere emplear el sartén Selecta Porcelana de Imusa para preparar carnes con algún tipo de salsa porque permite manejar buenas cantidades de comida y gracias a su Antiadherente no se pegan los alimentos.
Su fascinación por los purés lo lleva a emplear repetidamente el Prensa Papas Nylon Selecta de Imusa, así mismo el pelador de verduras de esta misma línea y los Recipientes Herméticos Imusa para almacenar los alimentos y tenerlos listos antes de cada preparación.

Nuestro chef, también nos da unas recomendaciones para aquellos amantes de la culinaria:

  • En los asados, se debe comprar carne madurada y de un sitio que cumpla con las normas de buen manejo de alimento, así será blanda al momento de consumirla.
  • Realicen los cortes en la carne al momento de asarla para que no pierda muchos jugos y no quede seca.
  • Cortes gruesos para obtener los términos deseados.
  • Solo agregar la sal cuando la carne se esté asando o cuando ya esté sellada por un lado (en este caso si se está asando por porciones) y si se está asando por piezas completas de carne, si se puede agregar la sal desde antes de ponerla en la parrilla para que alcance a penetrar.
  • Manejen buena temperatura, no tan cerca al fuego, denle altura a la parrilla si está muy alto el fuego.


Legado de experiencias

A través de este oficio Carlos ha aprendido a interactuar con las demás personas, a escuchar y a trabajar en equipo. Del gremio admira la ejecución y toque de chefs reconocidos como Jorge Enrique Cárdenas, Hobany Velasco y Carlos Yanguas.

Sabe que si tuviera que impresionar a alguien con un plato tendría que investigar los gustos de esa persona esforzándose al máximo en el montaje y decoración del plato y que si llegara el día de probar su última comida, unos fríjoles caraotas, arroz blanco, carne frita, tostadas y un buen jugo de lulo, preparado por las manos de su madre serían su  elección.

Si ustedes tuvieran que elegir el plato se su última comida, se inclinaría por la opción de nuestro chef Carlos Viva o… ¿Cuál preferirían?


1/30/11 - Seville: Day 1

Last week, Fernando mentioned something to us about getting a trip together to go to Seville, Spain, which is about six hours south of Salamanca. A lot of people were interested in going, so within the week, we had a trip to Seville planned for only €90, which included the hotel, breakfast, dinner, and transportation.

We stayed at Hotel America, which was such a nice change of pace from Helmantica and the hostels we’ve been staying in. Corynna and I roomed together and we mostly hung out with Kevin and Christian the whole weekend, who also roomed together. When we first got there, we had about six hours of free time before dinner so the four of us went to get lunch around the corner from our hotel. It was the best meal I had eaten since I’ve been in Europe. Our meals consisted of oxtail, grilled tuna, chicken and steak and I think total, with drinks and everything, it came to about €15 per person, which for what we ate, was a great deal! And the food was so delicious. 

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Following the meal, the waiter brought us four cups of an unidentifiable drink. We couldn’t figure out what he was telling us it was, but it was something that cleaned out your insides after your meal. We decided it looked like olive oil, or bull piss, depending on what you’d rather call it. We weren’t sure if we should be taking it as a shot or as a drink or what. All I know is that it was disgusting and I could hardly finish mine. Once the bill came, we realized that the drink must be the “4 comensales” that were listed on the check. We learned that it is a drink you have with your comensales, which is probably something like a drink with friends. The Facebook album title of the Seville trip came to be known as “Cuatro Comensales.” Quite appropriate, I thought.

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After lunch, we walked through the little market in the square where our hotel was located and then we decided to go on a hunt for some flamenco dancing shows for either that night or the next. We found both places that we had heard had flamenco, but one was closed until February and the other was pretty expensive but if we couldn’t find anything else that was going to be our choice. While walking all over Seville looking for flamenco, we came across some rain. And when I say some, I mean a lot. And of course, our luck, there was no shelter to be found anywhere. So here we were, four drowned rats trying to find our way back to our hotel. It was a ridiculous sight. Oh and another thing – the pants Kevin was wearing were the only ones he had for the whole weekend. And of course, they were soaking wet.

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We found our way back to the hotel in time for dinner and it was amazing! The first course was pasta with meat sauce and the second was chicken with two different sauces. They also served us a dessert that tasted like it had some sort of coffee or amaretto sauce drizzled on it. Overall, the meal was fabulous and definitely a step up from Helmantica. After dinner the four of us went looking everywhere for a bar that was opened so we could just sit down and get a drink. We learned quickly that Seville is not Salamanca and we found it really strange that essentially every bar was closing at around midnight. So we chose to stop into a deli café that was also closing soon to get some cans of Cruzcampo, which is the local beer in Seville. It’s legal to drink alcohol in public, so we took our cans of beer and sat in the park right outside our hotel with them. We kept joking about how classy we were being. It was quite the experience.

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Dime cómo comes...

El comer es un placer y el cocinar es un arte. Todas las personas tienen gustos particulares con respecto a la comida. Lo que nos gusta y lo que no. Lo que preferimos comer y lo que evitamos. Y todos tenemos nuestra forma de comer, derivada de nuestra educación de la influencia cultural a la que fuimos sometidos. En algún punto todos somos bastante parecidos, pero hay algunos especímenes que se destacan entre la masa. A saber: 

El complicado

"Un Angus Deluxe sin cóndimentos, sin tomate, sin pepinos y sin cebolla", tambíen conocida como la forma más cara de pedir una hamburguesa con queso.

Si señores. He de confesar que de pequeño yo pertenecía a este grupo, alimentarme debe haber sido un verdadero problema para mis señores padres que a esta altura deberían haberse recibido de santos o de verdaderos dominados. No obstante la reglas conmigo eran fáciles: si podía freírse entonces si, si era verde entonces no. Si era verde y podía freírse representaba una inversión de riesgo. Hoy por hoy son consciente de que muchas de mis reacciones adversas hacia la comida estaban fundamentadas fuertemente en capricho y orgullo. Conforme crecí y me volví respetable (?) fui dejando de lado casi todas esas manías, amen de un par que me guardo muy cariñosamente (como mi bien conocido miedo fóbico al pure de calabaza) 

¡Pero vamos! Dejando a mi pequeño alterego de lado. ¿Quién no conoce a alguna personas que encaje con este estereotipo? Todos tenemos una o dos cositas que no nos agrada comer, eso no nos hace complicados. El verdadero complicado (con negrita, por eso le puse negrita) es aquel que cuando vamos a un restaurant le pregunta al mozo que contiene cada uno de los platos de la carta buscando aquel con la configuración especifica de los tres o cuatro ingredientes que le gustan y se anima a comer. Es más difícil de conformar que un kosher en una salchichonería. Y lo peor es que sabemos que a ciencia cierta no está seguro de que algunas cosas le gusten o no. El complicado no prueba nada nuevo, él está bien con su milanesa con papás fritas. ¿A la milanesa no le ponés perejil no? Ah, si no sabés entonces mejor no, por las dudas…

El asqueroso

"Una grande de muzarella. ¿Y me podrias traer mayonesa?"

Los asquerosos nacieron sin la capacidad de combinar sus alimentos de una forma coherente. Todos podemos jugarla de exóticos de vez en cuando y poner cuadraditos de manzana en nuestra ensalada, pero este estereotipo excede las barreras del buen gusto. Una vez me tocó convivir un par de meses con una persona que por suerte solo se digno a cocinarme una vez. Su plato maestro consistía en fideos recubiertos con medio kilo de mayonesa Hellmans (claramente cortada en aceite + huevo por el calor de los fideos) mezclados con camarones fritos del almuerzo recién sacados de la heladera. Ellos, los asquerosos culinarios, conciben la cocina como el arte de multiprocesar todo junto y se ocultan bajo la frase “en el estomago se mezcla todo”. Verlos comer es casi nauseabundo y compartir con ellos su alimento lo es todavía mas. 

El sugestionable

"¿Sabías que el aderezo Cesar lleva anchoas?", o la forma de hacer que la ensalada Cesár deje de ser su favorita.

Estas personas se emparentan a los complicados. En general están repletos de prejuicios alimenticios por cosas que creen no gustarle. La única diferencia fundamental que tienen entre sí radica en que los sugestionables SI se atreven a probar platos nuevos y sin saberlo comen todos los días ingredientes que están seguros de odiar. La ignorancia para ellos es un escudo. Si alguna vez conocen uno que les caiga verdaderamente mal regalenle un recetario de cocina, si lo lee conseguirán arruinarle la vida.

El hiper lento

"¿Eso no está frío ya?"

Todos tenemos distintas velocidades para comer. No es mi objetivo criticar a quienes se toman su tiempo con la comida y se dedican a saborearla tranquilamente. Pero hay personajes que su lentitud los caracteriza y su pasividad para comer va mas alla de lo concebible. Su principal problema es que el acto de sentarse a la mesa les aburre y por ello todo lo sucede alrededor que no implique llevarse bocados a la boca les llama mas la atención y lo disfrutan más. Este tipo de personas suele participar muy activamente de cualquier conversación que se origine durante la cena, al punto en que llegan a olvidarse por completo de el hecho que estaban comiendo. Generalmente no llegan a terminar sus platos porque la comida comienza a descomponerse antes, o sencillamente porque llegado el punto prefieren saltearse e ir directamente al postre (por alguna razón siempre aman los postres). Son el peor tipo de comensal para acompañarnos en un almuerzo de trabajo en donde los minutos estén contandos.

El métodico

Para él comer es un arte, todo bocado debe ser minuciosamente calculado para corresponder a sus estándares. Nadie sabe que lo motiva o por qué hace lo que hace, pero él necesita cumplir con su ritual a la perfección para seguir adelante. ¿Qué es puntualmente lo que hace? Varía de caso a caso, yo he conocido personas que antes de comer construían una suerte de lasagna con todos los ingredientes del plato y luego cortaban trozos procurando atrapar la misma cantidad de cada cosa a la vez. Otros construyen pequeños brochettes en sus tenedores que solo se animan a llevarse a la boca una vez que están completos. No entiendo que motiva tal obsesión, pero amén de que pueda resultar algo exasperante son bastante inocentes y divertidos de observar.

El separatista

Son el opuesto de los métodicos. Los separatistas son aquellos que se encargan de reducir un menjunje de cosas a sus ingredientes básicos para luego comer por separado. Si conocen a una persona así nunca le sirvan un guiso, lo van a volver locos.

El mano larga

El peor enemigo del ceremonial y protocolo. Esta persona responde a un impulso primitivo de comer cualquier cosa con la mano. Lo entiendo de la pizza y las empanadas. Las papafritas están bien si el lugar es mc donalds, la pata de pollo también si tenes 10 años. El resto NO, a ver NO. Los mano larga no puede evitarlo, ellos parecen ser mucho pero mucho más felices con los dedos engrasados y la ropa llena de restos de comida. ¡Impresentables!

Viñeta de Santy Gutiérrez sobre la comunicación entre personas y las nuevas tecnologías.

La verdad es que mas de una vez me he encontrado en una situación similar, en la que la mayoría de comensales en la mesa estaba hablando en el mismo grupo de Whatsapp…

Me quiero aspirar la grasa del cuerpo y usarla para hacer tortafritas que luego puedo comercializar, teniendo así una fuente de dinero. O en caso opuesto, comermelas, lo que dará como resultado más cantidad de grasa para aspirar y cocinar, ergo más comida para mi y mis comensales.

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El cevichano

Paseando por el mercado número 1 de Surquillo buscando ya no me acuerdo qué, vimos este colorido y lindo puesto de cevichería llamado El cevichano.

No hay mejor forma de saber si un lugar es rico si no por la cantidad de comensales y al puesto 191 le queda chica su barra. Para empezar te atienden súper bien y la música criolla de fondo saliendo de un juguete de Fisher Price te ponen de buen humor para un ceviche, no importa que haga frío, o que el piso esté mojado (vamos estamos en un mercado, donde los olores y colores se mezclan) Y así empieza, si quieres un ceviche de pescado solo te cuesta s/.16 si quieres uno mixto s/.18, además a eso si quieres combinarlo con chaufa de pescado o chicharron de calamar te cuesta s/.20 +  la chicha que es deliciosa s/.1.50 y todos estos platos vienen con un increíble chilcano calientito. De pronto este lugar se ha vuelto nuestro point para Franco y para mi y es que el ceviche esta fresquísimo y delicioso, ya hemos llevado a nuestros amigos para que lo prueben, no cabe duda que regresaré una y otra vez :)

“¿Somos una de esas parejas aburridas por las que sentimos pena en los restaurantes? ¿Somos los comensales muertos?”

Ideas para gozar de los asados… sin comer carne

Cuatro días con el carbón prendido da para mucho: Ya sea vegetariano o no, lo invitamos a disfrutar de nuestra fina selección parrillera.

Ocho recetas de preparaciones que se pueden hacer a la parilla y no necesariamente necesitan ser carne para dejar contentos a los comensales. Ya sea vegetariano o no, lo invitamos a disfrutar de nuestra fina selección parrillera.

Guadalupe, otro milagro de México

Brisa salada, sol alcohólico, noches acidas, suelos estrictos. Estos son los brazos y piernas de Guadalupe, un Valle que tiene cuerpo y carácter caprichoso.

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Me puse en el estado más patriótico y sentimental que tengo al escribir este artículo. La realidad es que nadie es profeta en su propia tierra, sin embargo para los mexicanos, existe un cierto orgullo e interés por los vinos propios. Cuando se trata de vinos, los mexicanos dejamos de ser malinchistas. Tengo varias teorías que creo que explican este patriótico comportamiento, la primera es, por pretensión. Varios de nuestros vinos son sumamente caros y es posibilidad de pocos adquirirlos, por lo que, demostrar quien es el más poderoso en la mesa es una actitud común entre los comensales de los restaurantes en México.

Otra teoría es que nuestro paladar está tan acostumbrado a sabores picosos, complejos y grasosos que sentimos esa misma necesidad al beber, intensidad y corpulencia, alta concentración en color, y que nos limpie la boca saturada de condimentos. Simplemente, damos por hecho que un vino mexicano, debe maridar con comida mexicana, no siempre es cierto, pero a nosotros, nos gusta que las cosas nos sepan fuerte.

La última creencia es que, la simple facilidad de que la etiqueta de nuestros vinos venga explicada en nuestro idioma, ocasiona que nos apetezca no sólo el sabor, sino evitar la vergüenza de no poder pedir, pronunciar, o entender los vinos de otras nacionalidades. Si no me creen, profundicen en si es coincidencia, o no, que los vinos más consumidos en México sean  los españoles, chilenos, argentinos y mexicanos.

Quizás la verdadera razón por la que la fama del vino mexicano, especialmente del vino de Valle de Guadalupe esté creciendo y haciéndonos más vulnerables a sus encantos sea que las bodegas se han encargado de difundir y promocionar sus marcas tan correctamente que crean expectativas sumamente altas y acertadas en los consumidores, o dicho con mis palabras: “sólo un mexicano, sabe venderle a otro mexicano”.

Valle de la Lupita como la gente de allá, cariñosamente le llama. Es un Valle desértico, con altas necesidades de agua, exposiciones solares de hasta 42º C durante el día y bajas de hasta 3º C durante la noche. Obliga a los agricultores a gastar fortunas en la producción o a desertar del sueño. Y no por esto les asegura un año de calidad, pero si los obliga a ser creativos, situación que se ve claramente en sus vinos, pues poseen mezclas desde cuatro, cinco, seis o hasta siete uvas en sus ensambles. No alabo este funcionamiento pues es difícil apreciar así las características del terruño mexicano, sin embargo lo entiendo. El clima es sumamente bipolar y las mezclas de diferentes variedades de uvas son un comportamiento común entre los agrónomos del Valle. Buscan como resultado, caldos que puedan gustarnos a todos. Menos riesgo, más marketing. Mucha creatividad, ese pareciera el lema.

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Hay dos ramas de productores bien claras en el Valle de Guadalupe, los que trabajan bajo el concepto, cooperativas y los que lo hacen por su cuenta y son dueños de la tierra y de la bodega productora. Los primeros necesitan hacerse fuertes de la unión y compran uva de diferentes viñedos, además de que rentan las bodegas en donde embotellan. Es una forma de producir para los que sueñan con esto y no están dispuestos a esperar tener el capital que les permita tener su propio viñedo. Los segundos son grandes productores que poco necesitan de los demás pues su tecnología es suficiente para hacer productos más estandarizados año tras año aunque sus vides sufran de cambios climáticos, lo contrarrestan con tecnología y pagando enólogos.

Conocer a La Lupita es saber que más del 80% de la gente que trabaja la tierra dónde nacen nuestros famosos Nebbiolos, son oaxaqueños. Gente que hace años viajo a la frontera de Tijuana persiguiendo el sueño americano y se quedó petrificado entre su tierra y el lejano sueño de cruzar. Esta gente que trabaja todos los días bajo el sol ardiente es testigo y partícipe de lo complicado que es que se realicen nuestro vinos. El glamour que todos conocemos y que ligamos tan íntimamente con beber y comer bien, allá se complementa con polvo, sol, y el silencio que tienen los campos en dónde nace todo este lujo. Pocas veces nos detenemos a pensar en esto. Después de conocer el Valle, fue imposible no sentirme atraída y conmovida por el trabajo que se hace. Su filosofía: Perseguir lo endémico, preservar lo propio.

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Es por el apego y cariño a mis raíces que me siento obligada a contar un poco de lo difícil que es para los vinos mexicanos el subsistir. Con impuestos tan ilógicamente altos, poco apoyo del gobierno a la agricultura, climas septentrionales, escases de agua entre otras cosas. Es casi un milagro para aplaudir a los que logran que podamos degustar una botella del Valle de Guadalupe en varios restaurantes de nuestro país.  Yo con gusto pago más por un vino de mi tierra que por el de cualquier otro lugar, y felicito a quienes, por la razón que sea, acostumbran pedir, de vez en cuando, un vino mexicano porque al hacerlo fomentan el crecimiento de esta industria y ayudan a que los precios bajen.

No tengo un problema en admitir que muchas veces los vinos que nos ofrecen nuestros campos no nos otorgan la mejor relación entre su precio y su calidad. Es lo endémico, el trabajo de muchos oaxaqueños, la creatividad y el patriotismo lo que nos hace consumirlos y apreciarlos. ¿Qué de malo tiene en darle un lugar especial a lo sentimental, y un valor alto a los productos artesanales, ¿no es eso lo que asombra a tantos extranjeros, y consideran invaluable de nosotros?. No pagamos sólo por el liquido que nos tomamos, sino por todo lo que nos hace sentir tener una botella, “Made in México” en nuestra mesa. ¡Nos hace sentir orgullosos, y ese, es su verdadero valor!.

Felices fiestas. Hasta la próxima.

Tarde

Miraba por la ventana cuando empezó a lloviznar, se empezó a distorsionar todo lo que había, el auto  se movía rápido, las luces iluminaban el ruido citadino que se creaba fuera. En el sutil reflejo veía mi rostro sin expresión cuando las gotas en el cristal comenzaron a acomodarse como lagrimas: “ojala y no tenga que verme así más tarde” pensé “no estoy preparada para esto… aunque en realidad ¿qué es esto?”

 

El taxi se detuvo frente al restaurante, tome mi bolso y me escabullí rápidamente dentro del edificio, el deleite nocturno inundaba el lugar, estaba todo a media luz, era cálido con paredes de ladrillo rojo, el olor a pasta, vino y salsa me hizo caminar mas lento, como si flotara como el suave aroma en el ambiente, había pocos comensales y nadie parecía estar consiente de las mesas ajenas, tome una del rincón, no quería a nadie cerca cuando sucediera.

 

Me senté y me quite algunas gotas de agua que alcanzaron a atrapar mis brazos y me hundí nuevamente en recuerdos e interrogantes. Había llegado 15 minutos antes, como siempre la más puntual, ojalá y hubiera llegado al mismo tiempo que él así no hubiera tenido tiempo para mortificarme tanto, no lo pensaría demasiado sólo pasaría. Mire alrededor y traté de concentrarme en otra cosa, vi como una pareja se tomaba de la mano por encima de la mesa.

 

“Alguna vez estuvimos así, creo. No puedo recordar, es como si todo hubiera pasado hace mucho tiempo… bueno, en realidad si ha pasado tiempo, casi un año pero si contamos la última vez que nos mirábamos así debió ser hace bastante ¿o no? no, no, si hubo momentos en los que… ¿porqué no puedo recordar? es como si mi mente me protegiera, es gracioso por que estoy aquí, esperándolo. ¿Cómo pude ponerme en esta situación? es cierto que no me cuesta meterme en problemas, pero esto es un problema al que no quiero enfrentarme, bueno si, bueno no es un problema… demonios.”

 

Vi el reloj, faltaban 5 minutos aún. Empecé a pensar en la posibilidad de que él no apareciera pero vamos ¿acaso no fue él quien me citó aquí? quizás sólo lo hizo por cortesía, después de todo estaba en la ciudad y habíamos dejado todo en buenos términos pero de eso a intentar amistar, me resulta un poco disparatado. Han pasado meses, cada quien tuvo tiempo de lamer sus heridas, pero aún así todo estaba borroso,  vulnerable, incierto. Quizás sólo para mi,  saber como están ordenados los pensamientos de otra persona es una habilidad que resultaría muy útil ahora, pero creo que ni conociéndolos sabría que hacer o que querer.

 

Vi por la ventana su silueta, lo reconocería entre un millón, entró al lugar lentamente mirando discretamente todo a su alrededor, su expresión era relajada como siempre, como si tuviera todo en control, se acerco a la hostess y se inclinó para preguntarle algo ¿siempre ha sido así de alto? espera, ¿estaba esa chica ahí cuando yo entre? seguramente pasé a su lado corriendo y con cara de susto como si alguien viniera tras de mi con un cuchillo en la mano, que pena. Él hizo una mueca y camino hacía el salón, tomó una mesa cerca de la puerta y se sentó dando la espalda, seguramente pensaba que yo no había llegado todavía. Sacó el teléfono y empezó a pasar sus dedos por la pantalla.

 

A lo lejos decidí tomar un minuto para tranquilizarme y examinarlo, pero seguía sin poder concentrarme, sentía que el corazón me latía muy fuerte y tenía miedo que alguien alcanzara a escucharlo, las palmas de mis manos se pusieron frías. Me levante y camine hasta él, pensé en ponerle una mano sobre el hombro pero opte por caminar hasta estar dentro de su campo de visión y decirle hola. Se me salió casi como un susurro, él levanto el rostro e hizo un gesto de sorpresa, se puso de pie y quedamos frente a frente a apenas unos centímetros, yo dude si darle un beso en la mejilla o un abrazo o sólo estrechar su mano, eso ultimo era tan ridículo, pero el se adelantó y me dio un rápido abrazo, fue extraño tenerlo tan cerca.

 

-¿Dónde estabas?

 

-Ahí en aquella mesa- señale con el pulgar el rincón que se convirtió en mi confidente.

 

-Ah, no te vi

 

-Me di cuenta.

 

Me senté frente a él, acomode mi pequeño bolso en la mesa y me di cuenta que mis manos temblaban, rápidamente las puse sobre mi regazo, entrelazando los dedos fuertemente intentando estabilizarlos. Lo miré, sentí que no lo había visto en años, parecía que todo en él había cambiado pero era el mismo, siempre tan atractivo, tan armónico, un suave aroma se mezclaba con los aromas del lugar, era su aroma.

 

-¿Cómo has estado?

 

-Bien, todo bien.- dije sin convencerme demasiado

 

-¿Qué has hecho?

 

“Si pudiera contarte” pensé. En los últimos meses había estado dentro de un ciclo de malas decisiones y un torbellino de emociones, mi vida se había transformado, sentía que me había pasado de todo y al mismo tiempo sentía que no había hecho nada. Pero pensaba en él tanto, por ratos se convertía en mi tema de conversación preferido y a veces parecía olvidarlo por completo. Si alguien sacaba a colación nuestra extinta relación nadie sabía como yo reaccionaría, a veces bromeaba, otras me deprimía, hubo ocasiones en las que me irritaba y otras en las que cambiaba el tema de inmediato.

 

Insostenible, así se volvió mi situación con él, era como si hubiera dejado de ser una persona y se convirtiera en un ente que me seguía a todas partes y sin embargo no estaba ahí, su ausencia alimentaba mis suposiciones y a lo lejos me imaginaba como sería su vida ahora.

 

Nos adentramos en una conversación muy casual, sin profundizar mucho en nada, a veces decía algo que de inmediato ponía un recuerdo en mi mente, esos recuerdos que saltaban casi en contra de mi voluntad. Al mirarlo intentaba encontrar la respuesta que estaba buscando y que pondría fin esa duda que me comía las entrañas.

 

El hablaba de muchas cosas, de sus viajes y de los lugares a los que había ido, yo lo observaba detenidamente, como si todo se hubiera hecho mas y mas lento. De pronto tuve la sensación de que realmente nunca lo había visto, no como ahora, era como si fuera un total extraño, era él pero era otro. Por mi mente pasaron las pocas interacciones que habíamos tenido desde el desenlace, también recordé todas las conclusiones a las que me habían llevado los minuciosos y constantes análisis que había hecho del antes, durante y después. Hice un rápido repaso de toda la memorias, lo bueno, lo malo, lo peor. Me había propuesto, desde el principio del fin, a ser objetiva, y es que cuando una relación termina solemos apoyarnos en los recuerdos, para superarnos o para hundirnos, intente concentrarme en la resolución y en seguir adelante. Ninguna pausa debe ser tan prolongada como para detenernos mucho tiempo y bueno, aunque algunas veces me adelante y quise avanzar corriendo, nada funciona mejor que quedarse quieto y vivirlo, el dolor, la soledad, la negación, la nostalgia… todo te lleva a conocer de alguna u otra forma el camino hacia la salida o hacia la entrada, es cuestión de percepción.

 

Sus palabras se deslizaban suavemente, sonreía ligeramente, sus manos apenas se movían, todo era tan pacifico pero ahí mismo dentro de mi había una tormenta, de esas que arrasan con terrenos enteros y que azotan edificaciones, que provocan ríos en donde debería haber veredas, que se lleva todo y destruye cuanto hay, que provoca un caos y al final se va, como si no hubiera existido y sólo deja tras de si la calma y la nada.

 

La conversación se desvió casi sin darnos cuenta y empezó a girar en torno a nuestra relación, a la que fue y a la que pudo ser. Me incomodaba hablar de eso pero era como si no pudiera parar, fluía como si fuera ajena, lejana. Los dos teníamos ese aire despreocupado, placentero, como si aquello no tuviera demasiada importancia, demasiado peso, demasiadas lagrimas.

 

Así me di cuenta que los dos habíamos llegado al mismo punto pero en diferente lugar.

 

-Si nos queríamos ¿verdad?- preguntó como si se dirigiera a una inexistente tercera persona.

 

-Fue bonito mientras duro, aún no se si creo en  el amor eterno pero me gusta pensar que jugamos a encontrarlo en el otro, que por lo menos, en lo que va de esta vida, lo logramos.

 

-Es mejor así, quedarse con lo bueno. Me alegra que haya pasado.

 

-A mi también, en realidad no hubiéramos podido llegar tan lejos, ahora me doy cuenta, es decir, ahora que podemos verlo claramente.

 

-¿Sin ser cegados por el amor?

 

-No, sin justificarnos en nombre del amor.

 

-No entiendo

 

-Puedo decir, que te ame más que nada en el mundo, o al menos así llegue creerlo ahora todo me resulta vago, como si le hubiera ocurrido a alguien más, no se, es extraño, es como si hubiera salido de mi y está esperando volver a aterrizar pero diferente, en otra situación, en otra persona.

 

-¿Por qué lo dices?

 

-Es como si ya no te conociera más, como si hubieras desaparecido y eso me llevará lejos de ti y de todo lo que paso. Pero eso es bueno ¿no? es decir, después de todo este tiempo por fin estamos en la misma página.

 

-En la última página.

 

-Si, es triste pero liberador, me siento mejor, esperanzada.

 

-¿Esperanzada?

 

-Emocionada porque ya no me siento en pausa, puedo seguir.

 

-Perseguir tus sueños románticos

 

-Cualquier sueño, cosas como ésta te frenan y te mantienen dormido mientras la vida pasa. Se acabo, puedo seguir soñando…- Hice una larga pausa y me quede ida, así sin más, viendo sin ver.

 

-¿Qué pasa?

 

-Me acabo de percatar de algo, no te he soñado.- dije mirándolo a los ojos con expresión atónita.

 

-¿Cómo?

 

-No te he soñado. Verás, yo solía soñarte mucho, siempre, todo tipo de sueños desde los mas locos hasta las pesadillas, siempre estabas presente, era como si me acompañaras en todo. Hubo temporadas en las que te soñaba a diario, era casi como si continuara mis días contigo mientras dormía, como si ni mi subconsciente quisiera esperar para verte de nuevo, para estar junto a ti. Cuando todo acabo te seguía soñando, incluso me despertaba en la madrugada a causa de esos sueños, no podía estar tranquila, a veces despertaba llorando otras me despertaba con ganas de salir corriendo a buscarte. Pero bueno, no nos pongamos melancólicos, el punto es que hace meses que no te sueño.- dije sonriendo.

 

-¿Y eso es algo bueno?

 

-Si, lo es. Ya había pasado por esto, por la resolución. En el fondo lo sabía pero me negaba a soltar algo que en realidad ya no existía, yo lo sabia pero tercamente me aferraba a algo que ya no tenía sentido, pero ahora lo se. Ya no te sueño.

 

-No sabía que me soñabas. ¿Por qué nunca me contaste?

 

-Hay muchas cosas que no te conté, no fue por que no fueran importantes. Tal vez desde el principio supe que no tenía caso.

 

-No entiendo.

 

-Lo sé.

Publicado originalmente el 25 de agosto del 2014

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