catalogare

anonymous asked:

dalle cose che posti sembri altamente viziata anzi lo sei perche non ha senso cio che pubblichi

Posto cose che mi piacciono, se posto case di lusso oppure vestiti, unghie, ecc questo non vuol dire essere viziati. Mi piacciono semplicemente le foto.
‘Viziati’ significa avere tanto e desiderare sempre di più non accontentandosi di quello che si ha già, oppure pretendere le cose come fanno molti al giorno d'oggi appena vedono cose nuove e di moda, telefoni ecc, li desiderano senza pensare che c'è gente che non si permette nulla dall'altra parte del mondo, ma a certe persone fregancazzo basta che hanno il telefono super tecnologico di 700€ e vestiti firmati e a loro sta bene così invece di pensarci 2 volte per il rispetto di quella povera gente, loro sono viziati ed egoisti, io mi accontento di quello che ho nella mia vita e non chiedo nulla di più.
Prima di venire a catalogare una persona che non conosci, con un aggettivo del quale non sai nemmeno il significato logico, fatti un esame di coscienza.
E anche se fossi come dici te, che ti frega? Sono venuta a rubare qualcosa da casa tua? Non mi sembra. È la mia vita, il mio blog, punto. Buon sabato.

Un'etichetta.

Un'etichetta. Si applica così facilmente ad un uomo, oppure una maglietta, da risultare scontato. Perchè? Bisogna distinguere. 

Perchè bisogna etichettare? Davvero abbiamo il bisogno primario di catalogare le persone? 

Certo, così possiamo evitarle. Seriamente?! 

Catalogare in base al modo di vestirsi, di comportarsi, del genere di musica che ascoltano, di ciò che fanno nel tempo libero ecc.

Cos'è, abbiamo perso la fiducia nel prossimo? Dove sono finiti i valori? Dov'è finita quell'istinto naturale di socializzazione, che non distingueva nessuno?

Dove cazzo è l'istinto che avevamo da bambini, quando si stringevano amicizie con chiunque, quando non sapevamo ancora cos'era la slealtà, quando ogni azione non necessitava per forza un fine preciso?

Critiche. Giudizi. Chiunque si sente in grado di criticare chiunque. Qualunquismo, dai. Non segui la massa? Non fai le stesse cazzo di cose che fanno tutti? Sei diverso o diversa. E il “diverso” non rientra nel dizionario della società moderna.

Ci si sorprende se poi le persone cambiano. No dai, veramente? La legge dell'universo: ad ogni azione corrisponde una reazione uguale e contraria. Meglio essere un cane al guinzaglio, oppresso e costretto anche inconsciamente a fare le stesse cose, o essere un cane sciolto?

Randagio, diverso, guardato con disprezzo da tutti. Ma che in fondo non ha fatto nulla di male.

Le persone scordano chi sono, smarriscono la loro individualità, diventano una cosa sola con il gruppo. E restano di stucco se non sono speciali. Perchè tutto questo discorso? Da uno sconosciuto poi. Pazzia? Maybe. Non lo so, voglio solo mantenere vivo quel bagliore che intravedo in alcune persone.

Un bagliore che non deve spegnersi, mai. 

"Come stai?"

Il vizio di catalogare ce l'ho, ed e’ quindi inutile cercare di estirparlo. E’ un vizio un po’ di tutti, ma per fortuna nel mio caso non e’ accompagnato dalla discriminazione. Non ti discrimino, ti catalogo soltanto.

Nel mio essere eterna matricola della vita, e nella mia brillante seppur poco florida esperienza sociale, mi e’ anche capitato di catalogare la gente per come risponde alla sempreverde domanda “Come stai?”…

“IL SOLITO” - Chi risponde cosi’ e’ generalmente chi ritiene poco carino dire “una merda”

“UNA MERDA” - Chi risponde cosi’ e’ generalmente chi ritiene di non aver motivi per essere carino.

“BENE, PERO’ CREDO DI AVERE UN PO’ DI FEBBRE, MI HANNO LICENZIATO E MI E’ MORTIO IL CANARINO” - Chi risponde cosi’ deve essere per forza uno sfigato. Poverino.

“ALLA GRANDE AHAH”- Anche questo e’ uno sfigato.

“NON IMPORTA. PARLIAMO DI TE” - Vi ritroverete a parlare di lui fino alla mattina dopo.

“INSOMMA” - A seconda dei casi si tratta di una domanda poco opportuna, oppure non aspettava altro.

“DICIAMO BENE” - Il depresso di turno a cui e’ cara la storia del “sorridi fuori e soffri dentro”.

E poi ovviamente ci sono io, che rispondo semplicemente “BENE” senza tanto pensarci, per due motivi: e’ una stupida convenzione e allora tanto vale rispondere convenzionalmente o, se sincera, non voglio dire di star male a una persona a cui farebbe male saperlo.

Ensayo sobre un amor autista

Desde el vamos, sabemos que el amor es causa y efecto por si mismo. Sistemáticamente el amor nos vuelve objetos de nosotros mismos y no hay cosa peor que uno mismo verse como objeto para un fin. Es difícil catalogar al amor, hay todo tipo hasta el inexistente es un tipo, una forma de explayar. 

Entonces vamos con algo que he sacado conclusiones personales, por eso este ensayo y breve descripción para un futuro (no muy lejano) de poder comprobarlo. 

El amor autista, que sería ?  si no es un amor similar al idealizado, que a diferencia del amor idealizado este no ve lo que quiere ver, sino que ve lo que puede ver y se resume en eso, se define en creer en lo que quiere creer. El amor autista tiene puntos espejo en el autismo real, como por ejemplo la resistencia al cambio, la incapacidad de anticiparse a ciertos momentos posiblemente difíciles en la relación, es decir no poder predecir peleas por ende no poder evitar causantes posibles, un punto clave de este ensayo es la obsesión con una persona, similar a lo que sucede con los niños autistas y su apego a objetos o videojuegos en si. La diferencia entre amor autista y la simple obsesión es que por lo general hablará naturalmente de su obsesión sin darse cuenta que lo es, sin saber diferenciar que es una obsesión 

Entonces ahora podríamos tratar de imaginar una situación en el cual podría encajar un “amor autista”  tales como en la pareja uno se ve demasiado afectado a los cambios, trata de evitarlos, no logra predecir ciertas cosas que podrían evitar conflictos en la relación como evitar tener algún tipo de actitud y/o contestación, no lo hará a propósito pero le sería difícil interpretar las molestias de su pareja, es decir tener en mente aquellas cosas que le molestan. Muestran algún tipo de obsesión por rutinas, objetos y/o personas también, una necesidad excesiva de controlar estas cosas, pierden también el equilibrio y el rumbo fácilmente ante la falta de estas cosas. El amor autista cree no en lo que ve o le demuestran sino que cree en lo que interpreta de lo que le dan, el amor idealizado en cambio exagera rasgos, tiende a tener puntos de comparación para ver que tan cerca están de las expectativas. El amor autista no tiene expectativas pero si tiene una forma de ver las cosas conforme a su necesidad

De una u otra manera, estas actitudes en conjunto es lo que yo personalmente veo como un amor autista que parecen actitudes normales o significativas de otras dificultades de cualquier relación pero pueden significar algo para tener en cuenta. Esto es solo un ensayo sin bases científicas ni esta nutrido de datos específicos, es una primera hoja de algo que desarrollaré a futuro.

EL DINERO...jajajaja

Desde que era pequeño, pero pequeño de verdad, vamos…cuando se jugaba con canicas, chapas y cromos, tenía una concepción muy particular de la cosa esta del dinero y el valor de las cosas…

Una concepción que cuando escuché a la Pradera por primera vez, y eso que ya era republicano entonces, ( siempre pareció una momia y hace de esto la repera de años) se me quedó fijada y sigo sin tener claro si me ayudó o me jodió la vida.

Para mi concepción marciana de la existencia, el dinero sólo es la forma de catalogar la calidad de las personas humanas. Digo humanas para diferenciarlas de los bancos, las corporaciones, los políticos, los empresarios, los listos y averiguados, y estas cosas…

OJO que he ganado tanto como he perdido, y la verdad es que la vida me ha tratado bien en ese aspecto, aunque me he dejado la piel en ello y los resultados, pero es que yo nunca hice nada para GANAR¡¡¡, yo es que competía para ser mejor que ayer, y era el juez más despiadado posible.

Eso sí, un día me levanté y me dije … “YA¡¡¡ ya está..ya no más” y eso…que lo mandamos todo a freir buñuelos y más contento que unas castañuelas.

Al ser marciano, uno no responde bien a los estandares habituales que dicen que a estas alturas de estar vivo, uno debe llevar una existencia plácida, conformarse y tratar de obtener réditos de lo plantado.

Los marcianos, nos tiramos a la piscina sin agua, y además sonreimos…ojo se debe ser de marte, pero del centro ehhh…sin tontadas.

Después de todo este proceso, uno consigue cual alquimista destilar la verdadera esencia de lo que te rodeaba.

La esencia, como su porpio nombre indica, ese eso…POCO¡¡¡ pero de una intensidad que como dicen mis hijos … TE CAGAS¡¡¡

Qué bueno ser marciano, qué bueno lo que se puede jugar con el dinero, qué poco vale, que grande la ESENCIA … LO QUE QUEDA DESPUES DE FILTRAR Y FILTRAR…

Con dinero, y sin dinero…(que lo cante la Pradera, que lo hace ideal…)

youtube

No sé quien fue el lumbreras en catalogar al gato como depredador, cuando he visto gatos salir huyendo de ratas….Es más, he visto leones, que no son más que gatos grandes, huyendo de un tejón. Amos, no me jodas. Ayer dejé que Koda acorralase por primera vez a un gato asilvestrado que siempre ronda por la calle, es muy valiente bufando y lanzando zarpazos a 10 metros, pero una vez acorralado, Koda desde arriba le enseñó los dientes y el gato dejó de bufar e intentar defenderse. Cuando Koda se quitó de encima incluso se quedó un momento ahí quieto sin saber qué hacer, antes de salir por patas. ¿Depredadores de qué, de su propia cola? Ains…

Conste que nunca lo dejo acercarse a menos de dos metros de uno, porque como le toquen mucho los cojones va a hacer daño y tampoco quiero eso, aunque lo van pidiendo a gritos por lo que parece, pero ya lleva días que el gato lo provoca y estoy harta de tener que estar controlándolo para que no vaya a por él, que me deja los brazos molidos…así que el experimento fue bien ^^ Tal vez si se da una segunda ocasión Koda no se limite sólo a avisarle, más valdrá no arriesgarse y también que el puto gato haya aprendido la lección, cosa que dudo.

F**k that!

beautifulkilleer:

El ruido proveniente de la voz contraria penetrando dentro de sus oídos hacían efecto en él inmediatamente. Una vena se activó en su cien. Era como no poder quitarse de encima a ese molesto insecto, molestándole y molestándole. Una y otra vez. 

Irritante. Tal vez, esa era la única palabra con la que podía catalogar al atroz sujeto que tenía frente suyo.

Matarlo, matarlo, matarlo… 

Aquellas palabras cruzaban en su mente, como cristales imposibles de desincrustar. Efectivamente, no había un día en el que no pensara en otra forma de poder deshacerse de aquel sujeto, hacerle añicos con su fuerza brutal con el único fin de que desaparezca de aquellas insignificantes vidas, de su vida, más que cualquier otra cosa. 

Y otra vez ocurría. La misma situación. Quizás, sólo quizás, Izaya pensaba que todo eso se trataba de un simple juego de niños, en un poco de diversión, pero la realidad era… 

— I-ZAAAA-YAAAAAAAAAAAAA~ — Aquella. Y Shizuo estaría dispuesto a matarle, perseguirle, aventar objetos peligrosos sobre él, las veces que sea. 

— ¡No escaparás, maldita pulga! — sentenció, fijando sus orbes en la camioneta que yacía estacionada en medio de toda la muchedumbre que les miraba, aventándosela de inmediato al azabache. 

Una vez más peleaban.  

Contra la fuerza bruta de Shizuo había realmente poco que pudiera hacer, lo comprobó cuando sus ojos se posaron en aquel automóvil. Uno, dos, tres, cuatro pasos hábiles que apenas lograron evitar el fatal golpe que seguramente no le hubiera dejado sólo con un par de huesos rotos.

Iba a morir joven, pero no esa tarde.

Su pulso estaba acelerado, la adrenalina corría por su cuerpo, buscando más y más de aquella emoción que le dejaba un agradable cosquilleo en los dedos, pero sobre todo la satisfacción de saber que, de nueva cuenta, había logrado sacar de sus casillas al hombre más fuerte de Ikebukuro.

Una vuelta sobre sus talones y comenzar a correr antes de sentir el nuevo golpe que vendría en su contra. Saltos, giros en pequeños callejones, trazar una ruta nueva cómo en cada ocasión que sus caminos se encontraban, persistiendo en ese juego del perro y el gato.

—¿Podrías al menos invitarme decentemente la próxima ocasión que desees pasar tiempo conmigo? —se burló cuando se encontró a una distancia relativamente segura.

Tendencias: Turismo de Aventura

El turismo de aventura es uno de los segmentos que más ha crecido en los últimos años a pesar de las turbulencias económicas y para los destinos supone además una fuente de ingresos por viajero superior a la de otras categorías turísticas. Pero el rápido crecimiento representa a la vez una oportunidad y un peligro, según reconocen las empresas especializadas.

Hasta hace pocos años, el turismo de aventura estaba considerado como un pequeño nicho del sector turístico.

Pero hoy en día se ha convertido en un negocio cada vez más internacional, con una facturación global estimada de 263.000 millones de dólares anuales, según los cálculos de la Adventure Travel Trade Association (ATTA), entidad que representa más de 300 empresas turísticas especializadas de 69 países.

Estas empresas operan en ámbitos muy diferentes, desde las actividades de aventura consideradas extremas hasta otras aptas para todos los públicos.

Y es que el turismo de aventura es una actividad bastante difícil de catalogar pero al mismo tiempo “cada vez más destinos tratan de posicionarse en este segmento porque reconocen su valor ecológico, cultural y económico”, según explica la Organización Mundial del Turismo (OMT).

De hecho, ATTA define como turismo de aventura aquel viaje (con una pernoctación mínima) que incluya al menos dos de los siguientes tres elementos: actividad física, medio natural e inmersión cultural.

Bajo esta definición tan amplia pueden establecerse dos categorías básicas de turismo de aventura: “hard” y “soft” (duro y suave).

Subir al Everest, una experiencia que cuesta 42.000 euros por persona (incluyendo viaje, contratación de sherpas y permisos para escalar) entra claramente en la primera categoría; mientras que apuntarse a una expedición arqueológica, ir de pesca o descender ríos en rafting serían consideradas actividades soft.

Bose QC25 vs Beats Studio 2.0: sfida al top della cancellazione del rumore

Bose QC25 vs Beats Studio 2.0: sfida al top della cancellazione del rumore


Con il tempo, ho maturato la convinzione di poter catalogare chi ascolta musica in base a tre diverse categorie. La cosa interessante è che queste rappresentano anche tre stadi di un unico percorso evolutivo che, spesso, si attraversa nel corso del tempo. Ovviamente non tutti rientrano perfettamente in questa profilatura e non è detto che si passi davvero da uno stadio al successivo, però è una…

View On WordPress

Tal vez no sepan esto de mí pero no me impresionan mucho los grandes pastores y ministros que dentro del cristianismo, podríamos catalogar como celebridades. A casi nadie le tomo ni le pido fotos. Son personas como cualquier otra y si hay algo en ellos que admirar es sólo la gracia de Dios en ellos. Pero de quién sí me siento orgulloso y a quién sí tenía que tomarle una foto es a mi primo Gary. Sacó 100/100 en homilética pero eso no me sorprende porque él es capaz. Lo que admiro de él es precisamente la gracia de Dios que puedo ver a través de él y en él. Y como siempre digo, tengo el privilegio de estudiar con él, ser su amigo y también su primo.

#estásoltero #cantapredicaybailatambién #cantaenbodas #échalemigary #nolotoquenqueandachido #vivaMéxico #ansorygringosélsacó100yustedesno (at Christ for the Nations Institute)

instagram

Nueva espécie sin catalogar😱

anonymous asked:

1,75 80kg 14anni... Obesa

No, affatto. Per rientrare nella categoria che hai appena nominato dovresti essere minimo minimo una dozzina di kg in più.
Non catalogare te stessa per un ridicolo numero, segui uno stile si vita sano e fregatene di tutto il resto.

Watch on herrerakarlos.tumblr.com

Peace is the Mission es el álbum de Major Lazer, del cual se siguen desprendiendo temas, esta vez tenemos uno que me gustaría catalogar como experimental, por sus sonidos toda la composición que tiene. El tema se llama Powerful, con la voz poderosa de Ellie Goulding, Buscaron darle un toque exótico al asunto y se trajeron también a Tarrus Riley, que tiene una larga trayectoria en el reggae

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ABZURDAH: Capítulo 2. Batata Macabra.

Sí, ese es mi nombre. Cielo. Poco común, pero claro: no podía llamarme de otra manera. Era previsible que mi nombre no podía ser común, tenía que ser especial. A veces me pregunto si me castigaron por toda mi vida mis viejos al darme ese nombre. Quizás si me hubiera llamado Florencia o Marta no me hubieran sucedido mitad de las cosas que me tocó vivir, sufrir, negar, experimentar, etc. Así que mi nombre es especial, como yo (según mis padres). Sí, ahora tengo amigas (y de las mejores) pero ellas no creen que sea especial, simplemente que estoy loca. “Una loca linda” como está de moda catalogar a los retorcidos mentales para que no se violenten. Y no es que yo crea que soy una retorcida. Sí, a decir verdad creo que soy una retorcida, pero concuerdo con mis amigas: no puedo hacerle daño a nadie. Solamente a mi misma o a otros por medio de mí. Llegó una época en mi vida cuando en vez de enojarme con alguien me castigaba a mi misma para afectar a ese otro alguien. Pero eso viene más tarde. Sostengo que todavía es temprano.

Después de las experiencias de mi primer colegio mis viejos decidieron mandarme a otro. El segundo colegio al que fui lucía mucho más como un colegio normal que el anterior. Los alumnos llevaban guardapolvos blancos y se sentaban en los famosos “bancos” o “pupitres” de los que tanto había oído hablar pero nunca había visto. Vale aclarar que en el Pedagógico (mi primer colegio) nos sentábamos en alfombras y en posición “chinito” haciendo una ronda. Escribíamos en el piso y no teníamos pertenencias. Era el comunismo hecho colegio. Nunca te enterabas si tu compañerito tenía plata o no porque no lo veías vestido de ninguna manera. Usábamos “pintores”: una suerte de guardapolvo pero que te mandaban a hacer (a tu mamá, claro) del cual podías elegir el estampado o el escocés que querías llevar todo el año. Una porquería. Como decía, ni siquiera nos dejaban llevar pulseras o relojes. “No todos los chicos pueden comprar relojes o pulseras así que ninguno de ustedes debe traerlos al colegio”. Esa fue la manera que encontraron las maestras de adueñarse de pulserita o reloj que veían brillando en el recreo. Se quedaban con todo (supongo que como “castigo por haber roto las reglas”). Una gansada, como todo lo de ese colegio. No usábamos porta-útiles o cartucheras, simplemente había una caja de madera con lápices con el nombre de cada alumno. Y cuatro gomas de borrar. Tampoco había lapiceras, ni exámenes, ni boletines, ni nada. Era absolutamente cualquier cosa. Y a mí me molestaba mi prima que se quedaba siempre con la goma de borrar en la mano. Sobretodo porque yo era básicamente mala en matemáticas y tenía que borrar todo el tiempo. Nunca me gustó eso del comunismo. ¿Todo para todos? Siempre hay algún vivo que se apropia de lo que es de todos. Mejor me compro mi propia goma de borrar y problema solucionado. Nunca lo hice, ahora que lo menciono. Porque nunca rompía las malditas reglas del colegio. Y nunca faltaba, porque mi mamá no me dejaba y más porque cuando faltaba al colegio me aburría. Claro: no tenía amigas, ¿qué iba a hacer en mi casa todo el día? Comer y mirar televisión, ¡qué pregunta!
Entonces me sacaron de ese colegio donde me hicieron leer “El clan del oso cavernario” a los diez años (y créanme, tiene partes lo suficientemente subidas de tono para considerarlas material inapropiado para alumnos de diez años) y me cambiaron al Estrada. Un colegio “normal”, con compañeros normales y hasta quizás más crueles que los del pedagógico. Porque peor que hablen mal de uno es que ni siquiera lo miren o noten su presencia. En eso me convertí yo: en la gorda que va al colegio privado y cheto de la ciudad. Eso suponía:
a) que no iba a tener amigas o
b) que mis amigas iban a ser tan fracasadas o más que yo

Ninguna de las opciones me parecía viable pero simplemente caí en ese colegio desprevenida. Ah, ahora que recuerdo: Rocío. ¿Nunca odiaron y admiraron a alguien a la vez? Sí, probablemente a sus padres, pero me refiero a un par: un compañero de colegio, de trabajo, de algo. A mí me pasó, más de una vez y es el momento de hablar de Rocío y más indirectamente de mi madre.
Mi mamá siempre quiso que yo sea un diez. Es decir, un palo y un cero al lado. Siempre fui un cero, bien redondo y gordo.. Y tiempo después me enteré de la existencia de “los diez”. Una pareja amiga de mis viejos que eran diez, en puntaje, claro. Eran cinco pero los escuchabas hablar de sus habilidades y te sentías miserable en menos de dos palabras. Jugaban tenis, golf, básquet, nadaban, eran perfectos alumnos, arquitectos, hablaban perfectísimo inglés, hacían viajes por todo el mundo, eran extremadamente independientes no solo económicamente sino en todo sentido de la palabra. Eran 10. Así de fácil.
Tuve la maldita suerte de que la amiga perfecta de mamá tenga una hija de mi exacta edad pero abismalmente diferente. Rocío. Ella no tocaba piano pero hacía todo lo demás, imaginen cualquier cosa posible: Rocío lo hacía. El panorama se me complicó un poco cuando empecé a escuchar a mamá diciendo periódicamente que algún hijo perfecto de su amiga había recibido algún estúpido premio. Básicamente me empezó a molestar la repetición en serie de comentarios edulcorados hacia Rocío, o cualquiera de sus familiares. Como ella estudiaba inglés, mi mamá me mandó a estudiar inglés. Como ella bailaba danzas contemporáneas yo empecé a hacerlo. Y así seguía como un detective frustrado las huellas de Rocío. O mejor: cumplía los caprichos de mi madre. Quizás mamá pensó que se iba a parecer a su amiga si yo me parecía a su hija. No sé.
Gracias a Rocío mis habilidades eran innumerables: natación, danzas de todo tipo ¡¡¡patinaje artístico!!! Destreza, patinaje sobre hielo, estudiante de inglés… argh… era una vulgar fotocopia de mi amiga y compañera del colegio: porque mamá me cambió al Estrada porque Rocío iba al Estrada.
Y ahí quería llegar. Ah, olvidé mencionar que mientras yo pesaba 64 kilogramos, Rocío no pasaba los 39. Pero claro “tienen contexturas diferentes”. Si la vieran (la sigo viendo) sabrían de lo que estoy hablando. Tiene el cuerpo que toda mujer quisiera, creo. Dura y blanca y con una cara preciosa y flaca y asquerosamente perfecta. Y es buena mina. Para odiarla, ¿no? En fin.
Así que empecé en el Estrada. El primer día de clases de guardapolvo blanco y cartuchera propia había llegado. Y fue un fiasco. Se compartían los bancos y no tenía con quién sentarme. Rocío me había dejado absolutamente sola y claro, yo también me hubiera dejado sola. Pero no volví llorando a casa, estaba más que acostumbrada a la soledad… y de hecho la disfrutaba. Nunca había tenido amigas, no porque me costara relacionarme, sino porque no sabía lo que significaba eso ni cómo hacerlo. No se puede extrañar algo que nunca se tuvo y yo jamás había tenido amigas ni relaciones de ningún tipo con chicos/as de mi edad. Así que simplemente me sentía en una obra de teatro donde los actores eran los mismos y las situaciones similares; donde lo único que cambiaba era el decorado. En vez de sentarme en alfombras ahora me dolía la cola contra una silla dura y apoyaba mi carpeta en un banco atestado de frases escritas con liquid-paper. Y ahora en lugar de cortar pasto en el enorme bosque del pedagógico tendría que contar baldosas en un típico patio de dos por tres metros cuadrados. Una delicia.
Pero a medida que pasó el tiempo me fui acostumbrando a lo “normal” y empecé a despreciar lo “especial” que antes apreciaba tanto. Empecé a tener tarea, deberes, profesoras como en la televisión, compañeros de guardapolvos blancos, recreo con timbre en lugar de campana y hasta un kiosko. Cosas que hasta ese momento eran impensables para mí dentro de un colegio.
Y aunque muchas cosas habían cambiado a mi alrededor, yo seguía siendo la misma. La gorda, aunque esta vez no era la única. Y no era la única nueva. Así que me empecé a juntar con una bandita de fracasadas, esas que no tenían amigas (justo como yo).Corría 1997 y mi teléfono empezaba a sonar. En vez de leer libros por placer comenzaba a hacerlo por deber. Las cosas seguían cambiando y yo estaba cambiando. De repente la solitaria persona que yo era fue desapareciendo y apareció el vestigio de lo que soy hoy, pero una versión extra-large. La personalidad se estaba forjando pero todavía quedaba un larguísimo tramo hasta la constitución de la serpiente en que me convertí.