The Dumerils Boa (Boa dumerili) is a non-venomous boa species found on Madagascar and Reunion Island. Once exported from Madagascar in great numbers, the trade in this species has since been heavily restricted. They are, however, quite prolific in captivity, and captive bred animals are relatively inexpensive and easy to find in the exotic pet trade. Though their size makes them more suited to someone experienced with large constrictors, they have a typically docile nature, and readily feed on rats. The main concern is that they are prone to stress, which can sometimes cause them to stop eating or contribute to other health issues.

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Epicrates gracilis, known commonly as the Haitian tree boa, is a species of snake in the Boidae family. The Haitian Boa is a fairly large snake native to the West Indies and is found is Hispaniola.

Averaging between 6 - 7ft, the Haitian Boa is a large snake with some specimens having been recorded at 9ft or more. They have slender, agile bodies that are well suited for climbing trees. Their skin is usually tan or gray with dark brown blotches that are often edged in black. The blotches are sometimes in a chain pattern. The head exhibits a dark line directly behind the eye.

While wild-caught specimens are usually moderately aggressive, they can become quite docile with regular handling. Unfortunately, it is difficult to feed young captive born Haitian Boas and, as a result, they are not commonly available. The Haitian Boa usually lives in damp, wooded regions. They are nocturnal, meaning they are active at night. During the daytime, they rarely move and when they do, they move very slowly. They are primarily arboreal, spending most of their time in trees. Haitian Boas will, when frightened, emit a foul smelling musk from their anal glands. While wild-caught Haitian Boas are usually somewhat aggressive and nervous when first caught, they can become quite docile once they are accustomed to their surroundings and used to being handled.

Photo (C) R. Glor

"Aun estás aquí" (GOTH - 1/?)

  1.-"¿Tú lo crees?"

-Corazón…mi amor-(jugaba alegre con los cabellos del moreno, sin embargo éste solo lo miraba sin expresión, recostado a su lado)

-¿Qué?-(su voz era fría pero sobre todo, era triste)

-¿Por qué no estás feliz? ¿Estás enojado conmigo?

-sabi como me siento…te vas a ir de nuevo y me vas a dejar solo

-pero tiene que ser así, ni puedes dormir para siempre-(sonrió divertido el muchacho de cabellos lisos y boina gris)

-sí, sí puedo

-no vuelvas a decir eso-(soltó de sus labios aquella frase impulsiva, con mirada seria)

-…quiero estar contigo-(el más bajo tenía ahora sus ojos llorosos, no quería verlo así)

-(besó la frente del moreno con extrema dulzura, cuando escucha las vibraciones del celular de su amor)-corazón, es hora de que me vaya

-no, no te vayas, te necesito-(subió su tono de voz, mostrando como se alteraba)

-Nico, ya apenas me puedes ver, vas a despertar ahora y yo no estaré junto a ti-(exclamó acompañado de una sonrisa melancólica)

-n-no…tú…tú aun estás aquí…conmigo-(habló con gran dificultad pese al llanto que rompía sobre sus mejillas hasta las sabanas)

    Sin quererlo, realmente sin quererlo, sus ojos se abrieron precipitadamente causando dentro de su cabeza un mareo instantáneo, la repentina luz que atraviesa las cortinas le hacía arder el rostro y la sutil brisa que cruzaba su cuarto le hizo sentir un frio en sus mejillas, dándole la prueba perfecta de que en ésta ocasión había llorado.
    Otra vez había soñado con él. Tantos años y ya era algo común en su vida cotidiana, y sin embargo la intensidad del dolor seguía siendo la misma, la opresión en su pecho no desaparecía, el vacío en su interior no se llenaba.

-¿Nico?-(entró su madre con gran suavidad en su timbre de voz)

    Instintivamente la miró, sin acordarse de que sus ojos aún estaban llorosos y algo rojos. Su madre sabía de esto, recordaba a la perfección esa época en que su hijo apenas comía, y con suerte lograba dormir, llenaba la silenciosa casa de sonoros llantos y sollozos. Con preocupación en su rostro le decía un bajo “¿lloraste otra vez?”, mientras que Nicolás limpiaba las gotas de su cara.

-ya mamá, estoy bien-(le sonrió falsamente para luego mirar la hora en su celular)-¡noo, es tarde! ¡Tengo que apurarme!

    Dichas esas palabras se arregló lo más rápido posible y salió de la casa, no sin antes despedirse amorosamente se su madre. Corrió y corrió, no era buena idea después de todo llegar tarde el primer día de su tercer año de universidad, estaba feliz, debía admitir que extrañó a sus amigos en el transcurso de sus vacaciones y se había sentido solo, además de que odiaba ese periodo para descansar de toso, si bien se relajaba y distraía de las clases aún seguía siendo un tormento, en días como esos fue donde ocurrió todo, no podía olvidarlo.
    Llegó por fin a su casa correspondiente tomando grandes bocanadas de aire por el cansancio que tuvo al correr tanto, hasta que se sintió lo suficiente bien como para avanzar y sentarse en su lugar, dejó sus cosas y apoyó su cabeza sobre sus brazos cruzados.

-wena Nicons~(levantó perezosamente la cabeza para ver frente a él a su mejor amigo)

-hola Edgar-(sonrió)

-¿Qué pasa? Te noto raro

    No tenías ánimos de empezar esta conversación otra vez, pero ya le daba igual, parecía casi inevitable por parte del ruliento regañarlo y de cierta forma lo comprendía, lo que le sucedía él mismo se lo buscaba, si no podía vivir tranquilo es porque no se atrevía a dejar atrás el pasado, era tan hiriente y estúpido revivir cada día lo que pasó hace ya más de cinco años pero Edgar nunca lo entendería, para todos sus amigos lo que hacía era un absurdo capricho del adolescente que antes era, pero para él era importante. Sacó de su mochila un libro enorme que dejó descansar sobre el mesón, un gran libro de medicina, al cual se le quedó viendo unos segundos, al mismo tiempo que la vista de su amigo chocaba contra su existencia.

-¿soñaste con él de nuevo? Nico, esto es enfermizo…

    Sol ignoró las palabras del más alto, no quería mirarlo a los ojos, no quería desistir de su “capricho”, no después de tanto tiempo envasado en esto. Iba a extender las páginas de aquel libro, pero apenas tocó la portada la mano de Edgar impactó contra ésta misma con brusquedad, se veía realmente serio pero el moreno ya lo había visto así antes.

-weon, por favor para, esto te está haciendo mal desde que pasó eso…te estás destruyendo sin razón, no soporto verte así, después de tanto tiempo, ¡¿en serio piensas que esto es necesario?!

-si-(dijo cortante el muchacho)-¿Qué harías si al Yelo le pasa lo mismo que a mi…a mi Julian?

-…-(se silenció unos momentos, sintiéndose intimidado por la pregunta de Nicolás)-yo jamás lo olvidaría, pero tampoco creo que a él le guste que me estanque en lo que fue nuestro tiempo juntos…yo pienso que al Julian no le gustaría verte así-(pasó su mano sobre la mejilla de s amigo con ternura, para tratar de hacerlo entender, que entrara en razón)

-Edgar, todos cometemos alguna locura por amor…ésta es mi locura de amor, lo que significa él para mí lo vale-(sonrió, aunque más que una sonrisa parecía solo una forma de evitar que salieran sus lágrimas)-mi mamá me dijo que cuando alguien que nos quiso mucho se presenta en nuestros sueños es porque quiere que sepamos algo, que nos demos cuenta de algo importante

    Su amigo suspiró, le cansaba mentalmente tratar de convencerlo pero seguía intentándolo, le hacía doler el corazón ver como el moreno dejaba correr su vida pensando en alguien que…que ya estaba muerto. Se resignó a terminar la conversación, Nicolás ya se había perdido en sus propios pensamientos y sería tiempo perdido hablarle.
    Minutos después llegaron los restantes del grupo, que entre estos estaría Bestia, Alexander y Manuel. Edgar sonrió ante la llegada de éste último, tan lindo y alegre como siempre, como no pensar en su tierno novio como la cosa más hermosa del mundo. Sin querer recordó la pregunta de su amigo, “¿Qué haría si ya no tengo conmigo al Manu?” se preguntó a sí mismo, ¿acaso se volvería tan “loco” como el moreno?, él mismo era testigo de los sentimientos de su amigo, nunca había visto al mayor tan herido como cuando ocurrió esa tragedia…no, en realidad nunca había visto a una persona tan demacrada con la muerte de su amado, recordaba que en esos días dejarlo solo conllevaba a seguramente un suicidio de su parte. Era sin duda lo más triste de todo, recordar al moreno junto con aquel cuerpo sin vida para él como si mejor amigo era tortuoso, ¿y a quien no se le oprimiría el corazón en la misma situación? Fueron todos ellos los que lo vieron llorar día y noche, son comer, sin hablar con nadie, escuchar desde su habitación su voz llamar al que había partido “Julian…te extraño…” entre sollozos, un llanto desgarrador.
    Volvió a suspirar, solo que ésta vez era aún más pesado el aire de sus pulmones, no quería estar triste ahora, tenía que estar de ánimos vivos para distraer aunque sea un poco a su amigo, al menos hoy como primer día de clases, sus vacaciones debieron ser una perdición total.

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    Las clases pasaron mucho más rápido de lo que todos esperaban, se saludaban alegres y la atmosfera en los descansos era muy amena, entre clases y tonterías transcurrieron las horas de la mañana y también parte de la tarde, al final, solo cinco minutos quedaban para terminar el horario de universidad. Un poco cansado Nicolás arregló sus cosas y estiró sus brazos para desperezarse, cinco minutos no habían sido nada realmente, ya era hora de volver a casa.

-¡viejo culiao latero!-(dejó en vos alta después de que el nombrado saliera de la sala)

    Asomó desde su mochila aquel libro de medicina que había sacado en la mañana y lo miró unos segundos nuevamente, alfo que llamó nuevamente la atención de Edgar, parecía una especie de ritual del moreno, o solo ese libro en especial le traía una nostalgia exagerada, aun así llevarlo con él a donde fuera era demasiado, ni siquiera pensaba estudiar medicina pero lo leía cada vez que podía.

-¿todavía teni esa wea?-(exclamó Bestia con su típica voz de drogadicto)-¿quieres estudiar eso acaso?

-no, no me gusta esa wea-(se rio el moreno ante la pregunta de su amigo)


-bueno pero respóndeme lo que te pregunté antes

-¿ah? ¿Qué cosa?

-con los cabros ahora vamos al burguer, ¿vas a ir con nosotros o te vas a tu casa?

-mm—-ya, voy con ustedes-(bajó la vista para ocultar el libro dentro de su mochila otra vez)

    Salieron del establecimiento, soltando entre ellos una que otra tontería que decían solo entre buenos amigos, el ambiente estaba realmente alegre entre casi todos, si, casi todos. Nicolás a pesar de estar feliz por ver a sus amigos se sentía fuera de lugar, no encajaba en la situación y era porque algo le hacía falta, estaba más que claro, le faltaba él, su amor de toda la vida. Recordó de imprevisto el sueño de la mañana y se entristeció de sobre manera, lo necesitaba tanto, ¿Por qué nadie podía entender esa mierda?, no terminaba de comprender como se mantuvo de pie más de cinco años sin Julian, se sentía atrapado, encerrado, podía creer que era su culpa, no quería soltar su recuerdo, y por lo tanto su amor tampoco podía ser libre.

-¿Nico?-(volvió a la realidad exaltado, sin intención alguna había soltado un par de lágrimas)-¿estás bien?

-si-(le respondió a su amigo Oscar mientras secaba las lágrimas de su rostro)-estoy…estoy bien

-Nico, ¿Por qué no mejor te olvidas de todo esto?-(miró hacia el cielo algo pensativo)-te estás haciendo mucho daño, da vuelta la página, vuelve a enamorarte, ‘si el Julian te viera que te diría?

-me putearía-(su voz estaba quebrada pero no le impidió reírse en medio de su frase)

    Volver a enamorarse…eso sería imposible, nadie podría llenar ese vacío que quedó en su pecho, era demasiado espacioso para cualquier otra persona. Es que solo era él, siempre había sido solo él nadie podía ser tan parecido a su amor como para hacerle recuperar la esperanza en la vida, su Julian estaba muerto, y se llevó consigo su corazón, ya no lo podría recuperar jamás, nadie podría, le dolía tanto admitir que ya no le era posible pensar en nadie más que él, pero lo asumió, no sería capaz de estar con nadie, nadie le haría olvidarse de su único amor, simplemente ya no se sentía capaz de enamorarse de una persona diferente, porque simplemente él aún estaba enamorado de esa persona.
    Ya faltaban unas cuantas calles para llegar a su destino, el moreno iba de los últimos, mirándolos a todos conversar, hasta que algo llama su atención, tal vez un sonido, un mínimo movimiento, o tan solo el instinto de mirar a sus alrededores, pero volteó la mirada hacia su lado izquierdo, y se congeló. Ahí estaba, su Julian, unos cuantos metros cruzando la calle, le sonreía abiertamente mientras le extendía la mano invitándolo a acercarse.
    Difícil de creer hasta para el moreno, pero sus ojos se iluminaron como en aquella época donde su amado seguía junto a él, trataba de buscarle lógica, pero su mente se aturdía con la felicidad de verlo ahí, sin estar soñando, sus pies se movieron solos, un paso lento y torpe delante de otro, y otro, y otro…hasta llegar a correr. En sus pensamientos amanecían las palabras llenas de vida “lo sabía, tú…aun estás aquí” se repetía en su interior, pero todo era demasiado bueno para ser verdad,
    Él lo miró con una sonrisa resignada, como diciendo “que se le va a hacer…” y como si nada, como si nunca hubiera ocurrido, como llegó se fue, había desaparecido de la nada.
    Nicolás paró en seco, su respiración estaba agitada y sus ojos abiertos de par en par, si fue un engaño de éstos lo habría sabido, pero no, era él, Julian se le había aparecido en frente por unos segundos.

-¿porque…porque estás jugando conmigo?-(musitó mientras bajaba su cara, su vista se hacía borrosa y de a poco iba empapando sus mejillas)

    Escuchaba detrás suyo y alejada la voz de su amigo Edgar llamándolo preocupado, pero no quería responderle su vieja herida se había abierto un poco, con tan solo esa imagen, ya no sintió ganas de nada.

-¡Nico!-(supuso que su amigo no se acercaba, no oía su voz más potente)-puta Nic…¡Nico cuidado!

    Esa palabra lo alertó, miró a su lado, ahora entendía su descuido, y es que solo un tonto enamorado como lo era él no se fijaba ni en donde estaba parado. Quebró en llanto justo en medio de la calle, y para alimentar la fortuna, de un extremo se acercaba a gran velocidad un enorme camión, claro que ya no estaba lejos, sino que estaba a punto de impactar contra su cuerpo, no lograría por sí mismo escapar de eso, ¿entonces su vida quedaba hasta aquí?, tal vez era mejor para el moreno, ¿si todo termina aquí volvería a ver a su amor?, al final se dejó entregar a una muerte segura y esperó el golpe de la delantera del camión, sin embargo aún le quedaba tanto futuro, su vida aun ni terminaría.
    Sintió una mano palpar su hombro duramente y lo jaló fuera de la calle, todo fue realmente efímero y si hubiera demorado medio segundo más Nicolás ya no estaría entre los vivos. Después de haber sido sacado de la calle tan bruscamente perdió el equilibrio, cayendo asó sobre la persona que lo había salvado. Quedó embobado unos segundos por el shock, aun procesando lo que acababa de ocurrir, pero un dolor atacó su cabeza de repente, seguro un golpe hecho por la caída. Se separó de la otra persona para agarrar su cabeza con sus manos, y por el rabillo del ojo vio como éste se incorporaba del suelo.

-¿acaso queri morirte conchetumare? Ten más cuidado aweonao-(se quejó aquella persona hacia el moreno)

    Nicolás abrió sus ojos rápidamente, esa voz y esa forma de hablar…eran tan características de su antiguo amor. Se incorporó también y pronunció un “¿Julian?” casi por instinto al mirar al muchacho en frente suyo.

-de nada por salvarte-(hizo notar de gran manera su sarcasmo, parecía molesto)

    El moreno se desmotivó, no era quien pensaba, de hecho no conocía al chico frente a sus ojos. Era más alto que él, tenía el ceño fruncido y una barba, que no está demás comentar que por la luz le hacía deslumbrar con un contraste algo rojizo, un tipo para nada feo.

-perdón, te confundí…

-si me di cuenta-(rio por lo bajo, esto estaba mal, el moreno veía en aquel muchacho algo especial…algo extraño)-me llamo Jaime, para que no te confundas

-amm…m.me llamo Nicolás

-holi-(sonrió divertido ante el nerviosismo del moreno)

    Ahora lo entendía, era casi imposible de creer pero estaba seguro, totalmente seguro, su forma de hablar, el tono de voz, los gestos, lo impulsivo…no cabía duda, y en verdad nunca la tuvo.

-hol-

-¡¡Nico weon!!-(escuchó para luego sentir el abrazo de su mejor amigo, Edgar)-¿tai bien? No te paso nada, ¿verdad?

-no…un golpe en la cabeza nomás-(sonrió de lado)

    Sintió repentina la mirada atenta de aquel muchacho sobre él y se cohibió un poco, tenía una pequeña sonrisa en sus labios, algo así como una sonrisa traviesa pero más dulce.

-¿Qué tanto me mirai?

-nada, yo…solo creo que te he visto antes, pero…nah, ignórame-(y dicho esto dio media vuelta y se fue)

   Si, con solo eso su seguridad aumentó, era él, ese tipo que le salvó la vida, era su amor, no había duda alguna, pero aun así era confusa ésta situación. Miró a su mejor amigo, estaba pálido observando como Jaime se alejaba, también se percató de lo que supo el moreno segundos antes, Claro que el último nombrado se sentía muy confundido, necesitaba tiempo para descansar y su cabeza lo estaba matando del dolor, le dijo a su mejor amigo que no tendría tiempo de acompañarlos y luego sin más se marchó. Llegando a su casa al anochecer –ya que el camino hacia cada había sido lento y detenido- el mayor saludó a su madre y se encerró en su cuarto, se tiró a la cama para dormir y luego se acomodó, dejando que el ensueño lo atrapara poco a poco.
    Es curioso. Esa noche no volvió a soñar con él.

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emm…..no me pichuleen xdd pero esto va a ser cortito, digo, si veo que quieren que lo siga lo seguiré, aunque creo que al final lo seguiré igual (??

espero que les guste un poquito aunque sea uwu

Sayo~ ._.

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