autoboicot

Ya empezamos mal.

Desde el principio ya imaginaba que iba a terminar escribiendo de cuán sola me siento. Y decir estar sola o ser solitaria no tiene el mínimo tinte de metáfora y eso es triste. Con que no falte el café.

Los últimos 6 ó 7 años han sido de luchar, mucho, y apenas advierto que quizá fueron batallas autoimpuestas, para probarme que sí puedo o que, en efecto, no he podido. ¿A quién le importa si obtuve logros? A mí no, ¿por qué? Por la sencilla razón de que ya debería saberse que todo es tan poco, nada es suficiente.

Llegué a creer que mejoraría si aspiraba a obtener algo de satisfacción con mis cosas, y en consecuencia ser feliz, poquitito al menos. No se pudo. 

Tengo tantos issues reprochables y lo sé. Casi soy cinta negra en autoboicot, y contrario al resto de los deportes, éste me ha hecho ganar cuatro kilos más. Ahora aparte de deprimida, gorda.

Vengo manejando el día a día inventando motivos para no pensar en la ridiculez del quiero desaparecer, en serio.

Lo bueno que periódicamente le tomo un amor a los detalles que me inspiran, insignificantes, superficiales, pero en definitiva no sublimes. Y de eso, de los detalles que no tengo a quién contarle, que necesito escribir, es de lo que tratará este -otro- blog.

Igual podrías no hacer caso. Igual y podríamos competir a ver quién es más miserable y tomarnos un café, por supuesto, cada quien desde su lugar.

Muerte al autoboicot

Últimamente anduve muy entusiasmada por un cortometraje que quiero llevar a cabo. Luego de meses (sí, meses) pensandolo, dejándolo por falta de inspiración y de compromiso al fin pude terminar el guión, lo cual me hizo sentir muy orgullosa de mi misma. Ahora que ésta terminado, empecé a buscar personas que puedan ayudarme a realizar dicho corto. Poco a poco encontré gente interesada en el proyecto y casi no falta nada para tener el equipo completo. Cuando mi mente se percató de eso, de que no falta mucho para empezar a hacer realidad mi corto, me quedé perpleja. Y me dio miedo. Miedo a empezar algo y no terminarlo o miedo a que no termine siendo lo que yo esperaba. Es más, hasta llegué a un punto en el cual no le vi más sentido.

Después de unas horas tratando de pensar en otra cosa, recordé a mi fotógrafa preferida, Silvia Grav, y comencé a ver sus trabajos de nuevo, maravillandome como si fuera la primera vez que veía sus fotos y videos. Y caí en la cuenta de que quiero impresionar tanto como ella me impresionó a mi. Quiero crear algo nuevo que inspire como ella me inspira a mi. Sé que es muy temprano para pensar en los resultados de mi cortometraje debido a que todavía ni siquiera empecé a rodarlo. Pero lo mejor que puedo hacer en el momento es no caer en el autoboicot y terminar lo que empecé no importa el resultado. 

AUTOBOICOT

El peor de todos los demonios: EL AUTOBOICOT

Hay personas que se autoboicotean para no ser felices, porque la felicidad les da PÁNICO.

No tanto la felicidad, sino aquello que indefectiblemente saben que devendrá después.

Entonces, prefieren evitar la felicidad, porque en última instancia están evitando el dolor.

Estas conductas evitativas construyen personalidades muy solitarias, con una gran incapacidad para la empatía y la compasión.

Es una extrema sensibilidad, sin duda, la que lleva a una persona a cerrarse en sí misma de tal manera. Y tengo mis serias dudas que haya lugares de los que se pueda volver.

Pasan sus vidas en extremos, consumiendo lo que sea para pensar y sentir un poco menos.

No dejan de darme muchísima pena, y es un sentimiento que no me gusta tener.

Pobres ellos, todos.

youtube

cuando tengo que hacer algo, lease entregas, preparar un final, un examen, etc etc etc

todo el tiempo

Auto boicot

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Hay días en los que te sentís que tenés todo, sos “el Rey del mundo” (emulando a Leonardo Di Caprio en Titanic), y empezás a ver lo que no tenés, el lado vacío del vaso.

Es una caída lenta y dolorosa provocada por tu peor enemigo: vos.

Estás solo, totalmente solo… tus amigos tienen sus horarios, sus vidas, sus proyectos. Sí, sos independiente y podés con todo, pero hay alguien ahí cuando necesitás ayuda?

Recuerdos de un pasado confuso vienen a tu mente, y te proyectás como si eso hubiera sido tu mejor momento, te estás engañando a vos mismo y sos consiente de eso, pero lo seguís haciendo.

Acudís a personas que sabés que no te aprecian, y lo hacés por gusto, porque sabés que tenés un cartel de “Simplemente no te quiere”, pero de alguna forma eso te demuestra que no te comés el mundo como creías, hay gente que no te valora.

Te sentís una porquería, y para peor te querés autogolpear por boludo, no hay otro término.

Y lloras, como una niña asustada y solitaria, como lo que sos… pero no importa, mañana será otro día y volverá a renacer el Fénix.

DATE FUERZA A TÍ MISMO

Si te convences de que estás teniendo un mal día, claro que tu día va a ser frustrante e improductivo. Si asumes que las circunstancias se han aliado en tu contra, te verás en grandes problemas para poder llegar a concretar algo.

Hay una alternativa mucho más eficiente. Puedes decidir adoptar una perspectiva que trabaje a tu favor en lugar de hacerlo contra ti.

http://www.motivaciondiaria.com/main.html

Gabriel Sandler


todo sí

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Por muchas noches puedo colarme en los sueños ajenos, infiltrarme en los recovecos de lo utópico. Pero lo efímero se encarga de desmantelar toda falsa promesa. Cuando no hay certezas en el aire el tiempo se encarga de ubicarlas. Y es ahí donde nos dejamos vencer por el que creemos amo del universo. Es ahí donde nos vamos topando con las limitaciones que antes no existían. 

Pero siempre me gustó poder ser infinita. Lejos de los pesares diarios que adelantan el sentimiento del final, me gustaba creer que podía existir un para siempre. Uno solo. Por más que ese para siempre solo sea mucho tiempo, era algo y eso es todo lo que necesitaba. Algo más o menos real, qué importaba, estaba y no era poco. La prolongación así porque así no tenía sentido, llenar los motores vacíos con motivaciones y entusiasmo era lo ideal. Lo reconfortante. El querer hacer es todo lo que necesito.

En el bar menos ostentoso se servía el cóctel adictivo del autoboicot, ahí, en la mesa donde me esperaba un hombre hablando solo de lo necesario que es odiar. Entre las pocas luces esquivaba a los rendidos en el suelo y las sillas caídas. Bebía de las copas más lindas mientras sonaba ese tema de The Cure. Cada vez que la inestabilidad me hace atravesar las abrumadoras bajas y las más maravillosas altas recuerdo esa canción que en el giro de armonía me llenaba la garganta de emoción. Porque nunca sabré bien qué es eso que sube con tal velocidad y se estanca ahí, en el límite que divide lo interno del afuera, a uno del resto. Pero sucede.

Confundida buscaba la salida del bar. Pero no se puede salir de la vida sin arriesgarlo todo. Sin dar todo lo que tengo. Vaciando mi alma a mis emociones más sinceras. Demostrándome a mí y solo a mí que puedo sola.