Estos 15 animales lucen totalmente diferentes sin pelo. El oso me dejó atónito

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El pelaje de algunos animales es como su sello distintivo. Tanto así que sin pelaje son irreconocibles. Algunos no pierden la ternura, mientras que otros se vuelven realmente aterradores, como traídos de otro planeta o algo así.

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anonymous said:

Me gusta tu personalidad porque no sé, la veo diferente a la de cualquier chico de tu edad. No veo que seas un estúpido ni un creído. Pienso que eres encantador y que mereces la pena. Que suerte tiene la chica que esté contigo. Tiene a alguien increíble.

en serio me dejaste atonito:c, siempre me han dicho lo contrario y que poco menos soy un mentiroso:c muchas gracias <3

Luciernaga

Desde hace bastante tiempo no quería enfrentarme a esto. Estar al frente del papel me genera inquietud, me va dejando inmovil, atonito. Lo que realmente me genera este temor casi estupido, es la posibilidad de mi propia decepción, pues siempre que estoy sumido en mi viscoza melancolia me reconforta la idea de saber que dentro de este cuerpo hay un lúcido espectante, un ser que por ensayo y error decidió dejar salir a caminar a quien vive a diario esta vida compartida, un ser estupidamente predecible, no en sus actos sino en sus pensamientos, nostalgico y declarado en una especie de rebelión de gimoteo ante un sedentarismo vital e intelectual que me ve empezando a aterrar.

En realidad hablarme es algo francamente inocuo, no suelo tomarme muy en serio y debo confesar que el inicio de este texto más allá de un intento por salir del redil propio es un dibujo narciso, una confesión que sirve de excusa para escribirle a usted. ¿Sabe algo? ya llevo bastante tiempo aquí y es casi complice la sonrisa que se me dibuja al ver como van saliendo las letras mucho más rapidamente cuando me presto a escribir sobre usted, más no de un hombre que no tiene solución.

Por lo general la compañia es el nicho al que se acude cuando se nos hace insoportable el espejo, aunque hay compañias a las que se acude cuando no tenemos otra alternativa, por ejemplo, el hecho de que uno de los puntos del número dos en un dado decida salirse del paralelepipedo es por demás una opción ecandalosa, pues éstas son compañias fijas e indisolubles que determinan el destino del mundo; basta remontarnos a los casi seguros momentos en donde Napoleon, Bolivar o Juan (el niño de la casa del frente) echaron a rodar los dados para determinar si atacar con todas las tropas o decidirse por fin a decirle a Daniela que si aceptaba jugar con él el miércoles en la tarde, pues era el día en que podría invitarla casual y naturalmente a mirar las estrellas sin que su madre le pidiera que regresara temprano; un hecho de proporciones cosmicas incomparables con los de aquellos otros dos señores.

Hablo de la compañia porque usted me ha acompañado estos cortos días, usted es algo desprevenida, cualidad que no me canso de contemplar, pero que inevitablemente nos traerá problemas cuando necesite de su atención; suelo estar angustiado porque no sé donde puedan aparecer las luciernagas después de haber apagado su luz verde y si al preguntarselo o al escucharlo usted decidiera reirse, naturalmente entraría en conflicto.

Cómo usted entenderá tratar de predecir con exactitud en donde encenderá de nuevo una luz una luciernaga es un ejercicio dispendioso y requiere de total concentración, uno ve la lucecita verde por un segundo y en un infinito número de posibilidades elije un punto fijo y negro en medio de la noche, frunce el seño, se llena de desición y es casi objetiva la seguridad con la que esperamos se encienda nuestro punto, pero no, nunca he logrado dar con el codisiado punto verde.

Las luciernagas saben mucho de lógica humana. Siempre elijo el punto en un lugar donde es perfectamente deducible que se verá una luz verde y para ello me sirvo de todas mis nociones de física: cálculo la velocidad que una luciernaga puede alcanzar, todos los giros que naturalmente dará para despistarme, la velocidad del viento y antes de tener el punto fijo realizo el sabido cambio brusco que dan las luciernagas en su rumbo, para hacer imposible su punto de destino.

He mejorado en este ejercicio, al inicio solían salirse de mis angulos de visión, aunque también tengo información de que algunas decidían alumbrar tras las rocas o simplemente se posaban detrás de mí para burlarse descaradamente de mi torpeza. Ahora más que angustiado estoy motivado ¿recuerda las compañias fijas e indisolubles?, ¿los dados?. Pues aunque he sabido llevar mi vida sin la compañia de las luciernagas y entre otras cosas, las descubrí cuando ya estaba bien entrado en años, tenía unos siete u ocho a lo sumo, le debo confesar que son una excelente compañia, no indisoluble y bueno, también le debo confesar que usted es una luciernaga.

Espero no entre en alboroto y de tanto estupor le vuelen los brazos o su barriga empieze a teñirse de verde encendido mientras le leo estas lineas, deme un momento para explicarle. Por lo general  uno busca y no encuentra, si lo que estoy diciendo está siendo puesto en duda le pido se remonte a su infancia cuando su madre le decía que buscara algún objeto, para mí, ese pequeño favor significaba un tortura pues nunca encontraba lo que buscaba y se me llamaba elevado, distraido y no sé qué cosas más. Pero, cuando uno no busca por lo general encuentra, con esto quiero decir que mientras iba en busqueda de mi padre cuando llamaba a la puerta nunca pensé que mi dedo pequeño del píe, aquel tarso casi inutil y diminuto se encontraría con un objeto tan lamentablemete solido.

"Estoy en Finlandia, creo que te gustaría venir, la forma de evalución es muy buena solo perderás si tú lo quieres así" , "Qué interesante tu forma de ver las cosas, por aquí es muy diferente, todo es muy tranquilo la verdad" Esas fueron unas de las primeras palabras que cruzamos con miles de kilometros de distancia entre nosotros; siempre pensé que el escribirnos era un intercambio académico y evidentemente interesado en un muto reconocimiento de habilidades, dotes y todas esas cosas que en algún fúturo ilusorio podrían llegar a significar algo.

Ahora que la he visto de frente de pronto me alumbra verde el establecimiento, ninguna de esas sentencias tendenciosas eran acertadas, resultó ser sin buscarla una grata y constante compañia. Yo estaba en el segundo piso del bar, eran las 6:02 pm, estaba un poco agitado pues en Europa un retardo es inadmisible, puede significar la perdida de cualquier posibilidad y como no, por lo general las personas que visitan Europa regresan con hábitos extraños aquí, solo por impresionar.

Ahora, guiado por mi torpeza he entrado en la misma mécanica que adopté con las luciernagas, trato de acertar en qué rostro o en qué acción se va a ver reflejada aquella sonrisa pero usted es una luciernaga profesional, una luciernaga que cuando miré hacía abajo desde el segundo piso del bar alumbró y hasta hoy me acompaña, espero no sea, para cobrarme los dos minutos de retardo con el precio más alto que podría pagar un amante de las luciernagas: buscar juiciosamente una luz que decició dejar de encenderse para él.

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