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Ver a evangélicos ignorantes defendiendo al estado sionista de Israel, es tan vergonzoso, pues 10% de los palestinos son cristianos y la ciudad cristiana mas grande de Palestina, tiene prohibido por su Alcalde Judío celebrar la navidad “Ya que los villancicos según el molestan a los niños judíos” y también las enormes procesiones a los lugares santos.

Es peor el caso en Nazaret, en la parte que la ONU entrego a los Judíos como estado en 1949, allí los cristianos católicos y Ortodoxos tienen prohibido celebrara la navidad en lugares públicos, o sea sin arbolillos en las calles, ni ninguna mención al niño dios, pues según el alcalde Shimon Gapso ese territorio es judío y debe judaizarse eso significa mantener una superioridad numérica de judíos ante los no judíos y entre los no Judíos, también están los cristianos.

Sip, así es la vida en Belén y Nazaret ¿O creían que solos los musulmanes los tratan como terroristas?. Apostaría mi vida a que el 90% de los evangélicos no puede encontrara esas ciudades en un mapa mudo de Israel o de Palestina.

Pa predicar en la esquina, no te faltan estudios, pa ser wea tampoco.

Pupila de Aguila

Un pajarillo vino a posarse bajo mi arbolito, 
era de noche, yo no podía ver su dibujito, 
se lamentaba de que una jaula lo hizo prisionero, 
que las plumillas, una por una, se las arrancaron. 
Quise curarlo con mi cariño, mas el pajarillo 
guardó silencio como una tumba hasta que amaneció. 
Llegaron los claros de un bello día, el viento sacudió 
todo el ramaje de mi arbolito y allí se descubrió 
que el pajarillo tenía el alma más herida que yo, 
y por las grietas que le sangraban su vida se escapó, 
en su garganta dolido trino llora su corazón, 
le abrí mi canto y en mi vihuela lo repitió el bordón. 
Ya mejoraba, ya sonreía con mi medicina, 
cuando una tarde llego una carta de su jaula antigua, 
en mi arbolillo brotaron flores negras y moradas 
porque el correo vino a buscarlo, mis ojos lloraban. 
Desaparece, me deja en prenda toda su amargura, 
se lleva ufano mi flor más tierna, mi sol y mi luna. 
En el momento de su partida, en mi cuello un collar 
dejó olvidado, y como Aladino yo le empecé a frotar. 
Pasan minutos, pasan las horas y toda una vida 
por el milagro de aquella joya lo he visto regresar, 
con más heridas, con más silencio y con garras largas, 
sus buenos días mi piel desgarra con ácida maldad. 
Ave que llega sin procedencia y no sabe dónde va 
es prisionera en su propio vuelo, ave mala será, 
ave maligna, siembra cizaña, bebe, calla y se va, 
cierra tu puente, cierra tu canto, tira la llave al mar. 
Un pajarillo vino llorando, lo quise consolar, 
toqué sus ojos con mi pañuelo, pupila de águila, 
pupila de águila.

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Violeta Parra