El infierno de Lauren

Capitulo 13

Lauren no le dio más conversación hasta que llegaron al restaurante Caffé Volo en la calle Yonge.

Era un establecimiento tranquilo y acogedor. Presumían de tener la carta de cervezas más completa de

Toronto. Tenían también un cocinero italiano y la mejor cocina casera del barrio. Era un local pequeño, de sólo diez mesas, que en verano complementaban con algunas más en la terraza. La decoración, rústica, incluía algunas antigüedades, como bancos de iglesia o grandes mesas de granja. A Camila le recordó a una taberna alemana, del estilo del restaurante Vinum, donde había estado con amigos durante una visita a Frankfurt.

A Lauren le gustaba porque servían una de sus cervezas trapenses favoritas, la Chimay Première, y le gustaba tomar pizza napolitana con esa bebida. (Como siempre, no soportaba la mediocridad). Como era una cliente habitual, y de los más puntillosos, le ofrecieron el mejor sitio, una tranquila mesa para dos en un rincón, cerca de un gran ventanal con vistas a la locura que era la calle Yonge por la noche.

Travestis, estudiantes universitarios, residentes en el colegio mayor, policías, felices parejas homosexuales, felices parejas heterosexuales, famosos de visita en los barrios pobres, yuppies paseando a sus pretenciosas mascotas, ecologistas, vagabundos, músicos callejeros, pandilleros, miembros de la mafia rusa, algún que otro profesor díscolo, algún miembro del Parlamento Provincial. Un fascinante caleidoscopio de comportamientos humanos en directo. Y gratis.

Camila se sentó lentamente en su asiento, un antiguo banco de iglesia reconvertido y se echó sobre los hombros la manta de borreguillo que el camarero le había dejado en el respaldo.

—¿Tienes frío? Le diré a Christopher que nos siente al lado de la chimenea. —Levantó el brazo para llamar al camarero, pero Camila la detuvo.

—No lo hagas —dijo con timidez—. Me gusta mirar a la gente.

—A mí también, pero pareces el Yeti.

Camila se ruborizó.

—Lo siento —se excusó Lauren rápidamente—. No quería hacerte sentir incómoda, pero seguro que podemos conseguir algo más adecuado que esa manta, que a saber dónde habrá estado. Probablemente en el suelo del apartamento de Christopher. Y quién sabe qué clase de travesuras habrá hecho ahí encima.

«¿Ha usado la palabra “travesuras” en una frase?», pensó Camila, atónita.

La profesora Jauregui se quitó el jersey de cachemira verde, con un coche de carreras inglés y se lo dio. Camila lo cogió y lo cambió por la censurable manta de Yeti.

—¿Mejor? —preguntó Lauren, peinándose con los dedos.

—Mejor —respondió ella, sintiéndose más cómoda y mucho más caliente, envuelta en el calor corporal y el aroma de Lauren .Se dobló las mangas varias veces porque los brazos de ella eran más largos que los suyos.

—¿Fuiste a Lobby el martes? —le preguntó Camila.

—No. ¿Por qué no me hablas de tu proyecto? —Cambió de tema bruscamente y su voz adquirió un tono profesional.

Por suerte, Christopher las interrumpió en ese momento preguntándoles qué querían cenar y ella pudo centrarse un poco.

—La ensalada César es muy buena aquí, igual que la pizza napolitana, pero son raciones bastante grandes para uno solo. ¿Eres aficionada a los intercambios?

Camila abrió la boca, sin saber qué decir.

—Me refiero a si te gustaría compartir una ensalada y una pizza conmigo. ¿O prefieres cualquier otra cosa?

Lauren frunció el cejo. Estaba tratando de no ser una profesora avasalladora y dominante, pero era más difícil de lo que parecía.

Christopher golpeó el suelo con el pie discretamente. No quería que la profesora notara que se estaba impacientando. La había visto irritada en alguna ocasión y no le habían quedado ganas de repetir la experiencia. Aunque tal vez ahora que tenía compañía femenina —el remedio favorito de Christopher para cualquier desorden psicológico, grande o pequeño— se comportase de otro modo.

—Me encantará compartir la ensalada y la pizza contigo, gracias —respondió Camila en un tono que ponía fin a cualquier deliberación.

Lauren pidió por las dos y, poco después, el camarero apareció con dos cervezas Chimay. Lauren había insistido en que ella la probara.

—Salud —dijo ella, brindando.

—Prost —replicó Camila.

Probó la cerveza y no pudo evitar recordar la primera que se había tomado y con quién. Era una cerveza rubia, de fabricación nacional. Ésta tenía un tono cobrizo y era dulce, con un intenso sabor a malta. Le gustó mucho y lo demostró con un leve ronroneo de aprobación.

—¡Cuesta más de diez dólares la botella! —susurró, para no avergonzar a Lauren en público con su incredulidad.

—Pero es la mejor. ¿Qué prefieres, beber una botella de éstas o dos Budweiser, que es como beber asquerosa agua de la bañera?

«Bueno, no he probado el agua de la bañera, pero me fiaré de su opinión, chalada profesora Jauregui».

—Vamos —la animó ella—. ¿Qué estás pensando? Casi puedo ver las ruedas girando en esa pequeña cabecita, así que suéltalo.

Y dicho esto, se cruzó de brazos y aguardó con una sonrisa, como si la cabeza de Camila fuera una fuente inagotable de diversión.

A ella le molestó su actitud. No le gustaba que usara el diminutivo al referirse a su cabeza, porque le recordaba su desprecio inicial por su capacidad intelectual, así que decidió contraatacar.

—Me alegro de tener la oportunidad de hablar contigo en privado —comentó, sacando dos sobres del maletín—. No puedo aceptar esto.

Deslizó la tarjeta del Starbucks y la concesión de la beca en su dirección.

Lauren los reconoció inmediatamente y frunció el cejo.—¿Qué te hace pensar que te los he enviado yo? —preguntó, empujándolos en dirección a Camila.

—Mi capacidad de deducción. Eres la única persona que conozco que me llama Karla. Y eres la única persona que conozco con una cuenta corriente lo bastante saneada como para crear una beca.

Le entregó de nuevo los sobres.

Lauren permaneció en silencio unos instantes. ¿De verdad era la única que llamaba a Karla por su nombre completo? ¿Cómo la llamaban los demás?

«Camila».

—Tienes que aceptarlos.

Lauren volvió a empujarlos hacia ella.

—No, no tengo que hacerlo. Los regalos me ponen muy nerviosa y la tarjeta del Starbucks es una exageración. Por no hablar de la beca. Nunca podría devolvértela. Ya le debo demasiadas cosas a tu familia. No puedo aceptar nada más.

Empujó los sobres una vez más.

—Puedes aceptarlo y lo aceptarás. La tarjeta de regalo es intrascendente. Yo gasto mucho más que eso en café cada mes. Quería demostrarte de un modo tangible que respeto tu inteligencia. Cometí una indiscreción en un momento en que tenía la guardia baja y la señorita Peterson lo aprovechó y retorció mis palabras de un modo intolerable. Así que no lo consideres un regalo, considéralo una indemnización.

Hablé mal de ti sin motivo y por eso te escribí esa tarjeta. Si no la aceptas, el conflicto permanecerá sin resolver entre nosotras, porque no creo que me hayas perdonado que hablara mal de ti delante de tus colegas.

Acercándole los sobres una vez más, la miró fijamente.

Camila le clavó la vista en los cubiertos para no caer presa de su intensa mirada verde.

Camila volvió a deslizar la tarjeta del Starbucks, desafiante. Para su gran sorpresa, la expresión de Lauren se endureció, pero se guardó la tarjeta.

—No pienso pasarme la noche jugando al ping-pong de tarjeta de regalo contigo. Pero la beca no se puede devolver. El dinero no es mío. Lo único que hice fue alertar al señor Randall, el director de la organización filantrópica, de tus méritos académicos.

—Y de mi pobreza —murmuró ella.

—Si tienes algo que decirme, señorita Cabello, ten la cortesía de hablar a un nivel audible —dijo ella, con los ojos brillantes.

Camila le devolvió una mirada igual de encendida.

—No creo que todo esto sea muy profesional, profesora Jauregui. No sé cómo lo has logrado, pero sé que me estás haciendo llegar miles de dólares a través de una beca. Cualquiera pensaría que estás tratando de comprarme.

Lauren inspiró hondo y contó hasta diez para no estallar.

—¿Comprarte? Puedes creerme, nada está más lejos de mi intención. Me siento muy ofendida por tus palabras. Si te deseara, no tendría que comprarte.

Las cejas de Camila se alzaron de la sorpresa, pero en seguida le dirigió una mirada de advertencia.—Cuidado con lo que dices.

Lauren pareció sinceramente incómoda y a ella le gustó la sensación.

—No quería decir eso. Quería decir que yo nunca te trataría como a un objeto que puede comprarse y venderse. No eres el tipo de chica que se vende, estoy segura.

Camila le dirigió una mirada glacial antes de apartar la vista. Negó con la cabeza y empezó a buscar la salida, preguntándose si podría escapar.

—¿Por qué lo haces? —susurró, pasados unos instantes.

—¿El qué?

—Provocarme.

—Yo… no… te provoco. Sólo expongo los hechos.

—En cualquier caso, cada vez que trato de mantener una conversación normal contigo, acabas provocándome.

—Eres mi profesora.

—Sí y la hermana mayor de tu mejor amiga. ¿No podemos ser Lauren y Camila por una noche? ¿No podemos disfrutar de una conversación agradable y de una cena aún más agradable? Puede que no lo esté consiguiendo, pero me estoy esforzando por comportarme como un ser humano.

Cerró los ojos, frustrada.

—¿De verdad?

Era una pregunta inocente, pero Camila se tapó la mano con la boca al darse cuenta de cómo había sonado.

Los ojos de Lauren se abrieron muy lentamente, como los del dragón de la historia de Tolkien, pero no mordió el anzuelo de su impertinencia. Ni empezó a soltar fuego por la nariz. Todavía.

—¿Quieres que tengamos una relación profesional? Pues empieza tú. Un estudiante normal recibiría una beca con gritos de alegría. Aceptaría el dinero y se sentiría profundamente agradecida por su buena suerte. Así que compórtese profesionalmente, señorita Cabello. Podría haber mantenido mi conexión con la beca en secreto, pero preferí tratarte como a una adulta. Decidí respetar tu inteligencia y no recurrir a engaños. Sin embargo, sí me he preocupado de ocultar mi relación con la beca de manera pública. Mi nombre no va ligado oficialmente a esa organización filantrópica, así que nadie atará cabos. Jauregui es un nombre muy común. Si le cuentas a alguien que estoy detrás de la beca, lo más probable es que no te crea.

Sacándose el iPhone del bolsillo, Lauren abrió la aplicación de la libreta de notas y empezó a escribir con el dedo.

—No iba a quejarme.

—Podrías haberme dado las gracias.

—Gracias, profesora Jauregui. Pero míralo desde mi punto de vista. dijo, mirando los cubiertos y alineándolos hasta que estuvieron ordenados simétricamente.

Lauren recordó haberla visto hacerlo antes, cuando cenaron en el Harbour Sixty. Dejando el teléfono en la mesa, la miró con expresión apenada. Se sintió culpable al recordar lo que había estado a punto de pasar en la biblioteca. Había estado a punto de sucumbir a los considerables encantos de la señorita Cabello. Y con ellos se había arriesgado a correr el mismo destino que Abelardo, porque sin duda Taylor  lo castraría si se enteraba de que había seducido a su amiga.

Milagrosamente, había demostrado tener un mayor autocontrol que Abelardo.

—Nunca seduciría a una alumna.

—En ese caso, gracias —murmuró ella—. Y gracias por el gesto de la beca, aunque no puedo prometerte que la aceptaré. Sé que para ti es una cantidad modesta, pero para mí significa dinero para billetes de avión para Acción de Gracias, Navidad y Pascua. Y algún que otro extra de vez en cuando que ahora no puedo permitirme. Como un filete.

—¿Vas a gastártelo en billetes de avión? Pensaba que buscarías un apartamento en mejores condiciones.

—He firmado un contrato. Si me fuera a otro apartamento, tendría que seguir pagando éste. Además, ir a casa para ver a mi padre es importante para mí. Es la única familia que me queda. Y me gustaría ir a visitar también a Michael antes de que venda la casa y se mude a Filadelfia para estar cerca de Taylor y Chris.

«De hecho, creo que valdría la pena aceptar la beca para ir a visitar a Michael y, de paso, ver el huerto. Me pregunto si mi manzano favorito sigue allí… Me pregunto si alguien se daría cuenta si tallara mis iniciales en el tronco…».

Lauren la miró de reojo.

—¿No habrías ido a casa si no hubieras recibido la beca?

Camila negó con la cabeza.

—Papá quería comprarme un billete de avión para Navidad, para que no tuviera que ir en autocar, pero los precios de Air Canada son imposibles y me habría sentido avergonzada si mi padre hubiera tenido que comprarme un billete.

—No te avergüences de aceptar un regalo si te lo ofrecen sin contrapartidas.

—Pareces a Clara. Ella siempre decía cosas como ésa.

Lauren se removió inquieta en el asiento.

—¿De dónde crees que aprendí algo de generosidad? De mi madre biológica te aseguro que no.

Lauren la miró de frente, sin parpadear ni ruborizarse. Suspirando, se guardó la carta en el maletín.

Acabaría de decidir qué hacer cuando no estuviera ante la presencia magnética de la Profesora. Seguir discutiendo con ella en esos momentos no llevaría a ninguna parte. En ese aspecto, como en muchos otros, era, sexy, inteligente y seductora.

Lauren la observó con atención.

—A pesar de todo lo que he hecho, que admito que no ha sido demasiado, ¿sigues pasando hambre?

—Lauren, tengo una relación muy especial con mi estómago. Me olvido de comer cuando estoy ocupada, o preocupada o… triste. No es por el dinero. No te preocupes, por favor.

Recolocó los cubiertos una vez más.

—¿Estás triste ahora?

Camila bebió la cerveza lentamente, sin responder.

—¿Dante te entristece?

—A veces —susurró ella.

—¿Y las otras veces?

Camila levantó la vista y le dedicó una sonrisa muy dulce.

—Otras veces no puedo evitarlo… me hace delirar de felicidad. A veces, mientras estoy estudiando La Divina Comedia, siento como si estuviera haciendo lo que se supone que debo estar haciendo. Como si hubiera encontrado mi pasión, mi vocación. Como si ya no fuera la chica tímida de Selinsgrove. Me siento capaz de todo. Sé que soy buena en esto y me hace sentir… importante.

Era demasiado. Le había dado demasiada información. Se había bebido la cerveza demasiado rápido y se le había subido a la cabeza; igual que el aroma de lauren impregnado en el jersey. No debería haber dicho eso y a ella menos que a nadie.

Pero para su sorpresa, la descubrió mirándola con calidez.

—Es verdad que eres tímida, pero eso no es ningún pecado. —Lauren carraspeó—. Me da envidia tu entusiasmo por Dante. Yo me sentía así hace un tiempo. Hace mucho tiempo. Demasiado.

Cuando volvió a sonreír, ella apartó la mirada.

Camila se inclinó sobre la mesa y bajó la voz.

—¿Quién es M. P. Jauregui?

Los ojos verdes de Lauren la perforaron con la intensidad de un rayo láser.

—Preferiría no hablar de ello.

Su tono de voz no era duro, pero sí muy frío y se dio cuenta de que había tocado un nervio muy sensible. Le costó unos instantes recuperarse lo suficiente para preguntar:

—¿Quieres ser mi amiga? ¿Es eso lo que tratas de decirme con la beca?

Lauren frunció el cejo y dijo:

—Taylor te ha dicho algo, ¿verdad?

—No, ¿por qué lo preguntas?

—Porque ella cree que deberíamos ser amigas. Te digo lo mismo que le dije antes de que se fuera: es imposible.

Notó que se le hacía un nudo en la garganta. Tragó saliva con dificultad y preguntó:

—¿Por qué?

—Tenemos una bandera roja sobre la cabeza y en cualquier momento alguien puede agitarla. Los profesores y las alumnas no pueden ser amigos. Y aunque sólo fuéramos Camila y Lauren compartiendo una pizza, tampoco te convendría ser amiga mía. Soy un imán para el pecado, y tú no. —Con una sonrisa triste, añadió—: Ya lo ves. Es imposible. «Los que entráis aquí, abandonad toda esperanza».

Me gusta creer que nada es imposible —susurró ella.

—Aristóteles dijo que la amistad sólo es posible entre dos personas virtuosas. Así que la amistad entre nosotras es imposible.

—Nadie es virtuoso del todo.

—Tú lo eres —afirmó Lauren. Los ojos le brillaban con lo que podría ser pasión o admiración.

—Taylor me dijo que estabas en la lista vip de Lobby. —Camila volvió a cambiar de temarápidamente, sin mucho tiempo para considerar la prudencia de sus actos.

—Así es.

—Me lo dijo como si fuera un misterio. ¿Por qué?

Lauren frunció el cejo.

—¿Por qué crees tú?

—No lo sé. Por eso te lo pregunto.

Lauren la miró fijamente y bajó el tono de voz.—Voy regularmente, por eso tengo tratamiento preferencial, aunque últimamente no he ido demasiado.

—¿Por qué vas allí? No te gusta bailar. ¿Vas sólo para beber? —Miró a su alrededor. El Caffé era un lugar sencillo pero confortable—. Podrías beber aquí. Se está más a gusto. Es gemütlich… acogedor.

«Y no hay ni una puta adicta a la vista».

—No, señorita Cabello. No suelo ir a Lobby a beber.

—Entonces, ¿para qué vas?

—¿No es obvio? —Lauren frunció el cejo y negó con la cabeza—. Tal vez para alguien como tú no.

—¿Qué significa alguien como yo?

—Significa que no sabes lo que me estás preguntando —le espetó ella, enfadada—, o no me lo harías decir en voz alta. ¿Quieres saber para qué voy allí? Te lo diré. Voy a buscar mujeres para follar, señorita Cabello. —La miraba furiosa—. ¿Estás contenta?

Camila inspiró hondo y contuvo el aliento. Cuando no pudo aguantar más, lo soltó, negando con la cabeza.

—No —respondió en voz baja, mirándose las manos—. ¿Por qué iba a estar contenta? En realidad me pone enferma. No sabes cuánto.

Lauren suspiró y se llevó las manos a la nuca. No estaba enfadada con ella. Estaba furiosa, pero consigo misma. Se sentía avergonzada. Una parte de ella quería causarle repulsión intencionadamente.

Quería mostrarse desnuda ante ella sin ocultar nada. Que viera cómo era en realidad, una criatura oscura y siniestra expuesta ante su virtud. Entonces se alejaría de ella.

Tal vez era eso lo que su subconsciente estaba haciendo con aquellos ridículos exabruptos, nada profesionales. En circunstancias normales nunca le habría hablado así a un alumno y menos aún a una alumna, ni aunque fuera cierto. Camila estaba acabando con ella y ni siquiera sabía cómo lo estaba haciendo.

Lauren la miró y ella vio remordimiento en sus ojos.

—Lo siento. Sé que te repugno —dijo Lauren en voz baja—, pero créeme, no es una mala reacción. Debes sentir repulsión hacia mí. Cada vez que estoy cerca de ti te estoy corrompiendo. No puedo evitarlo.

—No siento que me estés corrompiendo.

Lauren la miró con tristeza.

—Sólo porque no sabes lo que eso implica. No sabes reconocerlo. Cuando lo hagas ya será demasiado tarde. Adán y Eva no se dieron cuenta de lo que habían perdido hasta que estuvieron fuera del paraíso.

—Sé algo sobre el tema —murmuró Camila— y no por haber leído a Milton.

En ese momento, Christopher les llevó la cena, interrumpiendo la incómoda conversación. Lauren se comportó como la perfecta anfitriona, sirviéndole la ensalada y la pizza a Camila antes de servirse a ella.

.

Mientras comían en silencio, Camila recordaba su primera cena juntas. En ese momento, empezó a sonar una canción por los altavoces. Era una canción tan bonita que dejó los cubiertos sobre la mesa y escuchó con atención.

Lauren también la oyó y empezó a cantar susurrando. La letra hablaba sobre el cielo y el infierno, la virtud y el pecado.

 Camila se quedó atrapada en la sobrecogedora relevancia de la letra. Pero Lauren se detuvo en seco y volvió a concentrarse en la pizza. Ella la miró boquiabierta. No tenía ni idea de que cantara tan bien. Oír aquellas palabras saliendo de su boca perfecta con su sensual voz…

—Es una canción preciosa. ¿De quién es?

—Se llama You and Me. Es de Matthew Barber, un músico local. ¿Has oído la frase sobre la virtud y el pecado? No cabe duda sobre cuál le corresponde a cada uno de nosotros.

—Es muy bonita pero triste.

—Siempre he tenido una gran debilidad por las cosas bonitas pero tristes. —La miró atentamente antes de apartar la vista—. Creo que deberíamos empezar a hablar sobre tu proyecto, señorita Cabello.

Su máscara profesional volvía a estar firmemente colocada en su sitio. Camila respiró hondo y empezó a describir su proyecto, nombrando a Paolo y a Francesca, a Dante y a Beatriz. Justo en ese momento, sonó el teléfono de Lauren.

El tono de llamada eran las campanadas del Big Ben. Lauren alzó un dedo para indicarle que esperara un momento. Al leer la pantalla de su iPhone, le cambió la expresión de la cara.

—Tengo que responder —dijo con preocupación—. Lo siento.

Se levantó y respondió al teléfono en un mismo gesto.

—¿Paulina?

Se dirigió a la sala vecina, pero Camila oía lo que decía.

—¿Qué pasa? ¿Dónde estás? —preguntó Lauren, en voz cada vez más baja.

Camila trató de seguir cenando, pero no podía dejar de preguntarse quién sería Paulina. Nunca había oído ese nombre hasta entonces. Lauren había parecido muy preocupada al ver su nombre en la pantalla del teléfono.

Lauren regresó a la mesa un cuarto de hora más tarde y no se sentó. Estaba muy alterada, pálida y temblorosa.

—Tengo que irme. Lo siento. La cena está pagada y le he pedido a Christopher que llame un taxi para que te lleve a casa cuando hayas terminado.

—Puedo ir andando —replicó ella, agachándose para recoger el maletín.

Lauren levantó una mano para detenerla.

—De ninguna manera. No a estas horas ni en este barrio. Toma —añadió, ofreciéndole un billete doblado—. Para el taxi o por si quieres tomar algo más. Por favor, quédate y acábate la cena. Y llévate lo que sobre a casa. ¿Lo harás?

—No puedo aceptar tu dinero —dijo Camila, devolviéndole el billete.

Lauren le dirigió una mirada suplicante.

—Por favor, Camila ahora no —le rogó, frotándose los ojos con una mano.

Ella se apiadó de ella y no insistió.

—Siento tener que dejarte así. Yo…

Lo sentía. Sentía mucho… algo. Estaba tremendamente angustiada, casi desencajada de ansiedad. Sin pensar, Camila le tomó la mano en un gesto de compasión y solidaridad. Y se sorprendió mucho al comprobar que ella no hacía ninguna mueca, ni se soltaba bruscamente. Al contrario. Le apretó los dedos como dándole las gracias por el contacto. Abrió los ojos y la miró, acariciándole el dorso de la mano con suavidad. Fue un gesto dulce y familiar, como si lo hubiera hecho miles de veces. Como si ella le perteneciera. Se acercó su mano a los labios y se quedó mirándola.

«Aquí permanece el olor a sangre; ni todos los perfumes de Arabia harían más dulce esta mano», susurró, parafraseando a lady Macbeth. Tras besársela reverentemente, se despidió:

—Buenas noches, Camila. Nos veremos el miércoles… si sigo aquí.

Ella asintió. La vio salir a la calle y echar a correr en cuanto sus pies tocaron la acera. Al cabo de un rato, se dio cuenta de que seguía llevando su precioso jersey de cachemira y que dentro del billete, Lauren había escondido la tarjeta del Starbucks junto con una nota que decía:

C:

No creerías que iba a rendirme tan fácilmente, ¿no?

No te avergüences de aceptar un regalo si te lo ofrecen sin contrapartidas.

Y aquí no hay ninguna contrapartida.

Tuya,

Lauren

¿Quieres saber mas de sobre Tulum?

La antigüedad “ciudad de Zamá”, que significa Salida del Sol (amanecer) era lo que hoy conocemos como Tulum, que es el nombre moderno (significa muralla en lengua maya) haciendo referencia a la muralla que la rodeaba.
Tulum, al igual que Chichen Itzá, fue una ciudad dedicada al planeta Venus, considerado como una deidad dual con el nombre de Kukulkán, y su culto fue introducido primero a Chichen Itzá , viniendo del Altiplano Central donde se originó la religión de dicho Dios, sólo que con el nombre de Quetzalcóatl. Kukulkán estaba asociado al comercio y al cacao y por esa razón era frecuentado por los mercaderes y mantenía la solidaridad del dominio mercantil. Tulum, por estar ubicada en la planicie costera y a una altura en que podía contemplarse el horizonte natural en todas direcciones, pudo ser un punto de observaciones astronómicas.

Tulum fue una de las principales ciudades mayas de los siglos XIII y XIV. Considerada ruta comercial y para la explotación de los ricos recursos marítimos de la costa de Quintana Roo. Algunos investigadores afirman que durante su auge Tulum representó importante enlace entre el comercio marítimo y terrestre. Las actividades comerciales de los habitantes del sitio se extendían a puntos distantes, como comprueba el hallazgo de objetos de sílex y vasijas de cerámica procedentes de toda la Península, obsidianas y jades de Guatemala, y cascabeles y anillos de cobre del altiplano.

Los primeros europeos en avistar la ciudad maya fueron expedicionarios españoles bajo el mando de Juan de Grijalva, cuando navegaban por la costa oriental de Yucatán, en 1518.Una vez consumada la Conquista, los trabajos forzados que los españoles imponían a la población indígena ocasionaron que Tulum fuera poco a poco abandonada y la vegetación comenzara a cubrirla.
La estructura más importante del sitio, El Castillo, está edificada sobre un cantil que domina el Caribe y tierra firme y es separada del resto de la ceremonias religiosas. Otra estructura importante es el Templo del Dios Descendente, que consta de una plataforma que sostiene un edificio de una sola pieza con banquetas adosadas a sus muros laterales, algunas de las cuales conservan restos de pinturas.

La entrada principal de Tulum se encuentra en el Sur y está compuesta por los cinco espacios que forman cuatro columnas que soportan la “techumbre” de una gran sala. La muralla protege la zona por los lados norte, sur y oeste. el este queda abierto al mar. En Tulum también se encuentran tres observatorios -ubicados en cada esquina - de un solo cuarto, donde fueron construidos altares.

SUICIDIO: un homicidio a uno mismo.

La palabra suicidio significa “sui” si mismo “cidium” matar. Se plantea que esta fue introducida por el abate Desfontaines en el siglo XVIII, pero las raíces del suicidio como fenómeno son muy lejanas, no existiendo períodos en la historia de la humanidad en que no se haya practicado. En Grecia y Roma las referencias a los suicidios son innumerables y por diversos motivos: por conducta heroica y patriótica, por vínculos societarios y solidarios, por fanatismo, por locura, por decreto (Sócrates), suicidio asistido por el Senado. Durante la antigüedad clásica el suicidio del enfermo de “enfermedad incurable por necesidad” fuese una alternativa razonable; en Roma sólo se penaba el suicidio irracional. Prevalecía la idea de que quién no era capaz de cuidar de sí mismo, tampoco cuidaría de los demás, por lo que se despreciaba el suicidio sin causa aparente. Se consideraba que el enfermo “terminal” que se suicidaba tenía motivos suficientes. Se aceptaba pues el suicidio provocado por “la impaciencia del dolor o la enfermedad”, ya que según decían se debía al “cansancio de la vida, la locura o el miedo al deshonor”. El suicidio es una de las acciones voluntarias más difíciles de explicar ya que es una conducta que va en contra de la propia existencia. 

La tasa global de suicidios ha sufrido un aumento importante en las últimas décadas, no sólo en los países desarrollados sino a nivel mundial.

El suicidio se produce en todo el mundo y puede ocurrir a cualquier edad;  aumentando su frecuencia con el tiempo aunque más en hombres que en mujeres. A nivel mundial, las tasas de suicidio son más altas en las personas mayores de 70 años y más, excepto en algunos países donde las más altas se encuentran entre los más jóvenes; y en los cuales es la

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Tour a Las pirámides y La Esfinge, El Cairo Día Tour

Tour a Las pirámides y La Esfinge en El Cairo, Visita una de las Siete Maravillas del Mundo! Su guía le llevará a los 5.000 años de antigüedad en la necrópolis de Guiza. Párese al pie de las grandes pirámides, construidas por Keops, Kefrén y Micerinos, y custodiada por la Gran Esfinge. Todos los que visitan Egipto necesita para ver las pirámides, El Cairo Día Excursión.

La amistad de Willy y Vegetta

Me recuerda mucho a una amistad que solía tener o quizás aun tenga.

Porque nosotros también había un tipo de bromance, quizás más parecida a la de Rubius y Mangel pero sentía esa ternura del wigetta. Esa amistad en la cual podías bromear sin limites, aquella la cual era perfectamente imperfecta, aquella con más de ocho años de antigüedad, esa que voy sintiendo como poco a poco me va abandonando, porque quizás sentíamos algo más que nos hizo alejarnos, porque los amigos así no se encuentran de un día para otro. 

antig-eist said:

Coil and Combichrist ~

Coil

Am I a fan?- YESyesyes

First song I heard by them- I think it was the remix of Gave Up that was on Fixed, but the first actual Coil song I heard was Panic

Favorite song- 7-Methoxy-ß-Carboline: (Telepathine)

Rating of them 1-10- 9

Combichrist

Am I a fan?- I like them but I have trouble associating with the misogynist/generally offensive lyrics

First song I heard by them- From My Cold Dead Hands (back when it was released)

Favorite song- This Is My Rifle

Rating of them 1-10- 6 (I really enjoy them but I don’t think of them as a “good” band idk)

venexile

Blog con contenido estrictamente venezolano. Aviones, estampillas, monedas, antigüedades, curiosidades, artículos coleccionables, y mucho mas en este Tumblr de reblogueo diario de los mejores post de una Venezuela vintage y nostálgica.

Aquí os dejo el link para que que se pasen y vean un poco de este blog mas criollo que la arepa: 

http://venexile.tumblr.com/

Me indiquem musicas (nacionais ou internacionais) que seja estilo rap ou rock antigão,quero baixa pra escutar mais tarde porém não lembro nenhuma

antig-eist said: I have the same problem with combichrist lyrics

From what I understand they mostly got away from shit like “get your body beat” on their newest album but still I basically ignore the lyrics when I listen to CC because even when they’re not offensive they’re just… not that good at all in any way

Sin lugar a dudas, uno de los astros más adorados en el mundo y, casi que por todas las civilizaciones que lo han habitado, es el sol. Estrella que nos provee de abrigo y calor, la vida no existiría si no fuera por él. Pero, ¿Qué significa tatuarse un sol? Hoy vamos a contarte sobre su significado y simbología así que quédate pegadito a la pantalla y no te pierdas lo que viene a continuación.

El sol se ha asociado a la vida y a la creación desde la antigüedad. Si no fuera por esa increíble bola de fuego, ningún ser vivo podría vivir en este hermoso planeta. La gran energía del sol nos conecta con la fuerza vital, es por eso que ha sido adorado por diferentes culturas. Para los egipcios estaba representado por Ra, el dios de la vida, la muerte y la resurrección. El hecho de que el sol se escondiera todos los días dando lugar a la noche daba cuentas del círculo infinito de la vida y la muerte, del comienzo y del final. De ahí la idea de la resurrección. Puede observarse esta idea en la religión católica donde Cristo es quien vuelve a renacer y él era hijo del Padre. Los tatuajes de soles pueden verse tanto en mujeres como en hombres, pero realmente son las mujeres que llevan los tatuajes de lunas, soles o planetas.

La imagen de padre asociada a este astro es, también, muy antigua. El sol es el hombre, cabeza de familia, el padre y el protector y su pareja es sin duda la luna, símbolo de lo femenino y del agua. En nuestro inconsciente la idea de padre viene asociada a la autoridad, de aquí que no nos sorprenda encontrar los rayos del sol en las coronas o ropajes de los reyes. El sol es, sin dudas, el poder, la autoridad, la realeza, la vida y el calor. Vinculado a esta asociación encontramos que es el astro que le corresponde al signo zodiacal leo representado por el famoso rey de la selva, el león.

tatuaje de sistema solar para mujeres

Como podemos ver, este inmenso astro nos da muchísima tela que cortar. Los diseños de tatuajes que podamos crear a partir de esto pueden ser miles y muy variados. Desde una simple esfera con rayos hasta el sol con la carita feliz que dibujo tu sobrino en el jardín, muchísimas son las formas de representarlo. Más allá de ser un signo de lo masculino es elegido tanto por hombres como por mujeres. Por lo general las diferencias en los diseños estarán en que los de las chicas suelen ser más pequeños, sutiles y con suaves colores, mientras que en el de los chicos pueden verse piezas más grandes con rojos y naranjas más fuertes.

Tatuajes de sol para mujeres

En síntesis, si quieres tatuarte un símbolo de la energía vital, la fuerza y la potencia creadora de este mundo, un dibujito de un sol será sin duda tu tatuaje ideal.

Tatuajes del soles para mujeres Sin lugar a dudas, uno de los astros más adorados en el mundo y, casi que por todas las civilizaciones que lo han habitado, es el sol.
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