abrenuncio

«La verdad es que ni siquiera sé a ciencia cierta por qué he venido», dijo Delaura. «A no ser que esa criatura me haya sido impuesta por el Espíritu Santo para probar la fortaleza de mi fe».
Le bastó con decirlo para liberarse del nudo de suspiros que lo oprimía.
Abrenuncio lo miró a los ojos, hasta el fondo del alma, y se dio cuenta de que estaba a punto de llorar.
«No se atormente en vano», le dijo con un tono sedante. «Tal vez sólo haya venido porque necesitaba hablar de ella».
—  Del amor y otros demonios, Gabriel García Márquez.