Ensayo

El hecho de escribir poesía es por sí solo un acto revolucionario. ¿Quién en estos tiempos donde la información circula más rápido se atreve a hablar de lo que está realmente sintiendo? ¿Quién en estos tiempos donde todo se vuele cada vez más superfluo va a decirle a una mujer a labios propios y corazón abierto que su belleza es comparable a una luna de octubre?  Aquel que se desnuda en cada palabra es un rebelde. Nunca subestimen el poder de las palabras. Ellas mismas nos construyen y deforman. Usen su palabra para bendecir y sanar. La poesía puede llevarte a estados de éxtasis que tal ve ninguna droga alcance porque son efectos nacidos con las vibraciones del alma. Un consejo: Vivan su vida como una poesía.
— 

Quetzal Noah

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El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual. Y esta tendencia beneficia a nuestra imaginación tanto como a nuestra sensibilidad, siempre afinadas y despiertas. El arte de la fiesta, envilecido en casi todas partes, se conserva intacto entre nosotros. En pocos lugares del mundo se puede vivir un espectáculo parecido al de las grandes fiestas religiosas de México, con sus colores violentos, agrios y puros y sus danzas, ceremonias, fuegos de artificio, trajes insólitos y la inagotable cascada de sorpresas de los frutos, dulces y objetos que se venden esos días en plazas y mercados.
—  Fragmento de Todos Santos, Día de Muertos, Octavio Paz
La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y personal.
—  Harold Bloom, Cómo leer y por qué.

Introducción a la idiotez social - Parte I
 
El problema es que han vuelto a esta sociedad, a esta época, a esta generación: un ser no pensante, no crítico, no valiente, no desafiante, no defensor, no atemorizante, no furioso, no escandaloso. Han destronado a la moral y han inventado falsos estereotipos a la belleza. Han instaurado un sistema de creencias y han corrompido a la juventud por medio de la televisión o el periódico. Han hecho a la masa un animal ignorante y dado una patada al olvidado. En la era actual es más valioso un Like, un Twitteo, un Reblog, que otras cosas en el mundo. Han creado una arquitectura bestial y han matado en público a la naturaleza. Les interesa más la fama, la acumulación de cosas innecesarias, hacer lazos mortales, suicidios masivos, murallas mentales, desencuentros raciales. Dividen a las personas por color, forma, complexión, economía, poder y oficio. Pasan más tiempo frente a un ordenador que frente a la realidad. Se ha perdido ese código de ética, ese heroísmo, ese resguardar, ese defender, al amor y a la mujer. Se ha desvirtuado a la verdad con la mentira y se ha creído más en las segundas versiones que en la primera. Se ha escrito en el mural de la verdad que no existe la justicia y que la justicia es la que dispara a los inocentes por la espalda. ¿El amor? se ha convertido más es una rutina, es una mofa, una palabra burda, un consuelo, algo que se confunde con el sexo o con la posesión. Un barco que se inunda de aguas sucias o una playa desierta por evitar salir herido. El corazón ya no es esa metáfora maravillosa. Se ha vuelto un muro de piedra y donde nadie puede pasar. El diálogo se ha molido, se ha aplacado, se ha silenciado, se ha perdido. Se extingue por motivos torpes y egos engrandecidos. Se alaba el ser respondido como un logro en la vida y tener una conversación amena donde se conecten las ideas. Hace largo tiempo que las cartas se han vetado del lenguaje y sólo pocos han sabido usarlas como un diálogo más intimo u erotizante entre los otros. Entre los que aún han salvado las viejas costumbres, las verdaderas maneras, los entendimientos, las sensatas palabras, que nacen entre los dedos de la razón y los gritos del alma.

Joseph Kapone. (J.M.D.G)

Al llegar al capítulo dedicado al café y el té me he detenido de repente, embargada por un aturdimiento de extraordinarias dimensiones. Si en otro tiempo no se conocían estas benditas bebidas, ¿cómo se las arreglaba la literatura sin ellas? ¿Cómo se escribían todas esas grandes obras? ¿Con qué se activaba Platón cuando se despertaba medio atontado por las mañanas? ¿Qué hacían los miembros de la ekklesía cuando la presión atmosférica se hacía insoportable? ¿Cómo se las arreglaban los hipotensos, entre los que probablemente se contaban Teócrito, Horacio o Tácito? ¿Qué bebían para avivar el desfallecimiento de la vena creadora? ¿Vino? El vino es una bebida alcohólica que primero estimula la conversación, luego el canto coral y finalmente el sueño. No crea las condiciones idóneas para el trabajo en soledad. ¿La cerveza? Como es sabido, la cerveza turba la mente. ¿Alguna otra bebida alcohólica más fuerte? Aún menos. Puede que muchas de las grandes obras deban su origen a una fuerte resaca, pero esto es solo porque, cuando tenemos una, nos bebemos un buen tazón de café bien cargado. ¿Hidromiel? ¡Por Dios! ¡Piedad! Ninguna de las bebidas alcohólicas mencionadas anteriormente paraliza las facultades mentales de manera tan fulgurante. Entonces, ¿alguna hierba con efectos narcóticos? Hasta el momento no se conoce ninguna. Además, el precio a pagar por una breve excitación de la imaginación mediante el uso de narcóticos es un embotamiento aún mayor, algo que los autores de todas esas obras, planeadas y cinceladas durante años, no se pueden permitir. Habrá que hacerse a la idea de que cuando a los Tucídides, Aristóteles y Virgilios les invadía el sueño mientras trabajaban, hundían la cabeza en agua fría y, después de eso, resoplaban y volvían al trabajo.
—  Wislawa Szymborska, Siempre lecturas no obligatorias.

Flaubert enciclopédico

Tal como afirma Andrés Ibáñez, Flaubert quiso “leerlo todo, vivirlo todo, conocerlo todo, recordarlo todo, escribirlo todo”. Cuadernos, apuntes y reflexiones (Páginas de Espuma), de Gustavo Flaubert, es por lo tanto un acercamiento al escritor que fue Flaubert “en estado puro”, un tránsito desde sus escritos juveniles hacia los apuntos de su obra inconclusa Bouvard y Pécuchet.

Foto: Gustave Flaubert ilustración por Wesley Merritt para The Telegraph Review

Tirando del hilo de esta teoría, la escritura creativa implica siempre una deixis en fantasma. El tú al que me dirijo es fantasmal, mi aquí es fantasmal, el posesivo mi que lo marca, mi ayer y todos los elementos que lo pueblan –esas manos, aquella mirada, su desamparo– son fantasmales.
—  Fragmento de En la zona fantasma: Lo inacabado, Arshile Gorky y Paul Celan, Rubén Martín

Ella percibía todo hasta las cosas mas mínimas e insignificantes, parecía ser de esas personas que no les importan nada, aunque la realidad era absolutamente distinta. Era demasiado misericordiosa. Tenia la necesidad de ayudarles pero muchas veces sus ideas eran escasas y le dolía no poder resolver ciertas situaciones, para aquellos era algo vano pero para ella no dejaban de ser relevantes en esta vida. Pequeñas cosas preciadas hacen que el mundo siga girando, solo lo se, se que aun en este mundo hipócrita, completamente materialista y mentiroso, quedan personas que piensen como yo.

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Campo De Guerra

Campo de guerra analiza la tendencia geopolítica encabezada por Estados Unidos de América, que, con el pretexto de combatir el terrorismo en el mundo, ha impuesto el control y la vigilancia a partir de plataformas militares, y ha impulsado el orden paulatino de grandes corporaciones mundiales, cuya sinergia en el espionaje absoluto se ha revelado en los últimos tiempos.

http://hojeandolibros.com/campo-de-guerra/

No sólo estamos oprimidas como mujeres: estamos oprimidas por tener que ser mujeres (u hombres, según el caso). El sueño que me parece más atractivo (…) es el de una sociedad en que la anatomía sexual no tenga ninguna importancia para lo que es una persona, lo que hace y con quien hace el amor.
—  Fragmento de El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo, por Gayle Rubin, 1975.