Un escritor escrupuloso, en cada frase que escribe, se preguntará al menos cuatro cosas: ¿Qué estoy tratando de decir? ¿Qué palabras lo expresan de la mejor manera? ¿Qué imagen o frase hará que sea más claro? ¿Ésta imagen es lo suficientemente fresca como para tener algún efecto? Y probablemente se hará dos preguntas más: ¿Podría decirlo de forma más breve? ¿He escrito algo que suena mal y que puedo evitar?
—  George Orwell
Segunda Familia: Capitulo 35 - Caos

Caos: Estado de confusión y desorden.

Alex’s P.O.V.

Una semana luego de saber que mi bebé sería niño, aún sigo emocionado por eso, todo ha estado bastante “normal”, si es que en mi vida es permitida esa palabra.
Guille lo estaba haciendo de maravilla en su campeonato, había pasado ya a octavos de final junto a Frank, ambos estaban en la ultima recta para poder enfrentarse a todos por ser el ganador. Es algo raro de explicar, Willy trató pero tardé mucho en entender. El siguiente viernes se enfrentarán ellos dos a quienes quedan todavía de los otros institutos. Aunque tanto Willy como Frank sean de Yensien, pueden eliminarse mutuamente, el tema es que se necesitan que alguno de los dos pueda quedar en la final. Ahora se enfrentaran a otros seis competidores, de esta solo quedaran cuatro, quienes se enfrentaran con otros cuatro en cuartos de final, para luego que queden solamente otros cuatro y enfrentarse a otros cuatro en la final. Haber si entienden ustedes, que no sé a quien se le ha ocurrido escribir estas mierdas de reglas, ni que lo organizara todo un adolescente imbécil y tonto de 17 años que está todo el día sentado tras una pantalla de un portátil.

El padre de Guille estaba haciendo algunos viajes durante los días, nos dejaba solos y nosotros, pues… por supuesto que Guille y yo aprovechábamos esas situaciones.

Otra vez nos habían dejado solos, el Señor Díaz tuvo otro viaje rápido, así que nos mandó un mensaje mientras estábamos en clases para saber que no estaría en casa.

~~~

-Agh, mierda, ¿otra vez?- gruñí con enfado al sentir la perilla de la puerta principal clavarse en mi culo, van tres veces que me pasa eso en esta semana. Guille que estaba a mi frente soltó una carcajada.
-Tío, creo que comenzaré a creer que me engañas con la puerta.- rió de su propia broma colocando su cabeza en mi cuello.
-Hijo de puta.
Subió su rostro hasta encontrar sus labios con los míos y comenzar a comerlos con unos profundos besos, su lengua se introdujo recorriendo mi boca y tocando cada lado de esta. Ambas peleaban por ver quien resultaba ganadora, finalmente fue la suya quien dominó.
Willy abrió la puerta con muchísima dificultad, pues nuestra lujuria venía en crecimiento, y no era lo único que estaba creciendo.

Lanzamos los bolsos lejos, y con cuidado pero rapidez subimos las escaleras. Al llegar arriba entre beso y tocada, llegamos al baño. Willy con desesperación abrió el primer cajón del mueble del baño y buscar la caja con los preservativos. Movió las cosas y tiró algunas al suelo.
-¿Qué mierda?
-¿Qué pasa?- pregunté un poco ansioso y curioso, miré por sobre su hombro, para ver que no había caja alguna.
-¿Dónde mierda están los condones?- murmuró enfadado y rebuscando en el cajón.
-¿Cuantos quedaban?
-Dos.
-¿Seguro no los botaste?- pregunté y su mirada era con un toque de “¿Por qué haría eso? -, ¿no los guardaste en otro lugar?
-No, yo recuerdo haber…- no terminó de hablar mientras miraba a otro lado, di vuelta y vi que en el espejo había una nota. Se acercó y la sacó para que pudiéramos leerla más de cerca.

"Guille, Alex. Me he ido de viaje y espero se comporten, he dejado algo de dinero abajo en la mesa de la cocina para que pidan algo para cenar y mañana para almorzar. Volveré en dos días más. Cuídense y no hagan tonterías.

PD: Encontré su caja de condones, me los he llevado, así que buena suerte con eso que tienen ahí abajo ahora mismo.

~Con amor y trolleo, Papá.”

No pude evitar querer reír, miré al rostro de Willy y vi la clara furia en su rostro. Joder, tendrían que verlo. Es una obra de arte ese rostro.
-Tío, tranquilo, que no es para tanto.- traté de calmarle riendo, le abracé y le besé el hombro.
-Vale… ¿seguro que no quieres que vayamos a comprar una caja?- preguntó relajándose.
-¿Es que no puedes aguantarte?- exclamé impresionado.
-Sí, puedo… pero, quería.- le interrumpí besando suavemente sus labios, pero no con lujuria, con ternura.
-Y ya podremos hacerlo la próxima vez, no veo el apuro, Guille.- rió levemente, con esa sonrisa que me mata cada vez que la veo.
Pasó una mano por sobre mi hombre y caminamos hasta las escaleras para bajar a comer algo. Estos momentos que pasamos juntos en casa son como si estuviéramos casados, quizás como si fuéramos una familia.
Lo somos. Lo seremos. Y viviremos juntos. Sé que así pasará.

~~~

Al día siguiente fuimos al instituto como personas normales que no estaban deseando follarse.

Fue un día viernes demasiado calmado, no había rastro de molestos, Joe y sus amigos no se hicieron presentes en ningún momento. ¿Qué será de ellos?, no es como que me importen, pero me es curioso que no ronden por aquí para cabrear a la gente.

Al pasar de las horas todos queríamos irnos a casa.
-Willy, tío, hace bastante que no quedamos todos para una junta, algo silencioso, una mini fiesta.- comentó Luzu dado vuelta, sentado desde la silla del puesto enfrente.
-Podríamos quedar hoy, papá no está.- contestó Guille cerrando su libro de Inglés.
-Me apunto- saltó Rubius desde atrás -, llamaré a Mangel.- dijo casi como una petición. Miré a Willy a mi lado, quien soltó una leve carcajada.
-Vale, vayan.- se rindió.

Al final, irían todos nuestros amigos a casa. Me gustaba la idea de pasar tiempo con ellos. Nos hacía falta un calmado momento con los amigos.

~~~

Pero claro, nada es como uno se lo espera. Porque más tarde, cuando estábamos esperando a nuestros a los tíos, llamaron a la puerta y Guille se levantó para abrir, entonces fue que ocurrió.

No estaba la gente que esperábamos, eran otros tíos del instituto, quienes entraron sin preguntar; con bolsas de papitas, diferentes snacks, cerveza y uno con un bidón.
Y antes de poder reaccionar, llegaron más y más, comenzó a sonar música. Más gente desconocida llegaba. Observé a Guille, estaba en shock.

Nuestras miradas se encontraron de repente, para luego virarlas en dirección a la gente, quien ya había comenzado a festejar y hacer ruido entre juegos y gritos.

¿Qué mierda es esto?

-Voy a matar a Luzu- comentó Willy, estaba rojo, iba a explotar -, esto es su culpa.
- y en ese momento, hizo su entrada e rey de Roma. Junto de la mano de Lanita, entrando como si nada -. ¡Luzu!- gritó Guille y le tiró del cuello de la camiseta -. ¿Qué mierda has hecho?
-Eh… tío, yo…- trató Luzu de formular una respuesta, pero nada salió de su boca, más que balbuceos.
-Ay, Borja.- murmuró Lanita negando con la cabeza.
-¿Borja?, ¿es enserio?- traté de contener la risa.
-Enserio.- rió Lanita. Giramos y vimos como Willy y Luzu discutían comicamente sobre lo que había pasado.

Al parecer Luzu estuvo de bocón por ahí sobre una fiesta, a la cual llegaron cerca de 30 personas. Y tuvimos que tomar medidas para que no destrozaran todo.

Las cervezas estaban en mano, la música sonaba muy fuerte, una canción de quien sabe qué artista de dubstep. La gente reía y jugaba a diferentes juegos con el alcohol. Tomaban los adornos del lugar, chocaban con los muebles, rompían algunos vasos, dieron vuelta una cerveza sobre el sofá, vomitaron en la sala. Era un desastre. ¡Puto Luzu!

-No, no, no.- le quité un jarrón a unos tíos en el pasillo, mierda, ha estado de locos, parecíamos niñeras.
-¡Eh, no, ahí no es el baño!- Guille empujó a un tío ebrio que estaba por orinar en una de las plantas del pasillo. No es que no disfrute las fiestas, es solo que no quiero que hagan mucho desastre, pues el padre de Willy confía en nosotros para que le cuidemos la casa. Creo que si llegara a ver esto, no nos volvería a dejar solos. Y eso no es bueno para alguien como yo que viven en una casa que no es la suya, y tampoco es bueno para mi vida sexual. ¿No?

-¡Cheeto!- le llamé cuando le vi en la cocina, la música sonaba fuerte así que le tuve que gritar. Traía una botella de cerveza en mano, pero no parecía ebrio -¿Estarás por aquí?
-Sí, tío, ¿poh qué?, ¿qué ocurre?- frunció el ceño preocupado.
-¿Puedo contar contigo para que nadie salga al jardín?- pregunté mientras le colocaba el seguro a la puerta trasera, la cual se dirigía directo al jardín de la madre de Guille.
-Claro, tío, soy el guardia Cheeto.- sonrió.
-Gracias.- Caminé hasta el comedor y habían algunos tíos jugando a beer pong. No pude hacer mucho con eso, más que decirles que no vomitaran sobre la mesa. Levanté algunos vasos sucios del suelo y los boté en una bolsa, me olí la mano, alcohol. Este día no estaba tomando, así que me pareció algo asqueroso simplemente.
Fui hasta el baño y abrí la puerta como si nada.
-¡Está ocupao’!- vi como Mangel saltaba y se arreglaba la ropa, mientras que Rubius quien estaba frente a él, se bajaba del lavabo donde estaba sentado y se subía los pantalones y se acomodaba -¡Pero tíos, por favor!- exclamé cruzándome de brazos. No sé qué me indignaba más; el hecho de que estuvieran teniendo sexo oral en el baño de la casa, o el hecho de que hubieran dejado la puerta abierta.
-Perdón, perdón.- se disculpaban ambos mientras se terminaban de arreglar y sus rostros estaban rojos de vergüenza. Me pasé una mano por la cara y bufé.
-Tienen tres habitaciones arriba, y dos baños. Y escogieron este para hacer eso, me esperaba más.- los miré como si estuviera castigando a mis hijos, luego de hacer una travesura que era un poco obvia.
-¿A sí?- comentó Mangel con una sonrisa mirando a Ruben.
-No, no les estoy invitando a que lo hagan arriba, solo les digo que pudieron haberlo hecho mejor que esto.- los reprendí.

Les hice salir del baño y cerré la puerta, joder, que par. Guille y yo no somos tan así, ¿cierto? No pensamos tanto en sexo como para llegar a hacerlo en el baño de casa ajena… bueno, al menos yo no.

Me giré y miré escaleras arriba, pensando en que si alguien había subido para algo similar. Fue cuando le vi en el segundo piso, esa cara. Ojos negros, cabello corto, de piel algo pálida, más con sus ojos y cabello oscuro, más grande que yo, como todos, algo grande en cuerpo, sus rostro desprendiendo un odio hacia todos, sobre todo en mí, cada vez que sus ojos se posan sobre mí, es un odio que libera.
José Escolano. Mejor conocido como Joe. El hijo de puta que me atormenta la existencia.
Estaba observándome desde el segundo nivel de la casa, me hizo una seña para que subiera y se metió en el pasillo.
Por un momento me quedé mirando a la nada y dudé, pero me decidí y subí los escalones para llegar arriba. Estaba dado vuelta, dándome la espalda, mirando por la ventana del pasillo a quien sabe qué.
-¿Qué haces aquí?- lo encaré, se giró y pude notar en su rostro que aún tenía unas marcas de aquel día que nos agarramos a puñetazos en los pasillos de Yensien. Puso una cara de despreocupado.
-Nada, solo vine a la fiesta, ¿te molesta?
-No eres bienvenido aquí.- le dije apretando mis puños.
-No he venido a pelear, vine a hablar contigo, para que dejes de ser un gilipollas ignorante.
-¿De qué hablas?
-Te diré la verdad, toda la verdad. Yo lo sé todo sobre ti, pero veo que tú no sabes nada sobre mí. Pues te contaré todo, el por qué te odio, y por qué te atormento. Solo por venganza.

vainrequiem said:

Shh, un error sin importancia unu [¿] A ver, si vamos a estar jugando a Naruto no creo que Alexis quiera venirse, pero we XD Lo digo porque mi hermano entrena el viernes, y tendremos la PS3 libre desde las cuatro

Bffff seguro que se pasará toda la tarde diciendo que quiere jugar al Final Fantasy o al SingStar. Pero entonces quedamos mañana? O sea jugamos sin tu hermano? O cómo va la cosa?

La danza de los cuarenta y un años de Víctor sin Víctor

De tus ojos cielo estrellado nace dicha
y los compases de tu silueta
dan rienda suelta a la comparsa
entre lágrimas e injusticias
tus ojos cielo estrellado

Tus pasos cruzan libres
los arcos del pueblo que te clama
y los años no son olvido
el tiempo es fuerza en guitarra
los días son de júbilo en el que yacías
la memoria es revolución y justicia

La danza en barro y miseria
la danza en oprobios y matanza
la danza de tu nombre que recala
en las manos manchadas de la patria

cuarenta y un inviernos
cuarenta y cuatro balas
otro once de mentiras
otro año de Víctor sin Víctor

-Vladimiro San Martín

Son muchos. Vienen a pie, vienen riendo. Bajaron por Melchor Ocampo, la Reforma, Juárez, Cinco de Mayo, muchachos y muchachas estudiantes que van del brazo en la manifestación con la misma alegría con que hace apenas unos días iban a la feria; jóvenes despreocupados que no saben que mañana, dentro de dos días, dentro de cuatro estarán allí hinchándose bajo la lluvia, después de una feria en donde el centro del tiro al blanco lo serán ellos, niños-blanco, niños que todo lo maravillan, niños para quienes todos los días son día-de-fiesta, hasta que el dueño de la barraca del tiro al blanco les dijo que se formaran así el uno junto al otro como la tira de pollitos plateados que avanza en los juegos, click, click, click, click y pasa a la altura de los ojos, ¡Apunten, fuego!, y se doblan para atrás rozando la cortina de satín rojo.
—  Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco
5

Ingrávida

No sé si lo he soñado, no sé si él es el que me cuidó desde que aprendí el idioma de las tribus del aire, cada gesto suyo borra el universo, lo distrae.

No es el amor, es algo anterior al amor, anterior al hombre, su sueño antes de volverse obscuridad y carne, los ríos de falsa benevolencia cruzándole la carótida, su sueño antes de volverse sueño, antes de volverse pulpa de universo, antes de ser semen de misterio, antes de pisar el suelo con las plantas y los dedos de los pies, antes de hacer brotar girasoles con las yemas de los dedos, antes de hacerse sal y de volverse piedra.

Es su palabra ingrávida al deseo de volverse cuerpo, labios, sangre, huesos y cabellos.

Desde hace algunas noches vigilo sus laberintos, le cuido las estrellas y le entibio la marea, para que no choque fría con su espalda tibia, por que vigilo las cuatro puertas y le pongo monedas en los bolsillos, lucho contra demonios y controlo a las bestias que aguardan tras la puerta, esperando que gire la cerradura, como paso en falso y atacar de imprevisto, ipso-facto.

Enciendo un fósforo, para combustionar con él el universo, intuyo la soledad de los astros, por eso le tomo de la mano y en ese gesto le entrego el acto de volverme mansa, líquida y tibia sólo en sus brazos. 

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